Sunday, December 6, 2009

Diciembre 15 / NúM. 49 / Orange County




Contenido 49

Jesús Dueñas Becerra
Pablo Neruda en Cuba y Cuba en Pablo Neruda

Extor Martínez Hernández
Cuando me tronaron el elote
¿A quién le importa la insípida flor de la literatura?
(Conversaciones bellacas y menonfleras)

El Papasquiaro
Así soy
A Gloria
Del proceso moderno y de la descomposición del arte

Francisco Ortiz Feliciano
Mi llamado personal a la unidad en la defensa de la cultura puertorriqueña

Charles Bukowski
poema navideño para un hombre encarcelado

Mario Benedetti
Las palabra

Javier Monroy
Sí hay ateos en esta trinchera (aquel 11-S) ®
LOS 1O ATTTREVIMIENTOS ®

Alejandro Gil
oficio de poeta (Fragmento)

Maritza Alvarez
«Voy a hacerme un cigarrito»
Te escribo
Viva

Fanny G. Jaretón
A mi gozamante

Carlos López Dzur
Maldiciones contraculturales
La Visita de Nostalgia / 3. 4.
Plegaria para salvar un inocente
Conversación en el Monte Ararat (cuento)

Alicia Fontecilla
Cien Años de Soledad y sus mujeres

Alejandro Drewes
De otro mundo posible
Sobre esta tierra

Alfredo Collado Villanueva
LO/R\QUITA POR VÍA DE ALLEN

Arturo Cardona Mattei
La vida de un atleta

Pedro Du Bois
O Som Revisto

Liliana Varela
Buscar lo propio

José Andrés Rivas
A propósito de ‘Lunfardo en el Tango y la Poética Popular’, un libro de Eduardo Pérsico

Carlos Adalberto Fernández
Tierna historia navideña

Revistas Amigas


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Jesús Dueñas Becerra
Pablo Neruda en Cuba y Cuba en Pablo Neruda


Los genuinos poetas son los profetas de los pueblos, que hablan el bello lenguaje de la verdad, en la forma sublime de la poesía: Ángel Augier

El doctor Ángel Augier, poeta y ensayista cubano, es el autor del libro Pablo Neruda en Cuba y Cuba en Pablo Neruda, publicado por Ediciones Unión (2005), con el auspicio del Proyecto Cultural Sur, el Festival Internacional de Poesía de La Habana y la Embajada de Chile en La Habana.

En este texto, escrito con tierno afecto y conocimiento profundo de la vida y la obra de Pablo Neruda (1904-1973), el Premio Nacional de Literatura se remonta en el tiempo a la adolescencia de una de las voces líricas más auténticas de la patria grande latinoamericana soñada por Bolívar y Martí, porque, ya desde esa época, el joven Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto (como consta en su inscripción de nacimiento) sentía en lo más hondo de su yo poético una gran añoranza por la ínsula caribeña, y concretamente, por la carpenteriana Ciudad de las Columnas, sin que aún lo hubieran embrujado el calor solidario del trópico ni la magia que envuelve a nacionales y extranjeros que visitan la capital de la mayor de las Antillas y quedan prendados de su estructura arquitectónica sui generis y de la belleza interior de los habaneros por nacimiento o por «naturalización».

El nonagenario investigador y periodista holguinero, quien conoció personalmente al laureado poeta y escritor chileno y fue su cicerone durante las visitas a La Habana del autor de Residencia en la tierra (antes y después de la alborada revolucionaria), recoge en ese texto la cálida acogida que le brindaron la intelectualidad y la prensa cubanas a Neruda, cuyo inmenso amor a la poesía era el sustrato de su acendrada vocación ético-humanista y el arma fundamental con que defendió la causa de los pobres del mundo, ya que «[…] por ser el amor su ámbito abierto/ siempre clamó por un futuro cierto:/ una vida sin hambre ni cadenas».

Pablo Neruda no solo era un excelente poeta, escritor y periodista, que puso su vasta producción intelectual y espiritual al servicio de la humanidad, sino también un sagaz psicólogo que en una sencilla reflexión filosófico-antropológica explica —con indiscutible maestría— el complejo proceso psíquico mediante el cual el hombre es el resultado de sí mismo, ya que, independientemente de la influencia de los factores bio-psico-socio-culturales y espirituales que configuran la personalidad humana, quien determina el rumbo y la orientación que el homo sapiens le da a su existencia terrenal es —en última instancia— el propio hombre.

Con meridiana claridad, Neruda le muestra al ser humano que, si su vida es un jardín floreciente o un «valle de lágrimas», el único responsable es él y no los «chivos expiatorios» que inventa para engañar al otro, pero no al yo íntimo. Desde que, en mi ya lejana juventud, leía a Martí, a Balzac, a Neruda —gigantes de la literatura universal— caí en la cuenta de que los mejores «médicos del alma» son los escritores (poetas incluidos) y que los mejores manuales de Psicología son las obras literarias que dejan huellas en el intelecto y en el mundo interior del lector y lo ayudan a “descubrir” quién es, qué quiere y hacia dónde va.

Pablo Neruda en Cuba y Cuba en Pablo Neruda se estructura en dos partes, estrechamente relacionadas entre sí: la primera registra los nacientes contactos poéticos que en su imaginación infanto-juvenil el ilustre artista suramericano estableció con La Habana, así como los andares y desandares de ese fiel amante de la geografía insular y de sus bellezas naturales, tanto en Chile como en la Perla de las Antillas y en otros países de Nuestra América y del Viejo Continente, donde ejerció la diplomacia y estuvo exiliado por oponerse a la dictadura pro-yanqui de Sánchez Videla, aunque también recibió honores y escribió una buena parte de la labor que lo hizo merecedor del Premio Nóbel de Literatura.

La segunda parte incluye la valoración objetivo-subjetiva que de Pablo Neruda como poeta absoluto (así lo percibe Roberto Fernández Retamar), hombre íntegro e incansable luchador antifascista y antiimperialista, hicieran intelectuales cubanos de la estatura de Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Juan Marinello, Félix Pita Rodríguez, Pablo Armando Fernández, Manuel Rivero de la Calle y el propio Ángel Augier, quienes destacan los méritos ético-estéticos y poético-literarios de la magna tarea de Neruda, junto a su fidelidad a la Revolución Cubana y a Fidel.

Los admiradores de la vida y la obra del poeta mayor de Iberoamérica encontrarán en las páginas de Pablo Neruda en Cuba y Cuba en Pablo Neruda, del doctor Ángel Augier, una suave caricia a su intelecto y su espíritu, porque en ese libro el autor evoca «[…] con [amor y] devoción […] el nacimiento, hace un siglo [1904-2004] […], de quien llegaría a ser expresión eminente de la poesía de su época [y de todas las épocas]», y —según Volodia Teiltelboim— un revolucionario convencido de que «[…] la humanidad necesita que la paz reine entre los hombres de buena voluntad, entre todos los pueblos y naciones, entre los poetas que sueñan y trabajan por el encantamiento de los días y las noches, por el triunfo de la vida [sobre la muerte]».

Tomado de
Blog: Luis E. Aguilera

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Extor Martínez Hernández (México)
Cuando me tronaron el elote


Tengo veinte años de edad, y desde que era muy chamaca padezco fiebres uterinas, o calores vaginales, como decía mi abuela. Lo que, al chile pinto, quiere decir ninfomanía, o sea que soy una mujer sedienta de placer sexual.

Desde los trece años padezco los ardores eróticos y nomás se me presenta la oportunidad le entro al placer de los revolcones. La primera vez que tuve sexo fue con un batillo que camellaba de chota en la delegación de San Antonio de Los Buenos. Era un policía sarra, macuarro, porque jamás lo vi que anduviera en patrulla; de esos chemas que piden dinero —cuota dicen ellos— recorriendo casa por casa en los barrios clasemedieros en extinción. Muy buenos los cabrones para ajerar dinero, pero nomás truena alguna bronca nunca se aparecen por los rumbos donde ocurrió el pedo. (Son como los bomberos, siempre llegan tres horas después del incendio).
Al batillo la raza de la colonia lo conocía con el apodo del Jos. Lo conocí porque vivíamos en el mismo barrio. Nunca supe ni cómo se llamaba. Pienso que José.
Este güey fue el bueno que me tronó el ejote, el que me desquintó cuando yo estaba morrilla. El Jos ya estaba peludo y gandalla, tendría en ese entonces... creo que unos veintidós o veintitrés abriles; yo andaba frisando los quince (me faltaban como seis meses para cumplirlos cuando el batillo se dio la yuca conmigo). Imagínense, se chacalió a lo bruto.

Recuerdo que a mí apenas se me empezaba a calentar la pepa, y aunque estaba chamaca aparentaba más edad de la que en realidad tenía. Estaba yo muy desarrollada y parecía una jaina de 19 años. Ya usaba chichero y algunos hombres hasta me tiraban los perros. Dos tres léperos me abordaban con piropos demasiados silvestres. Yo no me agüitaba, al contrario, me gustaba que me aventaran chingadera y media: "Mamacita, qué buena estás, te la mamo sin hacer gestos", cosas así por el estilo. Yo solamente me las curaba y, disimuladamente, les movía más las nalgas para alebrestarlos.

El Jos siempre que me divisaba, luego luego se dejaba ir sobre mí. Tenía rato que me rondaba y nomás había la quebrada me tiraba el sablazo. Cuando se abrió de capa yo ni la jugué y en chinga le capié con el cacharro.

Ahora reviro que el bato era un saturnino. En esa época mis jefes me cuidaban más que ahora, siempre me andaban vigilando para que no hiciera chingaderas. Todos los día iban por mí a la secundaria. No me soltaban ni un momento, pero yo me las ingeniaba para escapármeles. En cuanto había chance, nomás se les dormía el gallo, me salía más temprano de la escuela y me pelaba a hacer de las mías con quien se pusiera de pechito.

Un día que regresaba de la escul me topé al Jos. Me preguntó, a manera de invitación, sino quería ir con él al cine. Como soy muy aventada y no le tengo miedo al chile duro, en caliente le dije que simón. Tampoco soy muy exigente en cuestión de monos. Un trolo o un pelagatos para mí son lo mismo. Así que el estatus del galán que me cargaba no importaba. Y como el Jos era un bato piojo me llevó a un mono de mala muerte, un pinchi cinito verguero ubicado en una esquina de la calle Quinta del mero Tango. Puras películas maniaconas pasaban allí, y no dejaban entrar a menores de edad. Pero el Jos, yo creo que estaba apalabrado con el ruco que recogía los boletos en la entrada, porque ese día, después de cotorreárselo, en un iris me hizo señas para que me colara. Pasamos frente a la tienduca de los manchis y antes de que nos acomodáramos en la sala para guachar la muvi, el Jos me preguntó que si no se me antojaba algún chuchuluco de la marquetita que estaba adentro. Le contesté que simón, que me comprara unas palomitas y una root beer. Luego nos metimos a la sala para tripear el churro que estaban pasando y nos sentamos en una de las últimas filas. La película que guachamos estaba bien jodida, traqueteada y con un madral de cortes. Recuerdo que se trataba de la muvi de Flash Gordon, versión porno.

Pasaron unos veinte o treinta minutos y el Jos, jugándola al seductor modocito, comenzó a hacerme preguntas muy inocentonas: que si yo alguna vez me había aventado un jale como el que las morras actorcillas del churro les hacían a unos güeyes (les estaban mamando el fierro). Sin ruborizarme, y quitada de la pena, le contesté que no (aunque ganas no me faltaban, pensé entre mí). Al ratillo, el bato empezó a trabajar la víbora (según él para que yo cayera rendida en sus brazos). Me dijo que yo le pasaba un resto, que estaba muy bonita y que era una morra bien de aquellas, la más efectiva de la colonia. (Yo pensaba: este pendejo cómo la cascabelea para pedirme las nalgas). Y que se me declara. "¿No te gustaría ser mi novia?" Haciéndome la interesante le dije que lo pensaría, y entonces que me abraza. Yo ni siquiera me saqué de onda, ya me esperaba un proceder así. Como no pique cabra, el batillo que se me arrima y comienza a darme unos besitos cerca de la oreja. Yo me dejé querer. Enseguida procedió a sobar mis piernas y mientras las frotaba suavemente me besaba en la boca. Yo le correspondí, pues ¿a quién que le den pan que llore?

El jale que me estaba haciendo estaba chido. Con el faje que me estaba pegando se puso bien jarioso, mejor dicho nos pusimos bien jariosos. Ya bien entrados y con la hormona estilando nos abrimos del cine y a la salida el Jos paró un taxi que nos llevó a la colonia Morelos, cerca del cuartel de los guachos.

Cuando nos apeamos el Jos dijo: «Aquí vive un compa, vamos a visitarlo».

(Eso era puro paro, sus intenciones no eran otras más que tronarme el ejote).

Tocó la puerta de un depa y un ruco nos recibió. No sé qué madres le comentó el Jos al don que en cuestión de minutos éste se fletó una camisa y se desafanó. El Jos y yo nos quedamos solos y reanudamos el agasajo marinero. Me besaba el cuello, me dada mordiditas leves en las orejas, me frotaba la espalda y luego sus manos recorrían mis nalgas; las apretujaba y las sobaba frenéticamente. Acto seguido metió la mano debajo de mis pantaletas y le advertí que yo era cherry. Cuando escuchó eso guaché que le brillaron los ojitos (como queriendo hablar y decir: «¡Ay, baboso, mira lo que te vas comer!»). Poco a poco me desvistió y ya encuerada me recostó en una cama, que por cierto rechinaba de a madre que su ruido parecía el pío-pío de un pollito.

Ya bichita, el Jos se golosiaba y me besuqueaba la espalda y yo excitadísima, fascinada como novel manceba, disfrutaba sus manoseos y restregones. Estaba encantada de estar con él. Me gustaba como me trataba. Me puse jariosa, rogándole a Dios que el bato no detuviera su faena. Desquiciada con el jalesote que se estaba aventando el perro. Me abrió de piernas y colocó sus labios en mi papaya. Yo gemía de placer con el mameluco que me estaba pegando el bato.

Nada más de recordar el momento en que se bajó al agua siento calofrío y se me enchina el pellejo. Yo no dejaba de bramar a causa del deleite y el placer que él me prodigaba. Los mugidos subieron de volumen, entonces el Jos me dijo: «Ya cállate, no hagas tanto pancho. Vas a alborotar a los vecinos». Antes de que me metiera la gáver hicimos el 69.

Pasaron más de tres horas, y ni en cuenta del tiempo que duramos matando la rata. Después de que terminamos de cochar le caímos a la col, y el güey, nada pendejo, para no meterse en broncas y que no lo fueran a torcer, me dejó a dos cuadras del cantón, diciéndome que le cayera yo primero al chante.

Cuando llegué a la cantona guaché que mi jefita me estaba esperando con una carota que parecía birote. Bufaba del coraje la ruca; estaba superemputadísima. Conocedora de los pedos en los que yo andaba, rápidamente se dio color que a su hija ya le habían rajado leña. Tal vez se dio tinta al ver mi manera de caminar, no podía cerrar las piernas al dar los pasos, el güey me dejó abierta. Mi jefa se la malició en chinga y se arrimó hacia mí y, ya de cerca, me estampó una cachetada guajolotera. Estilando de coraje, gritaba barbaridad y media, mientras yo estallaba en llanto. Después de unos putacazos más me cuestionó enciscada: «¿¡Dónde andabas, hija de la chingada!?"» Creo que ganas no le faltaron de estrangularme.
Descargó su ira propinándome putazo tras putazo, y hasta que se cansó dejó de surtirme jiricuazos.

Esta sigue siendo una de las formas más idóneas que aún prevalecen en nuestra sociedad para expiar las culpas y pecados. Pasado el primer round me bajó los calzones, casi me los arrancaba de un jalón, y empieza a pasarme revista. Auscultó mi panocha y al darse cuenta que la traía más floreada que el hocico de un boxeador derrotado por nocaut, qué me deja caer otra tanda de madrazos.

Tan cabrona estuvo la lluvia de camorrazos que no paró de trompearme hasta que no se le cansó el caballo. Para no hacer más largo el cuento, sólo te diré que a causa de la tremenda recia acabé soltándole todita la sopa. Guacarié la neta, confesándole que el bueno había sido el Jos. Y se armó un pedotote mundial. Al pobre cabrón se le arrancó bien machín. Mi jefa, que parecía que iba a reventar de lo enchilada que andaba, agarró el foneto y se comunicó con un tío que es licenciado (para serte sincera: un pinche coyote que no terminó ni la primaria y que se la pasa estafando gente afuera de la cárcel de la Ocho), y le suelta todo el borregazo con seña, pelo y detalle (y con las hipérboles de rigor).

Mi jefe andaba en el Otro Saite, por eso mi tío el abogánster fue quien meneó todo el birote para que se enchorarán al Jos. No sé que le dijo el ruco a la jefa que al cabo de un rato ya estabamos en el ministerio público. Minutos después que nosotras nos presentamos en el MP, apareció mi tío cargándose una jetota de poca madre. Su cara de cínico leguleyo tornose en un semblante arriscado. Se sentía el muy indignado (claro que nada más aparentaba). ¡Cómo si se lo hubieran cogido a él!

Una gorda cacariza de pelos pintados y de estropajo que atendía en la recepción de la agencia ministerial nos pasó a un cubículo donde se encontraba un ojete con cara de perro fingiendo que trabajaba. A leguas se le veía que era un pinche prepotente, un traumado que lanzaba miradas perdonavidas, sangre de cochi, pesado hasta no poder. Un pinche acomplejado que se la nalgueaba de muy machín, un gato que se las daba de chaca.

Me preguntó que cómo sucedió el merequetengue. Yo se la canté en los mismos términos que a mi jefa. Ya que escuchó el rollo que le aventé, me preguntó puras pendejadas y una vez que le respondí todo lo que supuestamente el chalan ministerial quería saber, entonces comenzó a teclear en una máquina la cagada que me tío y mi jefa aventaban sobre la calaca del Jos. Que fui mancillada, que me había violado y pendejadas así por el estilo...

Una vez que el mamón integró la denuncia me condujo a un cuarto mugriento que, según esto, era el flamante consultorio de la ginecóloga adscrita a la Procuraduría de (in)Justicia. Ahora a ella le tocaba revisarme el chocho. Perito declaraba ser la ruca. Una vieja prieta metida en unas zapatillas de cabaretera, más anacrónicas que las chancletas de doña Mary Castaña; y vestida con unas garras que daban pena ajena (tanto dinero que tracalean, peseteando a los parientes de los detenidos); parecía que las zapatillas las había comprado en la tienda de segunda el Montecito. En el instante que abrió la geta para disparar su alegatos, junto con las palabras que escupía, salió de su hocico un tufo bien cabrón con hedor a coladera. De seguro la ruca tenía madreado el hígado o, la puerca, se atracaba de tacos de suaperro y los empujaba con un chesco; de seguro no tomaba ni siquiera medio vaso agua durante el día.

Muy chinguetas, la culera, ordenó que me quitara los calzones. Luego me abrió de patas y revisó mi animalito con un instrumento parecido a un compás; efectuaba cálculos alrededor de mi puchi y, moviendo el artefacto, en forma circular, realizaba trazos imaginarios, emitiendo balbuceos incongruentes. Posteriormente concluyó con unos garabateos que estampó en una libreta. Vieja cochina, ni siquiera guantes usó al manosearme, y todavía firmó un documento con una pluma que dejó impregnada de olor a pescado.

Habiendo finiquitado el asunto con la sedicente ginecóloga, enseguida me pasaron con una dizque psicóloga para que dictaminara mi estado emocional, como víctima (jajajá) de la supuesta violación que le enchaquetaban al pobre diablo del Jos.
La tipa esta se cargaba una cara de arrabalera que no podía con ella; le salía lo puta hasta por los poros. A leguas se notaba que era una nalgasprontas (¿cuántos perjudiciales no se la habrán parchado?, pensé). Era más pendeja que la vieja anterior, me preguntaba mamadas que ni al caso venían. Yo le contestaba más de agüevo que con ganas. Tres horas duramos en ese pinche embrollo burocrático.

Salimos de ese muldar ya muy tarde, y antes de que llegáramos al cantón el chisme ya era del dominio público. En todo el barrio, gracias a la desenvoltura de los vecinos labieros, la farfolla del cuchiplancheo se expandió como si se tratara de una flamante primicia de la Paty Chapoy, y no cesó hasta pasados varios meses.

El mismo día, mejor dicho unas horas después que se armó el pedotote, el Jos, al hacerse sabedor del borregazo, se volvió ojo de hormiga, y pintó venado. Tenía plantón de puercos afuera de su chante. Los juras lo andaban taloneando pa enjaularlo por violín. Nunca más lo volví a guachar. Dicen que el bato se fue a Los y que jala en una gotera despachando gas, que se arranó con una gabacha.

Yo siempre me acuerdo de él porque fue mi primer bato, el que me tumbó el sello.

El Charkito / Colaboradores / Extor H. Martínez

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¿A quién le importa la insípida flor de la literatura?
(Conversaciones bellacas y menonfleras)


—Comparada con esa dicha, qué importa la insípida flor de la literatura.

—¡Dios mío, ésta es la verdadera catarsis! La omnisciencia del narrador es una mierda junto a esta elevación que estoy sintiendo. Pregúntenme si soy buena escritora. Me vale madre lo que se piense. Prefiero que me tengan por un putota que conoce su faena, húmeda y pegajosa.

—Esto es lo que en verdad se llama un replanteamiento exacto de «Madame Bovary». ¿Porqué no se me ocurrió antes entrarle de lleno al tema de la insatisfacción femenina? Así me gustaría empezar a novelar mi próximo libro. Y yo perdiendo mi tiempo en los debates de la carne y el espíritu.

Qué más funcional que estos argumentos tan sustanciosos. La aplicación semántica se convierte en lengua-objeto ceñida a la calva de estos tres cíclopes, hijos degenerados de Polifemo. Les exprimiré hasta el tuétano.

Oh, cherchait á savoir ce que l’on entendait par au juste par les mots de félicité, de passion, et d’ivresse.

Y yo situada en antípodas tan abstractas habiendo aquí materia tan concreta e intangible.

—Y yo que creía más en el espíritu que en el cuerpo. Esta lengua de gato te va a saber a delicias. Siempre lo he dicho, no basta la virtud.

—Hummmm
—¿Te acuerdas de aquella novela de Cortázar?
—Mmmm, siii.
—La tertulia duró casi tres horas. Sabemos aparentar bien nuestra ignorancia.
—Sí, y ya cállate. Síguele con eso... ahí abajo
—¿Te acuerdas del libro que me autografió el poeta....
—¡Ya cállate, cabrona! Lo único que me emociona de ti son las mamadas de pepa que me das. Así que deja de hablar y vuelve a tus fueros.

El Charkito / Bios / En Colaboradores

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El Papasquiaro (México)
Así soy


así soy
sin medias tintas
a ras de suelo sepulto
el agravio que me inquina
necio trashumante
verdor que clava en la hondura su pureza
de tanto amainar plumajes
extranjeros
desangro el aguarrás
mi esperma urgente
la caída
tozudez de mi altiveza

la canalla
eso soy
alma que por impura limpia todo
de tanta enfermedad me congratulo
y me voy de hocico de bruces
pero nunca de hinojos
así es el camino que recorro

les duelen mis maneras de brujo comediante
les duele mi alquitrán mi rebeldía
a mí me duele más el cuerpo blando
pero nunca retrocedo
sin embargo ni embargo
mi palabra
ni la alquilo
ni por diplomas ni medallas
ni por oro ni por miedo
así soy
qué vamos a hacerle
cabrones cabronas
no soy ni envidioso ni envidiado
un hijueputa tal vez
y al que le duela
que pruebe mis pecados...

después de la tormenta viene la calma que sólo la poesía puede proveer...
un poemazo de salvador díaz mirón, el gran orfebre:

A Gloria

No intentes convencerme de torpeza
con los delirios de tu mente loca:
mi razón es al par luz y firmeza,
firmeza y luz como el cristal de roca.

Semejante al nocturno peregrino,
mi esperanza inmortal no mira el suelo;
no viendo más que sombra en el camino,
sólo contempla el esplendor del cielo.

Vanas son las imágenes que entraña
tu espíritu infantil, santuario oscuro.
Tu numen, como el oro en la montaña,
es virginal y, por lo mismo, impuro.

A través de este vórtice que crispa,
y ávido de brillar, vuelo o me arrastro,
oruga enamorada de una chispa
o águila seducida por un astro.

Inútil es que con tenaz murmullo
exageres el lance en que me enredo:
yo soy altivo, y el que alienta orgullo
lleva un broquel impenetrable al miedo.

Fiando en el instinto que me empuja,
desprecio los peligros que señalas.
«El ave canta aunque la rama cruja:
como que sabe lo que son sus alas».

Erguido bajo el golpe en la porfía,
me siento superior a la victoria.
Tengo fe en mí; la adversidad podría,
quitarme el triunfo, pero no la gloria.

¡Deja que me persigan los abyectos!
¡Quiero atraer la envidia aunque me abrume!
La flor en que se posan los insectos
es rica de matiz y de perfume.

El mal es el teatro en cuyo foro
la virtud, esa trágica, descuella;
es la sibila de palabra de oro,
la sombra que hace resaltar la estrella.

Alumbrar es arder! ¡Estro encendido
será el fuego voraz que me consuma!
La perla brota del molusco herido
y Venus nace de la amarga espuma.

Los claros timbres de que estoy ufano
han de salir de la calumnia ilesos.
Hay plumajes que cruzan el pantano
y no se manchan... ¡Mi plumaje es de esos!

¡Fuerza es que sufra mi pasión! La palma
crece en la orilla que el oleaje azota.
El mérito es el náufrago del alma:
¡vivo, se hunde; pero muerto, flota!

¡Depón el ceño y que tu voz me arrulle!
¡Consuela el corazón del que te ama!
¡Dios dijo al agua del torrente: bulle!;
¡y al río de la margen: embalsama!

Confórmate, mujer! Hemos venido
a este valle de lágrimas que abate,
tú, como la paloma, para el nido,
y yo, como el león, para el combate.

El Papasquiaro

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Del proceso moderno y de la descomposición del arte

En uno de sus libros, Marshall Berman, hace énfasis en que la modernidad, como experiencia vital, es un peligro. [1] Además de constituir el terreno donde conviven nuestras emociones, nuestras aventuras, alegrías, desencantos y tribulaciones, la modernidad es el espacio donde se genera la destrucción. Esta negatividad, entendida como proceso dialéctico, será el punto de partida de nuestras hipótesis para abordar el problema del arte. Parte de esta negatividad dialéctica es la frontera por antonomasia; lo moderno.

En uno de los Poemas en prosa de Baudelaire, «La pérdida de una aureola», encontramos el primer síntoma del modernismo en el arte. El poema reproduce el encuentro entre un poeta y un hombre corriente, en un lugar de mala reputación, posiblemente una taberna o un lupanar. Ahí, el poeta, es reconocido por el hombre corriente quien lo interpela a su modo, asombrado y atónito, desconcertado, por no poder explicarse, cabalmente, el motivo de la presencia, del poeta, en un lugar en donde prevalece la decadencia y no la sublimación. El artista trata de explicar su situación advirtiendo que, ahora que ha perdido su aureola, puede confundirse entre la gente común y entregarse a una vida disipada y menos solemne [se livrer à la crapule].

El primer punto que señala Berman es el significado que posee la aureola: ¿qué representa este objeto? No es otra cosa que el alto estima en el que se tiene al arte, sobre todo si tenemos en consideración que posa sobre la cabeza de un poeta modernista y «está ahí para satirizar y criticar la creencia en la sacralidad del arte» (Berman, 156). Además la pérdida de la aureola tiene lugar en un punto en que convergen el mundo del arte y el mundo corriente, apunta Berman más adelante. Es decir, un mundo que no es sólo espiritual, sino material, físico también. Esta convergencia histórica entre modernismo (como proceso artístico) y modernización (como proceso histórico) da como resultado la desvalorización de la obra de arte.

Walter Benjamin entendió, mucho más que el propio Marx, este proceso de reproducción del arte. [2] Mientras las superestructuras (bases materiales de un sistema económico) homogeneizantes y polarizadas sigan siendo las que obedecen el dominio del capital y los medios de producción, las infraestructuras (derecho, literatura, filosofía, religión) seguirán apuntalando el interés de preservar las condiciones desvitalizadoras del status quo. El orden social seguirá siendo determinado por estas superestructuras cuyo único fin es, y seguirá siendo, acrecentar cada vez, con más fuerza, la alienación del individuo. Así, entendemos que un hombre alienado es aquél que se reduce a su mínima exponencia y deja de reconocerse como tal, perdiendo por completo su bidimensionalidad, deviniendo en un ser uniforme, unidimensional para utilizar el concepto de Marcuse Herbert. [3]

Ahora bien, este proceso que desarticula al ser humano es fácilmente trasladable al terreno del arte, toda vez que ésta es causa y efecto primario de aquéllo; si entendemos el arte como un producto cultural, en consecuencia humano. Adorno, en su obra inacaba Teoría Estética, ya se planteaba este problema, en las primeras líneas no podría plantearnos un panorama más desolador: «Ha llegado a ser obvio que ya no es obvio nada que tenga que ver con el arte, ni en él mismo, ni su relación con el todo, ni siquiera su derecho a la vida» (Adorno, 2004). A pesar de este esbozo fenomenológico, parece que Adorno no pudo dejar en claro cómo ocurría este proceso. Quizá por falta de tiempo o, simplemente, por no apreciar correctamente el fenómeno, de ningún modo por indiferencia. Pongamos el caso de la fotografía y su reproducción mecánica. La fotografía al reproducir una parcialidad real o ficticia, vuelve al estatismo reproductor de lo natural.

A ese estado inconsciente y automático en el que el artesano sólo funge como operador de una maquinaria, de tal modo sistematizado, trastocando su naturaleza viva por una inerte, de objeto convertido en medio, de instrumento y ya no un fin en sí mismo: mercancía; es lo que la ortodoxia denomina alienación y que, en palabras llanas, determina la obra en un artículo desprovisto de cualquier pulsación estética. De tal modo que el artista no es artista sino instrumento y, la obra, no es arte sino mero artificio. En la fotografía el momento solitario y único de la creación pasa casi desapercibido, se resume a un simple clic insustancial. Lo que desprende sensualidad en una fotografía, es decir, lo que nos hace sentir, puesto que no negamos el poder de transmisión, es la evocación de un sentimiento que nos identifica con la obra, pero, de ningún modo, la fotografía en sí. No es el fotógrafo. Es nuestra experiencia. En la fotografía el espectador es el que da fuerza a la imagen. No al revés.

Prueba de ello es que hasta por un error, o un descuido, se puede captar una imagen que, de ninguna manera, se tenía la intención de crear o reproducir y ser exhibida en una exposición. De ahí que la intencionalidad se desvanezca, mejor dicho, ni siquiera exista. Aquí la unicidad de la obra carece de asidero. El momento irrepetible de la creación se difumina para dar paso a un convencionalismo técnico. Una vacuidad acorde al proceso moderno de transformación.

Acorde, asimismo, al medio sociológico que nos impone su vorágine velocidad y desaparición de las esencias dejando a su paso una simple estela de imágenes borrosas y fragmentarias. La razón humana es sustituida por una razón técnica. Así ocurre la fragmentación de la realidad. El individuo escindido por sí mismo, por el proceso histórico y por su creación a la que ingenuamente llama arte.

Hablar de arte en la actualidad conlleva el grave peligro de eludir este aspecto totalizador de los medios de producción. El arte se ha reducido a una mercancía patrocinada por la industria cultural, a su vez, manipulada por una clase dominante. Si bien es cierto, el aspecto espiritual, no se encuentra desahuciado por completo, es menesteroso aceptar que la realidad artística está anclada en un manglar de fantasmas melancólicos y hediondos. Por ello que el arte moderno ya no genere, como dice Canclini, [4] nuevas tendencias, vanguardias o líneas estéticas innovadoras que provoquen en el espectador el alumbramiento para despertarlo de la ensoñación en la que vive. El arte obedece las mismas leyes de la oferta y la demanda; en ella intervienen los mismos medios: promotores, editoriales transnacionales, museos, marketing, consumo.

De hecho se puede hablar hasta de fines profesionales antes que de fines estéticos. Existe la concepción del escritor antes que la de la obra misma. Esto es lo que se enseña en las universidades y con este fin se moldean alumnos.Por sobre la obra se persigue la profesionalización del individuo. En la frontera (Tijuana) la profesionalización ha arribado como uno de los grandes ocasos del arte. Hay artistas que pretenden vivir para sostener a sus obras, en lugar de que estas perduren en el tiempo por sus propias fuerzas.
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Bibliografía Consultada

Adorno, Th. W. Teoría Estética. Obras Completas, 7. Trad Jorge Navarro Pérez. Ed. Akal. España. 2004.

Bartra, Roger. La jaula de la melancolía. CONACULTA. México. D.F. 2002.

Berman, Marshall. Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. Siglo xxi editores. España. 2004.

Berumen, Humberto Félix. De cierto modo. La literatura de Baja California. UABC. Mexicali. 1998.

García Canclini, Néstor. Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo. México, D.F. 2004

Valenzuela, José M. Por las fronteras del Norte. Una aproximación cultural a la frontera México- Estados Unidos. FCE. México, D.F. 2003

[1] Marshall BERMAN, Todo lo sólido se desvanece en el aire. España. 1988, pp 2-27

[2] Ver Walter, BENJAMIN, El arte en la era de su reproducción mecánica.Madrid. Edit. Taurus. 1973.

[3] Para entender mejor este proceso dentro de la frontera leer el ensayo de José Manuel Valenzuela Arce, Metáforas y debates teóricos sobre la frontera Mx- Eu, en su apartado “Procesos socioculturales de la frontera”. Ver bibliografía.

[4] Cfr. Culturas Híbridas. Néstor García Canclini. México, D.F. 2004 pp 62 ss.

El Papasquaro

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uno

¡Vámonos arrancando vértebras!
Déjame entrar en tu historia
Como por el ojo de una aguja
Que mi canto sea el himno
de las putas y de los muertosdehambre
que mi glande desgrane a cuajos
lo que comes ¡lechosa!
que tu voz sea navaja de afeitar
sobre los soldados inquietos de mi escroto
/eso pido/
que me ames profundamente
como un potro herido en la montaña.
/Tú/
Que estás hecha toda de peligro
Y de mariposas muertas

El Papasquiaro

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Francisco Ortiz Feliciano (PR)
Mi llamado personal a la unidad en la defensa de la cultura puertorriqueña


Ayer (domingo 24 de mayo) asistí a una reunión la mar de interesante, acudo al igual que otros tantos al llamado de acción que se impone ante el cuadro de atentados, agresiones y peligros que se cierne sobre nuestro pueblo en su misma personalidad: la cultura puertorriqueña está nuevamente bajo ataque, esta vez el nubarrón tóxico es inmenso, pretende taparnos el sol, envenenar nuestro futuro, secarnos, estamos ante un reto de pura supervivencia…

El salón de la UPAGRA se llenó a capacidad, seguía llegando gente, amigos, hermanos, seguíamos sacando sillas hasta que no habia donde meter más y entonces de pie, cercanos, un abrazo colectivo, un animal grupal de muchas caras y gestos enlazados... a los que fueron gracias, a los que querían ir, igual gracias, los que no podían por conflictos también gracias, y los que no, les digo no estábamos todos los que somos pero los que estaban son de verdura y raíz, esto se propaga, se extiende, se pega, pues gente, la agenda estuvo excelente, apretujada de deseos, rabia y pura adrenalina, el tema intenso, en crecimiento, voces hambrientas de expresión, abriendo espacios a la vez que entrelazando visiones y pasiones diferentes pero perfectamente compatibles, pues hay que seguir sembrando solidaridad y sensibilidad ante el dolor, la tragedia humana y los atropellos... pocas noticias buenas... las luchas emancipadoras son y serán cuesta arriba, a eso vamos… abonando, desyerbando, como he dicho somos enredadera, nos metemos por los huecos, saltamos de tronco a tronco, florecemos aunque no nos inviten, aunque seamos flores marginadas e impostergables, nos pisan y volvemos a nacer…

El silencio entre acordes hace suculento la llegada del arpegio, es un secreto de la música, los versos y el amor saben que esperar es parte del juego... contoneando, vibraciones recorriendo, suspiros cuajando en cantos… el caldo se espesa… pero por ahora de la secuencia de imágenes surgen versos, palabras, frases... mientras renacen esperanzas que ciertamente nunca habían muerto, solo estaban un poco descuidadas las ilusiones, olvidadas, metidas en cajones, favor no me malinterpretes, me refiero a las esperanzas y las ilusiones empolvadadas de que hay gente deseosas de compartir su mundo para defender nuestras formas, maneras, antojos, colores, manías, gustos y sabores de ser, ver, creer, brincar y saltar, amar, gritar, cantar y rezar...

Tengo una idea, que más que idea es como que una imágen borrosa de que podamos de alguna manera ayudar a encauzar varias conversaciones y compartir hasta pesadillas sobre qué podemos hacer la gente que nos duele la conciencia social y respiramos la cultura para propiciar un movimiento amplio de solidaridad y justicia social... Y mi idea es aliada de la tuya… y las nuestras de las de los otros y aquellos también… y el coro crece, los cuerpos se calientan, el baile se esparce…

A lo mejor parte del asunto es pedir que todos los que estamos en el tirijala de creernos los que tenemos la razón (agarrada por el rabo) bajemos un poco el tono y nos dejemos de estupideces y chiquitas, y echemos el resto por acomodar nuestras estridencias a la necesidad de la armonia de voces, no salirnos de la clave.. deja ver qué sale, deja ver… y si es disonante es porque somos disonantes todos…

Ahh y sería un perfecto embustero si no confieso que me gustaría algún día volver a compartir de la humanidad que se hizo sugestión, tentación, seductor embeleco unitario y anhelo en ese convite y de cierto pronto, entonces amigos veremos como se le zumba a la rumba...

Vamos por partes... cierra los ojos y mira, somos muchos más que dos, muchos más.. sobre si dices, si dijo, si dijimos o no dices lo que sea que sea o debe ser, mientras hables la verdad y con el corazón, lo otro es 'pamplinería'... lo primero es lo primero: ¿cuánta envidia, mala leche y sectarismo ehh? …lo que pasa es que como me dijo mi madre, un poco de talento, mucha inspiración y entrega, es lo que hace la diferencia, amor, trabajo, solidaridad y compromiso, no hay carambola ni plante... sacude, zafa diablo, esa mala onda, atrás, ese rencor, ‘bídate, perdona y pa’ encima… ma’ lante hay gente y son buena gente, nuestra gente que espera que nos dejemos de mierda y nos pongamos a hacer lo que tenemos y tengamos que hacer…

¿Ves porqué es diferente? …aunque no me entiendas en gran parte se trata de abrirnos hasta más, exponernos, descubrir nuestros secretos, temores, buscar entre las sombras y las esquinas aunque ni siquiera sabes qué buscas en ocasiones, enterrar nuestras mentiras y superar errores... es un voto con la sinceridad y fe en que en este proceso podemos hacer, decir o escribir algo que tenga sentido... claro que hasta asusta, claro que puede hasta doler pero ese es el camino, nuestro camino y debo insistir que caminemos hasta sin saber a donde vamos a llegar o si de verdad vamos a llegar pero no nos detengamos... nuestra sinceridad, la verdad de nuestras voces es lo que hará que el pueblo nos acompañe, nos recoja en su regazo y hasta nos proteja…

eyy no trato de recetar nada, de hecho estoy casi seguro que lo que puedo decir puede ser completamente irrelevante para algunos, tonto para otros.. pero por lo menos yo me di cuenta que esconder las emociones a la larga es peor, no necesriamente se trata de decir o contar cosas maravillosas y hermosas, pero si buscar la forma o manera de expresar nuestros sentimientos, los míos, los tuyos, los del otro... pero repito estoy totalmente descalificado para digamos orientar o consultar… de hecho lo que trato es de hablar de mi mismo y sucede que hablando de mi a veces hablo de todos o si acaso de otros, si acaso en algo, puede ser un poco, puede ser bastante... quizas eso tenga significado para alguien, y como ayudar, ayuda, me ayudo yo...

24 de mayo de 2009 /
Ortiz Feliciano

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Charles Bukowski

Charles Bukowski (1920-1994)
poema navideño para un hombre encarcelado


hola Bill Abbott:
me parece muy valioso que distribuyas mis libros
allá en la cárcel, mis poemas y cuentos.
si puedo aligerar la carga de algunos de los tipos con
mis libros, bárbaro.
pero la literatura, sabes, es difícil de asimilar
para el hombre ordinario (y para el extraordinario también);
a mí no me gusta la mayoría de la poesía, por ejemplo,
por eso escribo la mía de la manera que me gustaría leerla.

la poesía pareciera que se está volviendo mejor, más
humana,
la claridad del lenguaje tiene algo que
ver con eso (w. c. williams vino y le pidió
a todos que aclararan el lenguaje)
luego
vine yo.

pero escribir es una cosa, y la vida
otra, pareciera
que hemos mejorado la escritura un poquito
pero la vida (nuestra y ajena)
no pareciera estar mejorando gran
cosa.

quizás si escribiéramos lo suficientemente bien
y viviéramos un poco mejor
la vida mejoraría un poquito
como para que no dé vergüenza.
quizás los artistas no han sido lo suficientemente
poderosos,
¿quizás los políticos, los generales, los jueces, los
curas, la policía, los cafiolos, los hombres de negocios han sido demasiado
fuertes? no me
gusta esa idea
pero cuando miro a nuestros pálidos y preciosos artistas,
actuales y pasados, me parece que es
posible que sí.

(a la gente no le gusta cuando hablo así.
Chinaski, cortala, dicen,
no sos tan grandioso.
pero, carajo, no estoy hablando acerca de ser
grandioso.)

lo que estoy diciendo es
que el arte no ha mejorado la vida como
debería, ¿quizás porque ha sido algo demasiado
privado? y a pesar del hecho que los viejos poetas
y los nuevos poetas y yo
hemos tenido todos problemas idénticos o parecidos
con:
las mujeres
el gobierno
Dios
el amor
el odio
la indigencia
la esclavitud
el insomnio
la deportación
el clima
las esposas, y así
sucesivamente.

ahora me escribes
que al hombre de la celda de al lado tuyo
no le gusta mi puntuación
como pongo las comas (especialmente)
y también la manera en que divago
para decir algo con precisión.
ah, él no se da cuenta de la intención
la cual es
liberar, humanizar, relajar
y aún así hacerla tan real como sea posible
a la palabra en la página. la palabra debe ser como
la manteca o la palta o
el churrasco o los biscochitos calientes, o los anillos de cebolla o
cualquier otra cosa que sea realmente
necesaria. debería ser casi
posible que agarres las palabras y
te las comas.

(debe de haber algún vivo en alguna parte
por allí
que dirá
si es que lee alguna vez ésto:
"¡Chinaski, si quisiera una cena voy y
la pido!")

como sea
un artista puede divagar y aún así mantener
la forma esencial. Dostoievski lo hacía. él
normalmente contaba 3 o 4 historias marginales
mientras contaba la que era
central (en sus novelas, claro está).
Bach nos enseñó como poner una melodía encima de
otra y otra melodía encima de
esa y
Mahler divagaba más que ninguno que yo conozca
y yo encuentro gran significado
en su pretendida falta de forma.
no dejes que los chicos de la forma y la regla
como el tipo de la celda contigua
te las pongan encima tuyo. sólo
dale un ejemplar de Time o Newsweek
y estará feliz.

pero no estoy defendiendo mi obra (ni de vos ni de él)
estoy defendiendo mi derecho a hacerla de la manera
que me hace sentir mejor.
siempre pienso que si un escritor se aburre con su obra
el lector va a
aburrirse también.

y no creo en la
perfección, creo en mantener los
intestinos libres
por lo que coincido con los que me critican
cuando dicen que lo que escribo es un montón de mierda.

estás condenado a 19 años y 1/2
yo vengo escribiendo desde casi 40.
seguimos adelante con nuestras cosas.
seguimos adelante con nuestras vidas.
a veces escribimos mal
o a veces vivimos mal.
todos tenemos malos días
y noches.

a ese tipo de la celda al lado de la tuya debería mandarle
Las Obras Selectas de Robert Browning para Navidad,
eso le daría la forma que él está buscando
pero necesito la plata para el hipódromo,
Santa Anita abre el
26, así que dale un ejemplar de Newsweek
(los muertos no tienen futuro, ni pasado, ni presente,
sólo se preocupan por las comas)
y ¿puse adecuadamente las comas
aquí, Abbott?

Charles Bukowski (USA, 1920-1994) /
Biografía / Poems / Poemas / Bibliografía

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Mario Benedetti / En Sequoyah

Mario Benedetti (Uruguay)
Las palabras


«No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro
si usted habla de progreso
nada más que por hablar
mire que todos sabemos
que adelante no es atrás
si está contra la violencia
pero nos apunta bien
si la violencia va y vuelve
no se me queje después
si usted pide garantías
sólo para su corral
mire que el pueblo conoce
lo que hay que garantizar
no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro
si habla de paz pero tiene
costumbre de torturar
mire que hay para ese vicio
una cura radical
si escribe reforma agraria
pero sólo en el papel
mire que si el pueblo avanza
la tierra viene con él
si está entregando el país
y habla de soberanía
quién va a dudar que usted es
soberana porquería
no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro
no me ensucie las palabras
no les quite su sabor
y límpiese bien la boca
si dice revolución».

Mario Benedetti / En su muerte

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Javier Monroy (Perú)
Sí hay ateos en esta trinchera (aquel 11-S) ®

‘I CAN KILL CAUSE IN GOD I TRUST’
Do the evolution’ - PEARL JAM

Madre las piedras tiemblan a mi alrededor
Me queda poco tiempo
Mis alas están por quemarse por voluntad del padre sol
La torre 1 ya es sólo sombra y polvo como
La gloria de los emperadores ebrios
Los ácidos hirvientes de cables y fierros
Se confunden en mi carne estofada
Mientras se ahogan desesperos allá al fondo
Por qué no te dije te amo (o eso creo)
Por qué renegué del consejo sabio del abuelo
Por qué no emprendí ese viaje a Nepal
Por qué no guarde mi cuerpo para mejores días martes
Es tarde ya para el control mental
Para detectar mi centro
O dibujar un verso zen sobre el techo calcinado que ahora me abraza
La memoria es una oxidada hoja de afeitar
Estas agujas de arriero encarnadas bajo las uñas me impiden rascar la tierra para seguir adelante
Cuánto daría madre por tener aquí mi álbum de fotos mi gato ‘tomy’ mi Gatorade y tu mano despejando mi frente del barro que se agolpa como esta gente que huye. Cómo si fueran a dar una película de Buñuel
o si Betty boop repartiera autógrafos
(Quiero mi leche caliente con ovaltine
Y un libro de H.G. Wells con dibujitos)

Si no alcanzo a saborearlos
Dejo estas líneas para los padres de la patria profanada
házlas tuyas y bendíceme

«La esencia de la pólvora siempre maridó bien con tu sangre poluta
Nunca fueron suficientes esos dólares agujereados por sheriffs a destajo
Los ecos de babilonias dormidas arrullaban tu cuna de calavera
Para qué esperar revoluciones aladas
En las alcobas de los infantes internacionales
Era mejor diseñar tumbas en sótanos de pentágonos y poliedros infectados
Por la usura de los viejos dragones
Sin sanjorges que les hicieran sombra
Márchome pues con mis hermanos de polvo
Adonde no más me veras
Sino en tus sueños protervos
Que me placeré de recrear
Cada noche hasta que pruebes el ágrio sabor de mis gusanos».

Siempre quise derribar mi propio muro
Ahora me iré con él adonde se alínean
Los adobes de plasma en el fondo del mar impune
Desde allí contaré a las walkirias sagradas para ver cuál ha de guiarme

Se me agota la saliva madre
Aléjate de esas coaliciones de cartón
De esas cadenas sin noticias amarradas al mendaz destino de los trogloditas

Termino ahora de arrancar estas mis carnes colgajas
Debo estar presentable

No me olvides madre ahora que me apresto a fundirme con mi prójimo hermano
Con ese último ateo al que adoctriné
Volando ya sin alas hacia el cóctel lúcido embedido del creador
en medio del aire benevolente de afuera
Para volver a ser hasta siempre
polvo de estrellas

<>



LOS 1O ATTTREVIMIENTOS ®

1. Amarás a Dios para que nos procure todas las cosas.
2. No tomarás creyendo que Dios es vino.
3. Santificarás las recaudaciones en cada fiesta y me las guardarás.
4. Hornearás a tu padre para tu madre.
5. No matarás la fe de convertirte en asesino.
6. No comentarás tus actos con impuros
7. No robarás limosna más que la necesaria.
8. No levantarás mis falsos patrimonios ni me mentirás
9. No desistirás de alimentos ni deseos impuros
10. No compartirás mis bienes ajenos

[NOTA DEL EDITOR: Ésta es ima alusión a los conocidos Diez Mandamiento Alternativos que el etólogo británico Richard Dwkins, profesor de la Universidad de Oxfor, popularizó en su libro El espejismo de Dios (The God Delusión, 2006). Cualquier similitud con la Tabla consignmada en el catecismo vigente de la Iglesia, es coincifemcoa crifa, pura y dura].
Javier Monroy: Publicado originalmente en Letras Kiltras

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Alejandro Gil (Argentina)
oficio de poeta (Fragmento)


demanda

una vez, por mi oficio,
me cuestionaron mi visión de la realidad,
de los valores de jerarquía
con que se mueve
este insano mundo

alegato 1

caían las velas
de los trasatlánticos
sobre inmensas olas de cemento
peatones y peces,
alborotados y enfermos
de pavor,
daban alaridos y
burbujas
no cabía en la espuma
o escombros
polvo alguno
o lágrima

crónica de los hechos

yo oficiaba de distribuidor
de imágenes y textos
sobre un futuro papel
que iba a ser impreso
con lo que yo organizara
(diseño gráfico, lo llama el mercado)

alegato 2

era, en su andar,
la primogénita del Nilo
dulce, suave y áspera
mujer arena
arena de mujer
de entre nuestros labios
salían perlas
cultivadas de amor
de batallas ancestrales

[Alejandro Gil nació, se crió y desarrolló. Lo primero en Salta. Lo segundo y tercero en Tucumán y en Tucumán. Luego a los 40 migró a EE.UU. Ya había publicado unos cuantos libros de poesía en Tucumán. Ya había hecho unos cuantos espectáculos integrando la poesía, la música y el teatro. Ya había hecho radio de poesía. Había pintado. Había creado a Chaco y Saire, unos personajes de historieta. Ya había hecho videos de poesía. Ya había representado a Tucumán en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Ya había ganado un concurso de afiches sobre Borges. Ya había dirigido tres antologías de jóvenes escritores, publicadas en los años 80. Ya había hecho muchas cosas más que no recuerda. Y sigue haciendo. Pero no sabe para qué sirve un currículum vitae. Es un pibe, en el 2009 tiene 45. Y es abuelo].

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Maritza Alvarez (Chile)
«Voy a hacerme un cigarrito»


Víctor, tal vez este sea el último homenaje que se te brinda,
o el primero de muchos, hombre de canto, de risas, de amores
y sufrimientos, de luchas...«¡Sopla como el viento la flor de la quebrada!»...

Hoy se te vela, hoy se puede.

Tu voz es sentimiento de hombre simple, voz campesina, hombre de barro, de ese que bien conocía Luchín, de pies desnudos, de contacto profundo con la tierra... frágil y sensible pero fuerte y determinante a la hora del trinar por la vida.

Vibras en el aire mientras te escribo, aleteando tus alas como un colibrí.
«El derecho de vivir en paz»... ese que no conociste es el que se te reconoce a ti hoy, es un derecho póstumo que se te quiere regalar. Recíbelo Víctor, «¡Levántate y mírate las manos!»... «Para crecer", dijiste, «estréchala a tu hermano"...

Víctor: «Juntos iremos unidos en la sangre, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén!».

Maritza Alvarez / En Colaboradores

<>

Te escribo

Te escribo
mientras las estrellan reinan en el universo perfecto y celeste
ufanas ellas de tanta belleza regalada

Te escribo
porque es cierto que te tengo a cada momento
Porque es verdad que a cada rato te amo y te recuerdo
porque quiero creer en un mañana
así sean 10 minutos juntos, quiero vivirlos contigo
sin arrepentimientos que opaquen este idilio

Te escribo
porque quiero disfrutar lo que eres ,amor
Quiero adherirte a mi retina melancólica y brumosa
Quiero saber que existes y que es cierto todo lo que vivimos
de lejos, tan lejos, en esta correspondencia loca y agresiva
brutal y sensitiva
llena de amores y distancias
llena de besos y palabras

Maritza Alvarez

<>



Viva

Presionada
como tuerca que aprieta la llave del agua
que gotea, atrevida y contrariada

Eufórica
como torrente de aguas
que potentes caen estruendosas
en las cataratas de Iguazú

Asesina
Como el dolor que tantas veces vuelve
A mis sienes enfermas
Febriles
Impacientes del futuro
Que se pinta lejano

Rauda
Como niño que sale de la escuela
Y llegando a su casa tira sus libros
y la disciplina
Esa que te enseña conductas aprendidas
Y se lanza rápido a sus juegos y aventuras

Imprevista
Como la lluvia de Noviembre
Que nos sorprende en Primavera
Y moja la tierra
Limpia los montes
Y despeja las brumas del cielo

Atónita
En la sorpresa callada y serena
La que llega envuelta en sobres
Con sellos nórdicos
De un país celeste
Atestado de fríos otoñales

Muy tuya
Semi reflejo de causas perdidas
Asteroide caído en la luna
Satélite que sorprende a los ovnis
Tratando de retratar tu vida y la mía

Espejo vivo
Traje nuevo
Revista leída y gastada
Números de mi clave
Navegación secreta
A otros rumbos y otros mares
Recién nacido
Llanto primerizo
Brazos que sostienen
Besos que nunca sacian
Sala de espera
U.T.I. del amor
Cama que suena
Seuda libertad de los amantes
Esperma que corre
Óvulo que fecundó

Maritza Alvarez /
Colaboradores

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Fanny G. Jaretón (Argentina)
A mi gozamante


Amigosamante amigosamente
hemos abierto el canal de la memoria
donde el silencio guarda los silencios eternos
para que habremos de nombrar a las cosas
por los que las cosas no son.
Pusimos los oídos sobre el corazón
de lo que nos fue mostrado
que para eso hemos sido traídos hasta aquí.
Porque hemos llegado: hasta aquí!
Y ahora con paso seguro
de no rasgarnos las falsas vestiduras
de no rasgarnos el alma
así como acostumbran los otros
a tratarnos como hilachitas serbias.
Me resisto a poner los ojos de dulzura
en la maldad.
Por eso desde el exilio
donde fueron a parar nuestros huesos
nos recojo de las soledades
nos recojo nos guardo
para el tiempo de la misericordia
con el número par que te enhebra a mí.
Con el arabesco donde tu boca me hila
y lleva cocida la construcción y el delirio.
Lleva y trae la esclava de tu mano
el velo de la Novia
que te cubre como al dios antiguo
como al gran guerrero
como aMarteVenus
porque el amor de amigo
ha triunfado sobre los torrentes de vanidad.
Porque vengo a vos con el aroma
que desprenden las vírgenes sagradas
las que temblamos frente al verbo asombroso
donde tu boca me respira y sólo eso:
vida vida vida.

Fanny G. Jaretón / Una visión poética: Fanny G. Jaretón

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Carlos López Dzur (PR)
Maldiciones contraculturales

A Todd Gitlin, presidente en 1963 de la SDS, Students for a Democratic Society, grupo que ayudó a organizar la primera manifestación nacional contra la Guerra de Vietnam


Compañero, tú si eres fiel y raro y único;
tú si estarías en esas listas negras y grabaciones rojas,
tú, como el único santo, ¿recuerdas?
entre esos 100,000 comunistas activos que Hoover
concluyó que viven o lucran en los medios: escritores,
radio-bembas, guionistas, ministros, profesores,
activistas, funcionarios, embusteros,
bien que se consagran, tal vez sabes,
hijos de la chingada.

Aclaro: tú no te vendes, tú no cambias
ni reculas ni engañas, no te escondes...
y, por eso, yo quemé tus cartas.
No contesté ninguna.
Que en nada pueda yo comprometerte.
No. No. No es que te haya obviado.
No, es por no herir o ignorarte.
Tú eres mi Zen viviente.
Tu eres mi cábala y pan diario.
Mi zarza ardiente del Horeb.
Con alguien te comparo y perdóname
(puede que seas más, a medida que crezcas);
hoy por de pronto, potencialmente eres
Todd Gitlin, a quien amé, lo sabes.

Aquí estoy, cuando más necesito y a la memoria
me vieno tu nombre, mi auxilio. Tu imagen.
Eres, de momento, un poco de mi pan.
Eres apasionado; Carlos, y Nostalgia te quiere,
te quise y, sin embargo, sé cuándo y cómo
hay que quererte. Sin ser estorbo a tu paz.

«¡Qué poca cosa es el hombre!», mal(digo)
marx-diciente, y cómo he temido
que te hagan daño, poeta,
porque siempre hablaste como gente grande,
como el hipster, tú, mi imberbe apasionado...
¿Y sigues, poeta? ¿O ya no? porque quisiera
que un día, si te place, tomaras de mí un poco de memorias.
Y hagas versos, putos versos de hedonismo, vitales versos,
versos mostrencos, sobre cómo se envilece
una mujer [poca cosa somos, perversos somos
cuando más queremos amar y servir y sincerarnos].

¿Sabes? Yo soy buena para las maldiciones;
yo me he cagado en todo el mundo, en todo el mundo,
Carlos, menos en tí. ... porque yo soy mujer y la vulva
me salva del hambre; pero, mi Luna me ovula
días plenos para recordar cómo eres,
días para maldecir como maldigo:

(1) al padre mío que me obstruyera y cuyos esbirros
tuvo para que vengan a golpear, a robar allí
o acádonde tuve un techo, un mobile home con mil consignas,
si en vano espera que, por su mugre propseridad,
vaya y suplique, otra vez le maldigo;
(2) si doy amor y, en su propia esclavitud me recluye
el mismo negro que liberto, mira cómo mi boca que bendices,
amigo mío, se exalta, yo maldigo, Carlos, porque somos
perversos aunque el Amor y la Paz cantamos
y el amor nos juega mal y la paz nunca viene...

Tú no me falles, yo no doy nada,
pero a nadie quito. Quiéreme así, niño de mi alma.
Niño del Libro, niño del Loto.
¡Cómo quisiera que existiera un pueblo de profetas
con la palabra en llamas del Horeb.
Salmistas como tú.


2.

De los tempranos Sesentas, maldito sea el movimiento
Draft Goldwater y las campañas de Reagan del '68
y el regreso en campaña en el '76 ¡cagado sea!
a la cloaca y consigo vaya como asqueante desperdicio
the growth of conservatism.
La Ultra-Derecha Americana.
Maldije ya la Guerra Fría y
The Big Business,
The Religious Right
y sus chivatos,
el anticomunismo.
Asco me dio, como si pariera una mula,
los yafos, Young Americans for Freedom,
colegiales de la Nueva Derecha recelosa
(más morones que ellos no conocí a ninguno).
Son («the New Right»), obstruyentes de asalto
del SDS (Students for a Democratic Society),
aplastadores de la Nueva Izquierda necesaria.
Con el ala moderada de los republicanos
Eisenhower-Rockefeller, o los bravos «rednecks»
que impulsan a Goldwater, al fin de verlo electo,
hago lo mismo / me les cago en sus reputas ínfulas
y les maldigo con el mismo fervor
que al libertarianismo antiestatizante
y el anticomunismo estatizado.

Carlos, ríete. Con ellos me estoy limpiando el culo.
Hoy madrugué llena de maldiciones, Carlitos.
Lee. Tú no hagas caso. Sigue con lo tuyo.
Lee mientras yo cocino con mi mente en la Derecha Cristiana
a la que mi padre le aporta $$$ mucha lana y Reagan lo agradece.
(¿Sabes? mi padre me parece un puercazo igual
que Jerry Falwell, herederos, biblia en mano,
de la industria del odio, el apocaliptismo, el Fin del Mundo,
las hogueras en clíniacs de aborto, asesinatos en frío
y un lenguaje envidioso ante voces clericales…
Los invitan a Casa Blanca, ojalá sea al infierno
y Richard Viguery, a direct-mail wizard,
a quien tanto maldigo y las nalgas le quemo
junto a sus listas computarizadas
de traidores a la patria y mercenarios del voto,
de mi padre es amigo, sí… amigo de su dinero,
porque esos buscones sólo son pidiones, rateros.
No tienen amigos como tú. Y nunca tendrían
una amiga como yo.

Carlos López Dzur; Bios / Blog personal

<>



Plegaria para salvar a un inocente

Este inocente está abaleado de candores.
Se está desangrando su memoria.
Posiblemente, no resiste un suero de Alétheia.
El ser está desencajado y los ojos están comidos
por olvido. Por eso es un cadáver inseguro
de si ha muerto; por eso, herido, va echando
tumbos por la inercia y no sabe preguntar
si algo ha querido, o nada quiso,
del supransensible paisaje de su tumba.

Hay que trajearlo de Sein aunque sea
con parches de algún Ego cogito;
hay que darle un sujeto aunque no sea el suyo.
Posiblemente, no hay muleta que lo yerga
ni alpagarta que él pueda pisar
(tantas son las huellas del prejuicio
que su ignorancia es miedo
a las patas rajadas
y distorsión, su angustia.

Este inocente no tiene la mirada limpia.
Un balazo de sed lo dejó bizco,
una torsión de fe le dio santa ignorancia.
Le han matado a su Dios antes que sepa
que existe; lo ha parido un agujero negro
en un campo de Higgs de incertidumbre
y verá sólo fantasmas de molicie.

Pero hay que revivirlo como sea.
Estos inocentes compran la Técnica
del mundo, son la materia prima
de la ganancia en serie
y su ser es la verdad de lo oculto.
Por ellos es que existe la verdad impensada;
por su causa es que no se capturan
los ladrones y son ellos los únicos
en la especie.

Que no se extinga. Traigan un botiquín
de Primeros Auxilios.
Es un perdonavidas inocente.
Un negligente necesario.
El cree que sabe, pero no sabe nada.
El calcula que vale tres carajos
de subjetiva humanidad y que perdona
transgresiones. El eterniza al niño tonto
aunque ya es un anciano.

Vengan piadosos enfermeros, hijos
de la máxima putada, vengan sacerdotes,
burlones de plegarias, hay que salvar
al inocente. Al simple que no tiene
otra culpa que estar vivo; al que observa
lo irreal y asegura que existe.

3. La visita de Nostalgia

Nostalgia, a cuarenta años de no verte,
te abriré la puerta, te sentaré a mi lado.
Díme tus razones de hoy, las de ayer, sin olvido.
Ya sé que cumples años, mujer, y no es la misma gente
la de Berkeley ni Stanford.

Abre esa bendita boca que vio a mudos y sordos,
a tiesos y callados, a cobardes y abúlicos,
esa boca que se enfrentó a su padre
y lanzó su herencia al tubo.

Tu boca que se cansó de mentar la indecencia
y llamar al carajo por su nombre...
(entonces quisiste decir el alma, el espinazo estéril,
la vulva-madre-higuera, seca y yerma,
donde, por placer, sólo gime y nace el sinsentido).

Te hartaron, lo sé. Lloraste mucho
y desde un rincón de Haight-Ashbury, en San Francisco,
conspiraste; ya no lavarías la ropa del violento
ni reciclarías el silencio del canalla.

La niña modosa, la obediente,
la brillante ewhiz-kid, se fue para la mierda.

Como al beatnik, la contorsión te vino.
Como un jazz en boca negra te llenó el rechazo.
La moralidad de clase media, me dijíste,
es cada vez más lenta, hipócrita, conforme, malsana
y te edificó esa soledad que marcó tu rostro
en medio del confort y el reglamento.

Y los modales al carajo y la crica al viento.
«Esta soledad que a medias sigue hoy,
no se va, no se va nunca y aún me da grima»,
dijíste. Tú cantas; hoy te falta la guitarra y una pareja
que se consagre a tu ternura, a tu irreverencia,
y cuarenta años de mitos de un jardín de Eva.
Tu utopía comunal, ese imposible
que la droga echó abajo.

Ya veo, Nostalgia. Eres más pobre que nunca.
Tú que lo tuvíste todo y lo tendrías si te hubieses callado
todo el odio, todo lo desbocado que avanzó
contra Goldwater, McCarthy, Nixon...
«Estoy sola otra vez, Carlos»,
«sola y muchas veces sola, pero, sigo siendo
Nostalgia, rebeldía,
pesadilla del Establecimiento».

4.

Hice lo que pude para que ella ría... yo poco puedo,
temo a ser insolente. Y ella dice: «Pendejo tú
que te casaste; pendejo tú, con la fe de por medio».
«¡Me hartan, me hartan!» Almas de fuego frío,
alientos de indiferencia caprichosa,
sangre cobardemente coagulada,
con silencio, mudos, interiormente ciegos,
con cuchillos de palo,
«me hartan, envenenan, me matan».

Nostalgia, dejaste la estructura establecida;
salíste como se sale del espanto y todo lo echaste abajo,
«hasta a mí me dejaste», le recuerdo.
«Pero te quise. Aprendimos tanto».

Vomitaste la clase, la iglesia, el gobierno,
todo lo que reprime desde sus aparatos jerárquicos.
«Yo aprendí contigo», le digo. Recuerdo.
Dijíste adiós a los cadáveres vivos.

Y hoy vienes,
con los sueños balsámicos en la mochila,
dolidos, todavía polvorientos y pateados,
y hoy vienes y me visitas. Yo creí
que me ibas olvidado.

Todavía tiene sueños como guardados
a prisa. Siempre, niña de la prisa, te llamo.
Memorias recogidas de la yerba,
ideales todavía apaleados, sospechosamente objetados
por nuevas estructuras de jerarquías que no sospechan
que el Edén se construye, paso a paso. Ellos no creen
ni en corazones jóvenes que cantan y huelen a semen.
Pero yo te abro la puerta, Nostalgia.
Entra y cuéntame sobre todo lo que amaste:
Comienza con Bob Dylan, Janis Joplin,
John Lennon, Marcuse metido entre tus libros,
y mucho Zen y Dharma, y ese vagabundeo
y ese comunalismo, ya que dondequiera
te metes y duermes
y amas, Nostalgia.

Yo simplemente puedo recordarte
y abrazarte como ayer y darte el adiós
cuando lo pidas.
De prisa vienes y te vas.
Tú, sin libertad, te aburres.
Tú eres un ave eterna,
presurosa,
sin dueño.

07-03-2002 /
Carlos López Dzur; Bios

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Conversación en el Monte Ararat

Durante la llamada Peregrinación / o ritual de Hajj, celebración del Eid al-Adna, un matrimonio estadounidense se infiltró. Buscaba pleitos. No fue con corazón de aprendiz. Encarnaba la pasión islamofóbica. El marido es un suizo emputado porque los musulmanes se están quedando con Europa y él es nacionalista. «Eurocéntrico, etnocentrista, o como quiera que lo definan». Tan nacionalista y eurocéntrico, alguno dudará que lo sea porque se casó con Dorothy. Esta es la activista, judía newyorkina, pro-sionista, cuya familia está pudrida en dólares. Se casó viejola, pero con varios doctorados. El suizo vive de ella. La sodomiza porque por ahí es que les gusta.

Ella es una humanista con colmillos. Tiene una cátedra universitaria y maneja redes de grupos feministas, coaliciones culturales de las más diversas índoles, gentes que cantan muy claro el proyecto: «Ni en Norteamérica ni en Europa queremos los nuevos califatos, burqas ni turbantes». Está contra la influencia de los mahometanos. Contra la mutilación genital de las mujeres. Contra la poligamia. Contra el maltrato de las féminas. Contra la pedofilia. Contra el Islam y todo lo que huela a orientalismo. Contra la persecución de los Gays, Lesbians y Queer people. Es un estuche de monerías.

En este día sagrado en que tres millones de moros en el mundo, tres millones como mínimo, peregrinan a La Meca y con el Eid-ul-Adha rememoran las comunes raíces abrahámicas de las tres principales religiones del mundo, en esta reunión de árabes que, al menos, una vez en sus vidas, se citan en La Meca y distribuyen alimentos entre los desafortunados, este dúo se metió para sembrar cizaña. Y no se dio cuenta el muchacho con quien se estuvo metiendo

Una pareja temeraria, recauda-pleitos. Una furiosa urraca, quien no entiende los símbolos, ni los judeocristianos ni los que ofreciera Mahoma, cuando se codificara: Que Ibrahim sacrificaría, con voluntad tenaz, a su hijo Ismael al llamado de Allah, que así lo pide. Es la misma obediencia de Abraham en el Monte Moriah. El, otro patán, adorador de mitos vikingos, ex-neo-Nazi. Facho peludo, con el tolete que a la gringa bisexual le gusta por el ano. Son dos tal-para-cual.

«La gente en Norteamérica vacila, se espanta ante el hecho de que su Dios puede que les pida un hijo para su gloria. A sus ejércitos, a sus huestes pentagonales, a la Patria, estas familias entregan sus hijos sin chistar. Que los maten, o instruyan para obedecer y matar, sí, pero que a cambio obtengan medallas, préstamos, privilegios, beneficios de veteranos, cash y una bandera. A Dios no le sacrifican nada que sea de la dignidad misma de la vida. No saben, digo yo, lo que signfican las ofrendas de holocausto espiritual», WOW musitó Dorothy y se han topado como un musulmán fervoroso. Es quien se expresa de ese modo. Lo vieron que besana la tierra de La Meca y, según se inclinaba en rodillas para cumplir con el beso, la pareja observadora se tentaba con el deseo de darle una patada por el culo. Y fue Dorothy la que se surtió de mañas para hacerlo. Tiene el corazón muy ponzoñoso e hipócrita. Fingió que sacudía su zapato para alzar el talón y golpear las nalgas del árabe que rezaba. Distraído por la patada, él la descubrió a sus espaldas, haciéndose la desentendida, pero, sin mirarlo a la cara. Lo hizo con el rabillo siniestro de sus ojos.

«¡Ay, qué apenada me siento! ¿Le azoté la costilla, es eso?» El árabe piensa: «No se haga la pendeja. Dio un talonazo en mi culo». Mas dominó los ímpetus, como si un ángel fuese su anîs / amigo íntimo / y ante una mujer quisiera ser luminoso como el Azhar y cumplir un decreto de Ashraf, muy honorable.

«Por andar distraída fue, por no pensar ni fijarme, por el dolorcillo que me produjo un pedruzco, metido en mi zapato... ¡Ay, qué apenada me siento!»

El hizo una reverencia. Era un joven, educado en Inglaterra. Arabe rico, auténticamente religioso. A la mujer le dio, finalmente, el margen de la duda. Mas siguió con la sospecha que había insinceridad en el corazón de quien utilizara su talón para golpear fuertemente su culo. Y, testigo mudo de este incidente que pasó inadvertido, estuvo el cómplice que ella presentó como su esposo. Un suizo enorme, barbado, con ojos azules que parecían de cobalto. Un fulanazo ceñudo, rollizo de piel rojiza, ante el cual el joven se vio mucho más flaco, endeble, que lo que realmente era. Habría preferido que él dijera algunas frases como atenuantes o cortesías, como son: «¿Qué hiciste, mujer? ¡Ten más cuidado! ¡fíjate donde pisas! ¿Por qué te quitaste el zapato y estás a pie pelado!» Mas el silencio fue provocador, odioso...

Se puso en pie. Y Dorothy vio que el árabe era joven y espigado. Tenía un rostro amable y lampiño de muchacho. Le preguntó su nombre y lo convidó, porque somos turistas norteamericanos, a que pasaran a una cafetería cercana, El Monte Ararat, que se llena de contínuo de puros turistas extranjeros, ingleses y canadienses, sobre todo. «Descansemos un poco. El sol me ha sofocado», dijo la mujer. Se abanicaba los senos.

En el camino hacia la cafetería, donde Dorothy había dejado un grupo de amigas de sus redes de activismo social y altruísmo, fue que él dijo: «Mi nombre es Afîl Ahmad». A su llegada, Dorothy hizo señales a sus amigas para que enciendan grabadoras y hagan discretas fotos. Es curioso. Este incidente no estaba planeado en grupo. Mas la mente de Dorothy fue avieza. Improvisó las bonituras, casi sin palabras. Sentó al árabe delante de su esposo y ordenarom el café y los panecillos. «Lo haré hablar, eh!» Es un aviso en clave a sus compinches del gremio feminoide. Y espera que ésta sea una divertida bonitura (así llama a sus provocacionas )y que las gringas de su camada vean por qué es bueno el turismo intercultural y su didáctica. Aquí, pensó para sus adentros, «oigan cómo doy cátedra a estos árabes asquerosos».

«Supongo que el nombre que me dijo no tiene traducción al inglés, que percibo que lo habla usted perfectamente. Como un británico».

«Mi nombre es compuesto y tiene traducción. Afîl significa Casto, no necesariamente 'modesto'. Ahmad significa adorador fervoroso».

«Interesante, interesante».

El suizo no quiso decir su nombre. De sus labios apuró, con ironía, que el suyo implicaría nobleza. «Nobleza blanca». Y, ante lo dicho, Alfl aprovechó para explicar que Alâ significa exactamente eso, nobleza y que a él le habría gustado llamarse Alâ`al.dîn. Sí; como el Aladino de la Lámpara maravillosa. «Aladdino significa la nobleza de la fe». Ah, chi jí chi já. «¡Qué interesante!», reitera Dorothy, quien desconocía esos hechos porque jamás leyó el Corán y sólo sabe estadísticas que recogen los 'pundits' de la politología. Tanques de pensamiento. «Por algo, para aprender un poquito más, hago estos viajes». Turismo cultural.

Ni modo que digan que son provocadores profesionales. Acusadores han surgido en New York que se lo espetan. Donde quiera que haya una reyerta, un incendio, un corre-corre, a ese par se les puede ver después de su discreta grabación en vídeo. A esta parejita de cómplices le encanta suministrar imágenes confirmadoras de la pésima seguridad que es el turismo en Medio Oriente. Vaya usted a saber, pero, odian a Jordania, a los paquistaníes, casi siempre es gente de piel oscura. Su herramienta principal de trabajo es el descrédito y Dorothy, al utilizar sus credenciales de PhD en truhanerías, pasa la información que recauda, con hartas fotos y grabaciones ilícitas al Centro Internacional de Investigación Sobre Mujeres, organismo que calcula que, actualmente, hay 51 millones de niñas desposadas que viven en países musulmanes.

Hecho es éste que Dorothy dice que le da tristeza, precisamente porque son niñas hasta prepúberes y a veces casadas con adultos, o viejos cascarrabias que las golpean. Dice que el 29% de esas criaturitas, ya casadas, están en Egipto y sus esposos las maltratan. «Un 26% sufren un abuso similar en Jordania».

«No me sorprende, en realidad. Lo interesante es descubrir qué exactamente se ha medido con la estadística y, sucesivamente, cuál es el uso que se le dará... El maltrato infantil, en casi todo el mundo, es similar», comenzó a decir el jovenzuelo. Ese carilampiño que va camino al doctorado en Sociología, aunque no ha cumplido aún los 25 años, apuntó lo siguiente: «Usted lo debe saber mejor que yo. Más de 3 millones de casos de maltrato infantil se informan cada año en los Estados Unidos. Las estadísticas que conocí son del 2007. Unos 5.8 millones de niños estaban involucrados en 3.2 millones de reportes de maltrato infantil en los EE.UU. ese año. En los países de Oriente Medio, se desposa a una niña. Esto sucede y la costumbre perdura. Se desposa a una niña, sin el consentimiento de ella, pero no significa que la niña se la han ofrecido a cualquiera. Se concede a quien pueda cuidarla y tenga medios suficientes para darle una vida de seguridad, protección y alimento... Yo estoy casado de ese modo. Estoy casado desde la edad de 18 años y mi esposa tenía sólo diez cuando mi boda se realizó. No. No se me dijo que vaya y la ultraje cuando sólo tuvo diez. Que me surta con ella mi Luna de Miel. Mi esposa es aún vírgen y tiene 16 años en la actualidad. Cuando yo termine mi doctorado en Londres, iré a su cama. Será mi mujer entonces. Desde que ella tuvo diez, come y duerme en la casa de mis padres. Se víste, se educa, se divierte con la herencia que mis padres han separado para mí. Como usted verá, yo soy parte de esa estadística de las 51 millones de niñas casadas. Lo que le puedo asegurar es que yo no soy un golpeador ni un pedófilo. No soy parte de esa cifra del 26 por ciento que usted mencionara... Me pregunto, ¿en qué país la situación para una niña o un varoncito es peor?»

«Cuando estudiaba el caso de los EE.UU., supe que casi cinco niños americanos mueren diariamente como resultado del maltrato. Tres en cada cuatro de esos niños son menores de la edad de 4 años... Y me pregunto: por qué son tan acusadores los estadounidenses, tan inclinados a mirar la paja en el ojo ajeno y no la biga en el suyo, si ellos mismos calculan que entre el 60 al 85% de las muertes debidas al maltrato no son siquiera anotadas como tales en los certificados de defunción. Ocultan el crimen con hipocresía, mientras apuntan con el dedo al Medio Oriente... Un país, donde existe el informe de que se comete un maltrato a una niña o un niño cada diez segundos, no tiene facultad moral para decir que el árabe es el más criminal y su Profeta Mahoma es el culpable, porque a la muerte de su anciana esposa Khadijah se inventó la pedofilia y atrajo a su lecho a once esposas y otras muchas concubinas... Okay, hablamos de fechas tan antiguas como 619 dJC... En la familia estadounidense, hay mucho ultraje sexual y pedofilia. El 68% de los niños maltratados y agredidos sexualmente lo fue por miembros de su familia y ésto cualquiera sea el nivel socioeconómico y la religión; sea pobre o rico, educado o cuasi-analfabeto, sea negro o sea blanco, caucásico, con ojos azules o mediterráneos... ¿Habrá país que tenga que separar de su presupuesto de gastos $104 billones de dólares como costo anual resultante de su crisis de maltrato y negligencia infantil, los trastornos sicológicos que sufren cuando ya son adultos, el ciclo de repetición de esa violencia, la propensión a las drogas y antidepresivos en que caen, por haber sido agredidos durante su niñez y educados con sentimientos de culpa y vergüenza?... Dígame: ¿cuántos niños tiene su país en cárceles, o en pandillas, o matándose entre ellos en las calles? O tratados como adultos porque no hay misericordia para ellos».

«Usted sabe, desde que mi esposa menstruó en mi casa, siendo niña, tiene el anhelo de que yo esté con ella, me lo ha pedido; yo le escribo con devoción y ternura; pero, espiritualmente, yo sé que no tengo el derecho todavía a poseerla, o serle el macho... porque yo creo en el ritual de Eid al-Adna. Es lo que celebramos hoy, ¿lo entiende?»

«Cuando Mahoma dijo que Allah pidió a Ibrihim el sacrifio de su hijo, así como a Abraham se le pidió a Isaak, en holocausto, Allah aún me pide la ofrenda. Esa ofrenda es espiritual, En mi caso es que yo respete al hijo de la alegría y le ofrezca su tiempo y lo crezca en la posteridad para Allah. El hijo que yo doy a Allah es ella, mi niña-esposa, educándola en santidad hasta que tengamos sexo. Por de pronto, mi ofrenda es mi castidad. Ese es mi Ismael interior. En consecuencia, yo me amarro el deseo, me contengo para que aún el mismo amor de mi carne, sea delicia espiritual. Es Allah quien pide a la doncella, a la vírgen para Su Delicia... ¿Dirá usted que el árabe es perverso, o más pedófilo que el varón de su país? ¿Ha pensado cuidadosamente en tal cosa? Las familias educadas en mi país acceden a que sus hijas se casen bien; las ayudan a elegir un esposo».

En Norteamérica, en promedio, hay niñas entrando a la prostitución entre las edades de 13 y 14. A veces lo hacen voluntariamente, a veces por necesidad ocasionada por la adicción a drogas. Ha leído sobre tales casos: más de 13,000 adolescentes, entregándose al sexo por drogas o dinero y es triste. Son niñas o niños en séptimo, octavo, noveno grado, quiemes no completarán los cursos de un diploma de secundaria... Son más de 650,000 niños / niñas / intercambiando sexo por dinero, en país que habla sobre la excelencia de los valores morales occidentales, mientras publicita exageradamente la depravación de la cultura islámica y la lujuria sarracena...

Dorothy tiene la cara tiesa. Tal parece que una ametralladora le ha perforado el cuerpo de pies a cabeza. No callará a Afîl, el Casto... y pensar que urdió esta encerrona en Monte Arafat's para descabezarlo y coméselo en escabeche. Creyó que estaría en ventaja sobre el muchachuelo. «Usted ni siquiera ha estado en los EE.UU.», se reprocha. Y, por identificar a un sujeto que sea chivo expiatorio, encuentra a la etnia afroamericana. «En Norteamérica, amigo musulmán, hay dos grupos, propulsores de ese tipo de violencia y lujuria: el de los negros mandingos y el de los machos hispanos». Latin lover stereotype.

El estudiante clarifica que, cuando los niños experimentan abandono y violencia en su infancia, ausencia de figuras de autoridad y sufren menosprecio intrafamiliar, ses cuando están más propensos a riesgos, independientemente de cual sea su raza o cultura. Esos niños son 59% más proclives a sufrir arrestos en la adolescencia, 28% más propensos al arresto al adultecer y, probablemente, 30% más tentados a la onducta delictiva y comisión de crímenes violentos. «Sí. He estudiado casos de hombres negros, con una historia de maltrato infantil. Entre ellos, hay mayor inclinación a intimar con prostitutas que el mismo hispano y el hombre blanco».

Dorothy acusó a los afroamericanos de ser chulos de putas por excelencia. Dios las cría y ellas se juntan. Cuando se estudia a las prostitutas, el mismo patrón se observa. Más cómoda defendiendo a las mujeres de la misoginia, Dorothy arguye: El 57% de las prostitutas ha sufrido violencia en la niñez. El promedio, en sus vidas, ha sido tres victimarios diferentes, desgraciando sus emociones. El 49% de las prostitutas, utilizadas para elaborar estudios concretos de epidemiología, admiten que la violencia machista contra ellas se inició cuando ellas eran niñas. «Eso me da la razón. Esto ya habla sobre la relatividad de su queja contra el varón del mundo árabe que desposa a niñas. Claro, no todo el que toma por esposa a una niñita en el mundo árabe es para darse el lujo de ser el golpeador o quien la induzca a placeres pedófilos, aprovechándose de la delicadeza y belleza de sus cuerpos femeninos. Cuando una niña se reconoce casada, sabe que estará más protegida. Tiene la autoridad protectiva de sus padres, su nueva familia con el esposo, se siente más segura ante los extraños... Afirma un sentido de pertenencia y comunidad... En Londres fue donde descubrí que el mundo occidental y, especialmente, Norteamérica es más perverso y la niñez está menos protegida y más ansiosa».

«Tenía usted que ser árabe. Lo dice porque le gustaría que se despenalizara la prostitución y la pedofilia».

«¿Quién dijo? No, Por supuesto que no».

«Entonces, no es un buen musulmán. Se supone que siga el ejemplo de Mahoma, quien se casó con una niña de seis años, ¿no es cierto? ¿Y no dijo que se casó usted con una de diez cuando tenía usted 18 años de edad?»

«Pero le dije... un compromiso matrimonial no es correr a encimarse sobre el cuerpecillo delicado de una niña. Es un compromiso con protección a quien será tu amada. Es separar anticipadamente tu pareja... ¿Crees que Mahoma, quien hablaba con los ángeles, sería tan cruel de desflorar a una niña de seis años? Eso lo hace el varón impío de hoy. cuyos valores de comportamiento no son espirituales, sino basados en la masculinalidad hostil y el dominio sexual y sicológico con resentimiento a la mujer... El árabe piensa que la mujer es linda y que desde pequeña es hermosa. Se debe separar desde niña y cuidar. Te casas con ella para que sepan otros hombres que la honra de esa niña está asociada al que es su marido y nadie debe tocarla o faltarle el respeto, sin atenerse a consecuencias muy graves. No se le educa para que pase de mano en mano, como en Norteamérica que cambias de esposa, por divorcio, y ye casas 4, 6 o más veces».

En Occidente, cuando hay pobreza, la misma familia empuja a las niñitas a la prostitución. Hace apenas diez años leyó, hoy son muchos más los casos, que en Colombia habría más de 35,000 niñas practicando la prostitución... «En su país, señora Dorothy, el reclutamiento de niñas para la prostitución comienza a la edad de 12 años... No creo que haya un país que haga más inversión y malgasto de dinero en la pornografía infantil que el suyo. No creo que haya país que disfrace la prostitición tanto como su país: escort services, massage parlors, clubes de playboys, negocios de phone sex, strips clubs, etc. y, finalmente, no creo que haya mayor cantidad de turistas sexuales interesados en las dizque delicias de la pedofilia, el exotismo erótico, las bailarinas nudistas, que los que brinda Norteamérica con sus voyeurs, viejos rabos verdes y gente sexualmente obsesiva y de masculinidad hostil... pero ustedes están hablando sobre mutilaciones genitales y novias en la Tierra de Hamas, novias núbiles de siete años... y yo les digo, puede que sea cierto o puede que sea falso que, cada año, tres millones de niñas musulmanas son objeto de mutilación genital. Que sea cierto me parece horrendo; pero, voy a decir cuál es la peor mutilación que en los EE.UU. y en Occidente se practica, la mutilación sicológica. La negligencia y el maltrato infantil. La prostitución temprana, utilizándola como materia prima para crear capitales».

«Occidente prostituye a sus mujeres. Tal vez no les hiere el clítoris, pero las orilla al menosprecio del varón. Por eso hay tantas lesbianas entre sus pueblos y ciudades y abundan divorciadas y adúlteras para quienes el sexo es una venganza, una aventura, suplicio de orgasmos fingidos, competencia de sexualidad enfermiza, todo menos placer y amor... Yo conozco a gente que jamás ha leído el Corán, mas desfiguran las enseñanzas. Malinterpretan sus símbolos. Los judíos me comentan sobre una cautiva, Reihana, la judía a quien Mahoma amaba; pero no pueden decir más. No leen el Corán; pero, sí leen que el profeta tenía aún, a los 53 años, la resistencia sexual de treinta hombres. Hablar de Mahoma es su chiste. Su ideal semita de masculinidad... Los enemigos del Islam, cristianos neoevangélicos, me han comentado el caso de Aisha, esposa favorita de Mahoma. Hija de Abu Bakr, el mejor amigo del Profeta y su más fiel seguidor, ¿y qué con Aisha? Que el profeta, cuando ella cumplió seis años, se la pidió a Abu Bakr en matrimonio... En Norteamérica en particular y en Occidente en general, en situación similar, lo que el viejo rabo verde haría es que violar la niña con engaño y, si se descubriera el secreto, cuánto la chantajea para que no diga nada, vendrá la tragedia. Se matará al ultrajador y a la niña por dejarse tocar, a ella que no tiene culpa».

«Con el tiempo, la niña se enmalece, pierde su dulzura. Será la que venda sus fotos en la internet para ganar dinero. O haga porno movies. Se dedicará a la prostitución, una vez pasa por trastornos post-traumáticos... Mahoma sabía sobre cómo seducir, no lastimar, sabía esperar y adorar un cuerpo, así como Gandhi. Eran tántricos... Aunque ahora hay putas de gusto declarado, sin pudor. Vedettes de la cama, gente que pone precio al orgasmo y es exhibicionista, que va a los show de TV a jactarse de sus lujurias... Cuando Mahoma se casó con Aisha, él dejó que la niña sea niña, que crezca y ella llevó sus juguetes, incluyendo sus muñecas, a su nueva tienda... Así recuerdo yo a mi esposa. Una niña de diez años... y, como Mahoma, confieso que he fantaseado con su hermosura y el día en que pueda quererla, no ya como a una hermana, seré dichoso y conoceré la satisfacción bendita de mi sensualidad».

Al Mudo Suizo, dechado de Nobleza, al fin, le dio con abrir la boca. Comenzó a reirse idiotamente hasta que dijo: «¿Entonces, es usted virgen?» Las carcajadas incomodaban a otros clientes de la cafetería. «Lo soy y no me es vergüenza», dijo el estudiante. El suizo apuntó que, tras no creer tal afirmación, si de veras es masculino, árabe digno de llamarse tal, «o miente, o tiene quien le dé sexo, sea varón o hembra». Para él, no se puede sobrevivir sin sexo y el estudiante casto lo escuchó, viéndolo cada vez más impertinente. Lo clasificó como homosexual latente.

«Usted, perdone, pero no habla como un árabe, sino como un mariconazo».

«Se equivoca y me ofende».

Ahora sí le pidió a los dos una disculpa. Entiende que fue alevosamente que Dorothy le dio una patada por el culo. Su marido se quedó inmutable, con una sonrisilla misteriosa. Quien llama a los islámicos invasores, a Afîl Ahmad lo devalúa con la variedad polisémica de epítetos en torno a la mariconería. Dorothy calla.

«He sido respetuoso. Le he dado mi tiempo. Le he tratado como amigos. Quiero que me pidan una disculpa por las ofensas que les escucho... sino de aquí no salen vivos».

«¿Es una amenaza?»

«Lo que usted quiera que sea».

«¡Este árabe nos amenaza de muerte!», gritó la mujer. Echó a sonar la alarma, diciendo que son americanos. Turistas americanos. Vio cuando el jovenzuelo se levantó como rayo y se puso en guardia.

«Que sea de pie la disculpa. La espero».

All, otros comensales, los menos prepararon las cámaras de vídeo. La mayoría buscó dentro de sus bultos sus llaves, o dinero, «a pagar pronto y a correr». Sucedió en cuestión de segundos. Advino esta atmósfera mala: Aquí arderá Troya.

Se cansaba de esperar. No había disculpa.

El joven Casto no está armado. Y aquella voz de «nos amenaza de muerte» se extiende como tormentoso aire. La iracundia. La gerencia avisó a la policía. No hizo caso omiso al primer grito de auxilio: «¡Se nos amenaza de muerte!» Por su parte, Afîl Ahmad ha gritado en árabe, levantando sus manos al imaginario Cielo: «Será Allah Quien me hará justicia». Fue lo que quiso decir, aunque usó las palabras equivocadas porque el Suizo dudaba de su hombría.

El Suizo observó que Afî bajó desordenadamente sus manos y las introdujo bajo su túnica de algodón o thawb. Buscaba, en realidad, la billetera para pagar e irse, porque probó de la taza de café servido y comió el khobz' sin levadura. Fue y pagó. Se regresó a la mesa. El ofensor ya tenía en el bolsillo una pistola que sacó de un bolso de turista, donde tenía hasta su cámara fotográfica. Lo observa cómo alza las manos otra vez. Se ajusta el 'ghutra' en su cabeza. Mas el ofensor piensa que busca un arma escondida bajo el pañuelo. No le dio tiempo a despedirse ni bajar las manos, haya sido inocente lo que estuvo haciendo. Le pegó un tiro a quemarropa, coreando con Dorothy: «Un terrorista nos amenaza de muerte».

Derrumbado al pie de la mesa, está el cadáver del temido terrorista.

09-02-2009 /
Carlos López Dzur; Bios / Blog personal

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Macondo

Alicia Fontecilla (Chile )
Cien Años de Soledad y sus mujeres


«No malgastes pólvora en gallinazos»….Las palabras de Gabriel García Márquez cruzan años de distancias y de libros acumulados en mi memoria, iluminan un instante de mi presente, volviendo a recrear la magia de ese libro maravilloso, escrito con maestría inigualable desde el principio hasta el final: Cien Años de Soledad.

Los personajes femeninos adquieren vida propia, Úrsula Iguarán, en un repentino rapto de lucidez, sacudiéndose los trapos de colores que cubren su senilidad, tratando de recuperar los rosales cubiertos de polvo, el tiempo que se ha tragado irremediablemente la alegría del caserón. Fernanda Del Carpio, con su fría y seca dureza, tapiando las ventanas para aislarse del exterior, de la luz, de la vida. Amaranta destilando su amargura, estirada y altiva en su soltería autoimpuesta, el corazón llevando una venda eterna, al igual que su maltratada mano. Petra Cotes, afilada y sensual, gata montuna con un corazón de vocación perdularia, amando sin tregua, con la fidelidad impávida de las mujeres a sangre y fuego. Meme, desobediente y recalcitrante en su amor sin esperanzas, perdida la visión y la cordura en una nube de mariposas amarillas. Rebeca Buendía, escaldada por la soledad y aislada del mundo, convertida en una anciana de cráneo pelado, reclamando a Dios por el fantasma del gigante de otros tiempos que llega a su puerta marcado con una cruz de ceniza.

De todas, me quedo con la alegría estrepitosa de Pilar Ternera, puta vivaz y desenfadada que de joven espantaba las palomas con su risa estruendosa, y en su vejez, gorda y solidaria, ayuda a los amantes extraviados a encontrar la ruta directa hacia el lecho gozoso, con la sabiduría de los que viven con el convencimiento de que no hay mayor felicidad que la de una mano ansiosa recorriendo la piel ardiente.

04.12.2009 /
Alicia Fontecilla

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Alejandro Drewes (Argentina)
De otro mundo posible

De vegades la pau no és mes que por: Raimon

1.

De otro mundo
habla el poema
de otro mundo que una vez
fue posible

de lo que perdimos

habla para siempre
de las viejas gastadas banderas
de los negros vientos

de la sempiterna
paz armada, de los gordos
funcionarios de la ONU
y de Cartas obsoletas
del llanto por la tierra

quemada de Persia
y de las hordas saqueadoras
con terror a veces habla el poema

sin desclasificar.

Colaboradores

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Sobre esta tierra

I

Pero este lugar fue uno
y sagrado. Y creíamos
en aquello que salva

De otro tiempo, del fuego
en la carne
los mártires
nos hablaban

II

Nos quedan algunas palabras
la heredad que azota
el dios de los vientos
los campos quemados

el desierto infinito
aún por delante
el dolor de los otros:

una mujer o su sombra curvada
detrás de un chador

Una historia de balas y bombas
y gemidos: quien tenga oídos
escuche ahora su bárbaro canto

escuche, escuche!

Alejandro Drewes

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Federico García Lorca (1898-1936)

Alfredo Collado Villanueva (PR)
LO/R\QUITA POR VÍA DE ALLEN *


Las cinco de la tarde
Ya es totalmente de noche.
Y porque es día de semana nadie muere
bajo los cipreses que no existen

en la ciudad de ladrillos
y cartón, con cemento barato,
que se cuartea por la menor lluvia.
Bienvenido, poeta, a Manhattan.

Sacaré tu culo abaleado
de paseo, para recuerdes
las barras de loquitas maquilladas,
pero con corbatas de lacitos.

Los bares ilegales en Harlem
donde te codeaste con negros estupendos,
y los tristes paseos por los parques
llenos de putos y policías.

Las tiendas trágicas, donde maricones
ancianos hacían la quincalla
mientras lloraban el pasado perdido,
la visión de dos poetas malditos

que marcaron indeleblemente
con el carimbo de sus muertes.
Que cambiaron la ruta del poema
hacia el abismo necesario.

22.11.09 / avc

* Allen Ginsberg

Alfredo Collado Villanueva / EnColaboradores

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Arturo Cardona Mattei (PR)
La vida de un atleta


Fuerte, bravo, despotricado
Con ánimo de devorar todo a su lado
Veloz en su carrera iba empeñado
Siempre queriendo ser el primero
Para ganar medallas de barro

Cuerpo atlético, color bronceado
Pies ligeros de largos trancos
En su mente un sólo pensamiento
Que lo movía como relámpago
Derrotar al otro, al que estuviera a su lado

Sudor profuso, corazón agitado
Máquina hecha para saltar obstáculos
Así fue creciendo, así fue aclamado
De medallas llenó su pecho
De medallas quedó crucificado

Aquel atleta murió muy temprano
Su ego se elevó al cielo
Su espíritu quedó encarcelado
Por sus hazañas fue idolatrado
En el yugo de la fama quedó aplastado

Fama, medallas y dinero
De mujeres gloriosas siempre acompañado
Pero la vida le jugó un mal rato
Hoy sólo tiene una humilde sala
Y un viejo caucho donde se ve recostado

Atleta indulgente de promiscuos encantos
De piel bronceada, de cabellos largos
En tu alcoba te espera la soledad
La que te escucha sin mover sus labios
Es tu compañera en tus últimos años

Atleta prominente que brilló en el espacio
Tu Sol se apagó negándote sus rayos
Tampoco hay Luna en tus noches de espanto
Tus pies ligeros hoy se ven descalzos
Tu fama es negrura que no te da descanso

La fama, la risa, el oro, todo se ha confabulado
Haciendo de tu vida un doloroso holocausto
Galáctico tu empeño, terrenal tu fracaso
¡Mira! tu gloria se fue al camposanto

5 de diciembre de 2009 / Caguas, Puerto Rico

[Así son los ídolos aclamados por
una muchedumbre que orbita en
la más abyecta ignorancia].

Arturo Cardona Mattei

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Pedro Du Bois (Brasil)
O Som Revisto


A porta presa
em pedra
aguarda a força
do vento.

A mão revisita o tampo da mesa
e a cabeceira reduz o espaço
entre o passado
e o aparente
esforço: fechar a porta
na passagem
do corpo.

O som revisto da pedra
enquanto retirada.

(Pedro Du Bois, A Infinitude dos Sons)

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Liliana Varela (Argentina)
Buscar lo propio


Debajo del techo no había nada: Jorge Luis Estrella

Cabizbajo buscó a tientas la llave de luz; debía asegurarse, ver por sí mismo su entorno.

Trastabilló una o dos veces, lo que demostraba que su dominio existía, que aún conservaba lo que le era propio.

Las yemas de sus dedos oprimieron el botón y todo resplandeció.

La habitación entera mostró ante él, sus pertenencias, sus muebles, su feudo.

La mueca de su sonrisa se transformó en rictus amargo al cabo de unos segundos…¡todo había desaparecido! Sólo quedaba él bajo ese gran techo que parecía reírse de su suerte.

¡Qué equivocado había estado!... sin ella nada valía, incluso él era la sombra de un cuerpo que ya no estaba –ni jamás volvería a estar.

2009 /
Liliana Varela / Biografía

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José Andrés Rivas (Argentina)
A propósito de ‘Lunfardo en el Tango y la Poética Popular’, libro de Eduardo Pérsico


No abundan los intelectuales que nos hablen con el conocimiento de Eduardo Pérsico sobre el Tango, el Lunfardo y otros perfiles de nuestra manifiesta identidad.

Al comienzo habrán sido dos hombres en una calle del suburbio, o la necesidad de pasar un secreto de modo que ningún otro pueda entenderlo. Una frase oída y luego cambiada o modificar un nombre porque la palabra usada no servía o alcanzaba. Los orígenes pueden haber sido muchos y que las expresiones después se confundieran y formaran ese lenguaje marginal no en los libros pero sí en las palabras cotidiana Con el paso del tiempo los eruditos las aceptarían y serían corrientes en el comercio lingüístico de nuestra tierra, si al fin el lenguaje está en la calle y no sólo en los diccionarios y enciclopedias.

Aquí el autor define al Lunfardo como «un código entre dos sin que se entere un tercero», y esta definición sugiere un juego de dobles significados, el de escabullir y mostrar otra moneda para que alguien se lleve la equivocada. Y de esto sabe mucho el autor, ya que su largo ejercicio en el cuento y la novela se basa en decir lo que no digo, falsificar y confundir al lector; para llevarlo por otro camino y también darle testimonio de una vida y un tiempo del que no podemos escabullirnos. En última instancia, de ser nosotros mismos, porque más allá de los disensos y los apremios, el Lunfardo es todo eso: pasión por las máscaras, devoción por las palabras heredadas para luego traficarlas o deformarlas, ejercicio de transgresión basada en una profunda exaltación del individuo, su derecho a decir que no y poner mala cara. Y si a esto se agrega la frecuentación personal y de los textos de Jorge Luis Borges, -a quien Pérsico le dedicó un cuento ambiguo y delicioso, Laberinto de Gardel y el Inglesito- bien se explicaría porqué escribió este ensayo al que agrega un glosario con más de mil vocablos de la lunfardía.

Las demás razones tienen que ver con su fascinación por el tango y tanto que al final de su prólogo remeda el chanchán de nuestra música ciudadana. La experiencia es muy simple: basta con pedirle a cualquiera que haga la onomatopeya musical del dos por cuatro y repetirá el mismo chanchán como final. Signo valioso en una época en la que al tango lo deforma la gente que viene de otra música, o que quiere modernizar a Mozart o a Bach, hacerla fácil como diría algún entusiasta olvidando que entre otras virtudes, los tangueros ya tomaron la precaución de que su música fuera inmortal. Y cualquiera que se acercó alguna vez al lunfardo sabe muy bien que esa música, el tango, y ese lenguaje fueron siempre juntos como una pareja que mueve airosamente las «tabas» al mismo tiempo.

Eduardo Pérsico recuerda una anécdota de Nicolás Olivari, que también se le atribuye a Roberto Arlt: a los dos se les adjudica que por haber crecido en un suburbio fabril no tuvieron tiempo de aprender el lunfardo. La respuesta es sutil, ingeniosa y no exenta de justificaciones. Y aclara además que el lunfardo no es apenas una forma de decir y de nombrar la realidad para que sólo los iniciados la reconozcan, o sólo un lenguaje marginal secreto y grosero unido a lugares y conductas de mala fama, sino también una forma de vida. A esto se debe su permanencia en el tiempo y su empecinamiento en convivir con la vida cotidiana de los argentinos. En este terreno son y somos muchos los iniciados que antaño provenían del malevaje, del mundo marginal, de la vida rea y prostibularia que se resistía a ser absorbida, porque hoy el lunfardo está en todos nosotros como la sangre y los huesos. Y hasta en esa forma de amar, tener y sentir que poseemos todos sin saber de donde nos viene y se apodera de nosotros.

La razón puede ser también el absurdo de querer hacer un país y una ciudad que se parezca y no se parezca a ese país de la imaginación, sobre una pampa sin límites ni orillas visibles. Este afán de exiliados y nostálgicos de otras tierras que quisieron que ésta fuera la suya, y de su esfuerzo por recordar una patria que habían perdido y que al paso del tiempo ya no era la misma. Y hasta con cierta rebeldía a ser devorados por los hombres que todavía se dicen mejores y más cultos...

Calle, suburbio, marginalidad son algunos de estos rostros. La tentación de un lenguaje secreto de hacer que el tercero no entienda porque el asunto es entre nosotros dos y el deseo de ser quienes somos en la forma de nombrar las cosas de todos los días. De todo ello está hecho el lenguaje que Pérsico recoge en este estudio casi informal y nada presuntuoso, pero seriamente ilustrativo. Las palabras de su minucioso Ensayo nos acercan a un intelectual en la materia, consciente que ese perfil arrabalero es inherente a los habitantes de este país y no sería fructuoso ni soportable desechar semejante valor cultural.

Un valioso libro que se une a la nutrida obra literaria de Eduardo Pérsico en poesía y narrativa, y para apreciar mejor a este excelente escritor argentino.

[El doctor José Andrés Rivas, (UBA), es Académico Correspondiente de la Academia Argentina de Letras. (2009).]
ArgenPress

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Carlos Adalberto Fernández (Argentina)
Tierna historia navideña


—¡Ma, Pa! No se muevan de aquí, que yo voy a terminar la sorpresa y los llamo. -Y sin dar tiempo a sus padres para preguntas o retos, Rosa se fue corriendo rumbo al gallinero.

—Nunca vimos a la nena tan comprometida en las fiestas navideñas, viejo. Es la primera navidad que la vemos involucrada en el tema. Qué lindo ¿No, viejo? A los 18 años le entró la religiosidad.

— Ojalá que no termine devota de todos los santos de estampitas, como vos, Eulalia. Pero qué querés que te diga, me da mala espina. Todavía tengo presentes sus palabras, todos los años, para estas fechas; «Estupideces. Fábulas».

— Es una edad de grandes cambios, Reinaldo. El mes pasado ¿te acordás? Nos asustamos con el ataque depresivo, todo el día llorando, sin hablar con nadie, sin comer; se encerraba en el gallinero, de día y de noche. ¿Te acordás de la vez que casi tirás la puerta? Y ella te paró con el rastrillo. Ese día llegamos a un punto sin retorno. Suerte que aceptó que la atendiera el médico de cabezas y ahí cambíó.

— Me pidió que le contara la historia del niñito Dios, de la virgen María, del milagro de la concepción... “¿Vos crees en eso, Pa? ¿Quién fue, el Espíritu Santo? ¿Y José, se la aguantó?” Y así me tuvo, todo el mes pasado, no hace mucho.

— Bueno. Ya veremos. Esta sorpresa que nos prepara, algo debe tener que ver. Entrando y saliendo del gallinero, a las escondidas, trayendo cosas. Decí que el médico dijo que no interviniéramos, que la nena ya iba a expresarse acerca de sus conflictos, que si no, vos ya hubieras destruido el gallinero. También vos, con tu rigidez no le permitís mostrarte su mundo, decidir por sí sola…

— ¡Pa! ¡Ma! ¡Vengan!

Bueno, paremos, Eulalia. Vamos a ver qué hizo.

— Viejo…

— Sí. Te prometo que sea lo que sea, no la voy a contradecir ni desautorizar. Después lo consultamos con el cabezólogo.

§

Eulalia y Reinaldo ingresan al gallinero, un sucio lodazal por el que se desplazaban erráticamente varias gallinas y algún gallo. Siguieron hasta la zona techada, con filas de estantes de diversa altura, nidos, bebederos, etc. Al fondo, iluminado por varias lámparas, un rincón, en una de cuyas paredes figuraba un cartel “PESEBRE”. Diversas figuras de cartón delineaban a los Reyes Magos, José, María. Y encima de una cama de tamaño normal, un niñitodios tradicional. Pasto y estrellas –de cartón con papelitos brillantes- intentaba completar la escena bíblica. Por el suelo, en distintos lugares, varios animales de distinto tamaño y material (perros, corderos, mula, camellos, osos, un rinoceronte) completaba el entorno.

Transcurrido un tiempo de estupor, Eulalia balbucea:

— ¿Hiciste... un… pesebre?¿Y para qué otro, si en el comedor tenemos uno, el que hacemos todos los años y ya està gastado y gris que da lástima, pero es nuestro pesebre?

— Porque no es un pesebre conmemorativo, Ma. Es un pesebre real, donde se va a repetir el milagro bíblico, Pa. –a Rosa le brillaban los ojos, la emoción le hacía temblar la voz. A Reinaldo le hizo temblar la voz una emoción parecida a la furia, contenida por su promesa («Otra vez me toma de boludo, ésta. Y la madre se va a tragar el verso, porque diga lo que diga la Rosa, va a ser verso»).

— Se va a repetir el milagro, en esa cama. –Se puso irònico, única conducta posible, que al menos alejaba la explosión acostumbrada. Porque esa cama, con sábanas, almohada, diversas mantas, almohadones, significaba algo que desde ya no le gustaba.

— El misterio de la Inmaculada Concepción, Pa, Ma, es para nosotras, las mujeres, la liberación de la maldición del sexo como origen de los mayores pecados de la humanidad. María, una mujer cualquiera, engendró un hijo sin tener relación con hombre alguno. Era pura y siguió pura.

— Hija, estás hablando como si fueras obispo, y sabemos que te cuesta leer el cartel de Prohibido Escupir.

¿Qué es lo que te pasa, hijita? –la voz de la madre daba claras señales de que iba a creer todo lo que su hija dijera, muy especialmente si se ha dado intervención a la Virgen.

— Estudié, padre. Necesité explicarme lo que me pasó y lo que me está pasando, Y fundamentalmente, necesito explicarlo a Uds.

— ¿Dale, qué es? –las venas en la sien del padre sobresalían, en un flujo torrencial de sangre.

— Pa, Ma. Nunca he tenido relación con un hombre. Permanezco pura. Te lo juro por el Niñito –dijo señalando al bebé descolorido-. Pero, tal vez por un milagro, por un misterio insondable del Cielo, estoy embarazada.

Un silencio mortal pobló el gallinero. Hasta las gallinas callaron. Luego los hechos se sucedieron vertiginosamente: La madre, madre al fin, se abalanzó sobre su hija, la abrazó, la estrujó, llorando a océanos. Virgen o no virgen, le estaba por dar un nieto. El padre agarró una pala y entró a golpear en todos los rincones, debajo de todos los muebles (especialmente la cama), gritando “¡Salí de una vez, desgraciado! ¡Usaste a esta virgen tanto que ya pasaste la garantía de los mil kilómetros! ¡Ya antes de conocerte tenía un record más largo que el viaje de Magallanes! ¡Salí, Espíritu Santo! ¡Salí!” Rosa gritaba que su virginidad había sido reconquistada con arrepentimiento y oraciones, como María Magdalena, que hacía como… un montón que no tenía relaciones, que el ser que estaba en su vientre –que si era varón lo llamaría Jesús y si mujer Inmaculada- había sido concebido sin pecado, y que seguramente había un designio divino y que se iban a casar porque el Beto la quería y creía en la inmaculada Concepción y en su fidelidad de ella. –Cuando dijo esto, reptando por entre los muebles volcados asomó el Beto, algo magullado, gritando «¡Me caso, prometo que me caso!».

Reinaldo se sentó sobre un estante, al lado de la bataraza, y así permaneció varios minutos.

— No voy a discutir esto. Para mí está terminado. Se casan y listo. Eso sí: recomiendo que no comenten el milagro porque no lo va a creer nadie –Uds. saben del escepticismo de la gente, a vos, Rosa, te van a aplaudir las prostitutas del bajo, a vos Beto te van a dibujar con cuernos como colmillos de elefante, y a vos, Eulalia, bueno, con que te den el nieto qué te importa. –Rosa y Beto se estrechan tiernamente. Reinaldo los mira y prosigue- Eso sí, de acá hasta que llegue nieto, a esta mujer no le tocás un pelo, porque aunque a la gente le ocultemos la verdad, en esta casa vamos a tener una virgen.

© Carlos Adalberto Fernández /
Blog

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REVISTAS AMIGAS: Con el nombre Ortiz Feliciano, la bloguera es una varias plataformas creativas o proyectos o «retos digitales» como Roberto Ortiz lo llama. Otro es su Taller de Derechos Civiles & Humanos, que es «un foro de libre expresión y defensa de los derechos humanos», que tiene entre sus premisas: «Todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad; toda persona tiene todos los derechos y libertades, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, o cualquier otra condición; todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad. Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre. Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles. Todo ser humano tiene derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica. Todos somos iguales ante la ley y con derecho a igual protección de la ley e igual protección contra toda discriminación. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal imparcial. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, y a todas las garantías necesarias para su defensa. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la propiedad, libertad de pensamiento y de religión, de expresión; incluye investigar y recibir informaciones y poder difundirlas, sin limitación por cualquier medio de expresión», entre otras.

Su bloguera, la primera de las menciondas, bellamente ilustrada, trata desde su particular punto de vistas, temas paralelos: Entre ellos: abuso policíaco y cómo se lucha contra él; nos brinda episodios de historia puertorriqueña, desde la Rebelión de Lares en 1868 a la Masacre de Ponce y patrones represivos del FBI en Puerto Rico. Algunos interesantes artículos discuten perspectivas sicológicas y sociopolíticas del colonialismo y la identidad culturale en Puerto Rico, e.g., Crisis o tragedia... ser o no ser del pueblo puertorriqueño y Crisis, esquizofrenia, realidad y derechos humanos.

Confieso que es uno de las bitácoras más interesantes por el material de sus artículos, lo que trata con brillante profundidad y que, si bien se concentra el Puerto Rico, comparte información internacional relativa a las guerras en el Mediano Oriente y los aspectos controversiales del derecho internacional en la Guerra de Gaza.

Ortiz Feliciano, de 56 años, residente en Puerto Rico, se define como un librepensador y, además es un inspirado poeta..

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Sequoyah 35 / 36 / 37 / 38 / 39 / 40 / 41 / 42 / Edición Especial: Día del Poeta Virtual / 47 / 48 / Colaboradores


Sunday, November 22, 2009

Diciembre 1 / Núm. 48 / Orange County



Contenido 48

Jorge Majfud
Eduardo Subirats: Un rebelde ilustrado contra la soldadesca hispanista

Eduardo Subirats
La muerte del arte y la función del intelectual

Lynette M. Pérez
La representación de «la ciudad» y el sujeto citadino en tres cuentos de Julio Cortázar
Las huellas de Janus
Corazones de metal

Jorgelina Nuñez
Las cartas de Gabriela Mistral y Victoria Ocampo

Susana Reinoso
Tres poemas de adolescencia de Victoria Ocampo
Soneto

Allen Ginsberg (USA)
America / Traducción de poema

Carlos López Dzur
Memoria del segundo visitante
Viaje místico de Francisco Ranero
Tu enemigo, Billie

Alberto Martinez-Marquez
La textualidad performática en Corte al azar de René Pérez Martínez

Maritza Alvarez
Verdad, justicia y memoria
A título personal

Fanny J. Jaretón
Rescate
Te parirás

Alfredo Villanueva Collado:
Visión artesanal y Poemas Escuetos

Rutina
Sonidos
Puñetas
Leçon des tenèbres
Quid incipit vitam
Mallar(mea)na
La tiranía de los colores
Patria
Bisexual Blues
Flores para los muertos
Migración
The living end
Diáspora
Comentario
Horóscopo en cuerpos
El disparejo
Finesterre

Beatriz Minichillo
La oscura
Infancia II

Muhammad Al Magut
Arden las palabras

Ana Lucía Montoya Rendón
Apacible / (Sueños y Cadenas)

Liliana Varela
El asesino
Impresión infernal

Carlos Adalberto Fernández
Gracias por la piecita, cuñada
Acerca de Mundos Orilleros

Revistas amigas

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Jorge Majfud
Eduardo Subirats: Un rebelde ilustrado contra la soldadesca hispanista


Se dice que la diferencia entre los estudios de grado y los de posgrado radica en que los primeros cubren temas generales y los segundos se concentran en problemas específicos y puntuales. Esta apreciación que puede resultar didáctica para tener una primera idea de la dinámica académica en Estados Unidos no deja de ser una simplificación. Si por algo se caracterizan los estudios realizados en el último nivel de la selectiva y elitista pirámide académica es por plantear una crítica y una comprensión global de una disciplina. Con menos frecuencia producen terremotos que suelen cambiar el paradigma con que el resto de la pirámide ve la misma realidad.

NECESIDAD DEL REVISIONISMO: Dos atributos conspiran siempre contra la verdad: la cobardía y la pereza intelectual. Si la primera suele ser el aliado más activo del poder, la segunda es un beneficio gratuito que cada uno otorga a su statu quo. Por esta razón, el revisionismo es siempre uno de los principios irrenunciables de cualquier investigador serio. Todo debe ser puesto en duda. Solo lo que permanece en pié después de un terremoto merece respeto intelectual. Esta actitud de revisionista radical ha caracterizado el trabajo crítico y literario del filósofo español y profesor de New York University, Eduardo Subirats.

Y si bien no se puede decir que Subirats ha descubierto la pólvora en los estudios hispánicos, sí debemos aceptar su coraje intelectual para avanzar con lucidez y fundamento una postura crítica del mismo sistema, de las instituciones y de las vacas sagradas del hispanismo que hunden sus raíces en los primeros siglos del Renacimiento. La verdad antes que los buenos modales; la demolición creativa antes que la rutina clerical. En Las poéticas colonizadas de América Latina, Eduardo Subirats plantea un estilo poco académico, más cerca del texto rápido, sintético e incendiario de Nietzsche que del escrito mesurado, estructurado y obediente de todas las convenciones probatorias que imponen las redes y las herméticas tradiciones académicas.

LAS POETICAS COLONIZADAS: Un estilo por momentos germánico, con frases gramaticalmente duras, extensas pero nunca vacías de sutiles referencias a la filosofía clásica y contemporánea. No obstante, el particular estilo de Subirats también recurre a la técnica de la narración de ficciones para encarnar y dramatizar problemas que normalmente se asumen racionales e impersonales. Pero el lector sabe o asume que, como en un ensayo, el narrador y el autor son la misma persona. Según el autor, este es un libro de confesiones y quimeras. En la primera parte de Las poéticas colonizadas, a partir de una observación puntual sobre la lista de lecturas obligatorias del departamento de Spanish and Portuguese de New York University, Subirats arremete contra la tradición establecida por el racismo, la limpieza étnica y cultural realizada a lo largo de los siglos en España. Esta tradición que se centró en el imposible concepto de pureza —una raza, una religión, una lengua— es considerada por Subirats como un cadáver vivo que pesa hoy en día en los más exquisitos circuitos académicos. Su crítica no es la de un caballero correcto y equilibrado sino la de un hereje que va poniendo el dedo en la llaga aquí y allá.

Parte de esta colonización de la poética latinoamericana es «el secuestro de la intencionalidad intelectual, la domesticación y neutralización del compromiso histórico y político de la teoría». En contrapartida, Subirats pone el acento en el valor mítico y oral de las poéticas de la resistencia latinoamericana y se opone a la neutralización academicista. A favor de esa piadosa conversión del arte en acción comunicativa se arguye que, al fin y al cabo, todo son representaciones, lo mismo la guerra contra el mal que los videoclips de Madonna. […] De ahí también la paradoja que recorre los estudios culturales en su calidad de sublimación corporativa de la sociedad del espectáculo.

Hace muchos años, en un barco de madera en el océano Índico, el escritor y profesor Joseph Hanlon me detalló sus investigaciones sobre algunos sistemas dictatoriales y me dio su definición más sintética de un sistema fascista: el fascismo recurre siempre a la fragmentación de saberes para no perder el control de la real totalidad. Sin hacer referencia a este extremo, también Subirats insiste en denunciar la fragmentación de los saberes especializados que aniquilan o controlan las humanidades.

En las aulas que se precian de libertad «la condición posintelectual no tiene remedio». Hay una carencia de «un proyecto intelectual en el sentido en que lo llevó a cabo el humanismo y la Ilustración de Erasmo o de Wilhelm von Humbolt, y de Emerson a Dewey». Por otro lado, son frecuentes las conferencias sobre los derechos humanos en la Nueva España de 1521 pero en general los especialistas se han vuelto «incapaces de articular una reflexión socialmente responsable sobre los genocidios en tiempo real y a la vuelta de la esquina».

HISPANISMO Y VIOLENCIA: En sus Siete tesis contra el hispanismo Subirats recuerda el carácter simplificador y represor de la diversidad original, lingüística y cultural, con la cual en España se configuró un carácter nacionalcatólico por exclusión de moros y judíos, se negó el humanismo, el iluminismo y las reformas sociales, religiosas e ideológicas y se liquidó el liberalismo. El hispanismo resultante es el reflejo de esa violencia de exclusiones documentadas en un canon donde sobresalen los Unamuno y los Ortega y Gasset. Violencia del fascismo ibérico que se continuó en América con la represión de las culturas indígenas y la negación de la modernidad europea y la «combinación de crueldad autoritaria y mesianismo cristiano».

En su tercera tesis Subirats entiende que «las culturas y memorias ibéricas y latinoamericanas deben revisarse y redefinirse a partir de sus centros espirituales, no de sus fronteras». Uno de estos centros debería ser los espacios y símbolos sagrados compartidos por una tradición estratégicamente olvidada: la judía-cristiano-musulmana y, en América, las antiguas concepciones cosmológicas. «Estas tradiciones y conocimientos se extienden desde códices y obras de arte hasta las tradiciones orales y artísticas milenarias sobrevivientes en el día de hoy». Y más adelante: Pero el descubrimiento y la colonización de América tampoco pueden comprenderse como proceso civilizatorio sino es a partir de la continuidad que recorre sus mitos teológicos de la culpabilidad originaria de los pueblos americanos y su redención por la conversión bajo la cruz, por una parte, y los discursos y violencias de la salvación político-económica bajo los nombres empírico críticos, positivistas, marxistas-leninistas o neoliberales del progreso.

Según Subirats, otras líneas comunes dibujan la historia espiritual del continente, desde Simón Rodríguez hasta Américo Castro, como lo es la frustración, «un mismo límite interno, y del fracaso intelectual y político que definen la idiosincrasia cultural y social del mundo cultural hispano y latinoamericano». Para evitar el compromiso histórico de un proyecto cultural, la posmodernidad diseminó “la prohibición academicista de los ‘grand recits’ —que la industria cultural postmodernista ha elevado a globalizada banalidad— ha servido de perfecta coartada a un hispanismo tradicional».

EL VERDADERO SIGLO DE ORO: Como subscribimos antes, también para Subirats el verdadero Siglo de Oro español no es el siglo del oro de América sino el Medioevo de la cultura hispanojudía e hispanoislámica que la violencia del nacionalismo católico se encargó de reprimir en la Reconquista al igual que lo hará más tarde en América con la Conquista. Por esta razón, los siglos XI, XII y XIII deberían entenderse como la primera Ilustración europea. Bastaría con considerar al filósofo árabe Averroes, “el primer y último ilustrado en el mundo ibérico», que en el siglo XII “por primera vez en la historia europea establece epistemológicamente la separación entre fe y razón […] el real punto de partida islámico de la Ilustración europea» y que luego la cultura imperial se encargó de destruir a sangre y fuego mientras que varios siglos después se les da título de ilustrados a escritores canonizados como Feijoo, Jovellanos, Cadalso y Maynáns quienes «no son ilustrados en un sentido riguroso, porque no cuestionan la Escolástica, no formulan el principio de autonomía de la razón, no plantean el problema social y político de soberanía en términos modernos, es decir, republicanos, seculares y democráticos».

Al mismo tiempo, se excluye del canon de esta Ilustración tardía a intelectuales con mayores méritos, como Simón Rodríguez y Blanco White. Todo lo cual es parte de una tradición de exclusiones radicales propia de la conservadora cultura hispánica. Luego de este renacimiento, no hubo vanguardia intelectual en España que pudiera superarla. Es más, «fue la fuga hacia Italia y Centroeuropa de libros, instrumentos científicos y exiliadas tradiciones hispanoárabes e hispanojudías las que posibilitaron el Renacimiento humanista y científico europeo» y no tanto la recurrida fuga de los intelectuales griegos de Constantinopla.

VACAS SAGRADAS Y MOMIAS: Según Subirats, vacas sagradas como Unamuno, Ortega y Gasset y Maeztu son «momias del subdesarrollo», abundantes en tesis arbitrarias y racistas (95). «Maeztu es tan indispensable para hispanistas como lo pueda ser Goebbels en un seminario de pensamiento alemán contemporáneo» .Subirats termina su libro con El juicio de Bufo, una especie dramatización de un juicio de la inquisición en su versión académica. En síntesis, en Las poéticas colonizadas de América latina Subirats, después de cuestionar la tradición y los cánones del Hispanismo y los Cultural Studies, después de denunciar la propensión a la fe y al prestigio de la tradición en detrimento de la razón crítica, propone una revisión de la práctica académica basada en categorías históricas, estéticas y filosóficas y no meramente geográficas; rehabilitar el mundo cultural negado de España, desde Maimónides, Ibn Arabi o Ramón Llull; reconocer la centralidad de proyectos culturales como los de Simón Rodríguez y Blanco White; y rechazar el posmodernismo hibridista y deconstructivista de excesivo relativismo y neutralidad que reflejan pereza intelectual por proyectos radicales.

CRITICA REVISIONISTA: Podemos esperar que este tipo de crítica revisionista no sólo haga justicia histórica a aquellas tradiciones reprimidas por la violencia y la pobreza intelectual, sino que además estimulen el desafío de proyectos culturales e intelectuales que superen el espíritu lúdico y neutral de todos los posmodernismos que han nacido como cadáveres estériles. Estériles, por su cómplice neutralidad; cadáveres, por su orden de museo y de catálogos, por su paralizante halo de muerte indiferente ante la muerte.

Reproducido de
ArgenPress Cultural

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Eduardo Subirats (Cataluña)
La muerte del arte y la función del intelectual


Hace unos meses se ha pagado por un cuadro de Andy Warhol, ahora no recuerdo si son 40 millones de dólares, una cantidad absolutamente escalofriante. Andy Warhol es para cualquier persona que todavía tenga la capacidad de pensar, el pintor más mediocre del siglo xx, el más estúpido del siglo xx, es la banalidad. En realidad es un pintor de anuncios de sopa y hoy tiene la importancia de un icono; es tan importante él como la bandera estadunidense, y criticarlo vale, en este momento para la ortodoxia absolutamente nacionalista de Estados Unidos, como atacar a su mismísima alma.

Toda obra de arte tiene que tener una visión reflexiva. Si no dice nada, si los ojos de un cuadro de Rembrandt, de su autorretrato, no nos dijeran algo muy profundo, no los iríamos a contemplar con tanta devoción. Lo ojos que pinta Andy Warhol, ya sea Mao Tse-tung o Marilyn Monroe, da lo mismo, no dicen absolutamente nada, son una payasada.

Toda obra de arte debe de ser también una dimensión normativa, es decir, Rembrandt no solamente vale por la intensidad de la mirada que nos reflejan sus cuadros, sino además porque sentó una comprensión de la interioridad humana que ha sido válida para la conciencia europea durante muchos siglos. Es decir, ahí teníamos un modelo moral, un modelo intelectual, un modelo espiritual de lo que teníamos que entender como profundidad humana.



¿Tiene dimensión normativa Andy Warhol? Pues claro que tiene dimensión normativa, Andy Warhol es el arte popular fuera de todo lo demás, todo lo demás no debe existir, todo debe de medirse en función de ese parámetro, y además debe medirse globalmente, porque todo lo que es estadunidense es al mismo tiempo global en función de la ideología imperial. Esa es la permisión que hoy tiene lo que se llama arte global, es un arte producido, subvencionado. Cuando se dan tantos millones a un cuadro, no se los dan porque el cuadro valga millones, el cuadro no vale nada; el cuadro vale porque se dan tantos millones. Si hay mil colores y mil matices en un cuadro de Rembrandt, hay uno en los pastiches de Warhol.

El filósofo Gilles Lipovetsky afirma que vivimos en tiempos hipermodernos, pero... No, en este momento vivimos, desde hace mucho tiempo, en la bancarrota de la moralidad. Lo que se llama postmodernidad en realidad ha sido y es la decadencia. Hoy lo que caracteriza no es la hipermodernidad, porque esta hipermodernidad hoy es la guerra de Irak, es decir, una guerra de alta tecnología, que el pentágono pensaba que iba a ganar inmediatamente porque ¿quién va a poder vencer estas bombas teledirigidas y esta guerra en las estrellas?, pero el resultado es manipulación de la información, control totalitario no solamente de Estados Unidos , sino de la población global, genocidio –650 mil iraquíes se calcula que han muerto a raíz de esta guerra–, y su proceso posbélico y una situación de caos mundial, o sea de violencia generalizada a todos los niveles, es lo que caracteriza hoy esta constelación en la que estamos viviendo: la disolución interna de los conceptos organizativos de lo moderno bajo un espectáculo hipertecnológico, pero ligado a un sistema de poder que está ya definiendo en muchos aspectos un nuevo totalitarismo.

El Estado en este momento hace el papel de legitimación y gestión de los poderes corporativos, funciona de hecho como una maquinaria totalitaria en un sentido diferente a los totalitarismos del siglo xx, al totalitarismo que definió Hitler o Stalin. El hecho de que las vidas privadas de todos los ciudadanos del mundo prácticamente estén controladas o estén virtualmente controladas, el hecho de que nuestras imágenes sean constantemente vigiladas por cámaras, de que los libros que pedimos, la bibliografía que usan los estudiantes, esté vigilada por las universidades estadunidenses, la capacidad de dictaminar que una persona es terrorista de manera absolutamente arbitraria, simplemente porque considera que es capaz de utilizar de alguna manera, a lo mejor en sueños, medios de violencia indefinidos, esos son elementos que definen un nuevo concepto de totalitarismo.

Vivimos en el momento en el que el fracaso del proyecto moderno, la disolución del proyecto moderno, está confluyendo con un nuevo totalitarismo electrónico. Lo que se llama hipermodernidad es este mundo orwelliano, definido por la destrucción ecológica, con todos sus ciudadanos, por genocidios, porque, según las Naciones Unidas, hay 800 millones de seres humanos en el planeta en este momento agonizando, muriéndose de hambre, con niveles de supervivencia que implican enfermedades, degeneración genética. Esos grandes dilemas son los que tenemos que oír y debemos afrontar, esos grandes dilemas son los que planteo en este libro de La existencia sitiada.

AL RESCATE DE LOS INTELECTUALES: Hoy asistimos a una asociación exactamente idéntica a la que existía en Europa en los años de los fascismos, es decir, los fascismos se construyeron a espaldas del silencio de los intelectuales, de la convivencia de los intelectuales, de la pasividad de los intelectuales, y esa situación es la que hoy vemos de escarnio de las masas, de manipulación mediática, de genocidio, de pobreza impuesta, de corear esta idea. Se derrumbó el muro de Berlín para construir muros mucho peores, mucho más criminales. En todas partes se están construyendo muros, se están encerrando las poblaciones por razones étnicas, por razones de lengua y de religión; se están encerrando en espacios incomunicados.

¿Qué hacen los intelectuales frente a esto? Hablan de la hipermodernidad, dicen estupideces; no se dice nada. ¿Ha habido una voz en Estados Unidos que haya podido decir lo que está ocurriendo en este momento? Ninguna, no ha habido, las universidades han estado calladas. El papel del intelectual en este momento es lo que no hace el académico encerrado en su jaula académica. El intelectual tiene el deber y la necesidad de plantear alternativas de orientación frente a esta situación.

Es aquí donde interviene el intelectual, denunciando, planteando esas cuestiones y señalando vías operativas. Claro, es algo muy difícil. ¿Por qué? Los medios de comunicación que tiene el intelectual, ahí donde puede cuestionar cosas, enseguida se le cierran y serán pocas las editoriales que publiquen sus libros. La primera norma que debería establecer un intelectual es la reflexión. Y solamente a través de este pensamiento, de esta reflexión colectiva, se puede concebir una democracia.

Fragmento tomado de
Juan Manuel García: Entrevista con Eduardo Subirats

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Lynette M. Pérez (PR)
La representación de «la ciudad» y el sujeto citadino en tres cuentos de Julio Cortázar


Uno de los temas más sobresalientes en los cuentos de Cortázar es el de la ciudad caótica, acelerada, exasperante, violenta y neurótica. Esta imagen asoma de diversas formas en su cuentística: definida por los ires y venires de sus habitantes, signada por sus reglas y sistemas o aniquilada por sus dictadores. Ciudad y sujeto citadino están íntimamente relacionados pues ésta se define tanto por la gente que la habita como por sus muros y edificios. La representación que se hace de la ciudad y del sujeto citadino en los cuentos Ómnibus, La autopista del sur y Pesadillas está trazada por imágenes y símbolos. Como vemos en el diccionario de símbolos de Cirlot la imagen de la ciudad:

Corresponde hasta cierto punto al simbolismo general del paisaje, del que es un elemento interviniendo en su significación el importante simbolismo espacial. En la génesis de la historia según René Guenón, existía una verdadera «geografía sacra» y la posición, forma, puertas y ordenación de una ciudad, sus templos y acrópolis no era nunca arbitraria ni dejaba nada al azar o al sentido utilitario. Por otro lado, el hecho de fundar una ciudad estaba en conexión con la constitución de una doctrina y por ello la ciudad era un símbolo de la misma y de la sociedad dispuesta a defenderla. (134)

Según Rosario Ferré, la cuentística de Cortázar se divide en tres periodos: el sobrenatural que abarca desde Bestiario hasta Final del Juego, el irracional de Las armas secretas y Octaedro, y uno de corte social que se extiende desde Alguien anda por ahí hasta Deshoras.

En su primer libro de cuentos, Bestiario, Cortázar utiliza la técnica surrealista de conectar lo animal o lo vegetal con lo humano. Este libro está poblado de monstruos salidos del inconsciente. Estas criaturas representan las costumbres y los vicios del hombre de la gran metrópoli.

El cuento Ómnibus nos presenta a Clara, una joven empleada como señorita de compañía en casa de la Sra. Roberta. Ella toma el ómnibus 168 para hacer una visita y como ese ómnibus pasa frente al cementerio de la Chacarita todos los pasajeros llevan flores. Para la mayoría, ese viaje llevaba como finalidad visitar a los seres del más allá, es decir, a los muertos. Sin embargo, Clara ve algo anormal en ese hecho. Para ella esas flores parecían imprimir en el ambiente la presencia de un orden o doctrina amenazante. Por otro lado, los pasajeros parecen ver en Clara algo que no está de acuerdo con su ideología de vida. Algo digno de criticarse: «En el fondo del ómnibus, instalados en el alto asiento verde, todos los pasajeros miraron hacia Clara, parecían criticar alguna cosa en Clara» (Bestiario, 51).

El chofer del autobús, el guardia y los pasajeros del ómnibus parecían ser participes de un mismo orden y por lo tanto dispuestos a defenderlo. Parece que Clara y el otro pasajero habían entrado dentro de un vehículo donde se llevaba a cabo un rito desconocido. Es el ritual de las flores un culto exagerado a la muerte, siendo muertos aquí no sólo los que lo están sino los que como Clara no pueden soportar ser diferentes públicamente de aquellos que reverencian cosas muertas y exigen que otros sigan su ejemplo.

Las miradas que les dirigen el resto de los pasajeros al joven y a Clara son una clara advertencia o un desafío por el hecho de haber violado el rito: «hubo un momento,[…] en que todos los pasajeros estaban mirando al hombre pero también a Clara […] era como si la incluyeran en su mirada, unieran a los dos en una misma observación» (53). [1]

En el pequeño universo representado por el ómnibus, el hecho de comprar un billete de quince y no traer flores parece acercar al muchacho y a Clara. «Le hubiera gustado prevenir al pasajero, una oscura fraternidad sin razones crecía en Clara. Decirle: «Usted y yo sacamos boleto de quince», como si eso los acercara» (54). Según progresa el relato vemos que el narrador casi siempre nombra a los pasajeros por el nombre de las flores que llevan. Sólo Clara y el otro pasajero que tampoco lleva flores son nombrados por sus nombres o por sus rasgos personales. «[…] se instalaron en la puerta de salida; detrás se alinearon las margaritas, los gladiolos, las calas. […] Los claveles negros aparecieron en lo alto. […] » (55).

El ómnibus 168 parece simbolizar a la gran ciudad de Buenos Aires. En las ciudades como en los países los lugareños tienen un código de costumbres y rutinas ya establecido. Todo aquél que entre dentro de su circunfería tiene que integrarse o ser alienado por la etnia. Clara y su amigo deben llevar flores para sentirse una vez más parte de la sociedad. De este modo, la sociedad representada por los pasajeros del ómnibus, exigen que ella y el joven se transformen en objetos exánimes o vegetales. En el cuento finalmente tanto Clara como el otro pasajero que no había traído las consabidas flores terminan comprándolas para sumarse al resto de los pasajeros por medio de ese acto. «El florista estaba a un lado de la plaza, él fue a pararse ante el canasto montado en caballetes y eligió dos ramos de pensamientos. Alcanzó uno a Clara […] Pero cuando siguieron andando (él no volvió a tomarla del brazo) cada uno llevaba su ramo, cada uno iba con lo suyo y estaba contento» (63). Este acto, por un lado, los incorpora a la metrópoli y los acopla a su orden. Por el otro, los aleja uno del otro y de sí mismos.

El libro de cuentos Todos los fuegos el fuego pertenece al segundo periodo. En él, el terror procede del conflicto de los personajes con lo irracional. Los conflictos se desarrollan dentro de un tiempo mítico. En el cuento La autopista del sur al igual que en Ómnibus el suceso que rompe el orden establecido por la ciudad y el sujeto citadino sucede a nivel comunitario, se trata de un tapón que se prolonga por un periodo de tiempo indeterminado. El suceso fantástico tiene que ver con la variación del tiempo citadino. El narrador nos presenta la ciudad desde una óptica compleja: el análisis de un tejido social. En el cuento se retrata una sociedad materialista en la que los valores están revertidos: la gente vale por lo que posee y no por lo que es. Tanto es así que, en el cuento, a los personajes se les nombra por la marca de sus autos y no por sus nombres. En la autopista hallamos la representación de todo un estilo de vida: la forma de vida de la ciudad. Antonio Planells aclara:

que la sociedad tecnocrática entorpece el establecimiento de una comunicación profunda entre los hombres […] e inhibe el desarrollo de una auténtica y natural relación humana. Pero al mismo tiempo se nos presenta una interesante posibilidad […] que el sincronismo de las partes […] sufra un desperfecto, y que tal anormalidad […] posibilite el retorno a la forma más primitiva de convivencia humana, la tribal […]» (15 - 16).

Lejos de la ciudad el sujeto citadino regresa a un nivel primitivo de existencia. La propiedad privada desaparece y los viajeros de la autopista empiezan a compartir sus provisiones. Al pasar del tiempo acelerado a un tiempo más natural se ponen de manifiesto los falsos valores de la sociedad consumista y se entra dentro de un espacio más humano. Como bien señala Planells: «La ruptura del sistema (u orden) técnico posibilitará el advenimiento de las relaciones humanas […]» (16).

El sujeto citadino está acostumbrado a la incomunicación y el aislamiento. Estas características son fundamentales para el establecimiento del estilo de vida citadino. El hombre de la ciudad sabe las realidades de la vida. Sabe que tiene que competir para lograr sus metas y que la comunicación y las relaciones humanas no pueden tener cabida dentro de su lista de objetivos. El mismo sistema que lo impulsa a "señorear" su propia vida, lo aleja de sus semejantes. Si se quiebra ese sistema la comunicación podrá surgir y con ella las relaciones profundas. Sin embargo, si llega a restablecerse el antiguo orden, el aislamiento regresará a la vida de éstos.

En Deshoras, la última colección de cuentos de Cortázar, el abuso, la coerción y el miedo son temas intrínsicamente políticos y se encuentran en la base misma de las dictaduras. En este libro, el terror ya no es el terror de un personaje aislado sino un terror colectivo que corresponde a la realidad política argentina. Cortázar utiliza el tema de lo irracional y de lo sobrenatural para develar la naturaleza insensata de los estados totalitarios. En este cuento se representa a Buenos Aires como una ciudad maligna o una ciudad del mal. Construcción, que señala Rovira, tiene «su origen […] en la ciudad rodeada de serpientes, como símbolo del mal. Estas construcciones se convierten en claves simbólicas […] a la hora de vislumbrar ciudades posteriores» (20).

El cuento Pesadillas es una metáfora de lo que estaba sucediendo en la Argentina de 1978: la larga pesadilla de los registros, los asesinatos políticos y las desapariciones:

Pero no se terminaba, volvió a empezar una hora más tarde, después más seguido, era como si […] estuviera soñando y que su sueño fuera penoso y desesperante, la pesadilla volviendo y volviendo […] invadida por esa cosa que de alguna manera continuaba la pesadilla de todos ellos (La autopista del sur y otros cuentos, 383).

Como explica Rosario Ferré: «su pesadilla encarna un estado de terror que reproduce fielmente el terror de estado» (144). Mecha, la protagonista del cuento, parecía haber llegado a un estado metafísico en que veía el porvenir de la familia. Presentía el horrendo desenlace que les espera y en medio de su sopor trataba de comunicarle a su familia el peligro que los acechaba: una «leve crispación […] alteraba las facciones, como una voluntad de hablar» (383). Tal vez su impotencia representaba la imposibilidad del ciudadano de imponerse sobre la censura y la violencia de la dictadura. La incapacidad que tiene el sujeto citadino para salvar a sus seres queridos del horror político. Su suplicio representa el dolor de toda la familia, es un anticipo de la desgracia familiar ulterior. La protagonista lucha contra el coma, símbolo de esa ciudad opresora que la paraliza y la domina. Una ciudad que finalmente termina destruyéndola. Dictadura y ciudad son una misma en el cuento. La una va a representar a la otra.

Lauro, el hermano de Mecha, es buscado por la policía a causa de sus actividades políticas. Éste siente la proximidad de los militares y su acoso pero trata de no preocupar a la familia: «¿Qué fue eso Lauro?» «Nada Mamá, unos tiros lejos, ya sabés» Pero que sabía en realidad Doña Luisa, para que hablar más» (385). La preocupación de la madre tiene tintes premonitorios. Esos tiros que se oyen a lo lejos penetrarán luego dentro del espacio doméstico y hogareño.

Al desaparecer Lauro y acercarse los militares a la casa, Mecha trata de volver a comunicarse con Doña Luisa: «Mira Luisa - dijo el señor Botto - fíjate como mueve, la mano y también el brazo, primera vez que mueve el brazo, Luisa, a lo mejor …» (388). Pero Mecha fracasa en su intento de avisar a la familia y los militares entran y ametrallan a todo el mundo. En ese momento Mecha despierta. En las últimas líneas del texto se perfila la ironía del despertar de Mecha cuando ya es demasiado tarde para tomar conciencia y hacer algo: «[…] el crujido de madera astillándose después de la ráfaga de ametralladora […] el envión de los cuerpos entrando en montón, todo como a tiempo para que terminara la pesadilla y Mecha pudiera volver por fin a la realidad, a la hermosa vida». (389)

La cuentística de Cortázar ira moviéndose hacia una literatura más comprometida con lo social. En sus primeros libros de cuentos la imagen de la ciudad se va a dibujar desde un plano metafórico, muy de acuerdo con su primera etapa de corte fantástico. En Bestiario, similar al gladiador romano, los personajes lucharán con sus bestias internas y serán derrotados. Clara tendrá que claudicar ante los adoradores de las cosas muertas e incorporarse a su culto. La representación de la ciudad se construye alrededor de la imagen de la urbe estancada por las bestias del fanatismo religioso y político. Su segunda etapa se adentra en los terrenos del psicoanálisis. Los cuentos de esta etapa se mueven dentro de esa frontera en que los límites entre lo real y lo fantástico se hacen difusos.

En La autopista del sur los sucesos que quiebran el orden racional se desenvuelven en medio de un estado de duerme vela. Lo irracional entra intempestivamente en escena y sobrepasa a los personajes. La imagen de esa ciudad acelerada y neurótica domina al personaje cortazariano y prevalece sobre su apetito de comunicaciones profundas. En su última etapa, Cortázar se acercará al relato de corte político. Lo fantástico no irrumpe ya intempestivamente en el texto sino que brota con naturalidad. El estado de Mecha en Pesadillas es probado por la ciencia, se trata de un estado de coma. Sus pesadillas tienen su origen en la pesadilla del peronismo. La ciudad adquiere contornos más reales menos figurativos. Ésta se convierte en cuna de la dictadura, adquiere sus características negativas y su categoría de sistema maligno. La imagen de la ciudad es la de opresora.

Como en toda gran ciudad - lo veremos tanto en la representación que hace el autor de Buenos Aires y de París, las dos grandes ciudades donde vivió - la urbe se va a convertir en núcleo de todos los males sociales: el incesto, la violación, los trastornos psicológicos, la marginación social, la violencia colectiva y el vertiginoso ritmo de vida. Estos vicios marcarán de forma indeleble a los personajes cortazarianos. Cortázar creará toda una codificación alrededor de la vida del sujeto citadino y de la ciudad. Se trata de una mitificación de la ciudad y de sus habitantes que oculta la soledad y el vacío del hombre de las grandes ciudades.


Notas 1. La negrita es mía.
Bibliografía

Alazraki, Jaime. En busca del unicornio: Los cuentos de Julio Cortázar. Madrid: editorial Gredos, 1983.
Arango Toro, Gustavo Adolfo. Un tal Cortázar. Bolivia: Editorial UPB.
Carl, Jung. Símbolos de transformación. Barcelona, España: Editorial Paidós, 1998.
Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de símbolos. 6ta ed. España: Editorial Labor, 1985.
Cortázar, Julio. Bestiario. Barcelona: Ediciones B, 1987.
Cortázar, Julio. La autopista del sur y otros cuentos. Estados Unidos: Peguin Book, 1996.
Cruz, Julia G. Lo neofantástico en Julio Cortázar. Madrid: Editorial Pliegos, 1998.
Ferré Rosario. Cortázar: El romántico en su observatorio. Puerto Rico: Editorial Cultural. 1990.
Marín Quintero, Cecilia. La cuentística de Julio Cortázar. Madrid, España: Editorial Complutense, 1981.
Morillas Ventura, Enriqueta. El relato fantástico en España e Hispanoamérica. España: Ediciones Siruela, S.A. 1991.
Pedreira, Teresinka. El realismo mágico y otras herencias de Julio Cortázar. Portugal - Estados Unidos: Nova Era & Backstage Books, 1976.
Picón Garfield, Evelyn. ¿Es Julio Cortázar un surrealista? Madrid, editorial Gredos, 1975.
Planells, Antonio. Cortázar: Metafísica y erotismo. Madrid: Ediciones José Porrúa
Turanzas, 1979.
Puleo, Alicia H. Como leer a Julio Cortázar. España Ediciones Júcar, 1990.
Rovira, José Carlos. Ciudad y literatura en América Latina. España: Editorial Síntesis, sin año.
Serrano Simarro, Alfonso / Pascual Chenel, Álvaro. Diccionario de símbolos. Madrid, España: Editorial Libsa, 2004.
Simó, Ana Maria, et. al. Cinco miradas sobre Julio Cortázar. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo Julio Cortázar, 1968.
Yurkievichi, Saúl. Julio Cortázar: mundos y modos. España: Anaya L. Mario Muchnik, 1994.

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Las huellas de Janus

Dios mío, prenderás todas tus velas, y jugaremos con el viejo dado: César Vallejo

Como un adverso arlequín, el padre tiempo,
mirando en direcciones contrapuestas
señala el destino egregio de los pueblos.

Sus predicciones por siempre expuestas
nos lanzan hacia la codicia o el espanto.

Maquinas terribles se recrean en su guerra.
Fuegos fatuos nos arrojan de uno a otro bando.

Conflictos y cambios acosan al planeta tierra
y el tiempo nos amenaza con su sed de mando.

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Corazones de metal

A mi amiga Belen Vargas

El rockero si sabe amar y yo creo que más intensamente que ningún otro, mi entrañable amiga metalera, coincidimos en eso y por ahí le vamos a empezar porque hay que reafirmarnos entre nosotros los corazones de Metal, sino lo hacemos nosotros mismos quien lo va hacer entonces.

Los rockeros sabemos vibrar, donde otros suspiran y callan nosotros explotamos y nos damos... tanto al ritmo Ultrapotente del Thrash Metal o al Emocional del Speed Metal porque el rockero sí sabe diversificarse. Los rockeros si amamos y con el exceso al que estamos acostumbrados.

Amamos el EXCESO de un solo de guitarra y el sonido estridente y la distorsión de ese bajo que golpea nuestros sentidos. Nuestro amor al Rock pesado es tan incandescente y furioso como densas nuestras pasiones. El rockero sabe exaltarse y puede amar y odiar con la misma intensidad con que escucha una pieza de Rock PESADO.

HAAHAAAHA el corazón del rockero es fuerte como el Metal y sus pasiones son eternas (así de fuerte mi pana). El rockero no teme gritar cuando su "Metallico" corazón lo necesita. El rockero es original porque no cree en copias, ni en en clichés sociales, porque está muy por encima de esas bajezas.

La duplicidad no es de su gusto y la censura es su peor enemiga, porque lucha con ella a muerte de ser necesario. El rockero sabe ser diferente y pagar su precio, arracándose la vida a pedazos sin dejar de ser el mismo. Sabe ser contestatario y sabe ser clemente; no se queda en una sola dimensión, pues sabe ser dual y respetar los dualismos.

El rockero sabe AMAR y eso mis Hermanos del Metal es definitivo!!!

Lynette Pérez

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Jorgelina Nuñez
Las cartas de Gabriela Mistral y Victoria Ocampo

Se escribieron durante 30 años. Se azuzaron, discutieron, se amaron. Y reflejaron en sus cartas, que hoy se publican y de las que aquí se anticipan algunas, a los personajes y al mundo de ideas de su época.

Dos fuertes personalidades. Dos pioneras: una, la primera mujer de América latina que recibió el Nobel; la otra, la primera que integró la «Academia de Letras en la Argentina». Gabriela Mistral, poeta y docente chilena. Victoria Ocampo, creadora de un poderoso proyecto cultural continental: la revista y editorial Sur.

Niña fea, criollota, regalona, FUNDIDA, engreída, china alzada. Estos son los epítetos que la chilena Gabriela Mistral le dirige, en una carta fechada en 1939, a Victoria Ocampo, reprochándole su falta de respuesta. Y no se queda allí, unos párrafos más adelante, arremete otra vez: «Gran bribona, camilluda, ñandú de la Patagonia». Lo llamativo de ese trato marca, en cierto modo, el tono de la correspondencia entre ambas escritoras, que se inició mucho tiempo antes de que llegaran a conocerse personalmente y se extendió a lo largo de treinta años (1926-1956), durante los cuales se encontraron solamente en seis oportunidades.

Un intercambio que fija posiciones entre ambas -a menudo encontradas-, establece los horizontes de referencia que cada una toma en cuenta, las define como pioneras en su labor y protagonistas no sólo de la cultura de sus países, ante las cuales se hallaban un paso más adelante, sino como partícipes fundamentales de los acontecimientos de su época. Un intercambio, en suma, entre dos mujeres de carácter extraordinario que consiguieron tender un puente de comunicación no exento de rispideces, a la vez sostenido por un afecto entrañable.

Elizabeth Horan y Doris Meyer, las dos biógrafas que se han dedicado casi con exclusividad al estudio de la vida y la obra de estas escritoras, han preparado una edición extremadamente cuidadosa de la correspondencia que por estos días da a conocer la editorial El Cuenco de Plata. Un material valiosísimo que repone los datos inherentes a la escritura original de las cartas, incluidas las tachaduras y anotaciones al margen, y un número importante de notas al pie indispensables para entender el contexto de las misivas, junto con apéndices biográficos y bibliográficos.

Un poco de historia: A Victoria Ocampo le gustaba sorprender. Mistral estaba de paso por Buenos Aires, camino a Europa, cuando recibió un ramo de flores de parte de aquella hija dilecta de la burguesía terrateniente, a quien no conocía sino de mentas. Era 1926 y Lucila Godoy ya había adoptado el nombre público de Gabriela Mistral tras haber forjado su imagen de gran maestra chilena y eminente poeta, y había trasladado su fama al México posrevolucionario, en donde colaboró con el Ministerio de Educación.

En esos meses, recibe una extraña visita: un joven que afirma ser su medio hermano le encomienda la crianza de su pequeño hijo, apodado Yin Yin. Por su parte, Victoria ya se había casado y separado, estaba terminando la relación con Julián Martínez, su primer amante, empezaba a emerger del ámbito privado luego de la publicación, en francés, de su primer libro, De Francesca a Beatrice y se estaba convirtiendo en la más célebre anfitriona cultural que el país hubiera conocido jamás. De modo que es probable que en carácter de tal no haya querido desperdiciar la oportunidad de agasajar a una mujer que ya había alcanzado un prestigio intelectual al que ella misma aspiraba. Es en respuesta a su gentileza que la correspondencia se inicia, aunque la primera parte de este volumen consigna sólo las cartas de Mistral, que Victoria supo conservar sin contar con la reciprocidad de la chilena.

Cuando el encuentro entre ambas se produce, en Madrid, casi nueve años más tarde de aquella primera esquela, Mistral manifiesta su sorpresa por haber encontrado a Ocampo «tan criolla como yo, aunque más fina». La seducción de clase que ejerce Victoria marcará una diferencia que permanecerá indeleble a lo largo de toda la relación. Mientras la poeta se define como «india rencorosa y vasca testaruda» o como salvaje a mucha honra, reserva para su interlocutora un tratamiento siempre hiperbólico que oscila entre el de semidiosa («Diana») y el mencionado al principio de esta nota -cuando la ofuscación por sentirse olvidada la perturba-, y que deja percibir un rencor sordo. En cualquier caso, Victoria parece siempre inalcanzable, ya por fina, ya por indiferente.

¿Qué dirá V. O. sobre ese encuentro? En un ensayo escrito luego de la muerte de Gabriela, se queja del equívoco en que se vio envuelta: «Me reprochó a boca de jarro el ser hija de la menos americana de las capitales sudamericanas; ser afrancesada; no haber frecuentado a una escritora amiga suya» (en referencia a Alfonsina Storni). Mistral le reclama no haber buscado la amistad de Alfonsina, cuando lo cierto era que Victoria no tenía ojos más que para Virginia Woolf. Aunque décadas más tarde quiso justificarse («Alfonsina era una escritora y yo una nada»), para V. O. la poeta de Mundo de siete pozos, nunca fue un espejo en el que deseara mirarse. Demasiado local y terrenal, y por qué no decirlo, también algo vulgar le resultaba Alfonsina a quien habría dado parte de su fortuna por participar del esnob grupo de Bloomsbury, que lideraba el matrimonio Woolf, en Londres. Pero si Victoria desdeñaba a Alfonsina, Woolf haría lo propio con Victoria, pues a pesar de los halagos que demostraban una adulación casi patética por parte de Ocampo, ella nunca dejó de ser considerada por la inglesa como una sudamericana excéntrica y hasta cargosa.

La diferencia de origen y de posición económica no es un dato menor, al menos no para Gabriela, cuyo nomadismo se explica en parte por la necesidad de mantenerse económicamente mediante su trabajo en los diferentes consulados chilenos en América y Europa, y que a duras penas podría haber subsistido con su jubilación de docente, aunque fuera célebre. Victoria, dueña por entonces de una riqueza que parecía inagotable, creía con bastante ingenuidad que la «aristocracia del espíritu» se imponía sobre cualquier otra. De diferentes maneras, Mistral le hará notar cuánto de ese origen le pesa e incluso resiente su capacidad literaria («Mucho me temo, Vict., que, a pesar de ser Ud. el patrón de lo natural que yo he imaginado respecto de todas las mujeres (...) Ud. por veneno, ponzoñita y droga intelectual, sea la que achica su tesoro o cierra sus presas internas, o no es ya capaz de tirar como la culebra la piel vieja, la carroña esa de la educación de clase que le han dado».)

Relaciones peligrosas: Ningún otro ámbito mejor que el de la correspondencia íntima para dar cuenta de los avatares sentimentales de los interlocutores. A fines de 1938, la revista y la editorial Sur fundadas y dirigidas por Ocampo, pasaban por uno de sus mejores momentos. Durante la visita que comenzó en Mar del Plata y se extendió en Buenos Aires, Mistral fue puesta en el incómodo lugar del testigo de la tumultuosa relación entre Victoria y Eduardo Mallea, uno de los miembros más conspicuos de Sur. «Ayer fue el famoso encuentro de los nietos de los caciques», escribe Gabriela, en alusión al encumbrado origen de los amantes. «Tengo la impresión de que hablé para nada (...) Tengo, al lado de esa, la impresión de que Uds. dos son unos taimados (porfiados, tercos, horribles, feos, tontos y soberbios, ah, sobre todo soberbios, ¡Dios mío!) Allá se irán los dos al infierno, a su infierno, a su nada, a su piedra calva, a su pampa rasa de la soledad...»

Esa no será la única oportunidad en que la Ocampo busque su aprobación. En 1946, Victoria, que promedia los cincuenta, le encomienda a Roger Caillois, 22 años menor, que visite y acompañe a Mistral en su residencia de Brasil. El francés, quien estaba unido a Victoria por una amistad intelectual que se tradujo en años de colaboración mutua en sus respectivas empresas literarias, se había convertido en su nuevo amante y, a pesar de que ella ya había superado largamente los prejuicios en torno de su libertad sexual, es probable que esperara la anuencia de Gabriela sobre una relación en que la diferencia de edad era ostensible. Hay que agregar que en ese momento las circunstancias por las que atravesaba la chilena eran muy especiales. Su sobrino Yin Yin, de dieciocho años, acababa de suicidarse. «Es tiempo de sobra -escribe- de agradecerles sus cartas y su compañía de lejos y de contarles en detalle la mala muerte que entró por mi casa, tercera vez y peor que antes. Mi Yin, mi 'niñito', ahora más que nunca 'niñito' por la locura que me le llevó, no se fue por dolencia (...) se me mató». ¿A qué se refiere al decir tercera vez? Las cartas no lo mencionan, pero en algunas de sus biografías consta que su primer novio, un empleado ferroviario, se suicidó en 1909, después de que ella rompiera el noviazgo. Y al parecer, hubo otra boda frustrada, de la que Gabriela escapó mientras viajaba al lugar donde debía celebrarse. En materia amorosa, la poeta ha guardado profundo silencio, incluso en esa franja de lo privado que es la correspondencia. Durante su larga permanencia en el extranjero -Madrid, Barcelona, Lisboa, Oporto, Niza, Niteroi, Petrópolis, Los Angeles, Santa Bárbara, Veracruz, Génova, Nápoles y Nueva York- que se prolongó hasta el momento de la muerte, siempre contó con la compañía de jóvenes mujeres que oficiaron de confidentes, secretarias, eventuales enfermeras. A fines del año pasado, tras el fallecimiento de la última de estas acompañantes, Doris Dana, se supo que esta mujer, heredera de Mistral, ocultó durante cincuenta años un extraordinario legado literario, que entre centenares de poemas y cartas duplica la obra conocida de quien recibiera el Premio Nobel de Literatura en 1945. Habrá que esperar, entonces, para ver hasta qué punto este descubrimiento confirma la imagen asexuada de la maestra de América o revela una homosexualidad encubierta.

¿Política? Yo nunca hice política: La primera parte de la correspondencia entre las dos escritoras (1926-1939) participa de un debate que por la misma época se planteaba en el interior de la revista Sur. Se trata de la cuestión del americanismo y de lo que cada una concibe como tal. Mistral no tiene al respecto sino certezas: lo americano es una suma de esencias, de raíces, que abrevan en el indigenismo mientras aspiran a conservar cierta pureza y a que se las conozca como tales. Su misión -y confía que también la de su amiga- es promover la difusión de esos bienes culturales, en su mayoría de carácter folclórico, y sacar al resto del mundo de su ignorancia sobre la riqueza americana. Que Victoria escriba en francés incluso parte de su correspondencia, no deja de parecerle un escándalo rayano en la provocación, una «bigamia lingüística» que siempre le reprochará.

Por el contrario, Ocampo entiende el americanismo de manera muy distinta. Para ella, una desesperante suma de carencias -de tradiciones, de referentes- debía impulsar a los intelectuales latinoamericanos a buscar el mejor modo de rellenar esos huecos con materiales provenientes de otras culturas, al tiempo que ellos mismos iban forjando su propia identidad y la daban a conocer. De allí la colosal política de traducción que emprendió Sur y que sin duda constituye su aporte más significativo y perdurable.

Con el tiempo, la discusión cederá lugar ante los fuertes acontecimientos políticos de la época y de los cuales ambas fueron, en mayor o menor medida, partícipes. La Guerra Civil española toca de cerca a Mistral («Y ya están peleando, carabina al hombro, las mujeres en España, las falangistas disparatadas y las comunistas. Yo deseo que ganen las izquierdas, pero no entenderé nunca el que se lleve a mujeres a esa inmundicia de la guerrilla»), que tuvo que trasladarse de Madrid a Lisboa. Su preocupación no se limita a la suerte de sus amigos. En 1937, realiza gestiones en París a favor de la República Española y más tarde le pide a V. O. que publique su poemario Tala y ceda sus beneficios a los huérfanos de la guerra.

La actividad política de Ocampo se ejerce en el terreno interno y el externo, aunque ella nunca la reconocerá como tal. En 1936, funda la Unión de Mujeres Argentinas destinada a hacer valer los derechos civiles de las mujeres, entre ellos, el voto femenino. Y seis años después participa de una organización formada para contrarrestar la infiltración nazifascista en la Argentina. Con igual ahínco, desde las páginas de Sur, se pronuncia contra el comunismo y no es difícil imaginar hasta qué punto el peronismo encarna para ella la idea misma de abyección.

La década de 1945 a 1955 la verá batallar como una de sus mayores opositoras, al punto que la revista celebrará la caída del régimen con un número especial. Las cartas de esa época constituyen lo más jugoso de este volumen pues narran en detalle su furia, la persecución de la que fue víctima («el peronismo no me deja vivir»), la merma considerable de su fortuna y esa suerte de purificación espiritual con la que buscó sublimar su breve encarcelamiento, a cuyo término Mistral contribuyó. Un telegrama personal dirigido a Perón, en mayo de 1953, bregaba por la libertad de Victoria, junto con otros dirigidos a personalidades como Alfonso Reyes y Ernest Hemingway, que instaban a presionar en el mismo sentido. («Querida, querida Gabriela: (...) En los diarios peronistas se dijo que a pesar de mis culpas me soltaban por tu cable».)

Ese gesto será uno de los últimos esfuerzos que Mistral emprenderá con plena lucidez. Los años han pasado y la ceguera provocada por una diabetes mal curada sumada a la profunda depresión que siguió a la muerte de Yin Yin, la aíslan dentro de su propio mundo plagado de obsesiones y delirios místicos. Victoria viaja para verla en Nueva York, en diciembre de 1956, días antes de su muerte. Y le escribe a su hermana Angélica Ocampo sobre esa visita: «Es realmente tristísimo que acabe así... un poco en la línea de sonambulismo de toda su vida, pero como en siniestra caricatura de sí misma». La argentina la sobrevivió más de veinte años. Por entonces, las dos eran, y siguen siendo, leyenda.



03-11-2007 / Fuente: Clarin.com y Bitácora de Luis Aguilera

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Susana Reinoso (Argentina)
Tres poemas de adolescencia de Victoria Ocampo


*

Tres poemas inéditos de Victoria Ocampo, escritos a los 16 años fruto de la admiración que sentía por la soprano ucraniana Salomea Krusceniski y el poeta y dramaturgo francés Edmond Rostand, así como de su exaltación espiritual, fueron rescatados por la Fundación Sur.

Las piezas, escritas a mano, en francés y en papel de seda- pertenecían al acervo de los herederos de María Mercedes Carranza, quien, junto con su hermana Matilde, fue muy amiga de la adolescente Ocampo. Cada texto lleva como firma el diminutivo Victorita, y llegaron hace unos días a manos del presidente del Consejo de Administración de la Fundación Sur, Juan Javier Negri.

Las piezas se encontraban en perfecto estado de conservación. Estuvieron durante casi un siglo en un sobre identificado con la leyenda «Pour la Negra et Petite» («Para la Negra y la Pequeña»), apodos escritos de puño y letra por Victoria Ocampo, de cuya muerte se cumplirán 30 años en enero de 2009.

Cada uno de los poemas exhibe, señaló Negri, «la independencia de criterio, la libertad intelectual, la exploración de nuevas fronteras del arte y la cultura, el hilo conductor en la vida de Victoria».

La célebre fundadora de la revista Sur pudo conocer poco después en Europa a los protagonistas de su entusiasmo. Y pese a que, por su timidez, no se atrevió a dirigirles la palabra, por lo menos dejó expresado en los sonetos su deslumbramiento por Krusceniski y Rostand.

Victoria compartió, a los 16 años, lecciones de piano con las hermanas Carranza. Ninguna de ellas asistía a la escuela, pues eran educadas en el hogar. Negri sostiene que fue en esas restringidas ocasiones en que las amigas coincidieron en clases de piano cuando Victoria entregó los poemas a las hermanas Carranza.

En el papel con membrete circular que registra las iniciales RVO (Ramona Victoria Ocampo), en el soneto dedicado a Krusceniski, la mecenas escribió en francés «que tu me plais, ô timbre étrange» («cuánto me gustas, timbre de voz extraño»). Victoria escuchó a la soprano por primera vez en 1906, cuando Krusceniski protagonizó La Wally, de Cilea, con la dirección de Toscanini, en el viejo Teatro de la Opera [aún no existía el Colón], según el relato de Negri.

Victoria pudo conocerla tres años después, una tarde en París. «No pude articular palabra en su presencia. Esto al parecer conmovió a la Walkiria de mis sueños», escribió, encendida, la adolescente Ocampo. La soprano le regaló una foto autografiada en francés.

En tanto, el poema ¡Blancheur! ( ¡Blancura! ) no tiene un destinatario específico y recoge su anhelo profundo hacia «el infinito del ideal».

Para Negri, los poemas revelan que «Victoria, una escritora en francés, era capaz de expresar ideas y conceptos desde muy temprana edad». Y mostró, ya a los 16 años, una alta sensibilidad hacia las artes.

El segundo soneto está dedicado «a monsieur Edmond Rostand», dramaturgo y poeta francés (1868-1918), autor de numerosos dramas y comedias, entre ellas Les Romanesques, de 1894, y Cyrano de Bergerac, de 1897. Hacia 1910, Rostand sería considerado el mayor dramaturgo francés.

Soneto

Me gusta, triste, soñar por la tarde, cuando tañe la hora,
Sea con el céfiro perfumado de la primavera
o de un invierno helado la brisa monótona

que de las campanas me trae un sonido claro y vibrante.
Me gusta imaginarme en una playa bretona
Con su arena de oro y el océano inmenso

Y la queja sin fin de las olas que resuena,
Esas olas de tono glauco y espaldas de espuma.
Amo esos días de verano donde el sol cálido brilla,
el pájaro vuela borracho de luz y gorjea,

las flores perfumadas lo embalsaman todo y el prado es tan verde!
Pero lo que llega más a mi alma sensitiva,
lo que la hace llorar y la cautiva
es escuchar, oh Rostand, cantar su alma en verso.

RVO / Ramona Victoria Ocampo /
La Nación

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Allen Ginsberg (USA)
America


América, te lo he dado todo y ahora no soy nada.
América, dos dólares y veintisite centavos. 17 de Enero de 1956.
No aguanto mi propia mente.
América, ¿Cuándo pondremos fin a la guerra entre seres humanos?
Que te jodan a ti y a tu bomba atómica.
No me siento bien, no me molestes.
No pienso escribir este poema hasta que esté cuerdo.
América, ¿Cuándo nos portaremos bien?
¿Cuándo vas a desnudarte?
¿Cuándo vas a mirarte a través de la tumba?
¿Cuando serás merecedora de tu millón de trotskistas?
América, ¿Por qué están llenas de lágrimas tus bibliotecas?
América, ¿Cuándo enviarás tus huevos a India?
Estoy harto de tus absurdas exigencias.
¿Cuándo voy a poder ir al supermercado y comprar lo que necesite con mi cara bonita?
América, después de todo, somos tú y yo los que somos perfectos, y no el otro mundo.
Tu maquinaria es demasiado para mí.
Me haces querer ser un santo.
Debe haber otra manera de poner fin a esta discusión.
Burroughs está en Tánger y no creo que vuelva. Serí­a demasiado perverso.
¿Acaso tratas de ser perversa o es sólo una broma de mal gusto?
Intentaré ir al grano.
Rechazo renunciar a mi obsesión.
América, deja de presionarme. Sé lo que estoy haciendo.
América, las flores del ciruelo están cayendo.
No he leí­do los periódicos durante meses, cada dí­a alguien es juzgado por asesinato.
América, me solidarizo con los sindicalistas.
América, cuando era niño era comunista y no me arrepiento.
Fumo marihuana siempre que tengo la oportunidad.
Me siento en mi casa durante días enteros contemplando las rosas en el armario.
Cuando voy al Barrio Chino me emborracho y nunca me acuesto con nadie.
Estoy convencido de que van a haber problemas.
Me deberías haber visto leyendo a Marx.
Mi psicoanalista cree que estoy perfectamente bien.
No pienso rezar el Padrenuestro.
Suelo tener visiones místicas y vibraciones cósmicas.
América, aún no te he dicho nada sobre lo que le hiciste a Tío Max cuando volvió de Rusia.
Estoy hablando contigo.
¿O acaso vas a permitir que nuestra vida emocional sea dirigida por la revista Time?
Estoy obsesionado con la revista Time. La leo cada semana.
Su portada me mira cada vez que giro la esquina de la tienda de golosinas.
La leo en el sótano de la biblioteca pública de Berkeley.
Siempre me habla sobre responsabilidad. Los hombres de negocios son serios.
Los productores de películas son serios.
Todo el mundo es serio menos yo.
Y me da por pensar que yo soy América.
Estoy hablando solo otra vez.

Asia se alza contra mí.
No tengo la más mínima opción.
Será mejor que tenga en cuenta mis recursos nacionales.
Mis recursos nacionales consisten en dos porros de marihuana,
millones de genitales, un literatura privada no publicable
que va a 1400 millas por hora y veinticinco mil sanatorios mentales.
No digo nada sobre mis prisiones, ni sobre los millones de desgraciados
que viven en mis macetas bajo la luz de quinientos soles.
Ya he acabado con las casas de putas de Francia, Tánger es la siguiente.
Mi ambición es llegar a ser presidente a pesar de ser católico.

América, ¿Cómo voy a escribir una santa letaní­a con tu mal humor?
Continuaré, como Henry Ford, ya que mis estrofas son tan personas como sus coches.
Más aún, son todas de diferentes sexos.
América, te venderé estrofas a 2.500 dólares la pieza. 500 dólares de rebaja por tus estrofas viejas.
América, libera a Tom Mooney.
América, salva a los republicanos españoles.
América, Sacco y Vanzetti no deben morir.
América, yo también soy los chicos de Scottsboro.
América, cuando tenía siete años mamá me llevaba a las reuniones de la Célula Comunista, nos vendí­an garbanzos, un puñado por entrada, una entrada costaba un niquel y los discursos eran gratis.
Todo el mundo era amable y solidario con los trabajadores.
¡Todo era tan sincero! No te haces una idea de lo bueno que era el partido en 1935.
Scott Nearing era todo un gran anciano, un verdadero mensch.
Madre Bloor me hizo llorar. Incluso una vez ví­ a Israel Amter con mis propios ojos.
Todo el mundo debe haber sido espí­a.

América, en realidad tú no quieres la guerra.
América, son ellos los rusos malos.
Los rusos, los rusos y también los chinos. Y los rusos.
Rusia quiere comernos vivos. El poder loco de Rusia.
Quiere sacar nuestros coches de nuestros garajes.
Quiere llevarse Chicago. Necesita un Reader’s Digest Rojo. Quiere tener nuestras fábricas de coches en Siberia. Con su enorme burocracia controlando nuestras gasolineras.
Y eso no es bueno. Argh. Ellos enseñar a Indios a leer. í‰l necesitar grandes negratas.
Ahh. Ella hacernos trabajar dieciséis horas al día. ¡Socorro!
América, esto es algo bastante serio.
América, esta es la impresión que te llevas al ver la televisión.
América, ¿Son así­ las cosas?
Mejor deberí­a irme al trabajo.
Es verdad que no me quiero apuntar al ejercito o manejar un torno
en fábricas de repuestos.
De todos modos, soy miope y psicópata.
América, trataré de arrimar mi hombro de maricón.

[Allen Ginsberg (New Jersey, 1926 - New York, 1997) es uno de los más significativos y auténticos poetas del siglo XX. Su obsesión por el sexo, las drogas, la religión y la política le han convertido en una figura sumamente provocadora y comprometida]. /
Aproximación social a la poesía de Allen Ginsberg / El Librepensador ]

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Carlos López Dzur (PR)
Memoria del segundo visitante


Leopoldo Fortunato lleva tres días que no se levanta. Tiene el páncreas deshecho por un cáncer. El miedo al gesto violento de su corazón lo mantiene en vela. Madruga con los ojos abiertos, tieso sobre la cama, solo en la habitación. Se imagina leyendo de su propia memoria. Abundantes pasajes, sin páginas, sobre 76 años de su vida. Habría querido esta lucidez para dejar su nombre en la historia y la de aquellos compañeros que fueron tan fieles al Escuadrón de Inteligencia del Batallón 601.

A los 17 años de edad, cuando entró a la Academia, ya algún sueño de gloria recorría su sangre como el asomo de un impetuoso glóbulo rojo. Mas vallas de contención detuvieron su anhelo. Aquellos gritos sofocaron su innata impaciencia: «Obedece, obedece». Tuvo que domarse a ciegas, con entrenamiento de obediencia en una escuela de asesinos que lo llevó a Panamá con los gringos. Recuerda la comandancia en el Segundo Cuerpo de la Armada. Aquellos años, tras la muerte del Ché Guevara, que animaron este sentido de misión heroica por la historia del mañana. El no se arrepiente de una búsqueda discreta de eliminar enemigos de ese mañana que todavía está desvelándolo.

«Sólo la Administración de Reagan fue agradecida. Aquella frase: «You're a bulwark against Communism», aún no encuentra su eficiente traducción. Le gustó más cuando el asesor Richard V. Allen lo llamó magestuoso general.

«¿Y habrá algún argentino de la administración de Viola y Bignone, o de las anteriores a Isabel Perón, que tenga para mí, Leopoldo Galtieri, prenda de su gratitud, agradecimiento o palabra de encomio? ¿Cuántos otros 25 años esperan que yo les ofrezca haciendo trabajo sucio? Trabajo que hoy me restrellan en cara: vos mataste, torturaste a los 18 pibes marxistas, vos sós quien echaste a la cuenta de muerte y de secuestros a tres ciudadanos españoles. Tenés corazón de asesino... Y fue la misma puta Junta quien dijo: Obedecé a ciegas, ya no hay partido ni uniones ni alcandías provinciales, proscrito ha sido el marxismo. Todo está está prohibido para que tengás el pretexto de matar a quien salga a la calle a protestar, o defender a los Montoneros y, entonces, crecéte vós con los batallones. Hacé la guerra sucia que soñaste contra la subversión. Limpiá la sociedad de comunistas, con tortura, con presidio. Sabés hacerlo: vos matás a mansalva, sin juicios, sin preguntas, ejecutá lo que aprendíste en Panamá con los gringos. Tirálos desde helicópterios al río y mar de Plata, electríficales las pelotas...»

Un día Leopoldo Fortunato sacó la ira de sí, demasiada ira, por causa de los 25 años en los Cuerpos de Ingeniería, y miró a la Historia con la misma plutocrasia y cresomanía que Pinochet e ideología del capital que los millonarios del Hemisferio. Su voz cada más autoritaria hizo que se le nombrara Mayor General y, otra voz chantajista y demandatoria, a pocos meses, presionó desde sí por la jefatura de una Comandancia. Y, ya en su pedir con enojo, no hubo límites. «Porque yo sé muchas cosas y si hablo, todo el mundo cae». Esos años de 1976 a 1980, cuando advine como Teniente General, los llamaría en su meditación. «Los años de mi voz chantajeadora y de mi enojo venenoso».

Y, por ambición, pensó que el pueblo estaría con él. Fue una mañana del 2 de abril de 1982. Los británicos retomaron las Malvinas y alrededor de la Plaza de Mayo, aledaña a la Casa Rosada, él se asomó a su balcón del lado izquierdo (no el mismo que alguna vez utilizara Perón). Y dijo: «Allá abajo está mi pueblo y mi gloria» y dio el último saludo, tras anunciar: «Soy el nuevo presidente, digamos adiós a Isabel y tengo un mensaje para Margaret Thatcher, reconquistaremos las Malvinas. La integridad del territorio argentino».

Y ante su encendido patriotismo sonaron las sirenas. Las oye. Y el páncrea dolió más mientras oyó las voces procedentes de la Plaza. La voz más temida fue su corazón agitado, echnado punzadas dentro... ese temido ataque del maldito cardio que, ante tanto desafío, urde callar a Leopordo Fortunato para siempre. «¡Cómo jodés, punzando cardio!» Se ha originado una huyilanga caótica, pánico, gritos de su gente que se dispersa, reprimida por el miedo. Británicos cabrones. Pero días antes, un 30 de mayo, a quienes no eran sus simpatizantes, sino sus críticos que le han creído un «eterno inepto para detentar el poder», los sofocó en la misma plaza.

¡Qué vergonzosa derrota! El que juró que los británicos, al mando de una vieja flaca, son una «mierda», «remanente tecnológico» de la era de posguerra, sin la habilidad de enfrentar el coraje argentino, no retuvo las Falklands. El invasor británico avanzó con los más avanzados sistemas de armas, tropas mejor entrenadas, con profesionalismo verdadero. Leopoldo al pataleo. «Y pensar que pudo negociar, sin esta mortandad inútil». Lo aplastaron como a una sabandija. Las ventajas geográficas y numéricas de Argentina, sus enjundiosos patriotismos, fueron menos que este aliento restante de Galtieri. Ahora, al repasar los crímenes de su memoria y esta temeraria aventura contra el imperialismo, le parece uno más. No dio el grado de héroe victorioso. No pudo.

Allá, retorciéndose él, con el estómago hirviente por dolor, ve la amenaza. Ya no es el hospital el escenario. Lugar de resposo irreposado. Son barrotes, celdas del arresto. Lo han aislado. Lo acusan. Lo interrogan sobre memorias que mejor él mismo abandonó para olvidadarlas. «Estamos en las postremerías del 1983 y me hablan de pasados». Ha perdido la noción cronológica. Una Corte Militar aprieta su corazón para asfixiarlo y le pide cuentas por la Guerra Sucia, que son «entre 8,000 y 30,000 víctimas» [todas descritas como subversivos, aunque sean pibes y pibetas de colegio, maestros, periodistas, no necesariamente guerrilleros]. Hay quejas civiles que preguntan por niños secuestrados y por la desaparición de otros activistas de la izquierda. Dieciocho que parecen especiales. Sus familias han perdido el miedo a reclamarlos. «¿Dónde los tienes, asesino?»

Lo insulta. Ha dado diez años más de servicio patrio y ahora ni como cómplice es bueno... Que como estretega militar ejecutó miles de pendejerías al conducir la guerra en las Malvinas. Esto sí que le patea su corazón debilitado. El mismo Ejército en un informe [«Notas y observaciones de Rattenbach»] pide que se le despoje de todos sus rangos, de todo sueldo, que se le confisque todo lo que tiene... porque es un mediocre, pura adrenalina de homicida; genocida... Como fantasmas, sus incrédulos ojos: Puede verse fuera de la prisión. Lo mandan ante un pelóton de fusilamiento... Oye que ordenan: «¡Fuego!». Oye el fragor de balas. Los chorros de sangre salpican cientos de paredes; y no muere. ¿Será que soy inmortal? Ninguna bala penetra el cuerpo suyo. En 1986, la sentencia vino al fin: 12 años de prisión. Es todo.

Ha vuelto a verse sobre la cama. Alguien viene a verle. Es la segunda visita que recibe, después de aquella qie en 1989, le hiciera Carlos Menem. Trajo noticias de perdón. Se incluye a otros 39 oficiales de rango en el ejército en la amnistía presidencial. «Vos y otros amigos, Leopoldo». Fue una visita breve, cortés; la segunda visita es larga. Es este juego con los remordimientos y el páncreas... No dio tiempo para reexaminar todo. Pero, cuando se fue aquel alter-ego de Leopoldo Fortunato, dijo: «Antes de irnos, pasemos a ver la tumba de tu padre, ¿querés?»

«¿A dónde? ¿Juntos? Que nadie hay que me quiera ver ni respete»

«Vamos, no temas. Donde vas se respeta a todos».

«¿Y habrá algún argentino de la administración de Viola y Bignone, o de las anteriores a Isabel Perón, que lo haga o que tenga para mí, Leopoldo Galtieri, una palabra de encomio? ¿Habrá tiempo para avisar a mis dos hijas, a Lucia Noemi?»

«No».

Aquel invierno, del 12 de enero, el visitante le clavó la guadaña en el pecho y a Gartieri se le viraron los ojos, con el ataque cardíaco. Entonces, se largaron a ver a ver las tumbas de viejos inmigrantes italianos, gente trabajadora y humilde, como su padre y como la que él había dejado de ser.

18-08-2005 /
Microrrelatos

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El viaje místico de Francisco Ranero

Francisco Ranero se pasea a caballo, sin ningún galope, por la que fue en 1860 la extensa finca «Piedras Prietas» en el pueblo de Pepino. Es un viejito vizcaíno a estas alturas. Vino joven como un guardia civil de los que llaman «serafines», por las galas de su uniforme y antes pasó de la comarca natal de Las Encartaciones, provincia de Vizcaya, en España, a un pueblito isleño que aún se llama «Juana Díaz». Para el año de 1888, con quienes hoy son íntimos compinches, amigos de visitar el Casino de Pepino y jugar a la baraja con incondicionales, como Mantilla y Guijarro, se pelearon por la Alcaldía de Juana Díaz y no se lograba acuerdo. Entonces, Policarpo Echevarría, con quien hoy se acompaña, Pascasio Alvarado, Jaime Grau y él, la administraron juntos. «Cuatro alcaldes son mejores que uno», dijo Ranero.

A él, por cualquier nimiedad, le ganan los humos filosóficos. Reexamina la noción de autoridad, obediencia, civismo... El leía a Ferrer i Guardia y la revista que en Bélgica tenían los anarquistas. Sí. Ahora lo tienen contra la espada y la pared, tan sólo por ser español y ex-militar. «Y son esos criollos dominicanos, con esos mambises de aquí, con instintos brutales y un volcán de deseos desenfrenados, por alma y por historia, quienes estorban la convivencia... Que aprendan de nosotros, Policarpo, ¿recuerdas? Cuando el poder se nos fue a la cabeza y cada quien lo quería para sí solo, hablamos al estilo de Francisco Ferrer, el Maestro, y nos los repartimos los cuatro los deberes de la Alcaldía en Juana Díaz».

Cabalgan lentamente para contarse historias y en eso, por los derredores, se oyeron súbitos relinchos. Un caballo cocea. Bufa libre y salvajemente por los terrenos llanos de Piedras Prietas, la que fue hacienda de Teresa Ballester. Entonces, ambos jinetes hincaron ijares de sus caballos y se acercaron a verlo. El enérgico cuadrúpedo tiene una bella pelambre grisácea y largas crines muy oscuras. Es el semental indomable, favorito de Alejandro Alers, el hacendado más rico de la región.

El caballo ha escapado del potrero. Y parece en el éxtasis, «salido del corral de sí mismo», como no puede hacerlo el hombre fornicario. «Hoy el caballo no se siente de Monsiú; volaría, han nacido alas mágicas a su costado». Internalizando la escena, al corazón de Ranero algo sentimental o melancólico lo conmueve. El Teniente Echevarría Alvarado ha mirado sus ojos próximos al llanto. «Francisco, ¿qué te pasa?»

Y el viejo vizcaíno contestó.

«Es que Isabel, mi esposa, es muy linda. Lloro por eso». Como nunca lo comprendería y admiraría el monsiú Alers, dueño de tan hermoso caballo, «Isabel Ballester González: mi Isabelita, es hermosa e inocente», repite... Todavía el caballo, libre y suelto ante su mirada, por un lado, para él evoca el movimiento cíclico de la vida, seres que emergen del caos amorfo de las profundidades, seres que expresan las formas vivientes y con su galopar casi un vuelo hacia ventanas intangibles entre las nubes... «Y son a veces el presagio de guerra; no ya «la madre en nosotros, la intuición bendita y mágica; no ya la herradura que da buena suerte, no ya el tridente de Neptuno, ni las vías de imaginación, nobleza y trabajo».

Por cualquier nimiedad, Ranero cede a expresar sus humos filosóficos; pero ésto que hoy le confiesa es algo que duele. La familia de su esposa lo ha contagiado con la tragedia que motiva cada melancolía. «Es que las Ballester han sufrido mucho». Monsiú las comparaba a todas con «caballos de cien pesos», valiosos, y cargaba sobre unas mulas, no monturas, alforjas y banastas plenas de monedas de oro. E irrumpía como ese caballo que ha entrado a los predios ajenos: «Lo que pese esa yeguita de mujer, yo lo pago. Esa vírgen es mía. Yo la estreno, la desvirgo y la crío».

Isabelita fue una. La pesó sobre una balanza delante de testigos. La demandó de su padre yle pagó cuando accedió al trato. Y, en efecto, Monsiú le comió la honra porque pagó el dinero hasta que un día la abandonó. Pesó a otra.

Este mismo año en medio de las quemas, robos y ultrajes, cometidos contra los españoles, volvió a repetirse la tragedia. Los rumores indican que un negro fue el violador de una de las Ballester y que un intento de ultraje se hizo cuando bajó de los altos de la tienda La Euskelerría la señora de Jaunarena Azcue en el barrio Guajataca. «Don Pedro y doña Cleofe Ballester identificaron a 14 hijos de putas». Fueron los agresores y la Corte investiga.

«¡Qué bueno, Policarpo, que el Coronel nos ayude a regresar a España! Estoy vendiendo lo mío en Pepino y me iré con Isabelita antes que pierda el cuero como amenaza el trovero».

Al recordar la niñez, allá por Soba (Cantabria) y la aldea vizcaína de Carranza, le vuelve el alma al cuerpo. Echa de menos el pueblito de Lanestosa al que se irá con su mujer criolla. En Pepino, le están cantando decimitas de amenaza. Aún le trovan la muerte, por componte, si no se larga del pueblo. Y él no quiere ese odio que le costó un brazo cercenado a Jaunarena por defender la honra de Cleofe.

Por eso está aquí, visitándole el Teniente Don Policarpo Echevarría Alvarado, enviado del Coronel José Sánchez de Castilla. «Me contó lo tuyo: Que turbas de comevacas y tiznaos te molestan; pero esto es más triste, Ranero».

Díle a Braulio Caballero
que toda deuda se paga
y a Francisquito Laurnaga
que pronto perderá el cuero.
A Mantilla y a Ranero,
ese par de serafines,
les dirás que nuestros fines
son de a Guijarro coger
y arrimarle a Castañer
junto con Víctor Martínez. *

El enérgico cuadrúpedo tiene una bella pelambre y largas crines. Es el caballo semental favorito, indomable, de Alejandro Alers. Y algo melancólico le viene a la memoria a Ranero. Ahora, en vez de evocar el caballo y sus símbolos, evoca a Isabel. Un éxtasis que contacta su piel lampiña, no pelambre. Es rosada y blanca. Es una briosa campesina que imagina en ruptura de niveles interiores. Vio a Isabel y Teresa Ballester realizando rituales de cosecha y de viaje.

04-02-2003 /
Carlos López Dzur

[* Décima histórica de la tradición oral. Se cantaba, con el nombre de componte, o contra-componte, por los campesinos involucrados en las Partidas Sediciosas / también comevacas y tiznos / de 1898 en el Pueblo del Pepino, como una forma de avisar un planeado ajusticiamiento contra ciudadanos españoles o propietarios maltratadores del peonaje. El brote de rebeldía campesina se intensificó por causa del hambre, el cierre de comercios y la invasión norteamericana a la isla. El contenido de este cuento y nombres de personajes son reales].



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Tu enemigo, Billie



I long to try something I never had:
«Lover man», cantada por Billie Holiday (1915-1959)

Aquella niña que creció en Harlem la conocí como Eleonora, pero, más tarde, se olvidó el mundo que era de aquellas negras Fagan de Filadelfia que, en el talento, la música, no las dejó en la noche del frío, o esos desamparos del racismo y la exclusión. Eleonora comenzó a brillar tan sublimente que le llamaron «Lady Day», Dama de lo Diurno. Señora del Día, porque, en asunto del canto pop y el jazz, abría sus esplendores de sol, fraseo y tempo de luz para iluminar la melodía.

Desde el 1933, se aproximó a grabarla la Columbia, más tarde, otros sellos disqueros poderosos, Commodores, Aladdin, MGM, Capitol, Decca... Y, entonces, era Queen of Song. La Reina. Olvidaron que ella era Eleonora, que su niñez fue miseria, que de su padre apenas tuvo el apellido. ¿Y Frank DeViese? Diablo, avieso. Y Holiday, ninguno. Hall-oh-crisis! Cada vez que canta «Fruta extraña» piensa en su padre, como un ser que cuelga como fruto pudrido ya en camino hacia el bosque de la nada...

De contínuo y desde siempre, ella juega con las palabras para no recordar ni llorar y aprendió a hacer canciones, o co-escribirlas: «God Bless the Child», porque la suya fue maldita, «Don't Explain», porque es tarde para hacerse ilusiones y tener fe en esta mundo horrible... «Lady Sings the Blues», y una vez termina las canciones, se va su corazón a un recuerdo. La está violando un cabrón y ella tiene diez años solamente. Y la mente, mientras enciende a escondidas en su camerino un cigarro de marihuana, se extasía con aquellas escapadotas de la escuela... se iba de pinta, cantaba a solas cosas tristes y dijeron que estaba loca y el reformatorio, The House of the Good Shepherd, con toda la buena fe de sus curas católicos, no pudo con ella... Como ni hay amor ni buena vecindad, se vino a New York.

Ahora Wilbert Rich no la podrá violar y amedrentarla para que no lo diga. Su madre acaba de sorprenderlos y la jala de las piernas para quitarle de encima al malnacido que la amaciza con sus güevos sobre su vientre. Ni buena vecindad ni decoro ni dignidad en la raza.

«¿Para que recordar ese pasado?», le dice a Abel Meeropol, maestro de escuelas del Bronx, que hace llamar Lewis Allan. Se la quiere llevar al «Café Society», en el barrio Greenwich Village, donde judíos como él alternan con negros, con boricuas, con gente de uniones izquierdistas y sindicatos que promueven lucha y cambio social, integración racial, diálogo y convivencia... «Esa canción duele. No quiero cantarla, Abel».

Y él le habla de un nuevo futuro porque la ha visto en las drogas. Bebe y abusa de tranqulizantes. En 1947, le allanaron el apartamento y la arrestaron por posesión de narcóticos y drogas. Jimmy Monroe, el esposo, es un infiel y le ha dicho: «No expliques esa mancha de lápiz de labios en el cuello». Y se puso a drogarse. «You Better Go Now»... «What is This Thing Called Love?»

Abel Meeropol comenzó a prepararla para Pod's and Jerry, para que vuelva a irle de maravillas, como a la Reina que es y con una orquesta grande. Mejor que la de Count Basie y Artie Shaw. Grande, pero siempre más pequeña que su voz... «your an outgoing warmth, a palpable eagerness to reach and touch the audience, and your mocking wit». Y es que ya hasta los músicos blancos aman su fraseo, su tempo, su feeling... «pero hay que pegarles en la cara. Vas a cantar 'Strage Fruit', porque es como un himno del sindicato contra los linchamientos y después al Carnagie Hall. 'Lady Sings the Blues'. Y Herbie Nichols, al piano... y te voy a decir algo, Billie. El peor enemigo no el padre que te abandona, el vecino que te ultraja de niña, el marido infiel, es la pobreza del Bronx o los ghettos de Filadelfia o Harlem... y la CIA y el FBI que te ha visto creciendo, reclamada en Europa, grabada por Columbia o los estudios de MGM y ha dicho... revisemos que lleva en la cartera, que esconde en su apartamento, quitémole el nombre prestigioso de Reina o Dama del Día...»

Le ha barrido de un manotazo una línea de coca. No te van a quitar la droga para que no la consumas, Billie. Van a dejar que te enfermes con ella. Y van a exponer que eres viciosa y que no triunfarás ni serás ejemplo por ese vicio. La CIA y el FBI; ambos brindan estos narcóticos / alucinógenos / a la gente como tú con el objetivo de distraer su atención sobre el contexto político y contracultural... Para contrarrestrar el fruto extraño de un negro colgado de un árbol por los KKKs, en camino hacia la exclusión y la nada, te dan su versión del fruto extraño, píldoras, cocaína, heroína... Se filtraron en en Greenvich Village, en el rock, el jazz, el pop, en todo reino de creación y hay que parar eso, Billie. No dejes que la canción se prosterne y humille ante ese enemigo: extraño fruto del blanco, el arma feroz para desarticular todos los pensamientos rebeldes...»

Ya era tarde. El 31 de mayo de 1959 fue llevada de emergencia al Hospital Metropolitano. Una cirrosis hepática y una cardiopatía precedió a su arresto. La policía vigiló la puerta de su habitación en el hospital por 17 días, hasta el día que murió. Ya supo que no levantará. Morirá sola, bajo sospecha, criminalizada. No es una estrella ante los ojos de esos malditos guardias que dicen a la prensa: «She's a nigro-felon under police custody». Se ha consultado el banco y tiene setenta centavos como único capital. Los tabloides ofrecen $750 por una foto y una confesión post mortem que diga: «Me maté con una sobredosis». Y aún así, no se permiten visita a menos que se vaya a pagar la cuenta hospitalaria.

25-08-2003 / Microcuentos /
Colaboradores

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Alberto Martinez-Marquez (PR)
La textualidad performática en Corte al azar de René Pérez Martínez


La publicación del poemario Corte al azar de René Pérez Martínez en el año 2008 es significativo por dos razones principales. Primeramente, se trata de la primera colección de poemas de este joven escritor que ha venido participando en la escena literaria puertorriqueña durante casi una década. Pérez Martínez había participado notablemente en las revistas-colectivo Zurde y Puñal de Epifanía, que participaron de la vida cultural de Mayagüez entre principios y mediados de la década de 2000. Del mismo modo, la participación en recitales y actividades performativas de Pérez Martínez se suma honrosamente a la trayectoria de este novel gestor de la palabra.

Por otro lado, la importancia de Corte al azar reside, además, en que se trata de la primera publicación de la Editorial Preámbulo, fundada por este poeta. Esto que acabo de señalar es muy importante al momento de tenerse en cuenta la actual proliferación de editoriales alternativas en Puerto Rico surgidas en los últimos dos años.

Los treintaicinco poemas que constituyen Corte al azar se mueven temáticamente alrededor de la permanencia, la mutabilidad, la totalidad, el tiempo y el agotamiento del sujeto. Este núcleo temático se asienta a su vez sobre una base indagatoria y reflexiva de connotaciones ontológicas (el ser), congnitivas (la percepción) y fenomenológicas (la apariencia y la esencia) que alterna con el marcado lirismo de su lenguaje. La mayoría de los textos de Corte al azar son breves y, en ocasiones, adoptan un carácter aforístico sin rayar en lo sentencioso. Incluso, los poemas de mayor extensión combinan versos breves con versos largos, que articulan una particular cadencia y ritmo, apelando tanto al performance escritural como al performance oral.

El manejo de un recurso formal como la disposición tipográfica se lleva a cabo de forma efectiva con la mesura necesaria de quien tiene control de la economía del lenguaje poético. Es preciso destacar el «Preámbulo» de los artistas Jaime y Javier Ramos Berrocal, cuyo collage integra el dibujo y la palabra, creando un espacio intertextual que dialoga creativamente con los poemas del libro. El Preámbulo de los hermanos Ramos Berrocal es un corte necesario nada azaroso—pero sí lúdico y paródico—que prescinde de las introducciones y palabras preliminares con que se suele bautizar un texto.

El poema que inicia Corte al azar sustenta una visión particular del ser, del mundo y de la palabra donde el polvo es la esencia de las cosas:

ya hasta las palabras huelen a polvo
al mismo polvo
que imperceptiblemente se sienta
en las hojas de las plantas caseras
que habiendo olvidado sus instintos salvajes
descansan sin agitar sus tallos de cuando en cuando
tan fino el polvo que tupe los poros
tan ligero y sutil cuando se posa sobre el pelo
tan indomable el polvo que vuela
y sigue su camino
hasta asentarse en cualquier lado

y ahora hasta las palabras huelen a polvo
ingrávidas palabras suspendidas en el aire
polvo de todos los días
incansable polvo

En los mitos creacionistas, el polvo es el origen y es el fin de todo, alfa y omega, génesis (nacimiento) y apocalipsis (fin). Además, más allá de la alusión al aspecto mítico, esta tematización del polvo como eterno retorno sugiere una red intertextual con la literatura bíblica, particularmente el libro de «Génesis», en el cual el primer hombre llamado Adán nace del polvo al que Yahvé insufla vida. Igualmente, el poema podría vincularse con el verso final del soneto de corte metafísico «Amor constante más allá de la muerte» del escritor barroco español Francisco de Quevedo y Villegas se lee «polvo serán mas polvo enamorado». Finalmente, podría establecerse una relación dialógica entre el poema inicial de Corte al azar y los poemas que forman parte del libro Invitación al polvo de Manuel Ramos Otero, en el cual se confronta el constante devenir de la vida y la muerte, Eros y Thanatos. Si las palabras huelen al polvo omnipresente y hasta omnisciente, que subyace la totalidad material y la totalidad del ser; por extensión, la palabra es también el principio y el fin de todo.

El agotamiento del ser, que figura en varios poemas de Corte al azar, se acerca al «pensamiento débil», expuesta por el filósofo italiano Gianni Vattimo. Según este pensador, es el filósofo alemán Friedrich Nietzsche quien comienza cuestionando en su anuncio de la muerte de Dios la estructura unitaria del ser u ontos on metafísico. Para Vattimo lo que surge a partir de lo expuesto por Nietzsche es un ser cada vez más fragmentado, rizomático y contingente que se evidencia en nuestra actual condición postmoderna. En Corte al azar esta idea se presenta en varios poemas. He aquí dos ejemplos:

MUEBLES

a nosotros también nos cubren con trapos
y nos dejan descansar
inmóviles
por algún tiempo


(SIN TÍTULO)

cuando alguien amenaza con quitarme
una de las hojitas que me forman
recuerdo la mañana
la sangre que perdí armándome
y la deshidratación continua
que causa cargar todo el día
con tanto yo

En cuanto al performance escritural se refiere, las reticencias, los espacios vacíos en los mismos versos y entre versos, la repetición y el uso de paréntesis y corchetes, remiten al acto de recepción en que la lectura se convierte también en un acto performático. Me remito al poema titulado La noche de capa, sombrero y cuchillo, que expone la condición existencial del ser humano en los siguientes términos:

II

[cuando la noche te corta,
y amaneces desangrado en cualquier esquina
y el día se encarga de cocinarte las heridas
sólo
(tan solo)
queda sobrevivirte]

Entre corchetes se ofrece no ya un poema sino un intrapoema, en el cual, uno de los versos se aparece en paréntesis indicativo de la palabra dentro de la palabra. Fuera de los corchetes que implican una suerte de producción ilimitada de significantes, está el silencio del poema. La repetición y la reticencia son recursos estilísticos que se toman un giro conceptual; como en el siguiente poema, en el cual el significante “niño” trasciende el significado convencional y adquiere una amplia dimensión ontológica:

niños gritando niño
corriendo niño
riendo niño…

niños cantando niño
bailando niño
sonriendo niño…

niños hablando niño
caminando niño
preguntando niño…

niños llorando niño…
tristes niños
sufriendo niño

En otros poemas como La recordaba, Saboreando y el poema sin título que comienza con el verso “llega la noche como llegan casi todas,” el elemento rítmico establece un rejuego entre oralidad y escritura, sin perder su dimensión poética. Saboreando es un poema intertextual que contiene, entre otras instancias, una serie de referencias directas a personalidades de la escena literaria y la escena musical, como lo son Louis Armstrong y Franz Kafka. Aquí el uso de los paréntesis ocurre como un continuum de versos subyacentes y autónomos, en los que se exhibe eso que el poeta Fernando Pessoa llamó, en un celebrado ensayo sobre la poesía portuguesa, la «plasticidad» de la poesía.

A juicio del autor lusitano: «entendemos por plasticidad la fijación expresiva de lo visto y oído como exterior, no como sensación sino como visión y audición». De forma que el poeta implícito remite su singular percepción:

lo primero que veo
se asemeja al más común de los desastres sociales:
un hielo flota solo
lágrima sólida que se licúa
en un último intento solidario
(tu café y tu río ahora se le unen)
(tendré que nadar un poco)
(difícil, muy difícil)

El/la lector/a se sitúa ante un poema objetivo, en el que los sentimientos y estados emocionales quedan descartados, que da paso a una proliferación de imágenes de carácter surrealista que conjugan sueño, vivencia y consciencia:

cuatro manos con olor a tumba me salvan
Ray y Kafka
sin conocerse, sin conocerte, sin conocerme
me dan golpecitos en la espalda
(nunca me había dado cuenta
del hambre que causa el suicidio)
(más letras, por favor)
(savais-tu que j’aime les images des statues?)
(y ahora es Tom Waits)
sigo…
(pero se acaban los frutos)

En el poema performático sin título al que aludí con anterioridad, la enumeración y repetición de las acciones, torna su semiosis hacia la factura diferencial producida por el ritmo y el uso
continuo de la reticencia:

lo enciende…
lo mira…



lo enciende…
lo mira…


lo fuma…


lo saborea…
… … … piensa…
… … … piensa…
… … … piensa…

lo fuma…

Para concluir, la edición de Corte al azar merece un comentario aparte, tanto por el cuidado de la misma, como por el diseño gráfico y artístico, a cargo de Alfredo Pérez Rodríguez, que lo convierte en un libro atractivo sin perder la sencillez que lo caracteriza. La corrección, a cargo de Elizabeth Santiago Berríos, hace de cada poema del libro un trabajo impecable. Con este poemario, René Pérez Martínez se estrena como editor al mismo tiempo que consolida su oficio de poeta y performero, donde ya ha comenzado a dejar una marca en las letras nacionales.

[El Dr. Alberto Martinez-Marquez es profesor del Departamento de Humanidades, del recinto de la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla].

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Maritza Alvarez [Chile]
Verdad, justicia y memoria


Amigo
Que no te violente la violencia
que siembra a diestra y a siniestra
cada vez más muerte
más ruina
Que no se te olvide la segregación
y la miseria
el robo a los indígenas
el rostro del delincuente
Pero usa tu habilidad
tu destreza
tu sabiduría
Encontrarás el camino exacto
entre la verdad
la justicia
y la memoria

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A título personal

Vierte este día su sonido sobre mi
Me dejo cercar de él
Y no sé si camino porque quiero
O porque el camino me lleva
Pero a nadie más que a mi le importa
Las diferentes culturas la han vivido
Los hombres que han venido
Y ya han partido la han aprendido
Existe, es verdadera
El primer hombre la sintió
Y en algún minuto de su existencia la experimentó
Todo el mundo sabe que está
Pero a nadie le gusta hablar de ella
Mi mundo completo le pertenece hoy
Y contrarío a la vida y me acomodo a sus caprichos
Qué puede decirme nadie si sólo a mi me importa
Qué pueden señalar las estrellas
Si tintinean mientras van apareciendo
Si ellas quieren tintinear ¡déjenlas ser!
Pero esta noche sólo yo las veo
Y sólo yo las siento chocando en los cristales
Cuando la noche sonámbula y sonámbula yo
Arrastra mis pies hacia la ventana
En qué carril habré de ubicarme, no sé…
En qué parada habré de esperar
Con qué vestido he de abrigarme
Te vivo hoy completamente entregada
Solitaria como el sentimiento más íntimo
En esencia eso es y no existe más
Pero a nadie más que a mi le importa
Por tanto, a título personal me lo tomo
A título personal lo hablo
Y no puedo vivenciar otra cosa
Es la realidad y hoy es sólo mía

Maritza Alvarez

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Fanny G. Jaretón (Argentina)
Rescate

Con el resto de amor que guardo en las manos
acaricio un mundo de bondades.
Me doblo como la caña de bambú
a un viento milenario.
Sostengo el vientre de la memoria
pujo por saldar
el motivo que me trajo hasta aquí.

Nov. 23, 2009 /
Fanny Jaretón / El humanismo erótico de FGJ

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Te parirás

Anoche cuando el Ángel de la muerte
vino hacia mí
supe que desesperadamente existo.
Supe de lo breve duplicando lo efímero
Del cualquier nombre en cualquier lugar.
De la puerta que se cierra
apenas la hemos abierto.
De lo abierto.
El pozo, el corazón y la inocencia.
De las ganas de marchar
hacia atrás.
Algo así como nacer de nuevo
y arrepentirme
aferrarme al amor
como cosa de Ley Primera.
Hacernos Hermanos, hacernos amigos
Hacernos desde el dolor sin que duela.

Nov. 23, 2009 /
Fanny G Jaretón / Textos / Colaboradores

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Alfredo Villanueva Collado:
Visión artesanal y Poemas Escuetos


[Alfredo Villanueva (Santurce, Puerto Rico, 1944) es profesor emérito del Eugenio María de Hostos Community College, City University of New York. Miembro de la junta ejecutiva de Latino Artists Round Table, NY. Primer premio de poesía y cuento de Casa tomada, NY, 2006. Entre sus once poemarios se cuentan Pato salvaje (1991), Entre la inocencia y la manzana (1996), De antiguo amor (2004), y Pan errante (2005) Antologado en varios volúmenes, entre ellos: Papiros de Babel: Poesía Puertorriqueña en Nueva York (1991); Noche Buena: Hispanic American Christmas Stories (Oxford, 2000), y Literatura Puertorriqueña del Siglo XX: Antologia (UPR 2004).

En respuesta a alumnos de Literatura del Hunter College que escribieron al poeta y educador Villanueva, él respondió a las preguntas realizadas].

«No se escribe con el corazón o el cerebro, sino con las entrañas». A esto habría que añadirle: «Escribo con las cuatro tintas vitales: sangre, semen, sudor y lágrimas».

Uno de los grandes lugares comunes de la poesía es que las emociones se sienten con el corazón, esto, porque es considerado un órgano noble, digno de tal función. Por el otro lado, hay poetas que desdeñan «el corazón» por asociarlo con el sentimentalismo, y desean escribir una poesía que apele al intelecto, al cerebro, a la contemplación estética.

Yo me he ido por mi verdad somática. El primer órgano que se me afecta en el proceso de emocionarme y/o escribir es el . . . estómago. Las entrañas son esas partes del cuerpo a las que la estética tradicional no les permite percibir emociones por considerar-las «inferiores».

De hecho, creo que escribir desde «la entraña» crea una poesía certera, que no utiliza las palabras como adornos sino como armas de combate y seducción. Cuando escribo, todo mi cuerpo participa, todas mis tintas participan: el semen, que es la fuente de la procre-ación masculina; la sangre, que es la fuente de la vida; el sudor: manifestación de la arte-sanía del que escribe; y las lágrimas, manifestación del dolor que sufre todo el cuerpo (incluyendo el corazón y el cerebro) tanto por el proceso de escribir como por lo que se acaba de escribir

Poesía seca y poesía mojada: Uno de los peores problemas que tiene la poesía es que los poetas son grandes narcisistas.
En la poesía lírica, impera el YO. Estos poetas escriben una poesía en primera persona , llena de adjetivos, en la que se cantan y se lloran. No saben desdoblarse y mirarse desde afuera." Es interesante notar que en esta poesía hay poca acción verbal. Y, naturalmen-te, es poesía donde una tinta predomina sobre las otras. Es un problema tanto de conte-nido como de forma. Estos poetas llegan a los 60 escribiendo poemas al novio/a de turno
(gime a break!)

Rimbaud dijo «Yo soy otro». Creo que ese es el comienzo de la «poesía seca». Uno se mira desde afuera y describe lo que ve con un ojo clínico»--. No hay tema que le sea ajeno. Pero la forma es lo más importante: en la poesía seca la imagen predomina por sobre la palabra, el verbo por sobre el adjetivo, y cuando estos aparecen, se intenta por todos los medios utilizar las palabras trilladas y lugares poéticos comunes. MI poeta favorita en este respeto es Emily Dickinson. En español, sí, Benedetti los llama mojados, pero hay muchas formas de mojar un poema) Nicanor Parra, Gloria Fuertes. Y naturalmente, Mallarmé y los Herméticos italianos: Ungaretti, Quasimodo, Montale. La emoción/experiencia estética queda plasmada en las imágenes, no en la palabrería. No hay tema que uno no se atreva a tocar: la vejez, la enfermedad, la muerte. En un sentido se trata, de la forma más elegante y escueta, de escribir lo que otros considerarían ati-poemas.

Es difícil discutir el tema sin ejemplos. Acabo de recibir un poema atroz de un dominica-no que para colmo muy ufano lo ha publicado en Internet. Se los adjunto como ejemplo de todo lo que aborrezco en materia de creación poética. Por otro lado también les incluyo una selección de mis Poemas escuetos. Pueden encontrar más muestras en:
Ver bitácora

Las Polaroids surgen poro un lado como intento de reproducir verbalmente el concepto fotográfico de fragmentación en instantáneas de Lucas Samaras. Por otro, surgen como respuesta a un comentario de un colega de que «ya no es posible escribir novela sino fragmentos». Aquí me permito ser autobiográfico, pero intento, como en la poesía, mantener el sentimentalismo a un lado y dejar que cada episodio hable por sí mismo. No las escribí orden, pero ahora, para que sean publicado, me imponen que tengan alguna secuencia. Describen mi despertar sexual, mi vida en CUNY, mis amoríos, mis muertes y muertos.

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RUTINA

Duermo.
Construyo un sueño,
una cinta cinemascópica.
Un largo cuento.

Despierto.
No lo recuerdo.
Paso el día sonámbulo
hasta el regreso.

De nuevo rasgo la liminar zona.
Cierro los ojos. Duermo.
Hermes lame párpados abiertos.
Construyo un sueño.

4.9.07 /
Libro

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SONIDOS

Casi duermo. Pero entonces
cruje un mueble.

Una sirena se abalanza
sobre la calle, deyección roja.

Otra sirena se desengañita.
Un auto, falsamente torturado.

Llega el vecino,
reventando contra las paredes.

Un minúsculo
ratón trepa a la mesa.

Pasan borrachas
las putas nuevas, a grito pelado.

Agarro la almohada.
Una paja no consigue calmarme.

Alfredo Villanueva / Poemas escuetos / Entrevista a Alfredo Villa ueva
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PUÑETAS

De niño,
consolaron el miedo a la noche.

De adolescente
descargaron el miedo a la vida.

De adulto,
fueron suplemento compartido.

Y ahora,
alivian el terror, y la espera.

Alfredo Villanueva / En Alebrijes

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QUID INCIPIT VITAM

¿La muerte?
Una disolución, una sequía.

Primero, dejan de fluir
las tintas, imperceptiblemente.

No circula el semen por las venas.
Las pupilas no destilan sangre.

El sudor deviene ácida lluvia
que devora junglas de palabras.

Fiebre apolínea apretuja el cuerpo
hasta su liquefacción dionisiaca.

Gea golosa bebe su copa.
Hermes rehace los desechos.

Alfredo Villanueva / En Alebrijes

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SABIDURÍA

Nunca ha querido
como quieren las hembras.

Nada de fantasías de permanencia,
agostarse al lado de un extraño.

Vivir felices para nunca
en un cómodo infierno hogareño.

Ha querido
como quieren los machos.

Sabiendo que todo amor desaparece.
Que un solo cuerpo nunca es suficiente.

Que lo hicieron puto e imborrable.
Que someterse es aceptar la muerte.

Growing Up Hispanic: Discourse and Ideology in Hunger of Memory and Family Installments

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MALLAR(MEA)NA

Que sea la escritura
lo más pornográficamente invisible.

El efímero trazo de una lámpara
sobre el roto negativo de una cámara.

Coito interruptus entre tinta y nalga.
Cuerpo desnudo que no se alcanza.

Esa lengua que se desliza
sobre una superficie inexistente.

La flor ausente de todo sobaco.
La polla en blanco sobre la hoja blanca.

Alfredo Villanueva / En Wikipedia

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LA TIRANÍA DE LOS COLORES

Harto de categorías de género.
Los jarrones rosados insultan
Eres maricón, dueño mío, indican.

También gusto del azul penetrante.
Nunca lo he visto en cojones operantes.
Una polla cerúlea aberrante.

Los machos visten colores de carne.
Bellos como una aurora de verano.
Peonías y rosas en el músculo vivo.

La gracia de los dioses en cuerpos ondulantes.
El mendigo añora lo que no recibe:
la perfección de lo que se pudre.

Alfredo Villanueva / Poemas escuetos

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PATRIA

Lo siento tanto. Un territorio
colonial, que tira perros por los puentes
y se deja regir por piojos evangélicos
no es ya un lugar

que se pueda respetar, y ni siquiera
añorar. Los que podrían
decir algo nada comunican, acostumbrados
al poema que no se atreve,

no confronta el paisaje putrefacto,
ignora el mantengo de los electos
porque, de atreverse, dolería
más allá del feroz sistema nervioso.

Se fue la patria. Queda burundanga.
Y yo, solo, perdido, abandonado.

Alfredo Villanueva / Poemas Escuetos

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BISEXUAL BLUES

Aunque ya no me quieras.
Por haberte querido,
Por seguirte queriendo.
El amor no se acaba
por que no nos veamos,
por que te atraigan otr@s.
Mas prosigue su marcha,
imperturbable, vivo
a pesar del veneno,
los vástagos, la esposa,
el papito, la chilla,
a quienes daño hiciste,
a quienes daño hicimos.

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FLORES PARA LOS MUERTOS

El planeta está lleno
de amanuenses mediocres.

Escriben por la paz.
El terror les da orgasmos.

Los machorros desgarran
sus ovarios inútiles.

Las hembrunas se arrancan
las vergas ilusorias.

Paloma aliñada
con laurel en el pico.

Sazón excremental.
Ha muerto la palabra.

2.11.07 / Alfredo Villanueva

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MIGRACIÓN

Todavía el espectro recorre
esos lugares que no existen.

Los encuentra porque la calle
es un collar de quimeras telúricas.

Caracas, San Germán, Río Piedras, Niu Yol.
¿Qué le dieron? ¿Cómo lo violaron?

Le dieron cuchilladas añoranzas,
nostalgias de pesadilla.

Es el Tántalo del pastel y la arepa,
la sopa de pescado de la tía.

Del ritmo dolido de la chipola, el cuatro
que el imperial sobrino hace guitarra.

Las calles llenas de cubujones
de antigüedades, o librerías.

Mas despertar en cada una de ellas
y darse cuenta de que nunca fueron

lo ha borrado. Hemorragia ausencias.
Vive en alucinaciones atrapado.

Lo digiere el tremedal de la Doña,
la niebla del riachuelo.

Perdió la inocencia de los espacios
sagrados. Lo dejaron roto.

16. 11.07 / Alfredo Villanueva /
Colaboradores

<>

THE LIVING END

A los mal llamados locas de este mundo:
acaben con los heterosexuales.

Especie enferma del trasero y la testa.
No entienden que el placer es la meta.

Prefieren el fundamentalismo,
la gula fecal de la codicia.

Por lo tanto, enfunden metralletas
junto a tetas de silicón, vergas de paja,

mus/culitos hechos en gimnasios,
antivirales en las gavetas.

Agarren navajas para las gargantas
de gordas cristianas repartiendo panfletos,

o colonizados misioneros
predicando la biblia del odio evangélico.

Cáiganle a balazos o batazos
a quienes nos persiguen. Somos tan machos
como las feministas o las femeninas
y los que las destripan. Guerra a muerte.

9.12.07 / Alfredo Villanueva

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DIÁSPORA

Ser colonizado:
sofocarse en pantano de brea.

Patalear, sabiendo
que la más pegajosa
de la muertes lo espera.

Ningún mar,
por azul que sea,
rescatará
el des/encantado
cendal flotante,
masacota caliente.

Chicharrón dáctil
que todavía aúlla
palabras calcinadas.

21/1/08 / Alfredo Villanueva Collado

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COMENTARIO

La izquierda
puertorriqueña
es la colita
de la derecha.

21/1/08 /
Biografía

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HORÓSCOPOS EN CUEROS

Cuidarse de los Leos.
Aman la carne fresca.
Terminan devorando carroña.

Acuarios en peceras, bañeras.
Agua por todas partes, desiertos.
Tacañamente indiferentes, pantanos.

Tauros. Se dejan querer.
Luego cambian de parecer.
Regresan al anonimato de los sueños.

¿Escorpios? Intensamente aman
y mueren, dejando vacíos
sobre los que uno llora para siempre.

Libras. Los mejores
y peores de tod@s. Oscilan.
Ese que no soy yo en el espejo.

7.08.08 /
Biografía / Colaboradores

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EL DISPAREJO

Sabe que sí es poeta
porque nada le importa.

No mueve montañas.
No cambia destinos.

No está por la paz.
Más bien por la guerra.

Ni está por la guerra,
más bien, exterminio

de la más letal
especie asesina.

Es poeta porque
parar nunca puede

de mirar atento
y aterrorizado

las pocasvergüenzas
de sus semejantes.

Compulsoriamente,
compulsivamente

observa, apunta
lo que un erudito

disecta, desecha.
Ni a la puta diestra

ni a puta siniestra
deposita el culo.

Sólo pajero
parasítico

o mirón
pasajero

que se distrae
pero se aburre

mientras los otros
se arrodillan

ante las sombras
fantasmagóricas

de las cavernas
ideo/ilógicas.

Ni profetita
ni sedicioso

Ni opositor
ni solidario.

Ni maldito
o iluminado.

Caminante
que no hace camino.

Cualquiera, nadie.
El disparejo.

15.09.08 / Alfredo Villanueva Collado

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FINISTERRE

Un poema
tan apretado,
que nada quepa
entre las letras.

Ni dolor
ni añoranza.
Ni el lector,
ni la espera.

Sólo una pausa
tolerada.
La necesaria.
Punto y aparte.

15.09.08 /
Biografía / La Mejor Venganza

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Beatriz Minichillo (Argentina)
La oscura


Esa, la oscura
que me aprisiona con sus tentáculos,
me carcome hasta la raíz
y manifiesta sus enconos.
La que me recorre con violencia
sin una sola disculpa,
se ensaña con mis razones
y las da vuelta como un guante.

Esa, la indómita
que me domina arteramente
que busca mi perfil más cruel,
que nada en mis profundidades
con absoluta precisión.

Esa que aflora
cuando nadie la reclama
y se enquista como una célula maligna
y me estrangula.
La que me recorre paso a paso
triunfante y ufana
sin embargo sabe que no podrá.
No podrá conmigo.
No podrá.

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Cuadro de Eddier Talaga / Colombiano

Infancia II

Dulce costumbre
ardiendo en paraísos florecidos,
en las rejas de un olvido derribado,
en el vértigo de un triciclo rojo.

Aquellas risas
con sabor a chocolate añejo,
a una calle que confinaba el mundo
entre cien metros.
Las voces reverberando
tras una puerta de goznes crujientes
que ya no se puede trasponer.

El grito que se extravió
en el espejo roto de la sombra.
Un nombre tirado al viento
como una moneda
que rueda incesante
pero que al fin recuperamos.

Un objeto perdido
en alguna estación de tren
por la que nunca transitamos
pero que nos espera impasible
allí, en el momento exacto

Beatriz Minichillo

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Muhammad Al Magut (Arabia)
Arden las palabras


Poesía, inmortal cadáver, me aburres.
Líbano arde,
Brinca cual yegua herida al borde del desierto
Mientras yo busco a una chica robusta
Para rozarla en el autobús,
A un hombre de rasgos árabes
Para derribarlo en cualquier sitio.
Mi país se desploma,
Tiembla desnudo cual cachorro de león
Mientras yo busco un rincón retirado
Y a una aldeana desesperada para seducirla.
Diosa de la poesía
Que penetras en mi corazón cual cuchillo
Cuando pienso que compongo poemas
A una chica desconocida,
A un país mudo
Que come y duerme con cualquiera.
Puedo reírme hasta que la sangre
Fluya por mis labios.
Yo soy la flor letal,
El águila que golpea a su presa sin piedad.
Árabes,
Montañas de harina y placer,
Campos de balas ciegas,
¿queréis un poema sobre Palestina,
sobre conquista y sangre?
Yo soy un hombre extraño:
Tengo el pecho de lluvia
Y en mis ojos ausentes
Hay cuatro naciones heridas buscando su muerte.
Estaba hambriento,
Escuchando la triste música
Y dando vueltas en la cama cual gusano de seda
Cuando saltó la primera chispa.
Desierto: tú mientes.
¿Para quién es esta muerte púrpura
y la flor recogida bajo el puente?
¿Para quiénes son estas tumbas
inclinadas bajo las estrellas,
esta arena que nos das
cada año cual cárcel o poema?
Ayer regresó este héroe de labios delgados
Acompañado por el viento, los tristes cañones
Y su larga lanza brillando cual puñales desnudos.
Dadle un anciano o una prostituta,
Dadle estas estrellas y las arenas judías.
Allí En medio de la frente
Donde cientos de palabras agonizan
Quiero la bala de gracia.
Hermanos,
He olvidado vuestros rasgos,
Aquellos seductores ojos.
¡Dios mío!
Cuatro continentes heridos en mi pecho.
Creía que conquistaría el mundo
Con mis ojos azules y mi mirada poética.
Líbano: mujer blanca bajo el agua,
Montañas de pechos y garras.
Grita, mudo,
Alza los brazos
Hasta que estallen las axilas
Y sígueme.
Yo soy el barco vacío,
El viento cubierto de campanas.
Sobre los rostros de las madres y los cautivos,
Sobre los versos y metros decadentes
Verteré fuentes de miel,
Escribiré sobre árboles o zapatos,
Rosas o muchachos.
Aléjate, desgracia,
Bello muchacho encorvado.
Mis dedos son largos cual agujas
Y mis ojos son dos héroes heridos.
Desde hoy no habrá versos.
Cuando te derriben, Líbano,
Y se acaben las noches de poesía y frivolidad
Dispararé la bala en mi garganta.

(Salamiyed, Siria 1934 - 2006)
Traducción del árabe: María Luisa Prieto

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Ana Lucía Montoya Rendón (Colombia)
Apacible / (Sueños y Cadenas)


¿En qué parte de algo indiviso
puedo poner la referencia?
¿En qué lado está la diferencia?
¿Qué ave chilla el sobre aviso?

Amaneceres archivados en mi pecho
tantos, tantos que mí ser obnubilado
exige mi dolor acabe, destino desalmado
herido de muerte retorcido en el lecho.

Miradas acuciosas hacia mi cuarto interno
recuerdan una aldea en la montaña
manzana con trenzas del cielo al infierno
el amor sueña allá en la cabaña.

Solo eso...
y sea mi vida apacible,
escuchando el canto del río
y, versos y melodías de guitarra en mi alma.

22 de Noviembre 2009

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Liliana Varela (Argentina)
El asesino


Me está persiguiendo, lo presiento. Sé que anda tras de mí y mi bebé. Nos persigue a ambas; ya lo hizo con mi anterior bebé y no paro de acosarnos hasta que logró asesinar a mi chiquito….

¡OH DIOS, QUE NO SUCEDA DE NUEVO!

Debo ser fuerte, secar las lágrimas y seguir escapando. A éste lo protegeré más que al anterior, no dejaré que las malvadas manos del asesino lo toquen. Es mi hijo, es mi sangre, mi carne, es mi única esperanza de dejar una impronta en este mundo. No, está vez juro que no lo tocará.

Todavía no me vio. –SHHH pequeño, no llores o nos descubrirá…

Sé que está escondido, agazapado entre las sombras; esperando a saltar cual un felino acecha a su víctima. Pero esta vez no logrará su cometido.

Si pudiera llegar hasta aquel pasillo…pasar inadvertida ante sus vigilantes
Que le obedecen fielmente.

Ahora, voy corriendo; mi niño no llora, mejor aún.
Llegué al pasillo…¡Gracias, Dios. No me ha visto su leal sirviente.

Falta muy poco para que pueda llegar a la libertad y buscar ayuda; esta vez no me atrapará como la anterior. Estoy decidida a todo, mi hijo crecerá a mi lado y seremos felices.

¡OH NO! Me ha visto. Debo correr con todas mis fuerzas.

Aguanta pequeño, aguanta por favor.

Mi niño me mira con sus bellos ojitos bañados en lágrimas; es tan indefenso, tan bello. Me resulta increíble que alguien quisiera dañarlo. ¿Qué mal puede hacer esta criatura? ¿por qué su vida es una amenaza para alguien? ¿Quién puede ser tan miserable para asesinar esta maravilla de Dios?…

Sí, hay alguien: él. Ese maldito asesino que odia a los bebés –al menos a los míos- esa porquería de ser que es capaz de destruir una vida indefensa como esta sólo para satisfacer sus propios instintos.

Corro, corro cuánto y cómo puedo, abrazando contra mi pecho a este inocente ser. Las fuerzas empiezan a abandonarme pero no cejaré en mi intento de escapar. Debo buscar ayuda…

Estoy tan cerca; no quiero mirar atrás, sé que me sigue.

¡BASTA! Estoy decidida a luchar; no puedo llegar con mi bebé a la salida.

Descansa en el suelo pequeño, escondido te dejo. Ahora yo voy a convertirme en cazadora, lo esperaré y lo mataré con mis propias manos si es necesario.
Vigilo…allí viene, siento su jadeante respiración…

No me ve y yo salgo de mi escondite. Lo ataco con furia, con desesperación, con locura. Debo vengar la muerte de mi anterior pequeño, debo exterminarlo para que no toque a mi niño ni a ninguno más.

Su sangre me salpica la cara y el cuerpo, no me interesa…Sé que se extingue, lo estoy asesinando; ahora yo soy la asesina. Muere, bastardo. Muere…

–¡Saquen a esta mujer de aquí y llévenla a enfermería de inmediato!

–Doctor, disculpé. Yo estaba en el pasillo pero no sé como pasó sin que la viese.

–Ya he dicho que esta mujer debe estar confinada a su habitación, sola. Su historial dice que ha quedado traumatizada debido a un aborto que se realizó … Ah! Levanten los trozos del espejo roto no sea cosa que alguien más se lastime.

Liliana Varela

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Impresión infernal

Amaneció sintiéndose muerto, quizás lo estuviese. Tal vez su pesadilla no había sido tal y la realidad era la de aquel oscuro sueño. De todas maneras no interesaba, igualmente se sentía en el infierno. Nada podría hacerlo sentir mejor … ni peor.

Ya nada tenía sentido; ni el café por la mañana, ni el beso de despedida, ni siquiera esos dos pequeños que dormían en el cuarto contiguo.

Ella se había marchado, lo había abandonado como un trapo viejo que ya no servía. Tal vez hubiese sido mejor verla padecer una enfermedad terminal y morir de a poco, al menos así existiría un motivo para recordarla con el pensamiento puro y con su imagen en un altar.

¡Pero no! Ella había elegido la deshonra, el sacrilegio, el deshonor. Había decidido abandonarlo, llevarse a sus dos hijos e irse lejos.

¡Claro! La excusa perfecta era que él bebía ¡cómo si eso fuese un pecado!; tantos años manteniendo el hogar y por dos míseros años de desahogo alcohólico, ella se sentía capaz de decirle que era un inútil y un bueno para nada ¡y encima acusarlo de golpeador sólo por unos cuantos cachetazos bien dados!
¡Patrañas! ¡ella lo dejaba por otro! Pero él no resistiría eso ¡no lo permitiría! Antes prefería verla muerta que lejos y con los hijos de ambos.

Ella estaba totalmente loca últimamente ¡acusarlo de tener deliriums tremens!
¡por favor… sólo por haber visto dos o tres arañas un día cualquiera! ¡sólo por una confusión con unas manchas de humedad de la pared!. Estaba demostrado que ella buscaba volverlo loco para así abandonarlo más fácilmente.

Pues bien, al fin se había ido…pero sin sus hijos ¡No señor! Eran hijos de ambos y ellos debían dormir tranquilos sin saber del malvado plan de su madre.
Demasiado horror vivía ya con esas pesadillas repetidas noche tras noche como para seguir martirizándose con la huida de esa perra.

Se golpeó el pie con el arma que siempre tenía consigo para proteger a su familia de cualquier peligro; la pateó con furia mientras entraba al baño luchando con ese obstáculo que le impedía cerrar la puerta .

-¡Maldición este maldito perchero que no me deja cerrar bien la puerta! –vociferó tirando el mueble hacia un lado.

El cadáver de la mujer al caer evidenció unos ojos abierto al espanto; el mismo espanto que tenían las caritas de esos dos niños que yacían sin vida en la habitación contigua.

Liliana Varela

[Liliana Varela fue finalista en el certamen de cuento breve de Mis Escritos 2008. Es autora de los libros Poemas Oscuros, Cuentos varios, De epígrafes propios y ajenos y otros. Actualmente es una de las moderadoras y fundadora del foro literario Muestrario de Palabras y edita junto con otros autores la revista digital del grupo Palabras al Sol. Realiza también junto al grupo Río de Letras. encuentros literarios mensuales en Capital Federal. Conduce junto con Patricia Ortiz un programa de radio de literatura en general: Al Borde de la Palabra Junto con María Fischinger y Patricia Ortiz es una de las fundadoras y editoras de la naciente Ediciones Muestrario.].

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Carlos Adalberto Fernández (Argentina)
Gracias por la piecita, cuñada


Gracias por prestarme la piecita, cuñada. Un tiempito nomás; uno de estos días el Negro me va a venir a buscar.

Sí, es verdad, me echó. Pero no por loquear, no. Yo nunca le falté a mi hombre, como hombre. Le tomé el puesto, solamente, encaré al Viruela para proteger mi pareja. Los hombres, entre el honor y el orgullo pierden de vista lo verdaderamente valioso: la vida, la familia. Lo hice a un lado sin aviso, que está mal, pero el Negro, después de la operación, no está para poner en juego su fama.

Pero claro, su honor se lo defiende él, aunque no esté para evitar pinchazos. ¡Qué infantiles, los hombres! Todavía soy joven para el luto y el Negro, mientras yo pueda, no se muda al cajón.

El Viruela sabía que era el momento oportuno para agrandarse, antes el Negro lo amainaba con la chancleta, ahora estaba en baja.

Fue ¿se acuerda, cuñada? Cuando yo era joven, soltera y calentona y me gustaba que el Viruela, entonces primer cuchillo del barrio, me arrastrara el ala. Bué, yo era una perdida en esos tiempos. Cualquier ala era buena.

Hasta que apareció el Negro. Me agarró para su lado, sin aceptar peros, que yo por otro lado no tenía, sólo para coquetear. Y me llevó con él. Y no pude seguir jodiendo. Ni quise, alguna vez hay que pararla.

Es por eso que ahora, con el Negro enfermo, la vuelta del Viruela me sonó a velorio.

—Si tiene algún reclamo, que pase por caja; yo lo espero —opinó el Negro. ¡Qué fanfarrones, los hombres!

Una noche que el Viruela se cruzó en mi camino, nada casual, me anunció el desastre.

—Prepará las valijas, que te mudás.

No soy tan astuta, esto ya lo tenía pensado: —¿Y yo no opino? Hace mucho que no nos vemos, digamos, de cerca. ¿Por qué no pasás por casa esta noche? El Negro tiene un viaje a Benavides.

¡Qué fáciles, los hombres! El Viruela se fue contento, en ganador.

Esa noche llegó, silencioso como un puma. El Negro estaba en el bar.

El Viruela sin saludar se me echó encima. —Después hablamos —me dijo ya casi jadeando

La navaja de afeitar del Negro, brillante como luna nueva, le hizo un surco suave y hondo en el cuello. Los chorros de sangre marcaban los latidos del corazón. Estaba asustado, el pobre. Las manos no le alcanzaban para parar el oleaje. La cara del Viruela era un homenaje a la incredulidad. Sí, estaba muriendo. Sí, yo era la homicida. Sí, yo lo hubiera matado mil veces más para proteger la vida de mi hombre.

Cuando llegó el Negro, yo lo estaba esperando, navaja en mano, tirada en el zaguán. No dijo palabra. Me siguió hasta la pieza. Casi se resbala en el charco de sangre.

—Yo lo hice venir, para matarlo —simplifiqué—. Te quería retar a duelo, aprovechando. Nos salvamos.

—¿Me defendiste? ¿Me salvaron unas polleras?¿Yo qué soy, el maricón de la familia?—Estaba desencajado. ¡Qué boludos, los hombres!

El Negro no es de pegarme. Ni yo lo hubiese permitido, soy su mujer, no su felpudo. Pero esta vez me encajó un cachetazo que todavía estoy buscando la cara. Después, qué incomprensibles los hombres, me atropelló ahí, en la mesa del comedor, pa que aprenda quién es el hombre, gritaba. Fue memorable, me dieron ganas de andar buscando otra víctima, para el futuro.

Pero claro, después, a patadas, me echó con este atadito. Y aquí estoy, cuñada.

No es que no le de razón al Negro. Los hombres son celosos de su imagen, como pavos reales. Pero yo sigo con marido y Ud. con hermano.

Y él va a volver a buscarme. Uno de estos días. Estoy segura.

Carlos Adalberto Fernández / Mundos orilleros / Mundos orilleros / 2

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Ver: Encuentro con Carlos Adalberto Fernández / Revista El Abasto, n° 102, septiembre 2008


Acerca de Mundos Orilleros / De malos, malevos y malandras, de Carlos Adalberto Fernández

El de los guapos es un mundo que atrae. Hay coraje, hay códigos. Sus acciones alcanzan el nivel del mito. Pero en la vida cotidiana pocos actos lo alcanzan. La vida es dura y los exigencias muchas, de modo que se aparenta, se trabaja de mito.

Las verdaderas historias, entonces, visten los ropajes de la leyenda, pero no son tan heroicas. Hay agachadas, traiciones, como en todos lados, pero más disimuladas. No observan las conductas ya devenidas rituales. Aparentan hacerlo por instinto de conservación, no por guapeza. Sus historias ganan riqueza, porque sobrevivir requiere ingenio, astucia, coraje.

Este es el mundo que Carlos Adalberto Fernández presenta en Mundos Orilleros (Buenos Aires, 2008).

«Luego de una reprobable incursión adolescente, en el 2005 me inicié como narrador. Logré un primer y dos segundos premios, algunas selecciones y antologías. Abandoné los concursos y me dediqué activamente a la creación literaria. Participé en el grupo literario Paginantes, cofundé el grupo Muestrario de Palabras, fundé la revista virtual \ Palabras al Sol, la cual dirigí en sus primeros números. Actualmente publico en diversas revistas virtuales».

«Un poeta amigo definió mi narrativa: ... ese mundo sin salida de antihéroes patéticos, de la muerte, de la sinrazón... personajes unidos por el hilo inconmovible de un destino absurdo. Otros ejes son la tensión moral-instinto, las bifurcaciones que llevan al mismo lado».

Carlos A. Fernández / En la Voz de la Palabra

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REVISTAS AMIGAS: Recomendamos especialmente los blogs siguientes:


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Sequoyah 35 / 36 / 37 / 38 / 39 / 40 / 41 / 42 / Edición Especial: Día del Poeta Virtual / 47 / 48 / Colaboradores


Monday, November 16, 2009

Noviembre 30 / Num. 47 / Orange County



Contenido 47

María Meleck Vivanco y Perla Rotzait
en antologías del FNA de Argentina


María Meleck Vivanco
De «Bruja melancólica»
Los amantes se giran
Enredaderas del ocaso

Perla Rotzait
De «Ella ríe sin embargo»
Llevo puesto un impermeable largo
Poema XXX

La trágica historia de la familia Lugones

Carlos Adalberto Fernández
Ya decúbito dorsa
Memoria de la casa de mi puta durmiente
[Basado en un cuento basado en un cuento]

José M. Vallejo
Homero Aridjis: ¿Un escritor marginalizado?

Homero Aridjis: Textos
Al hablarte me escuchas...
Mitla
A Betty de Homero Aridjis

Alicia Fontecilla
Monólogo a Bucoscky
Santiago de noche (microrrelato en 100 palabras)
Bestias

Ian Welden
La Chancha

Javier Monroy
Razones para inventar ®
¿Para qué escribo?

Carlos López Dzur
Plegaria para salvar a un inocente
La voz
Tierra mía
El poeta y la revolución

Jorge Luis Estrella
Mezcla de pájaro y luna
Olvidó perderse

Alejandro Drewes
Algo sobre la nieve
Album nocturno
Nota para un albacea

Alfredo Villanueva Collado
El tiempo
Los peligros de la imagen macho

Barbara Robles
Testimonio: «Puerto Rico en el siglo XXI»

Ricardo Ayllón
Podrá no haber lectores pero siempre habrá poesía

Revistas amigas

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María Meleck Vivanco y Perla Rotzait
en antologías del FNA de Argentina


Con poéticas opuestas -una textura surrealizante y desbordada y otra en el pespunte del lenguaje despojado y aforístico- dos poetas significativas, María Meleck Vivanco y Perla Rotzait, acaban de publicar compilaciones de sus obras: Antología poética y Obra reunida. Ella ríe sin embargo, respectivamente.

Con el sello del Fondo nacional de las Artes sale la primera y esperada antología de Vivanco, nacida en Córdoba en 1921, que reúne textos de títulos publicados -entre ellos «Temblores», «Rostros que nadie toca», «Los infiernos solares» y 4Canciones para Ruanda» y de sus inéditos «Plaza prohibida» y «Los regalos de la locura».

Obra reunida. Ella ríe sin embargo, de Rotzait, nacida en Buenos Aires en 1920, con el sello editorial Bajolaluna, incluye su producción expresada en libros como Cuando las sombras, El temerario y La seducción, Todo se ha dicho y El cuerpo, más los inéditos: Y tendrá tus ojos y Siete veces cero siete veces noche.

La filiación de Vivanco es decididamente surrealista en la línea que ensancharan a nivel nacional las voces de Aldo Pellegrini, Juan Antonio Vasco y Enrique Molina, aunque en su caso haya una deuda con el romanticismo exacerbado.

Una «isla carnívora», un jardín sangrante que se marchita y refulge con su flora solar, un cuerpo en llamas que se arrastra por el misterio, se dan cita en esta poesía marcada por lo bifronte: celebración y agonía, eros y thanatos: «Tengo la boca venenosa cuando tú partes».

Siempre al borde, asume una respiración desbocada en una «selva infinita», enmarañada, allí donde se abren, dice Vivanco, las compuertas del ser para la fiesta, el extravío, la lujuria.

El jadeo impetuoso es delirio, «brújula desaforada» con plenitud de imágenes sensoriales: «Por la ventana ciega de tu ombligo siento al organillero que revuelve la casa".

El encabalgamiento crea una sensación de lenguaje que se despeña; la falta de puntuación y el uso antojadizo de mayúsculas marca el fraseo de esta poesía que se ubica entre su compatriota Olga Orozco y el poeta de Martinica Aimé Cesaire.

Y en el trazo erótico, escribe: «La rabia de mi cuerpo bajo tu sexo en rabia» junto a imágenes originales, insólitas, de gran factura que apelan a un lenguaje de riesgo.

«Y se abre entre mis manos un ropero vacío» o «Siento a mi corazón como un gran jardín,/ con prostitutas tomadas de las manos», o también: "Un loco, con sus ratas Duerme en el pubis que he besado tanto».

Esta compilación viene de alguna manera a hacer justicia a una obra significativa, la de
Vivanco, que por muchos años estuvo lejos de una difusión merecida.

Del mismo modo la producción literaria de Perla Rotzait, una poeta que desarrolló su hacer al margen de los circuitos literarios, encuentra una instancia reparadora en la aparición de Obra reunida. Ella ríe sin embargo en dos voluminosos tomos de más de 500 páginas cada uno.

Esta obra se inicia en 1961 con «Cuando las sombras», libro prologado con un poema de Rafael Alberti que en pocas líneas da un perfil de la poética de Rotzait: «Vas de la sombra a la sombra... A la sombra, oscuro sueño. / A la sombra, claridad./ Callas o lo dices todo. / Todo, pero callas más».

Mediante un lenguaje ceñido, despojado, cercano al aforismo o volcado a la poesía en prosa, Rotzait despliega un universo metafísico en la búsqueda del sí mismo. En continuos soliloquios y diálogos explícitos, la figura del interlocutor parece estar todos los seres y las cosas que la rodean.

Aquí, el ser se debate en un sueño que, entre la vigilia y la pesadilla, alimentan esa «fogata lírica», al decir de la poeta Mirta Rosenberg, que puede volverse «puro pensamiento o cosa a secas prescindiendo de adjetivos, abrirse al centelleo áureo de los universales o concentrarse en la árida materia empobrecida del lenguaje cotidiano de una sociedad que ha olvidado los nombres que dan vida a las cosas».

El vacío, el tiempo, la sombra, el sueño, son los ejes de esta poesía que trata de encontrar las orillas de una totalidad inasible. Detenida a mitad de camino entre el encuentro y el extravío, Rotzait escribe: «el tiempo se devora» Un par de líneas del poeta alemán Paul Celan -hay una recurrencia a sus versos en los epígrafes- permite enmarcar la poética de Rotzait: «Una nada / éramos, somos, seremos ,/ floreciendo; / la rosa de nada, / la rosa de nadie».

Así la poeta que escribe: «pobre hermano mío... sé con el corazón que está hundido en la tierra fraterna, inexistente», se toca a la línea de Celan: «cavamos una tumba en el aire», versos en los que subyacen los horrores de los campos de exterminio nazi.

El corolario de Rotzait es contundente: «No puedo imaginar./ No puedo entender»...«La naturaleza del hombre cumple su mandato: la guerra». Discurre la poeta, una y otra vez, sobre la condición humana, la banalidad del mal, el extravío de Dios, la degradación, el genocidio, el horror sin límites, la fugacidad de vivir.

Avanzando con disquisiciones que convergen en el trazo lírico y el pasaje narrativo, a ratos con aire de diario personal. Otro de sus ejes es lo nombrado, como aquello que encarna y toma rango de entidad a ratos escamoteada: "Eres lo nombrado y quien te nombra». Y también: «No sabía que nombrar era crear un mundo».

Y en la trama que urden la imagen y la mirada reflexiva, caen como gotas de plomo derretido versos de gran hondura donde el tiempo es apenas espera. Pero también, escribe Rotzait: «La muerte tiene memoria» y «Lo posible es el milagro».

Telam



[MARÍA MELECK VIVANCO Y BUENOS AIRES: Llegué a Buenos Aires en el año 1945 muy jovencita. La gran ciudad se me brindó con la "crema" de los poetas surrealistas, del momento, los "monstruos sagrados" del primer movimiento en la decáda del 40´. Dios o el Azar me arrojaron al centro de esa tribu maravillosa. Trabajé en la famosa Editorial Claridad como traductora de francés y correctora de pruebas. Tengo buenos recuerdos de su dueño, un personaje... Don Antonio Zamora. Yo ganaba más que suficiente. Empecé viviendo en Flores con mi tía Ofelia Casas Vivanco, prima de mi padre, luego ella viajó al interior y yo pasé a una pensión familiar, poco tiempo, pues Alfredo Martínez Howard, exquisito poeta, me ofreció su casa en Villa del Parque, donde me entreveré con sus hijos, en mi nueva familia.

Y EL SURREALISMO: Fui la única mujer en ese primer movimiento surrealista, pero 5 años mayor que mi gran amigo de la vida, el más amado y el más completo Francisco Madariaga, el hermano fiel del corazón. Cuando lo conocí recién llegado de los esteros correntinos él tenía sólo 14 años y yo 5 más... Bueno, ahora espero guiarme por el mapa psicológico de ustedes dos, mis amorosas, a la manera surrealista. Y seguiré recordando. ... De muy chica, me hacía bien escribir, me desahogaba. Me sigue pasando ahora. Escribo, porque corresponde, pienso, a una catarsis muy personal. Y lo hago siempre a mano... Construyo un verso en cualquier momento sin un tema puntual (jamás sé lo que va salir). No me subyugan las máquinas virtuales de la modernidad, aunque reconozco que ayudan y ordenan mejor la obra. Mis delirantes y jóvenes secretarios, se me ofrecen para tamaña tarea. Son generosos y valientes: Citada por Rita Kratsman y Selva Dipasquale en
Entrevista a María Meleck Vivanco]

María Meleck Vivanco
De «Bruja melancólica»


Carne desmemoriada
Sus bestias que retoñan sus pirando
entre puertas secretas y párpados cerrados
Arrasan terraplenes y puentes de mi llanto
Queman como un incendio viscoso enfurecido
Asomada al perjurio de ávidas madreperlas
Atraviesa en astillas y crujidos de nombres
mis dalias lastimadas mis tinieblas del frío
Pudo soñar así –dulce sombra insaciable-
siervo de cacería –carne desmemoriada-
para salvar al cielo lleno de eternidades
Agitar sus relámpagos de ardor y desafío
cerca del amarillo desnudo de los pájaros
¿Casi en el corazón supo comunicarme
sus fantasmas de piedra caliente y pecadora?
¡Su culebra de fuego a mi sangre asustada?
¡Oh! He perdido mi casa
He sellado mi lengua de bruja melncólica
Donde a besos se enseñan los nombres de los árboles

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Los amantes se giran

El trópico de cáncer cautiva lentos péndulos Ingresa en la
blancura sin malquerer su música
Va a descubrir la maga que lo gire en el mundo Va a descubrir
Idénticos ya no superponibles Dexogiros que avientan
las ventanas del viento Va a descubrir girando quiero amarlo
de cerca Giran las parsimonias en ahuecadas órbitas Estrellas
sospechadas que con la bestia giran Las carmelitas
giran con sus rosarios púdicos Giran en las caderas y el
ombligo indefenso Giran chorro de amor de mirarte y tocarte
Giran de sollozar eternamente océanos
Este polvo que gira y la locura gira Los amantes se giran
para siempre jamás

<>

Enredaderas del ocaso

Son monedas de tréboles o monedas de agua? Compramos
seis grilletes para el temblor
Dioses de la periferia, no podrán engañarnos Cuentan con el
sangrado sobre la piedra inerte Esa carta del monte, enceguecida
en su verdor
Por millones de eclipses, desaliño en los árboles la fábula
perfecta El río impenetrable obseso de palomas Tornado de
cuchillos sin muerte Juez del pánico que saltar el mundo
que hace enredar la vida y levantar esencias de fruta enamorada
Sus memorias, sus tactos que sueltan mariposas

Enredaderas del ocaso Cortinado de besos, que cuesta
Descorrer

Con largos bramidos de luna, dibujé animales que habrían de
conocer mi nombre Y en el furor del aguacero, olí una doble fila de
perfumes Los duendes del insomnio y el cielo rojo, incendiaron la
hierba
Estrañamente cruel, refundada de espejos que cortaban el aire,
opté por la aventura La oropéndola devoradora de su propio
capullo
Los tiernos cirujanos, desangraban las flores como si fueran
mis costillas
Entonces permanecí desnuda, sobre la mesa helada del
hospicio

Estoy a salvo Los rostros no se quedan en mí
Por casi nada, invado su lengua silenciosa Entonces, él me
destruye en éxtasis El muy amado, dibuja de memoria mi corazón
La profecía, repite la mixtura
Todo está disponible Todo el velamen tenso de un monte
entre abejorros Con sangría esotérica, emparejando
Empieza el frenesí a reventar la grieta Cada dos madrugadas
se trasparenta el sexo Y se agitan las llaves del milagro La balsa
cadavérica que desplaza la luna
Siete de velo, arrima fuerte su azul cobalto El ajedrez
jaqueando, duele como ninguno Hojas despavoridas, tienen menudas
trampas que sacuden recuerdos
Rojo en el rojo Azul en el Azul
Azar que amarillea las primicias Las palabras, como oro de
moneda imperial
Desde el centro, el espejismo descarrila los trenes

María Meleck / en El Ojo Podrido

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Entrevista con Perla Rotzait

Perla Rotzait (Argentina)
De «Ella ríe sin embargo»


El rey sabía que el condenado a muerte era inocente.
Y no tenía atribuciones ante el Tribunal de la
ocupación.
Recordó una vieja ley de la sustitución de los
cuerpos.
Y exigió ser ajusticiado en el lugar del condenado.
El rey sabía que un pueblo que odia es un pueblo
condenado y que un acto ejemplar puede salvarlo.

* * *

Llevo puesto un impermeable largo y abro mi paraguas lleno de
flores. El paraguas y el impermeable son de color naranja. El
color naranja y las ventanas son imprescindibles: la habitación se
llena de pájaros que vuelan en silencio alrededor de la lámpara. La
magia dura sólo un instante: se acerca un grito. Cada vez más y más cerca
y persistente. Los pájaros se pelean, luchan, destrozan los objetos de la
habitación, me destrozan.

* * *

Poema / XXXI

Cuando regreses a tu ciudad
-si regresas
y te vea en un tiempo verde
Cuando regreses a casa
-si regresas
y comencemos a hablar
-si hablamos
Y te diga tú
y tú me digas
y podamos reconocernos-
sabremos que vivimos aún

[Perla Rotzait (Buenos Aires, 1920) nació un 12 de febrero, día de Carnaval. Dato éste que siempre la perturbó; por aquello de las máscaras / personas, seguramente... Ediciones Bajo la luna ha publicado su obra reunida que incluye trece libros: entre 1962 y 2006. Son dos libros muy bien encuadernados que además se presentan en una cajita... Lleva publicados trece libros de poemas, en Argentina y en España: Cuando las sombras (Losada, 1961; Pre-textos, España, 2007), con un poema de Rafael Alberti a modo de prólogo; El temerario (Losada, 1965); La postergación (Losada, 1966); El otro río (Ediciones Testigo, 1970); La seducción (Ediciones Dead Weight); Quieras que no (Ediciones Dead Weight, 1978); Antología poética (Grupo Editor Latinoamericano, 1988); Es un largo camino(Grupo Editor Latinoamericano, 1991); Puertas que se abren (Grupo Editor Latinoamericano, 1996); Tu cabello de ceniza Sulamita (Grupo Editor Latinoamericano, 1999); Dos poemas inexorables, largos y con argumento (Tsé-Tsé, 2001); Todo se ha dicho (Tsé-Tsé, 2002); Alguien leía mis poemas (Random House Mondadori, España, 2002 ) y El cuerpo (Alción Editora, 2007). ella ríe sin embargo incluye las obras inéditas: y tendrá tus ojos y Siete veces cero siete veces noche.

Recibió premios de la Sade, del Fondo Nacional de Poesía, del Centro Cultural de España y el Premio Municipal... Compartió su amistad con María Teresa León y Rafael Alberti, Aurora Bernárdez, Miguel Ángel Asturias, Chichita e Italo Calvino, Olga Orozco, Arnaldo Orfila Reynal, Alejandra Pizarnik, Elizabeth Azcona Cranwell, Jorgelina Loubet, Alberto Girri, Miguel Roig, Ernesto Schoo, Lorenzo Varela, Susana y William Shand, Juan Batlle Planas, María Granata y otros. / Biografía tomada de
Revista Archivos del Sur / Poetas, preparada por Araceli Otamendi, directora y editora de la revista digital de cultura Archivos].

Entrevista con Perla Rotzait.

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La trágica historia de la familia Lugones

Con Retrato de familia, la bisnieta del escritor y poeta Leopoldo Lugones intenta desentrañar la intrincada y trágica historia del clan. Tabita Peralta, bisnieta del escritor y poeta Leopoldo Lugones, intenta en su libro Retrato de familia desentrañar la intrincada y densa historia del clan, que incluye abusos sexuales, violaciones, tres suicidios y la desaparición durante la última dictadura de su madre, Pirí.

La obra, de reciente aparición, está escrita en un formato teatral, en el que en varios tramos la autora entabla un diálogo consigo misma desde los personajes identificados como «la protagonista» y «la mujer», que se relacionan con otros denominados «la madre", «el padre» y «Leopoldo Lugones», entre otros.

«Esta forma de escribir la historia de mi familia la encontré un poco por azar, pero me ayudó para poder entrar y salir en las evocaciones y volver a la realidad. De otra manera, se me hacía muy confuso el relato», comentó Tabita en diálogo telefónico con Télam desde su casa en París.

En la charla, esta mujer de 60 años, escritora, traductora y madre de cinco hijos casada con un español -hace 40 años que vive en Europa-, habla de las generaciones que la precedieron con una cierta distancia, en un paralelo con el pulso firme que utiliza en la obra para referirse a los durísimos episodios que ocurrieron en la vida de los Lugones.

El talentoso poeta y por cuya fecha de nacimiento, 13 de junio, se celebra el Día del Escritor, se suicidó el 18 de febrero de 1938 tomando cianuro en un recreo del Tigre, al norte del Gran Buenos Aires, y todas las sospechas indican que no pudo soportar vivir lejos de Emilia Santiago Cadelago, su amante secreta y 30 años menor que él.

Aquella historia de amor trunca inauguró una sucesión de tragedias en el clan familiar a partir de la actitud de Leopoldo "Polo" Lugones, hijo del poeta, comisario y comprobado pederasta y torturador que amenazó a Emilia con enviar a su padre a un manicomio si la relación continuaba.

Tabita retrata aquel suceso de esta forma: "Lepoldo Lugones se encerró en un hotel del Tigre, y tras escribir una última página que tituló `Basta`, pidió una botella de whisky, se sirvió un vaso y revolvió dentro el cianuro (...) murió entre retortijones dolorosos, dejando una baba azul en el suelo".

La saga de los Lugones está marcada por un singular derrotero: el poeta justificó el primer golpe de Estado de la historia argentina y se mató por amor; su hijo comisario lo espió, lo empujó al suicidio y también acabó con su vida, y la hija de éste, Pirí, la madre de Tabita, militó en Montoneros y marchó por convicción al calabozo ilegal, a la tortura y a la muerte.

«A mí no me resulta una historia pesada en el sentido de cruel, todo el mundo tiene historias terribles o maravillosas y se pueden utilizar literariamente», apuntó Tabita, que sin embargo reconoce que todo ese peso dramático sí hizo blanco en la figura de su madre, rengueante a causa de una tuberculosis casi desde niña.

«Este libro no es un exorcismo, pero de alguna manera tenía que encargarme de contar esta historia porque había muchos otros libros con algunas inexactitudes, y a partir de Retrato de... siento que ahora puedo dedicarme a escribir otras cosas», se explayó.

Es que la autora, que por primera vez aparece públicamente como Tabita Peralta Lugones, debe referirse a otras verdades ingratas que son parte de la historia familiar, como reconocer que el médico neurólogo y escritor Marcos Victoria violó a Pirí -en ese momento su hijastra- cuando ella tenía 12 años y a lo largo de mucho tiempo.

«A los 10 años, mamá descubre que su padre, que no vive con ella, es un torturador, jefe de la policía, violador de jovencitos del reformatorio. A los 12, su padrastro (...) la viola y continúa su relación con ella durante largos años (...) ¿Es posible sobrevivir a tanta violencia de afuera?», dice Tabita en su libro, tal vez en el párrafo en el que se permite una mirada más pasional.

Los sucesos dramáticos no se detienen en la generación de Susana "Pirí" Lugones, ya que Alejandro Peralta, hermano de Tabita, se suicida colgándose de un árbol también en la zona del Tigre cuando tenía 20 años, aparentemente afectado por consumo de drogas y «un deseo de no querer vivir más: Alejandro era un lamento», según la óptica de la autora.

En su breve existencia, Alejandro Peralta incursionó en la historia del rock nacional, ya que en la década del 60 integraba el grupo de la bohemia y el «naufragio» junto con varios músicos como Claudio Gabis y Javier Martínez, del grupo Manal, a quienes conectó con Jorge Alvarez, el primer productor de esa corriente artística.

Tabita escribe en su libro que Alejandro se suicidó para que ella tuviera «otra opción», para que «nosotros, los otros hermanos, pudiéramos vivir», en una tácita admisión de que, como un sino terrible, en cada generación un Lugones debe quitarse la vida.

«De alguna manera pienso lo de la cuota de suicidios por generación -señaló-. A mis cinco hijos no les conté la historia hasta que fueron grandes, es como que quería protegerlos. Está tan dicho que el suicidio fue lo más maravilloso que hizo Leopoldo Lugones... hasta lo decían en el colegio».

14-10-2009 /
Escribirte



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Carlos Adalberto Fernández (Argentina)
Ya decúbito dorsal


Como siempre, Enrique


Fuí un gil.

La agarré en caída libre, a punto de hacerse tortilla en el cemento de las perdidas. Casi todas las noches un meteorito de esos ocupaba por un momento el cielo, caía, caía, y deflagraba, a veces, en el patio del Bar Billares Salón de Baile. Un instante, sin ningún suspenso, y se levantaba, se alisaba las ropas, lanzaba una risita histérica, y se incorporaba al baile, la nueva reventada.

Ésta no. En medio de la parábola me miró. No sé por qué, tal vez un reflejo, o le tapaba la visión. Tal vez temió que la notara desarreglada. Eso la angustió, justo en ese momento, despeinada.

Y yo la ví así: cara de indefensión, vulnerabilidad y martirio. ¿Y cuál era mi misión, ante una mujer inerme?¿Qué me enseño mi madre?¿Para qué soy hombre?¿Soy, ante una mujer débil y necesitada, un caballero, o un fauno sediento de progesterona al natural, como todos?

—Permítame —le dije, extendiendo una mano—. ¿Puedo ayudarla?

Rápida como una centella, postergó su deseo de reintegrarse a la vorágine.
Me vio genuinamente inquieto, deseoso de brindar socorro. Hacía mucho que no la miraban así.

—No me siento bien. Las desgracias, los peligros... No puedo más.

—Venga, siéntese —cuidadosamente la acompañé hasta una mesa, en el bar al que acababa de ingresar, en mi recorrida como vendedor de diccionarios a crédito. De noche hacía bares, confiterías, bailes, boliches, algo vendía, aflojan más que los oficinistas.

—Bueno, tal vez me levante un poco el ánimo —respondió a mi sugerencia de un trago de algo fuerte. A la tercera grapa ya no podía parar el verso. Juana de Arco, la Madre María, la hubieran venerado—. El desalmado la envolvió con un mundo de promesas, la mostró diosa, vestal del templo de amor que él le ofrecía (me encogía ante la humedad pringosa del relato, pero no estaba vendiendo en la Academia Argentina de Letras). Y por él abandonó a sus padres, a su barrio. El desalmado (el mismo) la despojó de su pureza, depredó su juventud (le serví otra grapa, tal vez se calle).

—Y no satisfecho, el desalmado me arrastró a la perdición, las humillaciones, las vergüenzas, no se imagina lo que viví. Y ahora quiere... sí: alquilar mi belleza (no aguanto más, me tomo una grapa). Me escapé, con lo puesto. Él me persigue, amenazó matarme.

¿Qué clase de caballero soy?¿Para que la ayude tiene que declamarme Eurípides?

—¿Dónde está ese... el desalmado?

—Acaba de entrar —grandote, morrudo, negro e hirsuto como bosque de espinos en noche tormentosa, no me pareció el galán sedoso y aventurero que ella me describiera. Pero yo no iba a seguir con las exigencias.

Decidido, me encamino hacia él. El Caballero ingresa a la arena. No lleva lanza, tiene abrazado el maletín con los diccionarios de muestra, no encuentra dónde dejarlos.

Ya desde lejos me enfocó. Trajeado y con maletín negro, parecía importado de Chicago.

—Así que vos sos el nuevo macho de la Elvira —me increpó—. ¿Te agarró mamado o caíste de boludo? De golpe tenía en la mano un revólver más negro que él.

—Adónde tiró a los chicos, es lo único que me interesa. Son mis hijos, aunque por desgracia también sean de ella, pero ya no. Me decís donde están o te agujereo.

Yo, a todo esto, no había emitido ni una sílaba. Petrificado, miraba el abismo de ridículo en el que estaba cayendo, para colmo seguramente agujereado. El desalmado ya me estaba estrujando con una mano las solapas del traje, mientras con la otra me acariciaba la cara con el caño del revólver.

Perdón me equivoqué. Yo recién llego. Se confundió de macho, Elvira quién es. Vos quién sos. La lista de frases era interminable, pero no encontraba ninguna con la cual recuperar mi dignidad, mi respeto y de ser posible, mi futuro. Había una, qué boludo, pero le correspondía a él.

Por suerte a Elvira se le ocurrió, esas cosas de la vida, portarse como una dama, ahí, en ese momento, y apropiarse del libreto del marido, ex desalmado.

—Dejalo —dijo, acercándose serena, despierta a pesar de las grapas—, es un boludo pero bueno, me quiso ayudar.

Yo no estaba ni para discutir mi cociente intelectual. Me aferraba al maletín.

—Los chicos están jugando, en la pieza de arriba. Tenés razón, qué puedo hacer con ellos, qué puedo hacer por ellos. Llevátelos. Pero de mí olvidate, éste es mi mundo y en él voy a vivir lo que me queda.

El meteorito deflagró. Una reventada más.

El grandote, sorprendentemente pacífico, me llevó, su mano sobre mi hombro, hasta la puerta del café.

—Andate, boludo. Yo agarro a mis hijos y también me voy. —me dijo con simpatía, como con algo de complicidad, él tampoco salía muy bien parado del conflicto, pero se resignó, tenía lo que le importaba—.Ni vos ni yo somos de aquí

Sentado a la mesa de un bar, tomando un café, sin hablar con nadie, hundido en el fangal de la autocompasión, pienso. Mi madre me hizo caballero de cartulina. Todos sus personajes, especialmente las damas, están pintados de apuro, para decorar un acto de teatro amateur. ¿Para qué más, si yo, crédulo, me embelezaba ante cualquier maravilla de crayón?

A mis treinta y pico, concluyo deprimido, nunca llegué a ser el amor de ninguna mujer. Que refloté barcos hundidos, un montón; reparaciones necesarias, calafateado y listo, a puertos exóticos, fuiste todo un caballero, chau. Cientos de minas tienen mi teléfono 24 horas emergencias. Me piden plata, apoyo anímico, recargo batería, inflo neumáticos, arranque y a la pista, yo a el taller a esperar.

Fui un gil, otra vez.

Pero ya no. Cierro el service. No vuelvo a alzar tomates. Ni flores, por las dudas.

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Memoria de la casa de mi puta durmiente
[Basado en un cuento basado en un cuento]


Era de esperar que mis amigos, como acto central de mi despedida de soltero, hubieran tramado una salida de putas.. Específicamente de puta, de la que concienzudamente eligieron para mí. No era precisamente limitada mi fama de hombre virgen, sin más conocimientos sobre la noche de bodas que los que pudiera aportar mi futura esposa, aunque se rumoraba (mis amigos) que estaba redactando para mí un breviario práctico de posiciones sexuales.

Mi madre me había imbuido un respeto reverencial a la fragilidad femenina, una culposa conciencia de bestialidad profanadora de la pureza esencial de la mujer, para la cual el mundo era un inevitable valle de lágrimas, con profusión de ortigas aportadas por el marido y los hijos varones. ¡Todas las mujeres son putas!, aportaba mi padre a mi educación.

Fue natural entonces que mis prudentes y afelpadas –por no decir timoratas – incursiones juveniles se estrellaran en la indiferencia de mis candidatas. Parecen frígidas, concluí una vez. Son todas unas putas frígidas —dictaminó mi padre—, pero no obstante expertas en las artes de engatusar al macho. Esta noche te llevo de putas, de honestas reputas, que te van a enseñar todo lo que después podrás aplicar sobre las deshonestas. Me negué, fielmente encolumnado bajo las consignas maternas. ¡Pelotudo, ya te lavaron el cerebro!, exclamó mi padre indignado, golpeando violentamente la puerta de calle, camino a las putas.

La ceremonia anunciada por mis amigos reavivó en mí un estado de ánimo cada vez más frecuente últimamente: Llegaba al matrimonio –a la fidelidad, la monogamia, la misma sopa que quién sabe cómo sabía- sin siquiera haber olfateado los manjares que el sexo proveía con asombrosa frecuencia a mis amigos y allegados. No pude evitar las lágrimas de agradecimiento ante su gesto, motivado en la preocupación de evitar que ingresara en la carrera superior sin haber cursado las materias básicas. Ese gesto, y la bebida profusamente ingerida, nos llevó a declararnos –entre cantos estentóreos- todos hermanos inseparables.

De todos modos, con el prudente objetivo de no destruir con culpas y tabúes un loable rito iniciático, acordamos las siguientes condiciones: Tenía que ser con una mujer; era obvio, pero ya estaba acostumbrado a las picardías de algunos de mis amigos. Otra: ni la edad, ni ninguna otra condición nos haría transgresores de la ley; quedate tranquilo, está justo en el borde, pero dentro de las reglas. Otra: debía ser virgen; no quería poner en juicio mi inocultable inexperiencia.

A su vez ellos me informaron las siguientes clausulas: sin luz, al menos al principio. No exigirle hablar. Sin besos en la boca. Evidentemente la chica cuidaba su pudor y su inocencia, por encima de las circunstancias que la llevaban a comerciar con su cuerpo.´Y una aclaración: ella ya me esperaría en su habitación. Para mitigar los nervios propios de toda mujer inexperta posiblemente se encontrara dormida bajo el efecto de un calmante.

El sábado me pasaron a buscar. Un edificio elegante, casi suntuoso pero sin dar idea de la actividad que en él se desarrollaba. Nos guiaron a un vestíbulo, donde mis amigos conversaron entre susurros, con una dama elegante que después me guió hasta la puerta de una habitación a la que llegamos por un pasillo desierto y penumbroso. La música suave que cubría el silencio del lugar incrementó su volumen por un momento, seguramente para despertarla. Estaba firmemente determinado a controlar mis bestiales instintos para no herir la sensibilidad de esa niña que, recién en el despuntar de su virginal sexualidad, el destino traía a mis zarpas. Estuve a punto de renunciar, correr a casa y suplicar perdón a mi madre por ser lo que ella siempre aseguró que era. La dama que me guiaba interrumpió mi mea culpa previo.

—Una sola cosa más, señor —me dijo mientras abría la puerta, la suerte ya estaba echada—: al entrar debe desnudarse y acostarse a su lado. Hay un sillón cerca de la puerta. Sólo después de Ud. se desnudará ella. Comprenderá, señor… Yo no comprendí nada pero asentí. Entré. La puerta se cerró, la oscuridad era absoluta.

Me desnudé, tal vez con excesiva rapidez. Estaba despierta, me parecía oír su respiración agitada. A pasos cortos y tanteando alcancé la cama. Palpé mi lado vacío, casi tibio. Sentí el roce una tela suave que se retiraba, mientras me acostaba. Mis nervios crepitaban, nunca había tenido una erección como la que sentía. El borde de la tela rozaba mi cuerpo, mi vientre, mi sexo. Ay mi Dios. Me estremecía en espasmos de terror y placer alternados. Recordé esas películas con juegos sexuales en los que intervenían hielo, cuchillo y aún, recuerdo, un revolver pegado a la sien. Me imaginé amarrado a la cama. Oí que colocaba algo sólido sobre la mesita de luz. ¡el revólver! Nuestras dos respiraciones parecían de caballos bufando. Sentí sus uñas, filosas, arando mi pecho. La tela sedosa cayó sobre mi cara, mientras la sentí erguirse, rodear mis caderas con sus piernas, acariciar mi miembro tembloroso con sus uñas y luego dirigirlo hacia una bomba de succión en plena marcha. Pobrecita, imaginé, tan joven y qué voluntad pone. Entre espasmo y espasmo me quité la tela de la cara mientras ella me cabalgaba frenéticamente.

Justo cuando los fuegos artificiales comenzaban se encendió la luz y la vi. ¡Estaba copulando con la Muerte!; si estaba muerto por qué el infierno, mamá, mamita. Y si estaba vivo y no era una pesadilla, estaba teniendo sexo con una vieja de no menos de 90 años, flaca, sarmentosa, sus pechos dos colgajos, una blanca pelambre erizada, una boca desdentada (si, la dentadura estaba sobre la mesita). Claro, estaba en el borde… de la tumba. O fue el horror, o ya no había remedio, exploté en surtidor, en volcán en erupción que extraia lava de mi médula espinal, ella aullando como en una bacanal del infierno. Creo que yo también.

Todo terminó. Mientras yo caía lentamente en un abismo catatónico, ella desmontó, se puso la tela (el camisón), se reubicó la dentadura, me trajo mi ropa del sillón, y me dijo Gracias, hijo, tenía miedo de morir 0km, sin uso, virgen de desván. Fuiste justo como yo pedí, me gozaste como si hubieras estado con una Lolita. Sos todo un profesional. Tomá, el servicio ya está pago, esto es para vos —de algún lado sacó una cartera, de la que extrajo un fajo de billetes—. Ahora andate, si llego a morir ahora seria lo ideal, pero quiero que guardes un buen recuerdo. Chau. Me dio un beso en la mejilla y se metió en el baño.

No se si me vestí. Sólo recuerdo que en la puerta me recibieron, me levantaron y me llevaron a casa. Dormí, dicen, 27 horas.

Todo bien. Sólo que, ahora, le escapo a las ancianas. Y ante una siquiera remota posibilidad de sexo tengo lo que llamo una retroereccion. Dicen que me voy a curar, con el tiempo. A mis amigos qué puedo reprocharles. Con lo que cobraron por «servicios sexuales especiales» pagaron la fiesta; yo dejé de ser virgen y cobré por eso. Ni pienso en repetir la experiencia, mi corazón y mi estómago no lo resistirían, pero ¡qué polvazo!

© Carlos Adalberto Fernández /
El Cuaderno de Cadal / Blog

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José M. Vallejo (México)
Homero Aridjis: ¿Un escritor marginalizado?


Del mismo modo como la obsesión por el tiempo marca la obra literaria de Marcel Proust en En la busca del tiempo perdido, observamos en el poeta y escritor mexicano Homero Aridjis, Michoacan 1940, una marcada obstinación, una sorprendente fascinación por el astro rey, el Sol y sus misterios, jeroglíficos y actos sacramentales traducidos en el mundo alucinante de las mariposas, las flores, el polen y los mitos mayas-aztecas relacionados.

Tal vez por haberse iniciado como poeta, reconocido tempranamente en su talento por Octavio Paz, y haber sido premiado y celebrado posteriormente por su lírica versátil y vivencial, la novelística de este autor post boom hispanoamericano continúa, sin advertirse, la significativa técnica narrativa del también mexicano Juan Rulfo con los distintos planos cronológicos de pueblos vivos y muertos examinados por su propios habitantes. Es así que en la novela El Hombre que amaba el Sol (2005) y en la Leyenda de los soles (1993) el lector puede familiarizarse mediante la percepción poética, fuera de la retórica habitual, con la imagen mítica vinculada a la historia mexicana. Se profundiza a no dudarlo el sol de las pirámides definido por el autor como “el sol de los cerros
de la creación mexicana de los cuatro soles y la era del quinto sol,
como la actual».

El aporte gramatical-lingüístico manejado por Aridjis, de alternancias temporales y espaciales mantiene a través de la lectura el contrapunto de varias narraciones simultáneas bajo un hilo conductor. Los prototipos originales se presentan por oposición y semejanza en la estructura totalizadora de la novela El hombre que amaba el sol. Las esporádicas apariciones de Margarita, la esposa de Tomás muerta súbitamente, son fragmentos de recuerdos donde se juntan hechos mágicos y rutinarios. Recuerdos donde están presentes las largas conversaciones de los diálogos de monólogos, los de ella centrados en las noticias estrafalarias y alarmantes, los de él en la fijación de los misterios del sol.

«En Inglaterra los vehículos tienen el volante a la derecha».

«En Rusia la falta de sol en invierno puede producir una tristeza azul, un desorden afectivo estacional. Con frecuencia la gente se cura de esa tristeza azul con alcohol».

«Se han avistado platillos voladores en la Zona del Silencio». «Arrestaron al jefe de
la policía de Chihuahua por dedicarse al secuestro y a la violación de menores».

Y Tomás responde: «¿no crees que existen correspondencias entre las formas solares y las formas terrestres?»

«La miel, ¿qué cosa hay más solar que la miel?»

«Las flores amarillas de los campos son rayos solares materializados».

«Soñé que en otra vida fui el sacerdote egipcio que compuso la Letanía de Ra y en Teotihuacan el dios que creó el quinto sol de las cenizas de los cuatro soles anteriores».

A través de esta novela existen saltos de la realidad al inframundo de los difuntos y los antepasados precolombinos, lugar donde las alucinaciones solares de Tomás, profesor destituido de un liceo escolar, motejado como el loco del sol, transportan al lector hacia la arqueología y la mitología de los complejos dioses mexicanos base de las abundantes leyendas populares.

Clasificada su obra como del post boom, me inclino más, por el estilo, hacia la asignación de nueva literatura o como la llamo «literatura del siglo XXI» por su regreso al realismo con interrupciones mágicas en una prosa más sencilla de leer al poner énfasis en las culturas antiguas, las leyendas, la historia y el arte. De allí que Tomás, el carácter principal de la novela, adquiere por sí mismo el apellido de Tonatiuh que es el nombre del sol en el idioma nativo mexicano Náhuatl y a partir de ese instante su existencia transcurre en el centro de un mundo alucinado en búsqueda de la luz o sea el origen de las creencias indígenas desde los Incas en el Perú hasta los Aztecas en México. «El sol que va
haciendo el día» y en el caso de Tomás, «el que va haciendo la vida».

También como en las novelas cubanas, Aridjis, se plantea en la narración el sincretismo religioso de los credos originarios con el catolicismo perteneciente al colonialismo.

* En nuestro mundo el eclipse es una lucha entre el águila, nagual del sol, y el jaguar, la muerte. Miren dice un curandero nahua: «el jaguar del cielo nocturno se está tragando al Quinto Sol.

* «Es el eclipse del divino sol por la intersección de la Inmaculada Luna, María Nuestra Señora Venerada en su sagrada imagen de Guadalupe, para librar de contagiosas pestes, y asegurar la salud de la especie humana», se arrodilló una monja.

* «Bravo, ve y piensa: la danza del sol y de la luna con la tierra se está llevando a cabo», exclamó un maestro de escuela, «me tiemblan las chiches y mi vagina sangra», una joven del Club de las Selenas alzó un alcatraz. ¿Vieron? Se me puso la carne de gallina, como si el eclipse del sol se hiciera dentro de m».

* « … En nuestra cultura –afirma el curandero-el eclipse de sol se dice Tonatiuh Qualo, que significa: el sol es comido, devorado en pedazos por el jaguar».

* «Este eclipse mostrará al Cristo cósmico y a la María de los mares lunares la era del cambio», aseveró la monja».

En la novela, Teresa, ahijada de Tomás quien fue su alumna en el liceo, está enamorada del viudo en permanente consulta con su esposa muerta Margarita, y él también es seducido por los encantos de su ex alumna padeciendo múltiples desvaríos sexuales nunca realizados. Este amor platónico transcurre plácido hasta la vejez, pues Tomás al sentirse inspirado a trabajar en sus investigaciones sobre el sol, se olvida del amor materializado. En realidad, en el conjunto de la novela, como en Pedro Páramo de Rulfo, estamos siempre en las fronteras de la vida y la muerte.

El desafío de Aridjis, escritor de cierta manera marginalizado en su propio país por la crítica dedicada en su mayor parte a la propaganda de ventas y no a los logros literarios, primero el negocio luego la cultura, se enfrenta a la novela lineal o sea a la de construcción tradicional en la que han caído escritores como Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa con sus Best Sellers, en principio, hoy en día, ambos dedicados a temas triviales y sexuales (prostitución), luego de sus éxitos iniciales como novelistas de rango incluidos, sin crear estilos propios, como Carpentier, Cortázar y García Márquez, en el boom latinoamericano.

El tono de estas obras triviales es invariablemente la descripción y no la denuncia acerca de la explotación del ser humano en las variantes étnicas, clasistas o de discriminación de la mujer en el mundo actual, donde está censurada cualquier apología dirigida a la segregación y la exclusión.

EL AUTOR; Poeta, narrador y diplomático, embajador de México ante la UNESCO, Homero Aridjis es también un combativo activista por los derechos humanos y la defensa del medio ambiente, habiendo creado el Grupo de Los Cien, conjunto de renombrados intelectuales y artistas comprometidos con la preservación de la naturaleza y el ecosistema, dinamismo no bien visto por las autoridades oficiales de México, aunque vitales para su creación literaria. Fuerza motriz progresista impugnada en su país de origen, motivo por el cual el autor se ha visto frecuentemente estorbado (marginalizado) en cuanto a la divulgación de su obra fundamental de hacer convergir la protección del agua, la tierra, los árboles, la vida animal, con la creación poética y novelística. Con 38 libros publicados traducidos a vario idiomas, y varios galardones literarios, la marginalización en el mundo de la cultura mexicana y latinoamericana oficial tiene que ver, sin duda, con su posición política e ideológica. / Tomado de
Bosque de Palabras



Es uno de los escritores más prolíficos de México. Periodista, novelista y catedrático, fue becario de varias instituciones mexicanas, y profesor de literatura mexicana en varias universidades norteamericanas. En 1993 la Universidad de Indiana le otorgó el doctorado Honoris Causa. Ha desempeñado diversos cargos diplomáticos a través de su carrera: en 1972 fue agregado cultural de México en Holanda, y posteriormente, fue embajador de México en Suiza. También dirigió el Instituto Michoacano de Cultura. Su antología incluye sus obras más conocidas: «Los ojos desdoblados», «Antes del reino», «Los espacios azules», «Tiempo de ángeles» y «Antología Poética».

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Homero Aridjis: Textos
Al hablarte me escuchas...


Al hablarte me escuchas
desnuda de conceptos
renuncias a ti misma
para volverte aire
y al vuelo de mis pájaros verbales
concibes la palabra
siempre virgen y madre
vas perdurando los instantes
en tu cintura poderosa
algún día
cuando pierda al mundo
me harás permanecer.

Homero Aridjis

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Mitla

Señoras del presente y del olvido
las hormigas recorren
los espacios del silencio
arrastrando grumos de vida
hacia el mundo de las sombras

Como vampiros con las alas abiertas
en el horizonte borroso
los escuálidos señores de la muerte
sin proyectar sombra sobre el suelo arenoso
sin ser tocados por el viento o la hora

Entre peñascos rotos que un día acabarán
sobre el sabino antiguo que un día caerá
sin la memoria mínima de los dioses extintos
ni del Bigaña estricto que se volvió humedad
miro el sol que se muere

Bajan las sombras lentas
por los caminos ralos de Monte Albán
y dirigiéndose al otro mundo
atraviesan cuerpos y muros
con su temblor y frío

En el patio ruinosos al borde de una tumba
un sacerdote enjuto con camisas de grecas
arroja su espectro sobre el polvo
y traza con dedo descarnado
la forma de las constelaciones deshechas

Homero Aridjis

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A Betty de Homero Aridjis

Y Dios creó las grandes ballenas
allá en Laguna San Ignacio,
y cada criatura que se mueve
en los muslos sombreados del agua.

Y creó al delfín y al lobo marino,
a la garza azul y a la tortuga verde,
al pelícano blanco, al águila real
y al cormorán de doble cresta.

Y Dios dijo a las ballenas:
«Fructificad y multiplicaos
en actos de amor que sean
visibles desde la superficie

sólo por una burbuja,
por una aleta ladeada,
asida la hembra debajo
por el largo pene prensil;

que no hay mayor esplendor del gris
que cuando la luz lo platea.
Su respiración profunda
es una exhalación».

Y Dios vio que era bueno
que las ballenas se amaran
y jugaran con sus crías
en la laguna mágica.

Y Dios dijo:
«Siete ballenas juntas
hacen una procesión.
Cien hacen un amanecer».

Y las ballenas salieron
a atisbar a Dios entre
las estrías danzantes de las aguas.
Y Dios fue visto por el ojo de una ballena.

Y las ballenas llenaron
los mares de la tierra.
Y fue la tarde y la mañana
del quinto día.

Homero Aridjis

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Alicia Fontecilla (España)
Monólogo a Bucoscky


Tómate un café, Bucoscky, tómate un café y deja que los cadáveres se endurezcan bajo la nieve, ya vendrá el tiempo del deshielo, lo sabes, la primavera siempre llega, pero no te olvides, eso sí, de engrasar bien tu fusil, no queremos accidentes, Bucoscky, no, no te hagas ilusiones, no es que me preocupe por ti, no nos podemos dar el lujo de otra baja en la compañía, quedan muy pocos defendiendo esta posición.

La tormenta arrecia, Bucoscky, no veo ni un metro hacia afuera, parece una noche blanca, me pregunto si el enemigo se habrá atrevido a salir en medio de de este acabo de mundo, no creo, pero nunca se puede estar seguro, uno se confía y surge una bala de no sé dónde y te da justo en medio de los ojos, abriéndote un agujero de incertidumbre, peinándote el cerebro con una raya al medio que arrastra fragmentos de hueso y pólvora ardiendo.

No me mires con esos ojos tristes, Bucoscky, esa mirada vidriosa me altera los nervios, prepara otro café mejor, sé que preferirías otro tipo de líquido quemándote las entrañas y cubriendo con un manto temporal el terror que te clava al piso en la hora de tu hora, pero ya no nos queda nada en las provisiones, sólo café y cerillas, podría ser peor si no tuviéramos cómo encender fuego.

¡Vamos, Bucoscky! ¡no llores, hombre! ahórrame la contemplación del gesto torcido de tu cara, el estremecimiento convulsivo de los hombros, los mocos colgándote de la nariz, no quiero escuchar tus gemidos, tus lamentos desgarrados, tu voz volviendo a la infancia, llamando a tu madre en medio de balbuceos patéticos. Trata de controlarte, y si no puedes, haz el favor de cerrarme los ojos para no seguir presenciando el espectáculo de tu derrota.

Alicia Fontecilla / 22.10.2009

[«Cuando escribí esto no estaba pensando en Charles Bucowski (qué tengo claro cómo se escribe, no suelo equivocarme con la ortografía)»].

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Santiago de noche (microrrelato en 100 palabras)

Amo recorrer las calles del Santiago nocturno, despejadas, amplias, solitarias. Ha valido la pena sufrir tanto arreglo estos años: tacos, estrecheces, desvíos, polvo, el buen resultado justifica las molestias.

He manejado a muchos kilómetros por hora, las calles vacías invitan a aumentar la velocidad. Me gusta girar rápido en las esquinas mientras escucho la radio a todo volumen, a esta hora nadie se fija cuando paso los semáforos en rojo.
No sé cuánto tiempo ha pasado, no veo a nadie, quizás deba esperar hasta que amanezca. Lo único malo es que no sé si estaré vivo: el choque fue brutal.

Alicia Fontecilla 18.11.2009

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De Bestias

¿Por cuánto tiempo puede el lobo sostener en su cuerpo la piel de oveja? ¿Por cuánto más puede la sonrisa rígida, dibujada con un rictus de tortura en la cara, evitar que los colmillos asomen por sobre los labios?

¿Cómo puede la propia naturaleza de la bestia aparentar estar constreñida en el espacio rígido de los afectos familiares, la taza de café compartida, el darse la mano para avanzar un paso en la escalera, las risas comunes ante un chascarrillo, el roce de un cuerpo contra el otro?

¿seguirá conteniendo la respiración estropajosa, el aliento a carnes en descomposición, la sangre que corroe las venas, la yugular urgente? ¿sujetará a tiempo la garra que se adelanta en un gesto equívoco hacia la garganta del hombre?

¿podrán, los que lo rodean, ignorar la ferocidad arrojada en llamaradas desde esos ojos que se funden con el azul profundo de un mar que nunca ha estado presente? ¿terminará escupiendo su propia historia sobre el hábito incontenible de destrozar aquello que anhela?

¿sobrevivirá a sí mismo? ¿podrá escribir, finalmente, un capítulo distinto a la historia que se repite de vida en vida? ¿encontrará bajo capas de pieles, de ovejas, de lobos, de todos los personajes que ha inventado, la humanidad necesaria para conservar el alma?

Alicia Fontecilla 17.11.2009 /
De Bestias

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Ian Welden (Chile)
La Chancha

Que error es para la mujer esperar que el hombre construya el mundo que ella quiere, en vez de crearlo ella misma: Anais Nin (1903-1977)

Me dicen La Chancha. Yo sé muy bien lo que los vecinos ven en mi cuando salgo de mi pequeño departamento en Copenhague con mis botellas vacías a cuestas y mi triste rostro púrpura cual corazón arrancado de raíz arrastrándose por las veredas del barrio. Ven a una mujer apaleada por la vida y el dolor, hediendo a soledad y desesperanza que anda por las calles todas las mañanas puntualmente a la salida del sol comprando su urgente ración de cervezas, vodka y cigarrillos. Ven mi enorme cuerpo desproporcionado y mis sucias y desteñidas mechas amarillas. Ven simplemente a una chancha.

Vivo sola. Ningún hombre me quiere tocar y la única visita que recibo es la dulce y siempre profesional enfermera estatal que viene cada quince días a controlar mis medicamentos y ver si aún estoy viva.

El único resquicio de juventud y belleza que me queda son mis ojos azules como el cielo.

Cuando despierto a medianoche tiritando por las abstinencias y alucinaciones me arrastro a mi balcón a respirar aire frío y espiar al vecino del frente saliendo húmedo y fresco de la ducha. Lo observo con fruición a través de mi telescopio. Es un hombre extranjero bello como una sombra lunar que me hace pensar en el paraíso perdido. El se deja observar porque yo soy La Chancha. Me ignora totalmente.

A veces me encuentro con él en el supermercadito de la esquina. No me atrevo a desafiar sus miradas de desprecio a pesar de que hemos vivido frente a frente en el mismo vecindario ya más de veinte años. Conozco su nombre, sus costumbres, sus secretos y sus más íntimos deseos.

El nada sabe de mi y yo nada espero de él. Es tan sólo una entretención estética.

No siempre fui La Chancha. Parte de mi vida fui Eva. Eva la de los ojos celestes. Eva la de los cabellos de sol. La de Toda la vida por delante.

Estudiaba arduamente astronomía en la Universidad de Dinamarca y escribía furiosos poemas de amor y rebeldía que publicaba anónimamente en La gaceta Estudiantil a escondidas de mi padre, un severo y reaccionario pastor luterano. Me interesaba la luna, el objeto celeste que más ha fascinando a la especie humana y uno de los cuerpos más grandes del sistema solar.

Me impresionaba la inmensa soledad que había entre ella y nuestro planeta. "Trescientos ochenta y cuatro mil cuatrocientos kilómetros! TRESCIENTOS OCHENTICUATRO MIL CUATROCIENTOS KILÓMETROS! nos gritaba apasionado el hermoso profesor Andersen.

Andersen me violó una noche de luna llena. Yo tenía dieciséis años de edad y era ingenua y virgen como un suspiro. Creí que me iba a amar toda una eternidad pero al enterarse de que estaba embarazada con su hijo me hizo abortar a golpes y logró expulsarme de la universidad. Mi padre me echó de la casa y habiéndolo perdido todo me dediqué a vagar por las calles congeladas y dormir en los hacinados albergues del Ejército de Salvación Danés.

Como había heredado la aguda perseverancia y perspicacia de mi madre seduje al viejo director Henrik Petersen quién me instaló en un pequeño departamento del tamaño de un caja de fósforos en el sector de los prostíbulos de Copenhague, regalándome además un magnífico telescopio reflector newtoniano. Con este exploraba el sistema solar, mi querida luna y los desmesurados asteroides que rondan por la galaxia.

Henrilk me visitaba todos los días a la hora de almuerzo salvo los fines de semana. Procedía a violarme sin preámbulos y luego se marchaba dejándome algún dinero para mis necesidades básicas. En algunas ocasiones me hablaba de su esposa y de sus cinco hijas adolescentes como si estuviera hablando de yeguas.

Pensé mucho en esa noble mujer traicionada por mi.

Mi sentido de culpa se transformó en una violenta obsesión. La imaginaba caminando en puntillas, descalza, para no despertar a su marido de sus largas siestas ceremoniales después de haber fornicado conmigo. La veía cociendo los botones de sus impecables camisas blancas, zurciendo sus calcetines y planchando sus corbatas a altas horas de la noche, sola y abandonada por la vida.

Yo Odiaba a Henrik con toda mi alma tanto como me odiaba a mi misma. El recuerdo de mi abnegada madre me acosaba en esos tiempos vergonzosos y en mi delirio de alcohol confundía a ambas creyendo que eran una misma persona.

«Llega a casa
de sus citas clandestinas
ý sin dirigirte una sola palabra
simulando displicencia
cual gato insatisfecho
te obliga a realizar
tu misión en la vida.

Y vas recogiendo y juntando
una cosa con otra
calcetines
zanahorias
hijos
copulaciones
partos
abortos
olvidando que esa noble tarea
ya la has cumplido con creces.

Pero el insiste testarudo
y manipula con silencios
y tu confundida
corres nuevamente
a aparear lo inapareable
más calcetines
más fetos
para no perder
lo que ya se perdió
hace tantos y tantos años".

Lloraba por las noches. La soledad me consumía y añoraba volver al alero de mis padres y a la limpia y vital actividad estudiantil. La vida me estaba dando tempranas lecciones de dolor y humillación y necesitaba el consuelo de la ingenuidad y de las cosas simples. Dormía abrazando a mi vieja muñeca de trapo y llamaba en sueños a mi dulce madre…

«Duérmete mi niña, duérmete mi amor, duérmete pedazo de mi corazón».

Henrik me golpeaba por si acaso, como decía. Comenzó a ver amantes imaginarios debajo de la cama u ocultos en el baño. Me prohibió salir a la calle bajo pena de muerte. Me encerró con llave y sus violaciones se tornaron aún más violentas y dolorosas. Me traía botellas de vodka y whisky todos los días, y me obligaba a beberlas como si fueran agua. Me quemaba con cigarrillos y en un arranque de locura y perversión final me arrancó la cabellera con un cuchillo de cocina. No puedo entender como ni porqué no había saltado antes a la calle desde mi ventanilla de Rapunzel. No fue intento de suicidio. Fue un acto de heroísmo y emancipación de una pobre niñita desesperada. Lo único que llevé conmigo fue mi querida muñeca de trapo.

Cuando volví a abrir los ojos un ángel vestido de blanco me observaba con preocupación. Me toqué para saber si estaba viva y otro ángel me sujetó las manos.

Usaba guantes de goma y una mascarilla le cubría la mitad del rostro.

La cabeza me dolía violentamente y apenas podía mover mis piernas. «No tengo alas aún...», recuerdo que le dije. «no las necesitas, tienes mucha suerte», me contestó sonriendo.

Mi estadía en el Hospital Psiquiátrico del Reino me reconcilió con el mundo por un tiempo.

Mi cabellera de oro creció nuevamente al llegar la primavera y mis ojos se inundaron de frescas luces celestes.

Los ángeles, como yo los llamaba, eran médicos hábiles y cariñosos como la misma naturaleza. Cumplí mis diecisiete años de edad en paz bajo su protección y vi como mi abatido cuerpo de niña se transformó en el de una magnífica y bella mujer.

Un sereno amor me sorprendió una tarde mientras paseaba por los jardines del hospital sumida en mis pensamientos. Andrei, con su espíritu de niño juguetón y sus inmensos ojos inocentes me robó un beso y quedé hechizada.

Desde ese momento fuimos inseparables. Escribíamos poemas de amor y nos tendíamos a dormitar y conversar abrazados bajo los cerezos en flor. Los ángeles nos sonreían y mis brutales alucinaciones alcohólicas fueron disminuyendo hasta desaparecer del todo. Fui "Eva la de toda la vida por delante" nuevamente. Eva la de los ojos de cielo, la de la cabellera de sol. Me sentía rescatada del infierno y de las pesadillas y creía incondicionalmente en mi capacidad de ser una mujer libre y feliz.

No dormía con Andrei pero ya tampoco con mi muñeca de trapo. Me atreví a soñar con un hogar.

«Como quisiera tener un techo
un techo y un jardín con flores
donde nunca más entren los demonios.
Yo te cuidaría te lo prometo.

Como quisiera tener raíces
húmedas y poderosas
creciendo en nuestros corazones».

Mi madre me visitó una tarde trayéndome un ramo de flores ya secas. No la reconocí al principio. Vestía entera de negro y olía a naftalina. Me escupió en la frente y me deijo que mi padre había fallecido de vergüenza. Que se sentía traicionada y ofendifa por mi.

Me preguntó con ironía si había hecho mis deberes. Me habló burlonamente de tiburones que acechaban al planeta, de la Vía Láctea que se iba a estrellar muy pronto con el Cúmulo de Virgo y del volcán marcianoMonte Olmpus el más grande del sistema solar, que medía veinticinco kilómetros de altura y que constituía el falo más potente de toda la galaxia.

«Haz que estudie, hijo mío», le dijo con sarcasmo a Andrei dándole un obsceno beso en la boca. Se fue riendo encorvada como una sombra muerta y comprendí en ese momento que jamás la volvería a ver.

Mi recientemente readquirida confianza en la existencia se hizo trizas brutalmente y para siempre con esa cruel parodia maternal. Yo amaba a mi madre por sobre todas las cosas del mundo. Caí en un profundo precipicio de horrores y desolación.

Creo que fue en esa oportunidad que el protocolo de La Chancha fue escrito para siempre en las estrellas.

Los ángeles del estado danés revolotearon a mi alrededor bombardeándome con medicinas experimentales y mixturas enigmáticas. Andrei dormía a los pies de mi cama y me leía crípticas citas del filósofo Søren Kierkegaard, intentando hacerme salir de mi oscuridad. «La angustia es el vértigo de la libertad». Luego se transformó en contrabandista trayéndome botellas de vodka que yo zampaba en pocos segundos logrando un estado de insensibilidad total. No le temía a la muerte ni a la vida. Ni siquiera sentía indiferencia.

Seguía escribiendo si, y mi poesía se tornó incolora y amenazante. Andrei se sintió excluido y solitario y cayó a su propio agujero de pesadillas y terrores. Y ahí estábamos los dos, cada cual en su túnel, como topos ciegos y solitarios; nuestras almas muriéndose de hambre.

«La torre que me abraza con tanto cariño
me mantiene distante del sol.
Me protege de mis sueños
y me enriquece con las virtudes de las piedras.

Las pantallas que reemplazan mis ventanas
me dan toda la información que necesito.

Las cuatro estaciones son adversarios inútiles
de mi amada isla en el mar de las sombras.

Te gustaría entrar a visitarme?
Te invito a entrar.
te gustaría ser como yo?

Esta torre crece y trepa en mi vientre
como una astuta lombriz solitaria
satisfaciéndome con espejismos e ilusiones.

Estos cables hurgan en mi cerebro
en busca de mi capacidad
para transformarme en esclava.

Sabes lo que esto significa?
Sabes lo que quiere decir?
Sabes que ya estás a punto
de aceptar mi invitación?»

La ángel jefa del hospital, que curiosamente se llamaba Ángela, no nos dejó morir. Nos trasladó con camas y petacas a su propia oficina y nos cuidó día y noche con la ternura de una madre. Ángeles y otros mortales entraban y salían como si fuera la Estación Central de Copenhague.

Creo que esa actividad febril nos hacía bien. Pero en las noches caía un silencio sagrado; nos cantaba canciones de cuna y nos alimentaba con biberones de tibia y dulce leche materna que ella misma producía ya que recientemente había dado a luz a su primera hijita. El bebé dormía en una cuna en un rincón de la oficina y su llantos y gorgojos fueron también un elemento importantísimo de su terapia angelical.

Durante varios meses y con paciencia de santa nos fue haciendo renacer, hasta que una mañana Andrei despertó sonriendo y desde su cama me lanzó un beso con la mano. Angelita rió de felicidad al ver el magnífico beso volando a través de la oficina y yo tuve energías para levantarla en mis brazos, atrapar el beso y ponérselo en la boca como si fuera un caramelo.

Pasado el invierno llegó por supuesto una nueva primavera y luego otro otoño y así sucesivamente como suele ocurrir en este planeta, hasta que un día Ángela recibió el Premio Danés de la Paz por su ya célebre Nueva Terapia del Renacimiento. También fue nombrada ministra de salud por el gobierno danés y como último gesto de cariño hacia nosotros, nos regaló una casita con jardín, árboles y avecillas, una hermosa Biblia con páginas en blanco para mis poemas y un flamante telescopio reflector Schmidt-Casegrain para observar juntos el universo.

Y nos despedimos para siempre, ya sanos y sin adicciones ni pesadillas.

«Un ángel necesita alimento.
Un ángel te nutre
y de esa manera
se nutre a si misma.

Te alimenta cubriéndote
con sus alas y caricias.
Cuando ya puedas caminar
nuevamente
y tus horribles confusiones
hayan quedado en el pasado
y andes por ahí
por los parques y bosques
bailando valses y tangos
ella aparecerá
soplando en tu cabello.

Te llenará de poderes
maravillas y estrellas
y volará urgente a socorrer
a otros mortales heridos.

Pero siempre regresa a ti
para alimentarse.
No lo olvides».

Pero lo olvidé... Nos casamos en nuestra nueva casa una soleada madrugada de junio. La noche anterior ya hice trampas. Monté el telescopio y exploré el sistema solar en busca de tiburones y las almas de mis padres.

Andrei me regaló un camino de rosas que empezaba en la mesa del comedor, atravesaba nuestro pequeño jardín y desaparecía en el horizonte cubierto por verdísimos bosques de hayas danesas. Sin testigos ni parientes nos amamos por primera vez, dulcemente, con ternura. Luego seguimos el camino de flores y dormimos todo el día a la sombra de las soberbias hayas.

La historia de la vida de Andrei siempre fue un enigma para mi. La cuidaba como quien cuida un pecado mortal. Cuando yo intentaba hurgar en su pasado se retraía rápidamente como un caracol herido.

Cuando finalmente lo perdí para siempre por otra mujer, se llevó sus secretos junto con mi cordura en una vieja maleta de plástico.

Viví sola en la casita una eternidad. Vi pasar lunas y soles vertiginosamente ante mis ojos así como el condenado a muerte ve pasar su vida entera segundos antes de morir. Busqué a Ángela y después de deambular por larguísimos pasillos solitarios y golpear en las puertas de cientos de oficinas sofocantes, la encontré firmemente pegada a su taburete de ministra, como una araña mortal, dando órdenes prepotentes y firmando leyes oscuras y obscenas.

No me reconoció.

Cobraba puntualmente cada mes el pequeño cheque que me enviaba la Oficina de Seguridad y Bienestar Social del Estado. Por las noches escudriñaba la galaxia en busca de algún ser con quién poder hablar y me dormía abrazando a mi muñeca de trapo, atontada por el alcohol pero sobre todo por la vida misma.

El incendio simplificó las cosas y borró todas las huellas y olores de Andrei de una vez por todas. Solamente alcancé a rescatar el telescopio. La policía me trató con amabilidad y no me encarcelaron.

Y volví a vagar por las nevadas calles de Copenhague arrastrando mi telescopio y durmiendo en los albergues del Ejército de Salvación. Pera ya no era joven. Ya era la Chancha.

«Tengo hambre
como un animal domesticado
abandonado a su mala fortuna
y a sus desdichas azules.

Tengo sed
y una tormenta en mi vientre
que voltea creencias
banderas y tradiciones.

Tengo un miedo oscuro pero sereno
que me da un valor peligroso
voy a reventar al universo
por una barra de pan.

Las sonatas y silbidos
las mágicas canciones de cuna
se perdieron en el lodo
desparecieron de las estrellas.

Tengo hambre, miedo y sed
tienes que poner atención
un peligro mortal te acecha
por favor ten mucho cuidado.

«Chancha de mierda!», me gritan los crueles jovencitos desde sus automóviles. En algunas ocasiones se detienen ante mi departamento en la noche y tocan sus bocinas durante horas despertando a todo el vecindario.

«Cerda puta!», «Marrana borracha!» «Puerca bastarda», cantan felices en coro quemando tachos de basura hasta la madrugada, mientras la policía observa impasible riendo a carcajadas. Niños pequeños me lanzan huevos en la calle y perros me ladran y persiguen.

Sin embargo Jensen, el dueño del almacén donde compro mis provisiones y mis cigarrillos, es una persona amable, un verdadero caballero. Me trata con respeto y me da crédito cuando no tengo dinero. Su bondad me hace llorar, me seca las lágrimas con su propio pañuelo y me da palmaditas en los hombros.

Un cartero me visitó hace como mil años atrás. Con el pretexto de preguntarme algo, una dirección, ya no recuerdo bien, entabló una ridícula pero simpática conversación que terminó en mi cama. Me amó con delicadeza y maestría regalándome un orgasmo de treinta minutos. Como toda chancha soy omnívora y me alimento con los restos de la verdulería del señor Mohammed a la vuelta de la esquina.

O sea que aún existen seres nobles y generosos en este mundo, supongo.

Ian Welden

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Javier Monroy (Perú)
Razones para ineventar ®


se puede estrujar la cara con muecas de asco y retuerzos insolitos
extrañar el acido olor del vómito en el babero de la madre
contratar gitanas que te mientan con artes creibles

es posible ensayar arrepentimientos al dar las seis en punto
evadir las miradas de los viejos pensionistas en la calle
comprarte una misa por la salud del conserje

nadie empero debe negarte una cerveza mientras
descalzo pateas piedras en la avenida
rechazar tu amigable sonrisa desdentada
indagar la naturaleza de tus intenciones
clavar miradas convulsas sobre tu foto
sospechar de la malignidad de tus recuerdos

como harás entonces para no ser más
que una cuerda endeble en el vacio entre el superhombre y dios?

sólo te queda hacer garabatos con tu realidad deformada

(cuando logres el invento
llamame)

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¿Para qué escribo? ®

Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude: Orson Welles

Como semillas que escupe de vuelta la tierra inseminada. Como pus reseca que extraen de occisos en las morgues. Como lagrimas regresando a su cuna de nubes. Así me brotan a mí las palabras. Así saltan desde el esternón como aliens difuminados por las sombras de errores pasados. De fracasos notificados. De olvidos presagiados. Así me atacan por la espalda y por los costados. Nunca de frente, porque allí, en esa cuarta pared, es donde se consuma el acto. donde se aparean en líneas difusas o delineadas. En formas de moral esquiza o politicamente correctas. En neurosis divinizadas por el ansia contenida. En rasgos imprudentes como una figura islámica. Como una daga que guardaba en la nuca sin darme cuenta.

Pero por qué o para qué escribo, es un misterio dentro de un acertijo envuelto en un enigma.

Será para escapar de los vastos dominios de lo gregario. Será para espantar los espectros que me mordisquean el alma. Será por una acomplejada sensación de superioridad sobre quienes no lo hacen.

Qué ocurre en esa escena aterida hasta el tuétano que te abraza, te aprieta, te asfixia ante la pantalla en blanco. Qué innombrable poder te posesiona para disparar centellas cuya existencia en ti ignorabas. Qué élan vital te arroja a la arena en que tú, gladiador solitario, debes combatir a tigres de bengala, a esclavos resentidos, a letales cuadrigas griegas.

En esa tierra de nadie que flota pesada entre el teclado y el telón de fondo. Allí es que todo ocurre. Allí debes zigzaguear para evadir las puyas, los besos, las visiones, el rencor, el deseo. Para no perder el control del proceso creador. Para parir costras latentes en espirales infinitas. Para celebrar el facto de una vida transcurrida hacia una muerte anunciada.

Cómo lidiar con los electrones que abortan los aparatos rodeantes. Cómo callar el televisor que no quiere apagarse y cuyas mañas los celulares aprenden. Cómo sofocar los claxons desde lejos. Cómo evadir el silbido de la tetera. Cómo ignorar las aburridas psicosis vecinas. O siquiera cómo extinguir la dictadura del silencio de la madrugada acechante y hostil.

Sólo una mínima idea de organicidad y estilo puede auxiliarte en ese minuto decisorio. Sólo el café más negro que hayas olfateado. O el whisky más maderable que hayas sorbido. Una atmósfera dominada por notas de Philip Glass, de Jerry Goldsmith, de Hans Zimmer o de Samuel Barber. O ecos de lecturas tempranas de Kenzaburo Oe, Nadime Gordimer o Samuel Hunttington. O trazos tardíos de Francis Bacon, Jackson Pollock o Rene Magritte. Más un arreglo de sólido eucalipto enano a medio metro. Y una imbatible sensación de poder sobre el universo.

Otras batallas te hostigan y hay que manejar estrategias de caracol transgénico. Te plantan armas en ristre para aplastarte como una cucaracha urbana. Te lanzan gritos bien templados que intimidan tus decisiones, si no tienes el espíritu encojonado y presto. Allí se atropellan las noticias del día, las exigencias de la oficina, los compromisos sociales, las ideas políticas, el balance económico, las transfiguraciones culturales. Te acosan como martillos neumáticos, como pistolas de clavos. Y tú allí sigues. Sin saber si sobrevivirás.

Tengo atención dispersa, digo, puedo gobernar varios asuntos a la vez, como el chino de los platillos en el circo.

Ante tanta incertidumbre y ante tanta seguridad, te calzas las botas con punta de metal. La casaca de cuero negro y pelado incrustada de cierres oxidados. El jean roído por sabias y pacientes polillas. Te sientas ante esa lap que abre sus fauces triperas. Que te mira y te dice con sorna a ver qué haces. Y entonces te embutes un largo trago de whisky, le lanzas una sonrisa de lado, una mirada de desprecio, vomitas en la escupidera a tus pies, como en una taberna del oeste, y tecleas: «¿Para qué escribo?»

Javier Mondroy

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Carlos López Dzur (PR)
Plegaria para salvar a un inocente


Este inocente está abaleado de candores.
Se está desangrando su memoria.
Posiblemente, no resiste un suero de Alétheia.
El ser está desencajado y los ojos están comidos
por olvido. Por eso es un cadáver inseguro
de si ha muerto; por eso, herido, va echando
tumbos por la inercia y no sabe preguntar
si algo ha querido, o nada quiso,
del supransensible paisaje de su tumba.

Hay que trajearlo de Sein aunque sea
con parches de algún Ego cogito;
hay que darle un sujeto aunque no sea el suyo.
Posiblemente, no hay muleta que lo yerga
ni alpagarta que él pueda pisar
(tantas son las huellas del prejuicio
que su ignorancia es miedo
a las patas rajadas
y distorsión, su angustia.

Este inocente no tiene la mirada limpia.
Un balazo de sed lo dejó bizco,
una torsión de fe le dio santa ignorancia.
Le han matado a su Dios antes que sepa
que existe; lo ha parido un agujero negro
en un campo de Higgs de incertidumbre
y verá sólo fantasmas de molicie.

Pero hay que revivirlo como sea.
Estos inocentes compran la Técnica
del mundo, son la materia prima
de la ganancia en serie
y su ser es la verdad de lo oculto.
Por ellos es que existe la verdad impensada;
por su causa es que no se capturan
los ladrones y son ellos los únicos
en la especie.

Que no se extinga. Traigan un botiquín
de Primeros Auxilios.
Es un perdonavidas inocente.
Un negligente necesario.
El cree que sabe, pero no sabe nada.
El calcula que vale tres carajos
de subjetiva humanidad y que perdona
transgresiones. El eterniza al niño tonto
aunque ya es un anciano.

Vengan piadosos enfermeros, hijos
de la máxima putada, vengan sacerdotes,
burlones de plegarias, hay que salvar
al inocente. Al simple que no tiene
otra culpa que estar vivo; al que observa
lo irreal y asegura que existe.

07-03-2002

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La voz

Kudsha Brij Hu uShjintei: Santo Bendito seas

Mi voz no es más que un eco mal oído,
desespero por causa del vacío,
pero Tu Verbo fue perfecto
cuando emergió la finitud de lo infinito.

¿Cuál fue exactamente el primer verbo,
con qué intención agregaste bendito
si me te separaste y tu presencia se hizo
más sutil, cerrada, abstracta, absoluta?

Me quedé con Tu Eco, una voz que es silencio
y se revienta en sílabas, sonidos, ¡ay, Santo!
con nombres indecibles, yo desespero
por causa del vacío y amanezco en el útero
de polvo, en las cuevas gorgóneas,
vigilado, sombrío, cejijunto y temblando.

Aún así, reflexiono. Me dijíste bendito.
Me miráste en la corola de las flores,
me entregaste un cristal en los ojos,
házlo tu escudo, Perseo, y ésta
es mi Espada, el verbo mensajero, tu Espíritu,
mi soplo, mi lluvia de oro, mi kavanot

en tu angustia, mi presencia eterna en tí.

Carlos López Dzur

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Tierra mía

Matría, patria, te buscan los amalecitas.
Enemigos míos son. Condenan tu hembritud.
Se transforman en ácaros, en pulgas
que te comen el útero, que buscan el cobre
en el fondo de tus minas y cordilleras.

Quieren prostituirte y hacerte cascarón
y tikkum, residuo de mundos
de vasijas rotas y vestíbulos demónicos.

A tus enlaces los llamaste santos,
pero con doctrinas de la muerte
te dan besos de Judas. Te afligen.
Te venden en esquinas de piratas.

Te incendian en Arecibo, San Juan,
San Germán, Añasco.
Te bombardean con doctrinas falsas
para que se destruya el Estado Nacional
y soberano de tu Altar en la Tierra.

Amada mía, estás llena de ladrones,
ganapanes que por monedas
te machetean el alma
y te vuelven la crédula de las proclamas
de Miles y siervos de los Imperios coloniales.

De Teth, mi serpiente /
Carlos López Dzur / 2

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El poeta y la revolución

Es verdad. Es preferible que se escriba
sobre el amor, el agradable sentimiento que, si duele,
tan dulcemente duele que es una dicha, no
una rémora amarga, no una suma más para el vacío.
Dulces poemas de amor me has pedido
porque hasta la mala amante se conmueve.

... pero la revolución es un amor rebelde,
es una desafiante luna en el más oscuro rincón
del firmamento. Es la señal flagrante de apetito,
violentamente prohibida, rotundamente negada.
Es como una mujer amada que nos tira
la puerta en las narices; se esconde para urdirse
en la burla de los días, se colectiviza, intensifica
sus voces y nos regala las sobras del lamento.

... Y uno llega a quererla por saberla desgraciada.
No nos ama, pero nos necesita, porque el amor
que quiere no lo tiene y el amor que le damos
siempre es riesgo y desazón y desafío.
Es un amor difícil ese amor que dice patria,
vecino, comunidad, aldea, villa, pueblo,
gente, indio, marginado, funcionario, prócer,
subversivo, proletario; es un amor tan lento,
tan histórico, tan acumulativo, tan lleno de consignas,
tan lleno de suplicios y de muerte, harto de engaños,
de traiciones, de imperfectos proyectos,
amor de vida intensa y racionalizaciones.

Es preferible un amor más sencillo,
aunque sea olvidable, aunque sea pequeño.
Pero ese amor está ahí, épico y desafiante,
malamente cantado por esquivo.
Siempre con su cara triste, solemne, agria,
a veces vociferante, demagógica, bélica,
rostro con corazón verdugo, con su presencia
que descarna el hambre, el robo, la tortura,
pero es amor humano, es la parte social,
la urgente proyección del que vive
fuera de sí, con afán de amar
un poco y dividirse
para poder ser-uno-con
los otros de la Tierra.
Y decir: Mujer y Patria.
Madre-Tierra
y Todo.

02-12-2000 /
El libro de la guerra

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Jorge Luis Estrella (Argentina)
Mezcla de pájaro y luna


Mezcla de pájaro y luna tengo la sangre.
Por eso mi canto vuela en las noches
y cargo versos dormidos en la pestañas.
Por eso calandria y astro me deambulan
el stress de los días agrios y eternos.
Porque soy mitad nube lunática
y mitad pico de pájaro
me persiguen las flores con sus perfumes
y las jaulas y los astronautas.
Alpiste y granos de maíz come la luna
junto a los zorzales del parque
y yo tengo tiempo para sentarme
en el cuarto menguante de mi esperanza
gorjeando apenas tangos antiguos
con alguna tucumana muriéndose lunita.
Mezcla de nada y todo, me desconozco
si no sueño con vientos de primavera,
si no voy navegando el aire,
si no tengo la piel con las plumas de plata.
Terquedad de sorpresas transpiro siempre
con la ventana a cuestas de mi delirio
porque estoy en el árbol ebrio de ramas
construyendo un nido que me cobije
hecho de luz y metáforas.
Mezcla de olvido y recuerdo, me contradigo
buscándome en el ombligo de las madreselvas
con la luna más nueva mordiéndome las alas.

Jorge Luis Estrella

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*

Olvidó perderse

Olvidó perderse y se encontró boqueando en plena calle
desnudo con un trébol florecido en el ojal de la esperanza
y la bandera de un club de fútbol flamenado a contramano.
Lo llevaron a la comisaría que está a dos cuadras del silencio
y allí le levantaron un sumario y un restario y un abecedario
y le pusieron un sello de goma en la frente cerca del cuerno izquierdo.
Más tarde lo soltaron en una celda grande como el Atlántico
y le prometieron ir a visitarlo cuando no hubiera pobreza
y los unicornios pastaran tranquilos lejos de la basura.
Se sonó la nariz por hacer algo y se quedó dormido
mientras gritaban los árboles frente a la tormenta
y Caperucita se comía un lobo asado a la parrilla.
Cuando le dio ganas de orinar soñó con un papagayo,
un loro parlachín, dos teros mudos, tres torcazas
y alivió su vejiga que albergaba un océano
de espasmos y de angustias.
Después,
al darse cuenta de que su odisea se estaba convirtiendo en una ilíada,
comenzó a recordar cómo era perderse entre almohadas y madreselvas,
entre besos y lunas y alegrías, entre clavos de olor y mariposas,
se sacudió la cárcel grande que llevaba a cuestas
y se topó con el futuro que andaba mordisqueando hinojo tierno
en el borde occidental de la barranca.

[Jorge Luis Estrella]

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Alejandro Drewes (Argentina)
Algo sobre la nieve


Un cierto sol
ha brillado
su tiempo preciso
sobre el reino gris
deste mundo
hora en que todo
se abrevia y la sombra
declina como el verbo
espacio tan grave
entre el polvo y la luz:
la rama se curva y es otra
y la misma esa vieja
carga de nieve.

Alejandro Drewes

<>

Album nocturno

1.

Para ella pintara
-para sus ojos-
el cielo tal vez esta luna
al antiguo modo chino
una forma única de volver
eterno cada instante

2.

Observación del amante
mientras durante
moroso ejercicio
de futura nostalgia

3.

Errancia interior
de los cuerpos ajenos
y celestes
paso fugaz de horas
desnudas, parcas

4.

Viejas fotos
esparcidas por el polvo
amarillo de otro tiempo
una vez fueron
tan gratas a los ojos

Alejandro Drewes

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Nota para un albacea

Els antics en deien ànima, no conec millor paraula: Raimon

1.

Aprender a irse primero
de los otros, como quien hace un nudo
hasta que un gesto fatal se desata.
Y la mascarada cesa por fin, y cae.

2.

Y ahora estas cartas que pujan
por su ladrido final en el viento,
las destinadas a manos ajenas,
a sus catacumbas de gentiles ratas.

3.

La borrasca de un tiempo
ya irreparable cruzando el ojo
del sol, y la escorada barca
quisiera llegar apenas a puerto.

4.

Alta señora de los campos
siderales de la noche,
dame tu blanco filo de luz,
tu profunda gema rielando
dame por el ancho mar
de oscuridad, y huye.

5.

Los amigos de otro tiempo
con su risa oculta bajo la tierra,
donde labra el gusano su trabajo
paciente, ese oficio antiguo
al otro lado de la luz.

6.

Otras voces habitarán esta casa,
temorosas de los mismos fantasmas,
del chirriar de maderas astrales
cuando la conjunción de ciertas estrellas.
Ellas, que también pasarán.

Alejandro Drewes

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Alfredo Villanueva Collado (PR)
El tiempo


El tiempo es un producto que se acaba.
Nadie puede mejorarlo. Ni Monsanto
lograría manipular la amarga semilla
que termina agotada. Las farmacéuticas
construyen venenosas confecciones
que lo alargan para su beneficio, mas inútiles
son las maniobras. Llega el día
en que por violencia, podredumbre, o desidia
concluye el tiempo. Y entonces
uno penetra el velo y desaparece.

Para ser recordado y olvidado.
Para ser ignorado y añorado
durante un tiempo igualmente finito.
En una centuria, si uno fue falto
de cordura y escogió una tumba,
yacerá abandonada, o convertida
en condominios. Si tuvo conciencia
de su ceniza, se habrá mezclado
anónimo con un planeta moribundo.

El tiempo es una ficción de literatos
y filósofos desocupados, que lo desperdician
vomitando sempiternos lugares comunes,
intentando evitar lo inevitable.

17.11.09 / Alfredo Villanueva Collado

<>

Los peligros de la imagen macho

A la julia de loíza
la encontraron con la cara
sumergida en una imagen
de su paisaje interno;
y en la amarga corriente
del alcantarillado
respiró la metáfora
de un río ancho y nuevo.

La alfonsina escogió
su vestido de novia
y se entregó al mar macho
que le desgarró el traje;
y por cada orificio
de su cuerpo violado
la empaló la metáfora
de las aguas movientes.

A julia y a alfonsina
alguien vendió una imagen
y fue la imagen misma
tomada tan en serio
que escapar no pudieron
a su líquido hechizo
y por fin sucumbieron
al poema asesino.

Alfredo Villanueva Collado
De La voz de la mujer que llevo dentro (1990)

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Bárbara Robles (PR)
Testimonio: «Puerto Rico en el siglo XXI»


En el año 2009, el Jibarito ya no canta.
Ya no sale loco de contento. Al Jibarito le robaron su cargamento
En las calles ya no se baila plena. Sólo se oye reggaetón.
Veo a una juventud burguesa que no sabe vestir más que en chancletas.
¿Qué reses del campo tienen su cuerpo tatuado con rosas,
corazones, monstruos y otros espantos ...
¿Se supone que yo vivo en la Isla del Encanto?
Ya no existe la inocencia en la niñez.
Se fue con Pacheco y el Tío Nobel.
Los héroes de los niños ahora son Wisin y Yandel.
La Isla Nena ya es toda una mujer.
Los domingos ya no se va a la iglesia ni la familia se reúne
a almorzar. Ahora hay que trabajar.
El caldero de arroz con pollo se sustituyó por Subway.
Tampoco se come viandas con bacalao ni se toma café a las tres,
ahora todos se van a los 'pubs' a fumar y beber.
Amarrados a la vida, guiamos como locos, cada cual conduciendo
sin conciencia de que hay otros.
Egoístas en sus propios tiempos, enredados en su maraña interna
sólo responden a gritos o violencia.
En el Puerto Rico del siglo XXI, los pastores ahora son apóstoles,
los periodistas 'paparazzis' y el gobierno más que demócrata parece Nazi.
Un gobierno fracasado, un pueblo desesperado, bañado
en sangre inocente de toda la gente que el crimen ha tocado.
Las playas contaminadas, drogas, sida y ahora meningitis.
¡Qué clase de destino para la Perla del Caribe!
Esto es una nueva isla donde todo y todos se han desvinculado.
¿Qué ha pasado en mi mundo chico?
Se han borrado todos los valores.
No hay aciertos, sólo estrategias y errores.
Ya nadie da un pie al frente por su patria y sus convicciones.
Este es el nuevo Puerto Rico donde ya no somos luchadores.
Ahora somos tan sólo telespectadores.

[La autora tiene 16 años de edad].

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Ricardo Ayllón
Podrá no haber lectores pero siempre habrá poesía


La poesía está maldita. Paseo por librerías, estanterías de editoriales y ferias de libros, y cada día se acentúa en mí la certeza de que en lo que menos interés tiene el lector promedio en el Perú, esen adquirir libros de poesía. Hago una miniencuesta entre amigoslectores preguntándoles la razón, y las respuestas son casi las mismas: «Es que la poesía cada vez se entiende menos», me dice un profesor de secundaria; «¡A la poesía le falta acción!», responde un estudiante universitario casi instintivamente; «La poesía es para escribirla, no para leerla», intenta ser esclarecedor un escritor amigo.

Lo cierto es que los poemarios se aburren más de la cuenta en los anaqueles y, por lo tanto, los editores se han vuelto renuentes a darles la misma oportunidad que a los textos de narrativa. Si usted tiene listo un volumen de poemas y recurre a una editorial peruana para que ésta apueste por sus versos, se enfrentará al terrible muro de las dificultades. La respuesta del editor será más o menos así: «La poesía no vende, amigo; si desea editar esos poemas tendrá que financiar usted mismo el libro». Y es que es la verdad, a no ser que el editor ponga un poemario a un precio casi de regalo y el contenido temático sea muy pero muy atractivo (poesía de amor, generalmente), ese editor apenas venderá ejemplares para recuperar lo invertido.

Una alternativa ante esto, es que el autor haya ganado recientemente un premio literario; premio que, sin embargo, sea lo suficientemente mediatizado y difundido como para que el editor se arriesgue a impulsar un tiraje mínimo. La otra alternativa es continuar editando ‘vieja poesía’, léase: a los muertos, a los consagrados o a los clásicos.

¿Qué ha ocurrido entonces con la poesía? ¿El lector del siglo XXI es menos sensible que antes?, ¿ha llegado el momento de comenzar a cavar una tumba para la poesía?

Proyectémonos a partir de mi miniencuesta. Me parece que las dos primeras respuestas: «Es que la poesía cada vez se entiende menos» y «¡A la poesía le falta acción!» van casi de la mano. Se trata de una situación que puede proyectarse con las siguientes interrogantes: ¿Quiere decir que, en el ánimo de mostrarse modernos e innovadores, los poetas escriben cada vez más enrevesado y, sin proponérselo, han espantado al lector común? ¿O es al revés, es decir, es el lector quien se interesa cada vez menos en renovar sus inquietudes temáticas y estilísticas y, en este sentido, no otorga un espacio en su biblioteca personal a nuevas propuestas estéticas?

Veamos: las personas que me dieron estas respuestas fueron un docente de Comunicación Integral de secundaria y un estudiante de Lengua y Literatura, respectivamente. El primero, en la institución educativa donde labora, es nada menos que coordinador del Plan Lector; y el segundo, ya cursa el último ciclo, próximo a obtener su título profesional. Si dos profesionales que se constituyen, sin duda, en orientadores de lectura en sus comunidades estudiantiles, tienen este concepto de la poesía, creo que ésta está perdida. Pues en el colegio del profesor de Comunicación Integral quizá ninguno de los libros con los que trabaje en Plan Lector, sea un texto lírico; y, en el caso del estudiante, a la hora de desarrollar ejercicios de gramática entre sus alumnos pasará sobre la poesía, u, obligado por el plan curricular, tocará solo a los clásicos y modernistas establecidos generalmente en los materiales de enseñanza.

Por otra parte, la tercera respuesta: «La poesía es para escribirla, no para leerla», lanzada por mi amigo escritor, puede arrojar también ciertas luces. Lo que él trata de decir es que en nuestro país casi todo el mundo (la mayoría en secreto) se lanza a poetizar pues resulta un ejercicio de espontaneidad; es cuestión de que la persona se sienta conmocionada por alguna situación (amorosa, existencial, social, etc.) para que, de manera casi intuitiva, intente esbozar unos versos; a partir de ello, más de uno sentirá que es un poeta de verdad y, con los años, se adjudicará (al menos íntimamente) el rótulo de poeta.Pero la hechura narrativa resulta menos espontánea, pues si bien el ejercicio de ésta puede comenzar también como un impulso, conforme el escritor avance descubrirá que su logro es producto de un oficio a largo plazo, con mucho de paciencia y tiempo libre, y, en este sentido, la mayoría abandonará el barco.

Ahora bien, desde el punto de vista del lector, está aquel ingrediente de nuestra mera constitución narrativa. Me refiero a que el ser humano es una especie que en todo momento está detrás de una buena narración: la televisión, las noticias, los amigos, las reuniones familiares, los chismes, los chistes de sobremesa, son siempre encuentros con la narrativa (oral, por supuesto); y de allí, a pasar a la narración escrita, hay un solo paso. ¿Que la poesía es también una narración de sentimientos? Pues sí, pero según la versión de los actuales lectores, cada vez más difícil de entender y con ausencia de acción, palabra clave que puede interpretarse como hecho, suceso, acontecimiento, es decir, directamente relacionada con la narrativa y no con la poesía.

La conclusión de todo esto es que la poesía es cada vez más desatendida por los lectores, y si este descuido comienza a establecerse en las preferencias de docentes y orientadores de lectura, la pobre necesitará una suerte de relanzamiento. ¿En quién recaerá la responsabilidad?: ¿en el ejercicio de los propios creadores?, ¿en las preferencias de los nuevos lectores?, ¿en el sistema educativo que no ha profundizado en la diversificación lectora? La respuesta, imagino, la debemos hallar, en conjunto, en una mesa concertadora, «desayunados todos al borde de una mañana eterna».

Tomado de Bosque de Palabras

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Revistas amigas: La Sábana con mis palabras es una bitácora con buena poesía y cautivantes imágenes, fotografías en blanco y negro, o a todos color, de rostros y cuerpos femeninos. De su creador, Víctor Manuel Guzmán, se ha dicho que: «Su poesía refleja sensualidad que acaricia. Con sus versos hace un homenaje a la mujer, recorriendo con luz ardiente sus delicias y su alma. Reviste cada poema con nácar dorado de palabras donde el amor y la pasión se abrazan con la vida». Ecuatoriano, reside en Quito. Su blog ha sido premiado por la calidad y belleza de sus imágenes. Se incluyen dos artículos interpretativos que analizan la obra poética de V. M. Guzmán, uno aparecido en la revista «Pensando en Ibarra» con el título El festín de la palabra y el artículo, escrito por Mariana Guzmán, titulado Poesía y poeta [«Letras de Imbabura», Nº 27 de 2003]

Para comunicarse con el autor podeís escribir a: victormanuelguzman@yahoo.com y para visitar el blog: Sabana con mis palabras


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Sequoyah 40 / 41 / 42 / 43 / 44 / 45 / 46 / 47

Tuesday, November 3, 2009

Noviembre 15 / Núm. 46 / Orange County



Juan Rulfo: Narrador mexicano. «Nunca en el comercialismo».


CONTENIDO 46

Eduardo García Aguilar
Consejos inútiles para escritores bobos

Claude Roy
Algo de Realidad

Carlos López Dzur
Frag. de novela / El arma homicida
Masturbalia del Homo Oeconomicus
La oscura realidad

Horacio Mario Aguilar
La página en blanco
Evoluciones
A una mujer
Cuando llegue el tiempo
Búsqueda
Deshilvanando

Sobre su obra y persona:
In Memoriam: Horacio Mario Aguilar

Fanny G. Jaretón
María D. Fischinger

Francisco Ayala
Toda una vida de escritor

Daniel Alarcón Osorio
Rostros

Lynette Pérez
Los rostros
Carta abierta contra la censura

Jorge Etcheverry
Nota sobre Hermanando poetas y fronteras
Los poetas y el vino (con menciones)

Rubén Vedovaldi
Buen día

Rosa Berenice Contreras
Promesa
Lamento

Extor Henrique Martínez
El chupapollismo de David Huerta
Lacras preceptoras de la lengua

Beatriz Saavedra
Naufragio
Tu nombre sin sustancia
sin título

Luis Alberto Battaglia
Sabía

Liliana Teresa Chávez
Extrañeza
sin título

Eliana María Maldonado
Autobiografía
Thanatos
Diosa de la ciudad

Marcos Reyes Dávila
A los que participaron en el Festival de Poesía en Puerto Rico -2009

Fanny G. Jaretón
Carta

Javier Monroy
MI CADAVER IN-FAVORITO - lápida desiderata (r)

Revistas amigas

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Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes: «Le entran al juego y su publicidad».

Eduardo García Aguilar (Colombia)
Consejos inútiles para escritores bobos


La devaluación de la palabra ha llegado a tal nivel, que no es vano preguntarse si escribir tiene todavía sentido y si la literatura es sólo un oficio comercial e industrial que pasó a la historia, en tiempos de imágenes y competitividad desbocadas. Los autores de hoy están avorazados por obtener premios y subir a los podios como reinas de belleza y obedecer mansos a las órdenes de los editores que planean en sus oficinas olas sucesivas de novelas históricas, autobiográficas, policiacas o sobre temas de autoayuda para amas de casa. Y para sostenerse en la efímera pasarela del cabaret, el autor produce a destajo obras cada vez más vacías y ridículas.

Hoy un autor discreto y profundo como Juan Rulfo o Elías Canetti sería impensable y a cambio tenemos que soportar cada semana la risa Pepsodent de Mario Vargas Llosa o Carlos Fuentes con sus cien doctorados honoris causa y el premio semanal. El silencio es un pecado en tiempos de literatura espectáculo, donde reinan las obviedades y los temas correctos y perfumados de historia patria, cuando no el fácil escándalo autobiográfico para asustar monjas. Y para sobrevivir en la farándula, el escritor debe volverse el perro faldero e inicuo de los poderosos y de los grupos de influencia mediática.

Todo comenzó con las tabletas de los grandes imperios perdidos, cuando funcionarios y sacerdotes plasmaban jeroglíficos sobre un barro que luego, ya seco, viajó milenios hasta nosotros. Es saludable observar esos escritos de piedra en las estanterías de los grandes museos que nos hacen viajar hacia los tiempos de Babilonia, Nínive o Alejandría, para entender el olvido y la pervivencia simultánea de esas voces lejanas. Nada tan impactante como la observación del pequeño escriba sentado de Egipto, expuesto en una sala del Louvre, que nos maravilla e interroga siempre desde su época con la ignota mirada. Esa figura me fascina desde la escuela, cuando la descubrimos en viejos libros de historia que mirábamos durante horas con sus figuras borrosas de grandes templos y ciudades milenarias desaparecidas en el cataclismo del vasto Oriente Medio, de donde provienen casi todas las cosas. El escriba esta ahí, perfecto, silencioso, con sus ojos de vidrio insondables, imagen del letrado que nos viene desde el más profundo pasado y del más allá. Hay algo en él que resume en su gloria la labor de quienes escribían sobre papiros o cueros para la eternidad o el olvido.

En el mundo egipcio, la escritura impregna todas las enormes superficies de los templos y las criptas selladas. De ellos nos quedan muchas cosas gracias a las arenas secas del desierto y tanto o más tuvo que haber en otras civilizaciones borradas del mapa por inundaciones, incendios o guerras en las interminables rutas del Extremo Oriente.

Lo que ha llegado a nosotros es ínfimo fruto del azar. Del escultor Praxiteles sólo tenemos copias de sus obras inolvidables. Y de Sócrates, sus palabras rebeldes nos llegan a través de su discípulo Platón. Ellos existieron e hicieron parte de la obra colectiva del hombre en su larga aventura, después de milenos de ver amanecer y atardecer y atestiguar las acciones de la muerte, la enfermedad, el poder, la gloria, la derrota y el olvido. Con los clásicos de la filosofía y tragedia griegas es suficiente. Esquilo, Sófocles y Eurípides dijeron todo lo que había que decir sobre la aventura humana. ¿Entonces para qué escribir hoy banalidades y creerse el cuento?

Muchas de esas voces colectivas quedaron para siempre en los libros sagrados que hoy por fortuna se leen en todos los puntos cardinales y nos impactan con la misma fuerza que hace milenios y nos iluminan como en tiempos de anacoretas y guerreros. ¿Qué misterio hay ahí en esas obras que siguen firmes pese a los progresos de las ciencias y los avances y retrocesos de la razón, que todo explica y desmenuza? Hay gran belleza en esas palabras antiguas, en los libros de viejos filósofos que como Lucrecio trataron de entender el mundo y sus misterios con una voz llena de poesía que está viva tiempo después de la caída del Imperio Romano, el de Pompeya, a la vez tan lejano y tan cercano que nos prueba lo poco que el mundo ha cambiado pese a las nuevas proezas técnicas.

Lucrecio y Propercio han sobrevivido y una escasa cofradía de hombres de hoy accedemos a ellos y los disfrutamos. Somos la minoría y qué importa. Es preferible pertenecer a la minoritaria cofradía anacrónica que ir entre el rebaño de los lectores de best sellers.

¿Para qué escribir entonces hoy? Los escritores milenarios lo hacían por otras razones. Grababan ideogramas en esos papiros para nada y para nadie, sin imaginar que un día estarían tan cerca de quienes habitamos en el mundo tres mil o cuatro mil años después. Los motivos de la escritura presente son tan deleznables que uno se pregunta por el sentido de escribir hoy y perder el tiempo leyendo contemporáneos.

La pulsión actual es competitiva, comercial, vanidosa, corroída por la envidia y la emulación, y el individualismo del éxito y la vanidad patética llevan indefectiblemente a endiosar a escritores payasos y a olvidar a quienes están lejos de los tronos y los corredores del poder y cerca de la ebriedad y la locura como Sócrates y Diógenes en su tiempo.

En la guerra el héroe arriesga su vida, pero en la literatura y la escritura de hoy nadie arriesga nada. El escritor de hoy está equivocado porque busca izarse en un podio de dólares y volverse estatua de pacotilla para una corte de ilusos. ¿Para qué escribir hoy si nos hemos olvidado de que todo es olvido y que no quedará rastro de tantos libros y textos lanzados en la red? Todo será sólo la voz colectiva de una época.

El escritor como individuo, el que surgió en la era moderna, se ha ido para siempre en el remolino de la proliferación. Volveremos a los libros sagrados, donde la voz no tiene autor ni estatua. La palabra hoy es sólo polvo, ruido y viento. Y como diría nuestro poeta Porfirio Barba Jacob, es sólo «Polvo de Pericles, polvo de Simón».

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Ilustración: Arthur Rakham, Alice in W.

Claude Roy
Algo de Realidad


Te acuerdas, Loleh, en Alicia en el país de las maravillas,
Tweedledee cuando explica a la niña
que ella existe sólo porque el rey la sueña.
Si el rey se despierta amenaza Tweedledee ¡bang!
vas a evaporarte como cuando soplamos una vela,
pero es verdad que existo, dijo Alicia llorando
Está también Platón, su historia de la caverna
y Chuang-Tzé que sueña que es una mariposa
y se pregunta a sí mismo cuando despierta si no será
una mariposa que sueña ser Chuang-Tzé.

Está además Descartes, y la posibilidad de que todo no sea
más que una jugarreta de un genio malo, y el otro,
el irlandés que querría despertarse por fin
de la pesadilla de la Historia.
Quizás después de todo yo sólo he soñado
que camino junto a ti, si sueño que te amo,
si sueño que soy yo que sueño que tú existes,
¿quién se despertará al final de mi sueño?

Pero el viejo sabio chino sonríe dulcemente
me sosiega, yo podría aceptar la idea
de que nada bueno me hubiese ocurrido nunca de verdad,
pero que Loleh no haya existido encuentro la cosa improbable.
Sí, tú estás aquí y el viejo maestro chino murmura,
si no existe nadie más que yo, no existe nada de mí.

Claude Roy

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Carlos López Dzur (PR)
Frag. de novela / El arma homicida


A parte de la conciencia y de lo percibido por ella, no hay otra clase de seres o realidad sustancial, extramental. Dios es el orden y la coherencia de esa realidad sicológica, dadora del ser: George Berkeley

Pensé que yo entendería mi ser, cualquiera sea el aspecto y el cimiento ontológico desfigurado de tal, antes que Jeremías. El fue / es / para la muerte y trata de informar que ya comprende. Se me adelantó sin señales. Murió trágicamente. Violentamente. Sin aviso.

¿Homicidio? ¿Fue suicidio? Un proyecto desigual. El consentía al ser más que yo; empero, fue apurón como el descocado estudiante de química que fue. Yo, todavía estuve con mis ideas pasivas, más abstractas, pero feliz en el pantano.

Fuimos amigos. Extraños amigos. Nos odiábamos a güevo, literalmente. Pero fuimos amigos...

Con su novia no pude platicar sobre Berkeley. Ni con él. Para ella, él es el nombre de una calle. Nada más. No entienden de que se trata la existencia de un filósofo. Siempre tuve deseos de compartir algunas de mis ideas sobre Berkeley con los dos, gente más cercana a mi vida y fue pedir peras al olmo pero, ¡qué casualidad! el apartamento de Jeremías estuvo en la Calle Berkeley. Colonia Polanco.

El se sentó allí y Cèline donde está parado usted.

Te escucho: ¿quién es el mentado Berkeley?

Es un amigo que dice que el mundo material no existe. Es decir, la esquizofrenia es general. Por eso, Jeremías, estás tan demente como yo y también tú, primita.

¿Me creerían? Por las carotas que pusieron, grrr... No sé y no me importa.

Cierto día Cèline fue a mi casa en Coyoacán. Pidió que le prestara un libro de Berkeley porque dijo que tenía miedo de no existir. Lo presté. En fin, no creo que lo haya leído. Tampoco me devolvió el libro. Ni lo pedí. Ya no creo en Berkeley. Ya no creo en ella. Ni creo en los cuentos de Carroll, el pedófilo inglés que se inventó a Alicia en el país de las maravillas y, por un lado, la Alicia de mierda corría detrás del Conejo blanco de las pendejadas y, del otro, se reducía de tamaño cada diez minutos.

Tal vez medité que a la chava mugrienta sucedería lo que a Alicia en el país de los delirios y paraísos de Carroll. El síndrome de la Alicia displástica.

«What have you got against me?», recuerdo que Jeremías me preguntó.

Me obsequió el odio tan grande como el que yo le tuve y callé.

Cuando te gusta la vieja de otro, odias, envidias, alucinas y traicionas al mismo tiempo. Tanto alucinamos, aún con fingida amistad, que nos hicimos la guerra. Nos tirábamos huevos pudridos en la Ibero, uno al otro y yo tuve una mejor puntería. Lo que sea de cada quien. Nos expulsaron a los dos, ¿me cree? Teníamos las paredes hechas un desastre. Un desgüeve. Ese exceso de violencia lo recuerdo.

Fue la primera vez que me trataron como a un delincuente; a mí, que soy un santo. Gente de silencio y de paz.

Pregunta usted: «¿Tengo alguna idea de qué impulsó a Campas al suicidio?»

¿Qué tal si supongo, no por complicar las cosas, que aquí ha ocurrido un triple asesinato? Antes de que un pájaro negro produjera el asesinato de Jeremías, el occiso tuvo planes de matar al pájaro. ¿Qué tal si yo produjera para el uso de Jeremías una serie de herramientas letales? ¿Hice con mi conceptualización su móvil criminal? ¿Qué tal si que tal se quetalizara? Se lo dejo de tarea.

Investigue usted que es el Dick Tracy de esta memgambrea...

Todos actuamos por impulsos, ¿o no? Alguna vez sabremos que achaques quiere la muerte para llevarse al difunto y que el ser que no nace jamás, pues ya nació calavera. Y sabremos que no todo lo real es racional. Precisamente, mi obra gloriosa no está determinada por el pensamiento o el racionalismo unilateral. «Nihil est in intellectu, quod prius non fuerit in sensu».

Pasadas unas semanas, Cèline me contó que Jeremías se dio un pasón, pasonsote con tamaños zapatotes, murió el cabrón. La droga no perdona y, por última vez, él la sedujo. Le comió las nachas, antes que el cuerpo le desapareciera, berkelianamente dicho.

Ella estaba arrepentida de aflojar el horno, pobrecita... porque estuvo enamorada de mí y Jeremías ya lo sabía.

Era virgen, indecente, calenturienta, pero vírgen en ese entonces. Se peleaban. Ella quería ser virgen por un rato más. O por chantajearlo y conservar para el amor algún misterio o no irse en apurones por el mundo, se hacía la apretada para ese momento de joder y recibir el aguayón torneado.

El libro de Berkeley que presté a ella les desquició a los dos más allá de lo que yo había esperado. Yo estaba negando el mundo, por la boca de un santo. Asesinando lo real. Hay distintas maneras de matar. El libro de Berkeley fue como un puñal.

O sea, si terminaron fue por culpa de Don Nadie, quien habla berkelianamente como si realmente no existiéramos. El tomó al ser por invención y, como siempre. Berkeley asesinó a Jeremías, diciéndole: «No existes. Tú ni a pájaro negro llegas».

Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le agarra la pata. En cierto modo, dí el arma homicida. Puse ideas matadoras en la mano de ella y él.

¡Es que yo también la quería!

Indice: Berkeley y yo

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Masturbalia del Homo Oeconomicus

Ustedes se masturban con la fe
[tan pragmáticos que se pintan en nombre
del Homo Oeconomicus y se consuelan
con el dogma de una posible maximización
de la satisfacción social]... eso sí es fe;
fe en abstracto.

Yo soy más burdo, en mi sistema de preferencias dado,
en las curvas de indiferencia, ni pizca de fe
pongo en condiciones de mercado
y digo como Pareto: la satisfacción,
social o individual, es un mito
y los mitos no se comparan ni se miden.
Se viven o no. Yo no los vivo.

Lo más cercano a una medición
sería un orgasmo sucesivo de minutos
y yo vivo, sin orgasmar, si orgasmar es fe.
No me queda más remedio. No me miro en la dicha.

Es maginitud ordinal e íntima,
que uno se diga satisfecho y magnifique
intimidad; y la vea uno y la vea otro.
Aquí es cuando la miseria mata las satisfacciones
y ya ni queda otra cosa que fe,
orgasmo miserable, tardío, desilusión
por tan aislado amor, tan mutuamente incrédulo
y unos rezos sobre ese cadáver que se llama
distribución de renta, presencia de justicia,
cuerpo presente de riqueza anhelada.
Ternura, orgasmo pleno.

¿Quién te dijo, Bentham, que los hombres
son en esencia iguales, comparables,
en puridad satisfechos, cómo?
si todavía no dan los que tienen
a los desposeídos, ¿cómo?
si se quejan los acaparadores
cuando le quitan algo...

¿De qué jaladas hablarán cuando mencionan
la máxima satisfacción posible
y la igualdad esencial,
si no hay orgasmo, no lo hay,
ni orgasmo ni fe, de qué hablan,
de qué traperos cinco, Manotas,
con qué gráfico de fe se limpiarán el ano
o secarán sus dedos?

05-12-2000 /
Estéticas mostrencas y vitales / Carlos López Dzur

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La oscura realidad

a Nefta MS, Alpha Geek,
miembro de la Mara Salvatrucha

¿Será verdad que mientan al mundo en que vivimos?
¿Seré yo quien estoy equivocado?
... porque yo los veo, con ganas de entenderlos,
y ellos, no. Me ignoran si les hablo.

La cultura y la identidad, ¿qué les importa?
Están a ras del taburete de sus vidas, improvisados
en un cielo, donde lo que impera es el falso paraíso.
Las ganas de matarse y matar después de la fatiga
porque están amped out, desgastados
con anfetaminas y, aún en la juerga,
la emoción es la droga de combate.

Ellos mismos lo dicen: Todo lo que existe es remezón
de nalgas, pingas en remeneo; la vida es el baile del perrito.
La vida es loca. La locura es vida. El mundo, reventón
gigante, raggaetón, y uno el mamey,
casi el tonto en la estafa de cualquier perromuertero.
Uno por villegas, se la mara, se trucha,
se malea, se dispara como pistolita
en el salón de los ghettos.

Este es el mundo, culo-en-tierra, cosmos
hecho a retazos con cualquier desperdicio.
Lo llaman la Realidad Oscura, pinchimundo.

Y en ese ahí provisionario, ellos sueltan el as
(tengan o no tengan, espadas) porque la vida engaña.
Es breve. Quien no se pone verga ve
cómo les roban todo gozo. Cuerpo, lo que les queda.
Ya no hay alma. Se tiene que morir en la batalla.

¿Será verdad? ¿O soy yo quien me equivoco
al ver lo que ellos hacen? Están ordeñando ratones.
Derrochando recursos (o haciendo gran esfuerzo)
para beneficios desproporcionadamente menores.

Al que más sabe lo llamaron Alpha Geek.
Técnicamente es el chaka, siempre
es el más hijo de puta, el que no admite
que es muermo, aburrido coñazo. No.
Aunque sea el más cutre no se dice chopo;
ignora que es un naco y la opinión de otros
se las pasa por los huevos.

Hasta su propia vida importa tres cojones.
Yo sí me corto, me da pena.
Dialogo en vano a este fraterno, desperdiciado pueblo;
siquiera doy la talla de su artista en patadas;
yo no asusto a ninguno, me imagino.
Lo que dije se predicó al desierto.

Esta juventud tiene un problema. Y es la mayoría.
Es tan impulsivamente consumista. Se aliena al punto
que ya no chifan y en vez de amor, más bien,
a todo agreden, hasta a la niña preferida de sus ojos.

Se fueron de la tierra que los parió, ni modo.
No quieren madre ni paisaje; lo autóctono
que mamaron como a leche amarga les sabe.
Y son unos nacos, cutre, chopos, vendepatrias
y malditas instituciones neocoloniales los formaron
(no soy yo quien les culpo), pero se vienen acá,
donde está el que trabaja y el que sufre,
el que inmigra y se parte los cojones
y de veras que no sirven [para nada]
ni trabajan ni estudian ni progresan.

Son niños para las cárceles del yanqui.
En el mejor de los casos, mercenarios.
Hay además los que se matan a sí mismos
por una raya azul de algún tatuaje. La placa.

Y mírame: yo animándoles, metiéndome a redentor
en sus pocilgas, llevándoles la memoria linda
y olvidada de una patria que ya no sé si existe.
La dejaron... voy hablándoles, utópico yo...
de mis nostálgicas identidades nacionales,
diciéndoles que alguna vez hubo
y puede que siempre haya una suma de valores,
uno que otro puede que se vuelva antivalor,
ya no recuperable; pero casi todos los valores
son buenos, compensantes, dan sentido
y belleza: les digo. Utópico yo.

Escucho lo que dicen:
¡Qué muermo,
tres pimientos, tres pepinos, tres cojones!

Eso no existe. Este es el mundo. Realidad Oscura.

¿Dónde están esos pueblos que me abrazan,
esas comunidades? «Esos pueblos no existen»,
me dicen.
«Son pordioseros, qué van a tener
las pretendidas identidades nacionales».


No abrazan, no hay hombres extendidos
ni madres que llaman al regreso; sólo piden
que te vayas y les envíe remesas y te vuelvas
un yankee por entero... Así me callan en dolor
y me gritan majadero, pelmazo.

Los veo y están descohesionados, amorfos
como aquellos que dejaron en su tierra
y no enseñaron nada, sólo matarse, el odio,
sus guerras, sus codicias, su red de desamparos.

Allí empezo el culo en tierra, su extravío.
Fue esta la leche la que les amamantara
y hoy son éso, hijos de la Realidad Oscura,
juventud sin pertenencia y sin arraigo.
Hijos de la Teta Seca, con los pezones rancios.

¡Qué va a importarles el país, ya no son solidarios,
la solidaridad no existe; ya no creen en patria,
derecho, ni justicia, redenciones; sólo bailan y se fatigan.
Se inventan todo, culo en tierra y nuevo: desde una jerga
hasta dioses, dioses de hecatombe y pandillaje,
reinventan. Double talk and disloyalty.

16-03-2005 /
De El libro de la guerra

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*

Foto tomada de la Página Virtual de Aguilar, en «Tribu Virtual».
Horacio Mario Aguilar


Horacio Mario Aguilar (Argentina)
La página en blanco


¡Cuánto silencio el de página en blanco!
Suya es la quietud.. la inmensidad...
la promesa insegura de la palabra
de algún trazo de crayón,
Inmutable me sugiere infinidad de planos..., de misterios!
Me tienta el dejarme caer dentro suyo.
Cambiar proyecciones por entre trazos borrados e ideas inconcretas!
Navegar desde afuera por ese espacio tentador,
tal vez lleno de arrepentimientos,
de placeres, angustias, amores, adioses y perdones!!!,
todos mezclados en el ordenado alboroto del imprevisto,
y la desordenada perfección del arrepentimiento o la disculpa!
Tal vez su interior contenga toda la sabiduría del pasado
colmado de errores impensados y aciertos repentinos!
La pregunta me inquieta!!
¿Cómo será por dentro?
¿Transparente, diáfano? ¿Un oscuro infinito?
¿Y después.., ya dentro de él?
¿Hacia qué lado quedará el pasado?

La hoja seguía allí, inmutable,
observando alguna arruga de mi frente...
algún parpadeo imperceptible...
Desafiándome inanimadamente!

Desde algún recoveco del cerebro aparecieron otras imágenes,
¡de pronto!, ¡como si fuera natural!,
¡tan natural que no me di cuenta!

Desde la playa sonaba el mar apenas calmo a mis píes,
y hacia el horizonte!
Desde allí volvía hasta mí, alto...
muy alto y transformado en cielo!
En él, el último barrilete de la tarde me decía adiós
con el moño anudado en su cola ondulante.

Miré hacia la hoja de papel.
Inquieta en mi mano, comenzó a repetirme todo esto.

H. Mario Aguilar - Bs.As. - Argentina

<>

Evoluciones

La realidad se escurre ente los dedos.., filtra…
Transforma la palabras de las manos,
las líneas de las manos;
tal vez, la vida.

Aunque cada escurrimiento altere,
poco a poco, la quiromancia del destino,
los encuentros.., los hallazgos del futuro,
las despedidas del pasado…,
el presente se devalúa indiferente,
esperando otra puesta en valor:
la reflexión que lo autorice,
lo diplome con su status de idea,
la idea excusa que lo sustente desde mañana…

Mientras tanto la realidad, filtra, escurre…

En el cedazo de los dedos
van quedando fracciones interminables de hombre...
El tiempo las fue seleccionando,
no les alcanzó el espacio para concluir.
Serán reencarnaciones. Distracciones.

El reloj del recreo siempre fue indiferente.
La campana marca el momento de la entrega.
Algunos lugares están entre los aquí y los allá.
Muchos otros deben haberse extraviado,
filtrados.., escurridos…

Comienza otra realidad.
¿Quién habrá de aprobarla?

Impiadosa… Filtra… ¡Escurre!
¿Tendrá algún, cuándo, resuelto!

La memoria solo son instantes del total.

Mar 2009 – Bs. As. Argentina

<>



A una mujer

¡Qué enorme las ganas de engañarte!
Cuánta necesidad, la de mentirte..
De decirte que soy ese alfarero
que toma con sus manos cada forma de tu cuerpo...
palmo a palmo, borde a borde... largo a largo...
plasmando con el barro la esbeltez ondulante de tu talle…

Qué tremendas ganas que lo creas...
que abandones a mis manos, a mis dedos,
el volumen de tu pelo, tu perfil,
tu nostálgica mirada,
la insinuante comisura de tus labios,
la turgencia de tus senos,
y las nubes onduladas
de tu vientre y tus caderas,
plasmadas para siempre en mi memoria
para siempre moldeadas en un verso...

Hoy quisiera engañarte,
mentirte, si, mentirte
y poder acariciarte sin que sepas,
cuanto hay de amor y de lujuria,
si te pienso, si te siento, si pretendo procrearte
otra vez, nuevamente como a Eva;
evitarte la serpiente, esconderte la manzana...
liberarte la delicia de tu entrega,
la pasión despertada por mis manos en tu cuerpo...

Descubrirte en la mentira, la ansiedad inocente,
sin castigo y entregarte enteramente al destino maternal
de ser mi hembra...

Horacio Mario Aguilar /
En Joyas Amigas /

<>

Cuando llegue el tiempo

Y llegarán después los adustos tonos del recogimiento
(el inconformismo de los años que acumulan)
Se parecerá a la Paz
y solo será parte del silencio previo al definitivo adiós…
No habrá recogimiento…
Las oraciones también estarán ausentes de los labios
que no dirán adiós…
Pudiera parecerse a un: gracias…
y la mano encontrará el punto de descanso.
La historia contada no será más que un testimonio.
Alguien elogiará al poema
y la memoria de su voz
rondará páginas de un libro.

Oct. 2008 - Bs. As. Argentina /
Horacio M. Aguilar

<>

Búsqueda

¡Se abre el túnel…!
Fagocita su boca
la oscuridad…
la meta…
la esperanza!
Al fondo del túnel,
la tibia promesa
tal vez una respuesta;
el remolino, prometiendo
calmar cada pregunta;
pendulando de izquierda a derecha,
hinoptizándonos.

Allí está la luz…
Allí la sabiduría…
allí…: La Verdad!...
Todos los tiempos.

Allí…
El vértigo nos envuelve.
Confunde en sumatoria algebraica
la simpleza de una razón,
en la mezcla de términos
y la alteración de los factores
y tal vez otras razones más…

Aquí..
Tan cerca de aquí..
Está El Principio.
El Comienzo.

El Inicio llega otra vez
El camino no era hacia afuera.

Mario Aguilar - 2000 - Bs.As. – Argentina

<>

Deshilvando

Es un vendaval... todo el vendaval que, un cúmulos, nimbus de verano hace rugir en las copas de los árboles, desparramando mechones de ramas desprendidas sobre el tapiz del lecho donde podría, tal vez, habitarte oportunamente. Ser la cortina apasionada de las piedras cayendo sobre el segmento final de todos los truenos y los rayos aullados desde el fondo pasional de tu garganta, ya, incontenible, y no sucumbir en la marea de brazos y abrazos de piernas, recorrida por labios y mordiscos, deglutiendo toda tu pasión, sobre las cumbres de tus pechos, y recorrerlos, dedo a dedo hasta el cansancio y un poco más!

¡Ah, Inventarte...! ¡Ser tu Da Vinci! ¡Es poco! Tal vez, convertirme en un agujero negro y tragarte, tragarme todo tu frenesí como si fueras la última nebulosa de la noche universal, aunque primera de todos los días que habremos de inventarnos, en cada nacimiento de galaxias, de pasión, y derramada lava en ríos, de ríos celestiales, sobre toda tu piel iridiscente; de nuevos mundos, de nuestro mundo nuevo a partir de tu beso y de mis ansias!

¡Qué frágil, sí... qué frágil el tiempo que no resiste la perpetuidad de mi ahogo en tus cabellos, resoplando en el lóbulo de tu oreja, los estertores que serán comienzos! Y vos, luciendo la sonrisa desgajada de tu labios eternos, llenos de luz, por donde comienzan a transitar, los grises de nuestro tornado nuevo!

2007 - Bs. As. Argentina /
Ver

[Horacio Mario Aguilar, nacido en Buenos Aires, dijo: «Escribo desde adolescente. Tal vez por timidez nunca publiqué y desde hace tres o cuatro años comencé en internet». Desde el 22 de marzo de 2007 fue colaborador del Portal Mundo de Poesía y, más tarde, miembro del Club Internacional de Literatura, Periodismo, Artes y Comunicaciones. Sensible políticamente, su solidaridad trascendió fronteras, expresando si queja ante sicarismo, «de mesiánicas y necias tozudeces» que alimenta la guerrilla de la FARC colombiana, y el «El Martirio (dedicado) A Ingrid Betancourt» de las víctimas de secuestro. «Es al Hombre Universal, / a quién hirieron, / los espúreos sicarios / y las hordas sanguinarias, / arengadas por los odios / tenebrosos», dice en una crítica al «horror y la barbarie», cuando se adjuntan a las luchas por libertad, dignidad y justicia social para los pueblos.

«Horacio Mario Aguilar, gran amigo y escritor, charlista. Conocedor de música. Amante de nuestra América Latina y de su Argentina, en particular, nos ha dejado. Se fue el 03 de octubre, a los 70 años de edad. Un enfisema pulmonar y la tristeza que tuvo desde que se fue su compañera, puso su salud frágil», informó Julia del Prado Morales, en el grupo virtual Parnassus]

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Sobre su obra y persona:
In Memoriam: Horacio Mario Aguilar


Que en paz descanse: Se enamoró de mí virtualmente, tal vez de mi poesía. Me escribió varios poemas, a parte-citas mías. Jugando le iba mandando pedacitos de mi cuerpo, tal puzzle para que me descubra, se describa: ojos, boca, un lunar en el hombro…y él escribía con mucha pasión, con mucho juego y júbilo fascinación tal niño.

Finalmente este año, hace unos meses en uno de estos viajes a Buenos Aires nos conocimos personalmente, fue a buscarme al aeropuerto, ¡vestido con traje!, un verdadero caballero, con todos esos ademanes, un conocedor de la historia, de la geografía, de los suburbios, hombre de tango si los hubiera!

Desde un ventanal del bar del aeropuerto que daba al riachuelo estuvimos horas y horas conversando, es decir él hablaba, cantaba (era letrista de tango), argumentaba, mezclaba vida con obra, momentos de su accionar político, contó de sus amores, contó de las intimidades más hondas de sus amores, de sus pesares, de sus perspectivas, y yo y yo que fascinada, aprendiéndolo todo me dejaba llevar, entrever por la sombra de sus ojos por el sol de su gesto, si tuviera que escribir un par de palabras que lo adjetivizaran diría: pasional, hondura, con ganas de vivir, frontal, apostador de la palabra hasta la última chirola de por vida. Romántico.

Por pendiente me prometió algunas letras que necesitaba compartirme; por suerte se guardaron algunas fotos juntos de aquél momento, pero la mejor panorámica que me guardo es la del galope de su corazón donde sus ojos me decían desde este bajo continuo hasta este alta interrupción galopada que me da la existencia.

Mario, desde donde estés, mi recuerdo en el amor, como un tatuaje-tu sonrisa seductora- en la piel de mi memoria, queda.

Zijronot lebrajá.Sensiblemente, Fanny / 3-10-09

<>

Mario llegó cargando una maleta de experiencias,
letras de canciones y poemas.
Sonriente se sentó a compartir nuestra mesa.
Recorrimos un pequeño tramo de sendero,
él guardaba en su bolsillo la amistad Túpac
Una amistad que acariciaba suavemente.
Su generoso corazón sufría con el dolor de otros

Sufrió por Ingrid,
me confesó que le quito la calma
que no podía dormir
sabiéndola cautiva
y en el intercambio
le entregué a pedazo de alma
Mario descansa en paz.

María D. Fischinger (Perú)

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Francisco Ayala

Francisco Ayala (España)
Toda una vida de escritor


Queridos amigos: He sido escritor público a lo largo de toda mi vida. Empecé a publicar textos de mi pluma en mis años de adolescente y casi me atrevería a decir que desde mi infancia, y en ello he perseverado hasta ayer mismo, aunque mejor dicho, en verdad, hasta el día de hoy, cuando tengo la esperanza de alcanzar a cumplir la edad de cien años. Sin embargo, soy un escritor anómalo, en el sentido de que esa principal e incesante actividad mía se ha desarrollado sin profesionalidad, esto es, sin que yo haya hecho de ella mi modus vivendi. Lo cual ha permitido que mis relaciones con la industria editorial, sin que faltaran a veces los desencuentros y algún enojo, hayan discurrido desde el comienzo de modo apacible y generalmente amistoso. A tal resultado ha contribuido sin duda un factor de buena suerte.

En efecto, terminé de redactar una primera novela cuando sólo tenía diecinueve años y, siendo no sólo novato sino también totalmente impecune, carecía de perspectivas de verla publicada, una señora amiga de casa pidió a un su pariente, el exitoso autor teatral Guillermo Fernández-Shaw, que leyese el original, y este celebrado autor tuvo la generosidad de ofrecerse a pagar la impresión del libro; y enseguida, por si fuera poca mi fortuna, el libro fue comentado con benévolo aplauso en el diario «El Sol» por el más acreditado crítico de entonces, Enrique Díez-Canedo (era el año 1925); de esta manera el joven autor que era yo quedó ingresado de golpe en la república de las letras.

Vendría pronto la época de la renovación vanguardista. Fue ésta una época de gran brillantez para la cultura española. Todavía estaba en su actividad la espléndida generación innovadora del 98; Ortega y Gasset había irrumpido ya en la vida nacional acompañado por un nuevo grupo de literatos del más alto nivel; y por debajo, continuaba actuando un numeroso conjunto de escritores más o menos estimables que gozaban de popularidad, viniendo todo ello a coincidir con una profunda renovación de la vida nacional, sometida pronto a una crisis de sus instituciones políticas con el consiguiente cambio de régimen. Pero, según iba diciendo, surgió entonces un grupo de jóvenes poetas, narradores, músicos y artistas plásticos -la gente de mi grupo, que recibió el nombre de generación del 27-, dentro de la cual me fue dado desempeñar también mi propio papel personal, publicando varios escritos concebidos y redactados dentro del espíritu de la vanguardia. Fueron ediciones muy cuidadas, muy bien recibidas por el no tan escaso público minoritario de aquellos días, y hoy deseadas, buscadas y atesoradas por los coleccionistas; entre ellas, quisiera mencionar algunos de los títulos de los que yo mismo era autor: El boxeador y un ángel, Cazador en el alba e Indagación del cinema, exponentes claros, ya desde su propia cubierta, de una renovadora visión del mundo.

Conviene hacer notar aquí que el desarrollo de la actividad cultural española, así renovada, coincide de un modo muy significativo con movimientos parejos, simultáneos, surgidos en los diferentes países de la América hispánica, cuya historia intelectual no puede echarse en olvido. Fue una época de intercomunicación, de sintonía, entre los grupos intelectuales jóvenes y los de quienes en España nos esforzábamos por descubrir caminos estéticos todavía inéditos: un esfuerzo de apertura hacia el exterior y, mejor aún, de recepción recíproca desde todas partes. Cuando quiere entenderse bien lo que ocurre en el terreno de la cultura, no se puede prescindir del contexto político-institucional y, más ampliamente, del histórico-social, que imponen su marca y modulan las iniciativas de los grupos activos. Por supuesto, no es ésta la oportunidad de establecer alguna precisión que aclare lo dicho. Me limitaré, por tanto, a invocar el recuerdo de la famosa polémica sobre "el meridiano intelectual" suscitada por una imprudencia de Guillermo de Torre en La Gaceta Literaria en relación con la revista argentina Martín Fierro, tan fraternal ésta sin embargo para nosotros. Vivíamos los jóvenes en una atmósfera de felicidad cultural frente a un porvenir que se nos antojaba despejado y muy prometedor.

Tal atmósfera estaba alimentada por un conjunto de iniciativas editoriales -conjugadas a ambas orillas del océano- en cuyo desarrollo participábamos con entusiasmo los nuevos escritores de mi generación. Por cuanto se refiere a España, baste recordar la mencionada Gaceta Literaria, para no hablar de la espléndida y por entonces muy respetada Revista de Occidente, debiéndose también hacer mención de la famosa CIAP (Compañía Iberoamericana de Publicaciones), empresa de dudosa catadura y de no menos dudosa gestión.

Por cierto que mi buen amigo Esteban Salazar y Chapela tuvo la chance de participar en aquella manipulación editorial, y lo hizo con intención óptima y bien agradecida por sus amigos. En suma, quiero hacer notar también que durante aquel periodo de nuestra historia cultural traducíamos aquí en seguida todo lo más importante que aparecía publicado en el mundo, de modo tal que los lectores españoles podían estar al tanto de las novedades surgidas en diversos países, y ello con una apertura de intereses no igualada a aquella hora en ningún otro país europeo (y por cierto, el joven escritor que por aquellas fechas era yo fue traductor de muy importantes libros extranjeros, cuyo impacto sobre nuestra atmósfera intelectual de entonces fue evidentemente notable).

En resumidas cuentas, conviene notar que durante la primera fase de mi vida como escritor, esto es, desde los años de mi adolescencia hasta el comienzo de nuestra guerra civil, la industria editorial española había desempeñado un papel principal dentro del mundo hispánico, acogiendo a muchos de los más notables escritores hispanoamericanos, mientras que dentro del país se encontraba bien servido el conjunto de los productores literarios nacionales. Los nuevos, los de mi generación -la vanguardia-, promovimos por propia iniciativa la aparición de otros sellos editoriales de alcance minoritario que traían al mercado una fisonomía nueva, marcada por el gusto a lo distinto y con ciertas aspiraciones a la exquisitez. Y convendría notar que esta última manifestación de la actividad literaria española se había correspondido de un modo que pudiéramos calificar de fraterno con las actividades de los grupos de vanguardia simultáneamente aparecidos en diversos países de la América hispana. (Y empleo el calificativo de "fraterno" incluyendo en él las simpatías y los encontronazos como, por ejemplo, el de la famosa polémica del Martín Fierro).

Fue una floración maravillosa, pero ¡ay!, la turbulencia de aquella hora histórica habría de hacerla dolorosamente fugaz. Vino la guerra civil en España, destrozando el país y dejando a la población sobreviviente reducida a las condiciones más precarias. A mí me tocó formar parte del cuantioso número de quienes logramos salvar la vida emigrando, para caer en un exilio que parecía interminable y que de todos modos se prolongó por decenas de años, y que en muchos casos resultó ser definitivo y para siempre.

Ese exilio fue para mí en cambio relativamente suave. Mis circunstancias personales me permitirían recuperar de inmediato en Buenos Aires, ciudad que ya conocía y donde era conocido, y donde tenía muy buenas relaciones, tanto el papel de escritor como una posición social muy aceptable. Se me abrieron las páginas de las publicaciones argentinas más importantes: el diario «La Nación», la revista Sur, otras revistas, entre estas una de especialidad político-jurídica: La Ley. Y comenzó asimismo mi implicación en una industria editorial como la de aquel país, allí renovada entonces a expensas de la decadencia peninsular, y favorecida por las aportaciones de tantos profesionales emigrados.

Instalado, pues, en Buenos Aires, y desde el mismo día de mi llegada, reanudé allí la tarea de creador literario que había estado suspendida en España durante los años de nuestro conflicto civil, publicando ahora en la revista Sur (diciembre de 1939) mi Diálogo de los muertos, a la vez que empezaron a aparecer en La Nación artículos míos sobre temas diversos. Debo mencionar aquí algo muy señalado desde el punto de vista editorial: en 1944 aparecería, publicado por iniciativa de Eduardo Mallea, en la refinadísima colección de Cuadernos de la Quimera, lujosa oferta de la editorial Emecé, mi relato «El hechizado» (una de las piezas que habían de componer luego el volumen Los usurpadores). A la editorial Emecé he de referirme más adelante, pues a partir de entonces tuve con ella una relación excelente.

Si, como dije al comienzo, nunca a lo largo de toda mi vida fui un escritor profesional en el sentido de convertir en modus vivendi el fruto económico de mi creación literaria (soy, por notable excepción un escritor que nunca se ha valido de los servicios, al parecer sumamente útiles, de algún agente), he trabajado sin embargo, de vez en cuando, incluso como empleado a sueldo, para una casa editorial; pues es lo cierto, además, que durante esa breve etapa de mi vida los magros productos de mi pluma debieron servirme para atender en cierta medida a lo más indispensable del diario vivir. Trabajé para la editorial Losada, que publicaría varios de mis libros, algunos de ellos tan importantes como Razón del mundo, La cabeza del cordero y -sobre todo si se atiende a la magnitud de la empresa- mi Tratado de sociología.

Traduje por su encargo obras, alguna de ellas de mi gusto y otras a disgusto mío, y ello me permitió avanzar en la carrera modesta pero grata de tratar con los libros y sobrevivir en un ambiente que me consentía hasta cierto punto elegir el terreno de mis actividades. Entre éstas he de mencionar de modo muy especial la creación y gestión de la revista Realidad, a la que, para matizar su carácter, subtitulé Revista de Ideas. Esta revista la habíamos planeado Francisco Romero y yo con la ayuda y el estímulo de Mallea. E insistí en que Romero apareciera como su director, comprometiéndome con él a no encomendarle ni hacerle responsable de ningún trabajo.

La revista fue diseñada y, lo que es más importante, costeada a sus expensas por la Imprenta López, empresa que entonces servía a las publicaciones de las dos principales editoriales bonaerenses. No debo extenderme, como bien pudiera, en detalles interesantes. Invité a colaborar en ella a varios de mis amigos y colegas de España, como José Luis Cano y Ricardo Gullón; se publicó un comentario muy apreciativo de la recién aparecida novela Nada, de Carmen Laforet, y también hubo trabajos con la firma de diversas personalidades de relieve máximo, que son hoy figuras indispensables en la historia universal: Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre, Jorge Luis Borges, Martin Heidegger, Juan Ramón Jiménez, Arnold Toynbee, Pedro Salinas, T. S. Eliot, Alfonso Reyes... De Realidad se publicaron dieciocho números; y cuando -por razones diversas- decidí poner fin a mi residencia en la Argentina y trasladarme (año 1949) al norte del continente americano resolví, con gran contrariedad de todos los concernidos, cerrar su publicación, pues no quería que, abandonada por nosotros, pudiera caer en lamentable decadencia, según suele ocurrir en casos análogos, y según ocurriría más adelante con la revista La Torre, que yo mismo había de fundar en la Universidad de Puerto Rico.

En cuanto a mi relación con la Editorial Sudamericana, fue desde el comienzo, y siempre hasta el final, fácil y muy satisfactoria. Había entablado yo muy pronto una buena amistad con su promotor y dueño, Don Antonio López Llausás, un hombre a cuyo padre, dueño de un importante negocio librero en Barcelona, había tenido yo ocasión de saludar no mucho tiempo antes en aquella ciudad. Su hijo, López Llausás, era persona culta, discreta, prudente en sus negocios, y muy capaz de mantenerse siempre dentro de su papel marginal, aunque ciertamente decisivo, en la vida intelectual porteña. La Editorial Sudamericana publicó con complacencia y satisfacción de mi parte las primeras ediciones de mis libros Histrionismo y representación, Los usurpadores, Muertes de perro y El fondo del vaso. Mi familiaridad con el mundo editorial en aquellos años porteños me permitió ofrecer una mirada irónica, quizá divertida, sobre esa profesión que finalmente es la mía. Algunos de mis relatos, como El colega desconocido (recogido en el volumen Historia de macacos), pueden dar una idea de esa actitud mía -ligera, burlona y escéptica- acerca del pintoresco mundo de los escribidores, afanándose por entrar, a fuerza de publicidad, en el juego competitivo de los best sellers.

Luego, mi vida en el trópico, mi relación con la Universidad de Puerto Rico y con su editorial a cuyo cargo estuve, viene a completar esta fase de mi larga actividad de intelectual, pasando yo pronto, desde allí mismo, a reanudar mi verdadera profesión: la docente. Aquella universidad, como la isla misma, su régimen de gobierno y sus perspectivas culturales, se encontraban en una fase de gran plasticidad. Todo cambiaba rápida y profundamente; y esto permitió que mi colaboración, tanto como mi amistad, con el rector Jaime Benítez y con varias de las personalidades singulares, y muy interesantes, que componían aquella peculiar sociedad, fuesen para mí ocasión de experiencias bastante singulares de las que he dejado algún testimonio por escrito. Me referiré aquí tan sólo al aspecto relacionado con la actividad intelectual, que fue de todos modos bastante importante.

Establecimos allí una relación muy fecunda con el mundo orteguiano (Benítez era, para así decirlo, un ferviente fan de don José Ortega), y de ahí vino un arreglo para imprimir y publicar en Puerto Rico varios de los títulos que llevan el sello de Revista de Occidente. Marginalmente, la gente de dicha revista en España (concretamente, Fernando Vela) imprimiría en Madrid (1955) la primera edición comercial de mi libro Historia de macacos —aunque seguro estoy de que dicho libro nunca pasó a las librerías—, reproduciendo una edición privada, en verdad clandestina, que previamente se había impreso gracias al entusiasmo amistoso de Ricardo Gullón.

A partir de allí mi actividad y mis iniciativas docentes en la Universidad de Puerto Rico abren una nueva etapa, ya definitiva, a mi carrera de escritor público. En fin, ahora, en la fecha de hoy (el 26 de septiembre de 2005), cuando he terminado de poner por escrito estas palabras, y ante la perspectiva de cumplir los cien años de mi vida, vuelvo la vista hacia el prolongadísimo camino de esta mi existencia sobre el deleznable planeta en que me fue dado abrir los ojos al mundo y encontrarme conmigo mismo y me doy cuenta de que la realidad en la que se desenvolvía mi existencia ha experimentado tan sustanciales cambios que apenas si acierto a reconocerla. Venía hablando hasta este momento de un siglo en el que los libros han constituido el panorama básico de la existencia humana, debiendo entenderse por tal la del hombre que se alza sobre su naturaleza material para contemplar un panorama superior apenas descifrable, y reconozco que los libros, y dentro de ellos lo que en sentido preciso debe llamarse literatura, que ha sido para mí la orientación y meta capaz de justificar dicha existencia sobre la tierra, han perdido ya su vigencia, y están siendo sustituidos por vehículos distintos de la expresión y de la comunicación sobre los soportes que nuevas tecnologías introducen y que anuncian maneras de vivir y de entender el mundo enteramente ajenas a aquellos que, como yo, han desarrollado su existencia temporal en un tiempo que ya hoy se ha hecho pretérito.

No me ha sido dado a mí otro medio de realizarme en función del mundo en que me tocó vivir, si no es a través de la letra impresa. El espacio de la realidad acotado por los libros ha sido desde la infancia mi espacio natural, y en él se ha desenvuelto básicamente mi actividad sobre la tierra, en relación siempre con quienes, como yo, con los libros han vivido, y me refiero a quienes fueron mis compañeros escritores, o los muchos, incontables, aficionados a la lectura, pero, muy en particular, a los profesionales de la producción de tales objetos de cultura: bibliotecarios, editores y libreros, entre los que, ya en su mayor parte desaparecidos, he tenido y tuve tantos y tan buenos amigos a lo largo de esta dilatadísima permanencia mía sobre este cuerpo astral al que piadosamente he calificado de deleznable.

[Texto íntegro del discurso pronunciado por Francisco Ayala al recibir el Premio Antonio de Sancha, el 26 de septiembre de 2005. Ayala murió recientemente].

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Daniel Alarcon Osorio (Guatemala)
Rostros


Mi mamá me decía que por el rostro de una persona se puede saber cómo es.
La vida me ha enseñado que hay rostros que al verlos dan ganas de seguirlos viendo.

Hay rostros que luego de verlos uno se pregunta qué pecados estarán pagando.
Hay rostros que uno ha visto madurar y no se encuentra razón para dejar de preguntarse, por qué siguen siendo unos hijos de la chingada.

Concluyo que Mark Twain tuvo razón: que todo hombre es como la Luna: tiene una cara oscura que a nadie enseña. La mujer tampoco se salva, eh.

Daniel Alarcon Osorio, en: Revista nº 4 - CLUB DE POETAS DEL SUDESTE CORDOBÉS



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Lynette Pérez (PR)
Los rostros


Por estos senderos citadinos, oscuros y crueles, también transita el otro, sólo que se trata de ese otro que muchos no quieren ver. Ese que nos pide dinero en las luces, ese que ha dejado iglesia, familia y hasta una profesión para vivir del cuento. Ese que agoniza en los hospitales sufriendo de enfermedades espantosas. Ese que no cree ni en la luz eléctrica. Ese que ha perdido la fe en el amor y en la caridad humana. Todos esos otros que hacen que la gente de bien vire el rostro hacia otro lado al pasar a su costado. Ignorando, al pasar junto a ellos, esos rostros que los miran desde el otro lado.

Esos rostros, torturados, apaleados, vejados, que nos devuelven la mirada desde su yo inclemente que ha dejado de creer en dioses, iglesias y hombres. Y tal vez lo más triste, que ha dejado de creer también en los sueños, que a diferencia de los dioses, los hombres y las iglesias que responden al discurso del PODER, éstos son de aquél que los sueña. Le pertenecen, le permiten seguir adelante. Ay, cuando los sueños nos abandonan, puedes cerrar para siempre la puerta: porque para los que abandonan toda esperanza no hay retorno posible de las mazmorras del desaliento.

Esos rostros, cascados y martirizados, muchas veces por la sociedad, otras por las circunstancias, otras tantas por los vicios, muchas otras por los desencantos y por la realidad inclemente, se meten en nuestra piel y nos convierten en aquello que ignoramos, en ese otro que desechamos, para que purguemos nuestra saña y violencia en sus estanques. Y más allá la desesperanza nos toca con sus alas para que no olvidemos que también existe y es eterna.

Lynette Pérez: / En: Mi espacio intradimensional / Ver

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Carta abierta contra la censura

Tal vez yo sueño...

Porque pensé que el país era libre,
que vivíamos en una democracia,
que se respetaban los derechos:
el derecho que tenemos de ser libres...
libres de leer, libres escribir,
libres de escoger, libres de pensar.

Sin embargo, otros piensan por nosotros,
otros son los que eligen por nosotros.

Oigo el sonido de poemas urbanos,
abatidos, silentes, despojados.
Oigo la queja de escritos mundanos,
sufrientes, censurados, dolientes.

Tengo ansias de gritar,
de verter la negra sangre
de esas palabras durmientes
hasta que el cerco de tinta
se haga infinito como la muerte.

Hasta que el reguero de tinta
abra un camino entre los censores
señalando su ignorancia, su insidia,
su saña, su inquina, su agenda oculta
despertando de su sueño al pueblo.

Es la hora de acelerar los latidos,
de arrojar fuegos de tinta en la sangre.

¿Qué tratas de llegar a fin de mes?

Así te quieren,
desposeído,
angustiado,
preocupado,
oprimido,
haciendo malabares
con tus finanzas
para llegar ileso
A FIN DE MES.

Si estás preocupado
por la economía de tu casa
no te importará lo que pasa
en sus oficinas con la del país.
Si vives preocupado
por tu hipoteca y tu carro
no te importará en que gastan
el dinero de tus contribuciones,
LO QUE GASTAS EN TAXES.

¿Qué no quieres hacer una huelga?

Así te quieren,
sumiso,
callado,
indigno,
alienado,
así te pueden manipular,
pueden usarte,
ningunearte,
comprarte,
manejarte,
ATORMENTARTE.

¿Qué temes perder el trabajo?

Así te quieren,
inmóvil,
exánime,
inerte,
sin ganas,
sin espíritu de lucha,
MANILO.

Mejor para ELLOS
si no reaccionas,
si no te rebelas,
si no te revuelves,
no serás un problema,
serás un imbécil!!!

¿Qué te da flojera contrariarles?

Así te quieren
y si tú acaso los dejas
compraran cada resquicio de tu piel,
te compraran hasta el alma,
¡serás su esclavo asalariado!

Te invadirán de la peor manera:
destruyendo, mutilando, asolando
lo que identifica, lo que te signa,
lo que te define, lo que te nombra.
Destruirán tu cultura, tus tradiciones,
tus valores y te dejarán: SIN PATRIA.

Pensé que el país era libre,
que vivíamos en una democracia,
que se respetaban los derechos:
el derecho que tenemos de ser libres...
libres de leer, libres escribir,
libres de escoger, libres de pensar.

¡Sí, tal vez es que sueño!

Lynette Pérez

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Jorge Etcheverry (Chile)
Nota sobre Hermanando poetas y fronteras


Las fronteras no son cosas de pueblos o naciones, sino de estados. Entre nosotros, son producto de conquistas. A lo largo de la historia las naciones conquistadoras ven cómo se extienden sus límites hasta engullir a otras cuya documentación llevará su sello y cuyos recursos materiales y humanos realzarán la producción y estilo de vida del país conquistador, y llenarán sus arcas.

En el imperio británico las burocracias que administraron sus colonias en los cuatro extremos del mundo aplicaban sus estructuras administrativas, hablaban su lenguaje, producían castas de funcionarios. Insitos en el radio de influencia del imperio americano, el único que va quedando, el inglés cierne sus alas abarcadoras de presunto idioma universal para los negocios, mientras el sistema neoliberal nos escalona en una pirámide descendente cuya cumbre desaparece entre las nubes de la opulencia que nuestras masas enajenadas vislumbran a través de los medios de comunicación.

Nuestras naciones fueron artificialmente divididas en el siglo XIX al retirar el ruedo de su falda el imperio de turno. Desde entonces las potencias interesadas, sus empleados y clientes en nuestros países, han mantenido vivo el rescoldo de la rivalidad entre nuestras naciones, a veces bajo la máscara del más auténtico nacionalismo. No por casualidad a fines de los setenta, cuando en el Cono Sur se enseñorean los militares conservadores, neofascistas y nacionalistas, casi estalla un conflicto que hubiera abarcado a Chile, Argentina, Perú y Bolivia. Por otro lado, es difícil pensar en un gran poeta latinoamericano que no sea visto como poeta continental, latinoamericano, por los mismos pueblos que a veces parecen acecharse recelosos desde lados opuestos de fronteras comunes. Valga mencionar a Neruda, Mistral, Guillén, Vallejo, Dalton, Paz, Beli y Benedetti. Es que pareciera que en cuanto a poesía hay en juego otros presupuestos.

Esta antología se inscribe en este contexto, que combina la unidad, o mejor dicho comunidad de la América al Sur del Río Grande, con un propósito que puede denominarse progresista, sino fuera porque en nombre del espejismo del progreso se han organizado las esclavitudes modernas y las devastaciones ecológicas. Que esa palabreja ha descaminado a más de un proceso revolucionario, encandilado quizás secretamente por los resplandores de los estados capitalistas avanzados. El continentalismo ha estado proscrito ya desde los tiempos de Bolívar. Está en el orden de los tiempos que nuestros países sobrepasen las barreras institucionales y políticas del presente y los intereses de los grupos de presión, cuando pasa que Bolívar se vuelve a insinuar en el horizonte. Los autores hermanados en Hermanando son nacionales bolivianos y chilenos, en una antología que, según el prologuista, César Verduguez Gómez «reúne a poetas de dos naciones».

Esta breve muestra de poetas de ambos países, que sorprende por su calidad y variedad, incluye a Konzuelo Villalobos Sanzetenea; Armando Uribe;María Joaniquina; Eduardo Llanos Melusa; Silvia B. Quiroga; Teresa de Jesús; Jorge Ayala Zelada; Ariasmanzo; Judith üstariz Arandia; Marcelo Mallea; René Rivera Miranda; Paz Molina; Rubén Pedro Balcazar; Genaro Albaino; Norma Mayorga; Mario Markus; Maricruz Baya Claros

Juan Pablo Huirimilla Oyarzo; Carlos Vargas Guevara; Jorge Montealegre; Rosse Marie Caballero Vega y Elías Letelier.

Sería injusto para mí tratar de situar a los autores en el contexto institucional poético de sus países, por mi mayor familiaridad con la poesía chilena, pero respecto a ella puedo mencionar que poetas de diversas generaciones y tendencias poéticas, del interior y el exterior han acudido a este llamado de poesía, solidaridad y rectificación histórica y cultural: el continentalismo ausente, una parte de la utopía que brilla por su ausencia es un tema recurrente en este libro, Konzuelo Villalobos Sanzetenea, abre el poemario con Atlas del Sur:

la noche está apostando
en este duelo
Y es el gran Atlas
y una búsqueda del tamaño
de una pregunta
bordeando el perímetro accidentado
de este sueño

Se trata de una pregunta que a la vez es una empresa, cuya respuesta se va configurando a medida que se avanza en la praxis congnoscente del poema, que simboliza o analogiza la práctica histórica de la construcción del continente unitario, que míticamente subyace a la historia que se inicia “desde la peluca y la casaca” nerudianos, y es hipostasiado en el pasado precolombino indígena. “Bolivia y Chile son dos siameses cocidos en la altura y en lo profundo, dos naciones nacedoras del mismo parto y el mismo grito. Bolivia y Chile son hijos de sí mismo indígenas, previos a ellos y a sus nombres”, afirma el prologuista en las primeras líneas del libro, que termina con una variación que también tematiza lo precolombino

Memorata

Memorata
Del
Huemul,
sólo
nos
queda
un
zapato
sin
cordones,
en
un
museo,
y
un
gran
cementerio
de
carteras.

Lo que quizás puede señalar este poema de Elías Letelier es la salida del gran mito de la unidad precolombina de América, ya periclitado, para abrirse a otras posibilidades, ya que como dice Eduardo Llanos Melusa, «Jamás hemos / conocido otro milagro/que la multiplicación de/los precios del pan y los peces / y ningún infierno nos inquieta tanto/como la transmigración de las armas / desde los Estados Unidos del Norte / hasta los estados desunidos del sur», lo que en el entramado de la constelación significativa plasmada en esta antología nos conduce fuera del mito paradisíaco precolombino, hacia la escisión imperial fundacional de América, perpetuada hasta nuestros días en otra versión del conflicto/interdependencia de los dos hemisferios, en la medida que el Norte explota y domina, pero vive gracias, al Sur.

La división en tanto impuesta al estado originario pleno y unitario, del hombre como especie distinta, pero también [quizás] como naturaleza, denota una cierta universalidad humana, americana digamos, recordemos las dos historias de Neruda, la ab[original] y luego la degradada posterior a la llegada de los españoles a América, la de la metonimia que separa al hombre del hombre y de lo natural, y contrapone a los ‘ríos, ríos arteriales’ y la ‘peluca y la casaca’ de esa historia degradada que hay que remontar, destruyendo la “muralla lastimada de sombra/de granito y cal y canto/manchada de sangre inocente” en las palabras de Judith Ustariz Arandia La conciencia es el camino de la liberación, de la superación de los elementos divisorios en la concepción [entretanto imaginaria y prospectiva], de la utopía, en este hegelianismo mítico, cuando la misma poeta nos dice que «ya los diques de cemento no espantan/ante la conciencia emancipada».

Y existe el combate implícito, ya que esta muralla no sólo divide a los países del continente, sino a las clases en los países, y a los países dependientes de los metropolitanos. De ahí aparece el líder que encarna el combate y su identificación con la figura del Cristo, la parte mimética, el disparador e impulso de la lucha revolucionaria en la mente colectiva, “Naciste líder valiente/en cuna del “tercer mundo”, y más adelante, “Tu figura y tu semblante/me recordaron a Cristo”. Y luego será el verbo, la expresión de este entramado ideológico y mítico, situado a la manera de la poesía, entre la expresión conceptual y lo imaginario, guía antes que para la acción, para la disposición, si se quiere, espiritual, que ese verbo transmite y empatiza: “en el principio fue el verbo,/el verbo se hizo eco,”, luego “el verbo se hizo poesía”, nos dice René Rivera Miranda, y Marcelo Mallea pide un vocabulario para nominar objetos y procesos en el poema Palabras. La tarea del poeta la describe Paz Molina:

Para construir aquel mundo inexpugnable
se dan cita los poetas en el crepúsculo
de sus venas abiertas nace
la esperanza de América Latina.

Se trata, entonces, de la superación de las divisiones, un poco de la vuelta a la condición primigenia, sin separación ni aislamiento, de hombre con hombre y hombre y naturaleza–predicada a través del verbo que se sitúa a medias entre lo pragmático [que la hace entendible] y lo mítico, que nos mueve e impulsa [¿a la acción?]. El poeta entonces, es el restaurador. Yendo más lejos y avanzando a paso de ganso por las mediaciones, el poeta canta a la revolución.

El mar es la sed de la reivindicación histórica justificada de Silvia B. Quiroga, en Sed: «Lejos del plancton y el coral/quemo mis labios con la sal/de una impostergable sed marina». Pero no simboliza tan sólo la reivindicación del pueblo y los poetas hermanos, la intención y el deseo de la abolición de las fronteras, al menos en la América que se quiera quizás bolivariana, sino que representa también la desposesión que es el la garantía del uso y disfrute de la naturaleza, pero también de la comunión con ella, ya que, como dice Ariasmanzo, «El mar es de nadie y es de todos».

Publicado en: La cita Trunca. ed. Jorge Etcheverry. Ottawa: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Jul 12, 2009

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Los poetas y el vino (con menciones)

Como pájaros míticos
casi sin ediciones comerciales
Se paran en los roqueríos y ramas
de diversas mesas
Tráiganme trago
Tráiganme un asado
Para este canto de amor a Stalingrado
parodia El Innombrable
Frente a su medio litro de tinto de la casa
Y el Pepe Cuevas dice
mirando su cerveza
Y yo no sueno ni trueno
Y yo no voy ni a cañón
Y no es que estén solos
Anidando en el seno de pueblos cerveceros
o vineros
del tinto y del otro
ni Carlos Pérez
que toca apenas el vaso con los labios
sentado como un Buda
entre la poesía negra caribeña
y la poesía en español per se
la spoken word
los latinopoets del Monstruo
Tratando de darle forma orgánica
a la constelación local bolivariana
Mientras El Innombrable se toma otro trago
Se acuerda de los japoneses
que comen pescado crudo en mesas bajitas
y toman sake en minúsculos vasitos blancos
haciendo haikus
mientras Godzilla se esboza en la conciencia nacional
como la cara que asumieron Hiroshima y Nagasaki
Y los vascos casi no tienen poesía
por el intomable txacolí
Que De Diego dice que producen de corteza
por falta de sol que madure las cepas
Y Arturo dice,
Por Dios Montresor
emparedado entre el trago
y los cigarros
Y el Cayo Evans comenta
«puchas que le hemos puesto»
ante medio vaso de cerveza
en el bar de los sesenta
le pide a la mesera
«Señora, dos puñales»
y lo arrebata el tango

Jorge Etcheverry / En La Cita Trunca

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Rubén Vedovaldi (Argentina)
Buen día


Se golpeó un dedo con un martillo. Pisó una tachuela y se la clavó en el talón Se le cayó un ladrillo en un pie Se pinchó con una aguja o alfiler Se cortó con una hojita de afeitar, un vidrio o un cuchillo Se le encarnó una uña Le salió un orzuelo Le entró un bicho en una oreja y se le infectó Se raspó un codo una rodilla el hombro Se peló la frente Se quemó con aceite al freír unas milanesas. Le robaron la billetera en el colectivo Prestó la moto y se la chocaron Le encajaron un billete falso de cien y no se dio cuenta. Es hincha de un equipo de fútbol perdedor Nació en año bisiesto Le rompieron el tabique nasal de una patada, la madre murió loca, se levanta cada día antes que el sol y mientras sale a ganarse la vida como puede, saluda a todos con su mejor sonrisa Buen día, lindo día. Dicen que cruzarse con él en cualquier parte trae suerte.

Rubén Vedovaldi / En De literatura y algo mas

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Rosa Berenice Contreras (Perú)
Promesa


Un día
me prometí
y asi le dije,
al cielo y a las estrellas
mirando al firmamento:
jamás llorar
por un amor equivocado.
Ya ves
estoy aqui de nuevo
mirando al cielo y a las estrellas,
llorando por ti.
Me hiciste soñar
en un cuento de hadas
de hermoso final.
Tuviste el poder
de transportarme
a un país encantado
donde eramos los dos.
Tú, con tu mar
yo, con mi río,
bajo el mismo cielo.
Sólo
fue un cruel sueño
que despertará
con mis lágrimas
y mis desvelos.

Rosa Berenice

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Lamento

Cómo un gémido salido del cuerpo
cómo suspiros descubiertos
al morir del viento
es este lamento que siento
en la soledad de mi habitación.

Te miro, te busco y no te encuentro
es alli en donde cae el llanto
de mis ojos negros
al no estar compartiendo
mi lecho ni mi pan.

Anoche soñe contigo
en un mundo diferente
y senti que las estrellas,
todas ellas
bajaban a la tierra
y mis rosas las de pétalos rojos
subian a la luna
y me ví envuelta en un manto
de rosas y estrellas
al verte ya conmigo
compartiendo el lecho y el pan.

[Rosa Berenice Contreras Calderón, pintora, poeta, escritora, compositora, artesana, nacida en Cajabamba un 23 de diciembre de 1948. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes José Sabogal de Cajabamba, recibiéndose de profesora de Artes Plásticas. Se inicia en la educación en 1974 en los colegios San Miguel y Nuestra Señora de Fátima en Piura. Realiza exposiciones pictóricas individuales y colectivas, pinta murales y ganó un Festival de la Canción Piurana. Destacada a Trujillo en 1983, donde pinta, escribe, compone, hace exposiciones píctoricas individuales y colectivas en diferentes centros culturales. Ha sido incluída en las antologías: Literatura Liberteña, [1999], Antología de la Poesía de la Casa del poeta Chimbote, Región Ancash, 2006, Escritores de la Región La Libertad, auspiciada por la Municipalidad de Trujillo, 2006, Cajamarca; caminos de poesía, 2006, y Trujillo y el Periodismo [Universidad César Vallejo, 2007]. Tiene dos novelas inéditas y una publicada, Madrugadas entre brujos y curanderos [2006]:
Bitácora / Obras / Textos]

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David Huerta, poeta nacido en 1949, entrevistado tras haber recibido del Primer Honor Literario, concedido por la Universidad Autónoma de Zacatecas, el día 3 de noviembre pasado en el marco de la Feria Universitaria del Libro. En la entrevista que realizara Daniel Bencomo, Huerta llamó a Sor Juan Inés de la Cruz «la parte más valiosa de la literatura mexicana; no la única, pero sí la más valiosa». Opinó sobre en torno a la poesía de Luis de Góngora y su disputa con Francisco de Quevedo. «No es un poeta ideológico, incluso una de las cosas que más me llama la atención, siendo como soy un hombre de izquierda, de la vieja izquierda mexicana, es el apoliticismo de Góngora».
Foto y entrevista

Extor Henrique Martínez (México)
El chupapollismo de David Huerta


En un post del día jueves 30 de junio de 2005, titulado Huerta, Barthes, Crítica Literaria, el Nacho Mondaca [humphreyblogart.blogspot.com/] refiere la pequeña pedorrera que en una nota periodística —publicada en el Imparcial (vaya ironía este pinchi nombrecito del pápiro ése)— el poetastro David Huerta expele en contra de los supuestos y sedicentes «críticos literarios» que pululan a lo ancho y largo de Mexitlán de las tunas.

El vástaguillo del poeta Efraín Huerta señala algunos síntomas que aquejan a gran parte de los críticos malamente llamados literarios, pero lo gacho del asunto es que el men parece que ignora el antibiótico que él mismo también necesita para ese mal que critica (o se hace el pendejito para pasarla bien). Pues, si nos ajustamos a la fidelidad que representan las palabras del Nacho Mondaca, inferimos que el tal Huerta, además de zacatón es un ambiguo chupapollas; pues el bato, una vez que tira cagada recriminando la talacha del comentarista o reseñista solapero (a quien hoy se le adjudica el mote de crítico), no se atreve a mencionar de manera particular nombre o apelativo de algún chango a quien enejartarle su pedorrera.

—Le hace igual que muchos cretinos que pululan en este desolado chaparral culturoso; o sea, el güey habla en abstracto y se muestra renuente a decir fulano, mengano o zutano.

Paso a copiar el texto del Nachón (Mondaca) para mejor claridad del birote:

«En su última entrega periodística regular (El Imparcia l /Perfiles / 26 de junio de 2005), David Huerta protesta por el bajo nivel que, según dice, prevalece entre los críticos literarios. Contra el contexto titula su lista de reclamos, en la que sostiene que actualmente los críticos abundan en explicar el contexto de una obra y eluden abordar el texto como tal. Luego le da hijio a su papalote al afirmar que el ensayo de Roland Barthes "S/Z" (basado en el relato Sarrasine de Balzac) es «uno de los últimas obras maestras de la antigua escuela» (sic).

Enseguida, Huerta se apura a observar que la crítica literaria en México es deficiente y llena de inercias. No da nombres ni nos proporciona ejemplos concretos. Señala que, no contento con refritear el contexto de tal o cual obra o autor, el crítico contemporáneo se regodea en la táctica de la hoquedad y el lucimiento verbal sin mayor aporte que una cadena de frases como la siguiente:

«En la poesía primeriza de Perengano (n. en 1931), el verso libre se flexibiliza y tiende un arco luminoso entre el sentido y la onmipresente desnidad onírica en la que el signo literario se refuncionaliza y la metáfora tradicional se resemantiza en una operación multívoca de dispersión, ambigüedad y reestructuración intertextual».

Es cierto que este fenómeno suele ser socorrido entre muchos de los llamados críticos literarios, por lo general escritores con cierto oficio, sin embargo, es en el aula universitaria donde se practica un tipo de crítica digamos profesional. Se puede decir que existe "mucha" crítica literaria que por su profundidad y sapiencia tiene determinado valor en términos académicos. Este nivel de crítica "académica" generalmente no trasciende más allá de los encuentros, congresos y coloquios de literatura deseñados por y para especialistas. Difícilmente estos textos aparecerán en revista o periódicos de los llamados culturales.


Lo que sí encontramos en las publicaciones literarias son ensayos (generalmente recortados o reducidos) cuyo propósito es deslumbrar al lector con datos apantalladores y grandilocuentes; te tropiezas con ellos también en las contraportadas de los libros, en las reseñas o en las crónicas culturales. Sin embargo, esto no es propiamente crítica literaria en el sentido estricto del término.

El belletrismo que solemos encontrar por el común en las páginas culturales de los periódicos guarda más el propósito de capturar al lector y seducirlo orillándolo a la lectura de otros textos, que el hacer crítica propiamente dicha. Por otro lado, no existe una vieja escuela, existen muchas escuelas, viejas y nuevas; unas pretendían la digestión inmaculada del mero texto, y otras, la recreación deliberada del contexto y datos aleatorios.

En su caso, el propio Barthes era especialista en renegar de su propio basamento teórico en la conciente práctica de reirse de sí mismo y de los demás» [humphreyblogart.blogspot.com/].

Si el Huerta se envalentona aventando su giña en contra de los supuestos críticos literarios, dejando por un momento su entorpecido lirismo, cuando menos debería comportarse con un poquito decencia ante los lectores, pero viniendo la cosa de un tipo como él ya sería mucho pedir.

A ver ¿porqué, cuando menos, no detalla nombres el cabrón?; ¿a quién pretende adscribirles sus esputos?, ¿al viento?

—Qué poca madre tiene.

Grita en abstracto para no pedir perdón si acaso la caga el güey; en su retórica utiliza las mismas trampas espurias y ambiguas a las que recurren los metatextalueros y descerebrados deconstructivistas de por acá (trapecistas de la verba como el el Erasmo Katarino, Putiérrez Vidal, la Sidarta Chochoa, la Vianet Beyina Medina, el Gerardo Mamónico Navarro y párele de contar.

—Ah, cuando citan y dicen "¡fulano!"; es sólo para lamber el chocho.

Ese tipo de estrategia escritural tiene sus fines: se trata de asegurar un sistema de tranquilidad, una manera ruin de cagarse encima del prójimo y luego sentarse junto él (y aquí no ha pasado nada, que siga la fiesta); palpitación de la angustia donde el individuo apenas asoma la jeta.

—Como los morros nagualones que se esconden debajo de las enaguas de la agüela.

Manifestaciones de la cobardía anclada al miedo de perder lo que se tiene; porque actuar de otra manera, como se debería actuar; es decir, sin hacerle a nadie el caldo gordo, no es muy peluches.

—Y eso está cabrón; porque tal actitud o postura es propia del hombre libre, del herético, del solitario que está poseído por un valor casi demencial, como diría Ernesto Sabato.

Volviendo a la machaca del David Huerta, la vasija literaria no está rebosando de julanos dedicados a ejercer la crítica literata para que hable en esos términos; la galería se compones apenas de unos cuantos batillos; y la mayoría, por oportunismo, irritación o resequedad mental, se guarecen en la madriguera de los sectarismos literarios. Se necesita ser muy babuchas para no saber en los derroteros en que se encuentra hoy —y de un tiempo acá— la crítica; en condiciones de pobretería mental, sin dignidad intelectual, y en el peor de los casos colgada del chayote institucional y empresarial.

La crítica literaria en México, ya lo requetesabemos, cuando no sufre las mutaciones del academicismo libresco y petulantemente abstracto y anodino, se pervierte en notitas de encargo o apuntes ininteligibles que ni el mayor de los exegetas puede llegar a comprender lo que se quiso decir en toda la marabunta fraseología metafísica que sólo tiene valor quimérico.


Esa es la «táctica de la hoquedad» en que se regodea el crítico contemporáneo, según escribe el potilla Huerta; y ¿acaso el bato no aplica ese mismo método, consistente en «refritear el contexto»? Entonces ¿paqué se apechuga si, mordiéndose la lengua, usa esos mismos parámetros?

— ¡Joder!

Lo que se conoce como crítica no es propiamente lo que debiera ser una crítica, la mayoría de suele ser fraseología esponjosa apantallapendejos, desvergonzadas maromas mentales sin rigor analítico, apuntaciones taradas y superficiales, esplendor de verbosidad mamona incapaz de soportar la deducción interpretativa de la conciencia porque no dice nada y sostiene en el vació; capirotada de mafufadas, especulaciones, regodeos y digresiones.

—Salivero vertiginoso, nada más y nada menos.

¿Para qué?, pues para elevar al pináculo oropelesco a mediocridades.

—¿Se trata de una crítica?

Pongamos que sí, pero derruida y abaratada. No hay respeto para el lector, y se le da a tragar cualquier mierda, o bien, lo entoloachan mientras le anuncian vacuidades seudoliterarias, engendros de bajo anaquel garrapateados por simples facherosos, efebos líricos o malogrados debutantes.

—Y qué reparos puede poner el ignorante lector sino tragársela entera.

Es verdad lo que afirma el Huerta, pero que no chingue, pues aplicando el ponciopilatismo se quejumbra de los defectos que padece de la crítica literaria, mientras en su texto periodiquero consigna esas mismas lacras y vicios que él tambien padece.

—Vaya manera tan fufurufa de aventarse la pedorrera haciéndose el jarakiri con la fetidez del órgano cagarrutano.

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Lacras preceptoras de la lengua

Hay una multitud de necios que todavía sigue montada en la creencia de que la gramática normativa se cohesionó a través de la parla, es decir de la palabra hablada por la perrada común y corriente. La gramática española derivó de la letra impresa, específicamente de la literatura, para evitar que la lengua oficial se fragmentara y se contaminara. Fueron los académicos —Enrique de Villena, Antonio de Nebrija, Juan del Enzina y otros— quienes comenzaron a fijar las reglas gramaticales en aras del «buen escribir», mientras tanto la canalla también hizo lo propio pero desde la vertiente espontaneísta.

Los hablantes de la lengua española se dan cuenta entonces que había reglas gramaticales a las cuales había que ceñirse y que fueron impuestas desde la vieja metrópoli española para que los hispanohablantes residentes en las colonias de ultramar se las masticaran en honor y devoción de los reyes gachupas; porque la lengua española era un idioma tan noble que merecía —por la gracia de Dios— ser entendida y aprendida por tochos morochos (eso era lo que decía el Carlos V y, sin embargo este güey hispanoaustriaco, hijo de Juana la Crezy y de Felipe el Chulo, aprendió su grandiosa lengua castellana a los veinte años de edad).
A la pelusa del pueblo le valían cacaguate las normas gramaticales; la mugre, el hambre, la ignorancia y los azotes le impedían ocuparse de tales monsergas; la parla que brotaba de las bocas de los pelados, macuarros y pránganas emanaba de igual manera que sale el semen del orificio bichoresco, en forma emotiva, instintiva, pasional, frenética, por no decir bestial.

Y todavía prevalecen los criterios mamones que de manera pedantemente majadera pretenden hacer aguas donde sólo hay lodo a punto de secarse. Y es el caso de cretinos a quienes le duele ver que se escribe k en lugar de c dura.

Preguntaba el máster Nikito: «Porqué hemos de soportar la tiranía de los inútiles fantasmones, extraviados en las sombras de un pretérito siniestro, que arrogándose el papel de pontífices de la metrópoli lingüista, creen dirigir a un idioma hablado por [más] de doscientos y pico de millones de personas ajenas a Madrid?».

Y no vale la pena perder el tiempo en discusiones oligofrénicas o polémicas paleolíticas respecto de que si es correcto o no escribir poyo con Y o pollo con doble L, tal como lo hacen los mamertos defensores de la doctrina de la hispanidad, auténticos chupacostras medievales.

Hay muchos de esos mamarrrachos que casi les da infarto al leer cositas como las que a continuación cito:

«Typo: Puez miren, la koza eztá azí, la jente lla eztá canzada de la inceguridad, ¿no?, entonsez, mi primer ovgetibo cería erradikar ezo, primero en el D.F. y luego en el rezto de la repúvlica. Lla kon la inceguridad kontrolada, vuzkaría la manera de mejorar el ciztema edukatibo en las ezkuelaz, ¡Bamos!, ke loz niñoz por lo menoz aprendan a ezkrivi vien ¿no?, por sierto, mi primer dekreto precindensial cería kamviar todaz laz “c” y laz “q” por “k”, kreo ke cería máz práktiko ¿no?» [Ocio, Crápula y Compañía. El Autor, el Metatron y sus cuatachos, 6 de mayo, 2005, Política crapulosa].

Sépase que uno de los más perrones gramatistas, Gonzalo Correas, en 1630 estableció un sistema —digamos— ortográfico para liberar a la lengua de sus lacras preceptoras; para que saliera «de la esklavitud en ke la tienen los ke estudiaron latín», afirmaba el ruco; «para ke eskribamos komo se pronunzia i pronunziemos komo se ezkrive, kon deskanso i fazilidad, sonando kada letra un sonido no más».

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Beatriz Saavedra (México)
Naufragio


Todo el que muere tiene la razón,
asalta el hierro
las dimensiones posibles.
Tregua angustiosa
en el rincón de la memoria.

La realidad se atasca,
habita
cosas cotidianas gastadas.

El temor de las noches era cierto,
un rumor,
piedad terrible
espacio que me niega.

Yo hubiera pensado
en mi cuerpo cubiertos por cristales.

Ahora en la ventana
un olor a bestia
húmeda,
a punto de morir
devora el cielo
con su cráneo,
como si conociera el fondo
de la intemperie
su tristeza.

<>

Tu nombre sin sustancia

El jardín de tus huesos,
ventarrón y chubasco
el sol mi vientre,
tierra desnuda reconciliándome.

Se entreabre el mundo
por las rodillas trepando,
mujer de aguas
corre entre llamaradas
que sostienen las alas del día.

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sin título

Alguien me envía
soy mujer
pan de flor
altar vivo de pechos
sobre tu cabeza
como y bebo
la tierra en vasos de sol
protejo al invierno
al suelo entumecido
mundo errante
sol desterrado
estrella caída
granos de medula extendida
sobre un pozo vacío
el ojo revienta
con un trapo y un cuchillo
mujer deseada cada noche
carbón para mis cejas
también mi frente es un avispero
de pensamientos negros
tengo un cuerpo a la medida
rasgo los silencios
a mitad de la noche
en el oído de mi amante
después quieta
esto es lo que he visto y digo
enterremos los silencios
griten
entúpidas como piedras
preciosas.

Beatriz Saavedra

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Luis Alberto Battaglia (Argentina)
Sabía


Venía del peor momento de mi vida,
cómo no estar tan triste,
cómo no perder el olvido
entre las trancas de la noche;
venía de saber que el alma muere
y revive tantas veces...
Entre países del abandono
crecían sombras como plantas
exóticas.
Cómo no tener abiertas las venas de la soledad
pera desangrarme para siempre.
Quieto
baja el sol que no he visto
con un mensaje.
Cómo no morirme para siempre
entre las ondas del otoño.

01-11-2009

Éxtasis poético

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Liliana Teresa Chávez
Extrañeza


Extraño las velas
el temblor del pabilo
lo leve del tiempo
en la antigua balanza

las flores diseminadas
por la casa
el goteo de la música
nuestra parcela de cielo

ese puñado de memoria
que cae sobre mí
como la noche.

Liliana Chávez

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sin título

Si los ojos se habituaran
a ver en todo una obra divina
la razón más simple de cualquier
lenguaje
tal fuera la vida
una bella escultura
de inacabado esplendor
un diálogo incesante
entre todo lo creado.

Liliana Chávez

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Eliana María Maldonado (Colombia)
Autobiografía


Sólo escribo lo que mi cuerpo vive
Porque la piel aun no sabe de historia,
Tengo la edad de la cigarra,
de las manchas solares cuando
danzan en el ecuador,
de este cielo nuevo de la mañana
por el que se filtran mil rayos temblorosos.
Sólo escribo lo que mi cuerpo siente,
hablo de la carne y sus placeres,
del orgasmo y la saliva.
Aun no incubo espíritus viejos
ni hondas heridas.
Soy tan joven como la luna
cuando no tenia la cara herida.
Tengo la edad del capullo,
de cinco latidos,
del llanto prístino,
de la tercera gota de lluvia que cae en el prado,
de la cigarra que canta sin saber su suerte.
Soy cuerpo,
sin historia,
sin heridas.

En Espacio Blog

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Thanatos

Llegas cada noche
Emerges cautelosa del fondo del Leteo
Húmeda la túnica
Pálida mirada
Estas sola y sólo hay sombras
En el río del olvidoTe sientas en el lecho
Donde antaño partiste de este mundo
Te abrigo un poco
El frío de la muerte no te gusta
No me dejas escuchar tu voz doliente
Lánguida tu mano se extiende Hacia mí
Pero nunca osas tocarme
Dolorosa emerges de las aguas para verme
No doy alegría a tu corazón muerto
Pero acompaño
No doy consuelo a tu alma triste
Pero caliento
Rayos de luz tiñen el cielo
Y una imperiosa ley
Ordena a las sombras regresar a las aguas del
LeteoMañana volverás eso es seguro
Sé que sufresAún tienes miedo
Envíame a dormir contigo creadora
Esta vez sí te daré sosiego.

E. M. Maldonado

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Diosa de la ciudad

Visto jeans, y camiseta a rayas,
la piel está curtida por un sol de rayos UV
el cabello enmarañado
pero limpio nunca permite un modesto peinado.
Deseo el cuerpo, la carne,
el coito, el alma y la saliva.
Deseo la letra,
la palabra no dicha
y la que se grita.
Deseo las hojas secas
que caen desde los árboles negros de hollín
y deseo este cielo azul grisáceo
por el humo de las fábricas.
Soy mujer,
no visto faldas, pero oculto historias,
cocino poco, pero mis recetas son afrodisíacas,
Lo que leo, no es lo que sucede
y lo que escucho es la mentira de la radio.
Mi nombre nunca será cambiado
ni me llevarán al hades.
Para mí queda la fosa,
la tierra y pequeños gusanitos,
seré manjar para las flores y los pájaros.
Soy mujer allí donde me esperan.
Soy mujer aquí, lugar al que pertenezco.
Soy mujer débil, fuerte,
apoteósica, cobarde.
Soy mujer
aquí y ahora,
Soy.

Laberinto del Togoroz / En Babel

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[La Segunda Edición del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico –2009– se le dedicó al poeta puertorriqueño Vicente Rodríguez Nietzsche, quien luchó durante años para hacer posible este festival, y presidió la primera edición del mismo. Se le reconoce como uno de los poetas más importantes de la Generación del 60 en Puerto Rico, y uno de los poetas vivos de mayor proyección internacional ya que ha dedicado su vida, con incesante esfuerzo, no a proyectar su obra propia, sino la de los compañeros de su generación, a través, primero, de la revista Guajana –flor de leyenda de varias décadas de poesía puertorriqueña– y luego de mil otras maneras].


Marcos Reyes Dávila (PR)
A los que participaron en el Festival de Poesía en Puerto Rico -2009


Compañeros poetas: Reciban mi más profundo agradecimiento por un festival extraordinario. Los que vinieron y participaron lo hicieron con amplitud de criterio, sentido de responsabilidad a toda prueba, comprensión ante las dificultades que enfrentamos los organizadores y, lo que es más importante, un amor por la poesía y por nuestro pueblo que no tiene precio.

Todas las actividades se desarrollaron cabalmente, algunas con tropiezos superados. Llegamos a un público diverso, nunca el mismo, fuera universitario o no lo fuera, escolares, gente de la calle. Dieron lecturas a sus versos, respondieron preguntas, conversamos sobre infinidad de temas, nos escuchamos con interés unos a los otros, viajamos por todo el país. Los que llegaron por avión se retiraron con una mejor comprensión de cómo es ese enigmático país llamado Puerto Rico, cuna de tantos músicos importantes, colonia norteamericana de cultura latinoamericana. Pudieron conversar con nuestra gente y con otros escritores puertorriqueños, algunos notables. Los poetas del país tuvieron la oportunidad de conocer en vivo y a todo color el arte de escritores importantes de toda Nuestra América y de Canarias. De esa comunicación y de esos intercambios aspiramos que broten desarrollos y frutos nuevos.

Hicimos lo que estuvo a nuestro alcance para desarrollar sin tropiezos un programa ambicioso y para hacerles sentir bienvenidos. La cultura, y en ella la poesía, es y no es un espacio de confraternidad, y es y no es un espacio de confrontación, pues le es intrínseca la diversidad y la disidencia. Por fortuna, reinó la tolerancia y la solidaridad.

Agradecemos profundamente el endoso que todos dieron al esfuerzo que realiza Don Ricardo Alegría para lograr la incorporación de Puerto Rico en la UN