Wednesday, September 18, 2013

La carta de Dominga / CUENTO / CARLOS LOPEZ DZUR

Obra y poesía de Carlos López Dzur: Una Introducción / CUENTOS SEDICIOSOS / EN MAR CON SED / INDICE / CUENTOS DE CARLOS LOPEZ DZUR / PALABRAS PRELIMINARES E INDICE / Leyendas históricas y cuentos coloraos (16 CUENTOS) / TESTIMONIO SOBRE INSECTOS Y GUSANOS / ICONOGRAFIA DE EROS / INDICE / CUENTOS / LIBRO INEDITO (14 CUENTOS) / CALLATE, CATALINA / DE LA MEMORIA DEL OBISPO (CUENTO) / PARA SENTIR LA SOLEDAD Y LA MISERIA / LO AJENO / SIN EMPLEO / LAS SOLEDADES DISCRETAS / EXCUSAS PARA NO AYUDAR / SOLEDAD EN EL HALLARSE / Cómo conocí la soledad / La sangre se hizo llanto y soledad / SOLEDAD / SOLEDAD Y SOCIEDAD / Soledad primicial / LA SOLEDAD Y EL MOLINO / Larga conversación sobre serpientes y luces [«Teth cumplió 33 años»: Carlos López Dzur] / mi huesped y yo / CAP. UNO / LAS HIENAS / LA SOLEDAD IDEAL / La visión de Tzedaká / Occupy / SIN SHALAV NO HAY SHALOM / Dr. Betances / POEMAS SOBRE GRITO DE LARES / OBLATAS DEL SANTISIMO REDENTOR / CUENTO / Niña de 13 años asiste a la universidad en la India / Homenaje a César Vallejo / HAY MUCHO PORVENIR / LA PESADILLA DE TANTON / MARCO CON SED / LAS TRABAJADORAS DEL SEXO / PALOMILLA, PANDILLA Y RIVALIDAD / PALOMILLA, PANDILLA Y RIVALIDAD (2) / PALOMILLA, PANDILLA Y RIVALIDAD (3) / LAS CARPETAS DE NINTU / «Dios bendiga ese andarcito sandunguero»




La carta de Dominga


A mi abuelita Doña Lola, hija de Eulalia Prat

Doña Dominga Prat fue una de las hijas de Don Manuel, inmigrante barcelonés que se estableció en Mirabales, barrio de Pepino (Puerto Rico) en los tiempos en que Laurent de Gouvion-Saint-Cyr, Mariscal de Francia y embajador en Madrid, envió un ejército invasor a Cataluña, después de destacar en campañas por Prusia. Y, por esta invasión, Laurent ascendió a mariscal. Luis XVIII de Francia lo hizo Ministro de Guerra en 1815. Y Manuel Prat, el inmigrante, terminó en Pepino.

Dominga fue la más pequeña de las que, ya bien casadas, se fueron a España. Duro regreso despues de conocer nuestros campos. Una sola, entre las hermanas, se quedó en Mirabales, la que se llamó Eulalia.

Eulalia recibía las cartas de Dominga. No había escuelas en los campos durante ese tiempo... pero, por cartas, una vez se aprendiera a leer, todo se podría preguntar y escribir en papel. Así se educaron quiénes fueron sus ancestros y sus descendientes.

La pepiniana Eulalia y Dominga, la españolita, coleccionaban sus cartas y las escribían a montones con preciosa caligrafía. Separadas se amaron más que juntas; se extrañaban intensamente. Las unía el correo. El papel.

Su padre tenía un primo, Francisco Permayer y Tuyet, casado con la menor de sus tías, Eugenia Ayats, quien comenzó a enviar libros a Pepino, una vez que sucedieron varias cosas: el fallecimiento de Don Josep Vélez Güemes y, en España, la expulsión de los franceses. Así tuvo Manuel Prat-Ayats libros suficientes para que sus hijas no fueran ignorantes y del montón.

Bernardino López de Victoria, Escribiente de Cuartel de Pepino, recibió a Manuel Prat, dándole cédula de vecino. Ante el Cura Delgado, lo refirió y le sirvió de testigo, padrino nupcial, a fin de que se casara con Nicasia Vélez-Cadafalch. El Teniente de Alcalde, Francisco González de Linares, vio que el joven Manuel Prat, ahora recién casado, fue más listo y conocedor de negocios, que Francisco José Vélez y otros parientes políticos y vecinos que se internaron por Las Furnias. Sabía leer, redactar, hacer números y cartas dotales e intervino como parte interesada y litigante en los deslinde de 1824 y 1825. Sí. Fue Don Manuel el primer maestro de sus hijas, porque su mujer, la linda Nicasia no aprendió a leer, aunque sabía rezar en voz alta con matizada voz. Sus hijas no sufrirían la desgracia de no expresarse con propiedad oralmente y por escrito.

Hecho casi inaudito para un villorio recién fundado como Pepino, Don Manuel sabía sobre la política. Llevó una buena relación con dos figuras que fueron controversiales. Una, Doña Josefa, su parienta política, a la que se llamó dentro de la familia de los Vélez originarios 'la hija desobediente'. Hubo tiempos en que se aludió a que fue Marquesa. O, al menos, por no heredar el título, se la reprendió por ser la concubina de uno o varios Priegos.

Nació en Mirabales, pero casi adolescente desapareció del fundo y, al fin y a la postre, se supo que se fue a vivir a México, amparada por la parentela extensiva del ex-Virrey Güemes, el ex-General Juan Francisco. Felipe de Borbón hizo a éste, a Don Juan, conde.

Al presentarse como parienta del mismo, Josefa fue educada exquisitamente. Visitó Europa y fue invitada a círculos selectos. Entre ellos, visitó el salón parisino de Julie Bernard y la casa de María de las Mercedes Jaruco, casada con el Conde de Merlin. En Inglaterra, tuvo reprendidos amoríos con José María Yparraguirre, a quien llevó a México para que continuara su vida galante y aventurera.

La pretenciosa Josefa le metió en la cabeza a Don Manuel Prat y Ayats que había nexos sanguíneos de su cepa con el Gobernador Juan Prim. Con ésto, más que hacerle favores, lo metió en líos. Posiblemente, en alguna ocasión, Juan Prim dio protección y amparos a Josefa, porque ella quiso introducirse en las sociedades madrileña y barcelonesa y, entonces, sólo contó con una fría recepción de sus credenciales por Gabriel Baldrich.

Un hombre politizado, sensitivo, don Manuel fue el primero en querer saber acerca de lo que, desde Barcelona, comunicaba su hija Dominga, quien escribía extensos pliegos, uno para cada miembro en la familia. A Eulalia le dedicaba muchísimos más. En el contexto de tales cartas, Dominga hizo veladas defensas de un gacetillero llamado Castelar. A los 33 años, Emilio Castelar fue considerado el más feroz de los periodistas y oradores republicanos y, a los 27 años de edad, había publicado su impresionante obra histórico-filósofica La civilización en los cinco primeros siglos del cristianismo (1859).

Había mucha inquietud en España por causa de guerras carlistas y momentos cada vez más escalantes del radicalismo liberal. El General Narváez sofocó durante la llamada Noche de San Daniel a grupos revoltosos y, en la mortandad, se incluyeron para dolor de Dominga y su esposo, el Dr. Fermín Alicea-Güemes, amigos suyos, estudiantes de medicina que fueron compañeros de Fermín durante su larga época de estudios y que visitaban su casa, con esposas e hijos. Amistades lindas, de años.

Don Manuel no fue muy afecto a que le contaran sobre las evoluciones y hazañas de Prim, por muy familita suya que haya sido, sin que, previamente, él se educara sobre quién es o fue. Resultó que el capitancillo de marras fuerepublicano, unitario y anticlerical; lo mismo que la bribona de Doña Josefa. Lo utilizaron a él, lo engañaron.

Respiró profundamente. Tendría pues él que andarse con cuidado. Que no le pasen gato por liebre otra vez. Una vez fue suficiente. Soy conservador, soy nacionalista. Cantalunya, San Jorge y España: todo es uno.

Ahora su hija Dominga está muy lejos para recibir sus nalgadas; pero bien que, si estuviera en su casa en Mirabales, a sus años, él estaría pidiéndole cuentas acerca de esas simpatías con tipejos de calaña de Castelar, el Dr. Betances y otros que se mencionan en las cartas que Eulalia le esconde para que él no lea ni se enoje.

Se apareció, esa tarde, a cobrar sueldos y, porque Don Manuel lo mandó a llamar el profesor Coll y Britapaja. Hacía días que su hija Eulalia notaba a su padre preocupado, más que de costumbre tras la muerte de Edelmiro. Ella se escondió detrás de un árbol de mangó, se puso a espiarlos. Se imaginaba ya el por qué.

«¿Es cierto que usted leyó esta carta?»

Don Manuel sacó una decena de pliegos de papel. ¡La carta! Coll la hojeaba.

«Sí... sí, me la mostró la señorita Lalita». Volvió a ponerla en manos del viejo Prat.

«De mí que soy su padre, la escondió. «¿Cómo se explica eso?»

La carta cuenta que poco más de cuatro meses antes, el 10 de abril de 1865, el General Narváez reprimió duramente una manifestación estudiantil en favor de Emilio Castelar. Este fue, para entonces, director de La Democracia, periódico que Fermín, esposo de su hija Dominga, y ella se aficionaron a leer. Les llegaba desde Madrid mediante otros amigos médicos, liberales. Castelar fue procesado y se forzó su exilio a Francia.

A dos semanas de la revuelta estudiantil en Madrid, se temían mayores repercusiones entre el estudiantado barcelonés, donde los sentimientos conTra la reina Isabel II fueron tan negativos como en Madrid. Generales del prestigio de F. Serrano, J. B. Topete Carballo y Juan Prim, animaban entre universitarios, con ideas democráticas y simpatías por la Unión Liberal, la sospecha de que la reina no cedió al pueblo tan generosa parte de los bienes de la Corona como hizo creer.

No hubo tal altruísmo ante la difícil situación de la Hacienda Pública, sino la apañada y sutil componenda que Alejandro Món maniobró para beneficiar a la familia real, aún más que su habitual y parasitario consumo del fisco. Entre marqueses y condes, designados por nuevo cuño, arruinaban al país. Buenos negocios, disfrazados por el agradecimiento monárquico, se daban al canjear las lealtades rendidas por cartas de ejecutorias y títulos nobiliarios para cualquier petrimetre.

El pretexto de Dominga, al escribir sobre este tema y pedir que conservara este fragmento de correspondencia en secreto, fue mencionar a Prim y Prats (quien había servido en Puerto Rico), ahora desde una perspectiva menos despreciable que la que Don Manuel Prat le confiriera. Ella definía la situación que se vive en España por causa de políticos que sólo deseaban prebendas de reyes y príncipes, o de sus validos. Recordaba un tema que fue prohibido en la casa: las décimas y coplas de Las Golondrinas, que burlaron el nombre de los Prat, «llenándolo de bacines de mierda», como decía su padre.

«Ya lo decidí. Me voy a Cuba», dijo Manuel.

«Cuidado, don Manuel. No sólo España está llena de hebertistas. Las antillas están peor... Haití y Santo Domingo están como perros y gatos. México, con pura matazón, ejércitos de España, Inglaterra y Francia, son como muchos perros para una sola presa. Vea: México se despedaza. Hay gente airada,'enragés', calvatruenos, endemoniados por herejías anticristianas... Quieren venganzas, el endurecimiento del Terror... De ahí el por qué Robespierre mandó a guillotinar a Hébert... Ahora que en México se han metido los hebertistas para impulsar ideas ateas y atacar a la Nuestra Santa Madre Iglesia, hay que rezar mucho, don Manuel, porque, como en tiempos de Robespierre, son intereses extranjeros los que se barajan. Conspiran, pervierten y animan a la plebe a atacar a los amos. ¡Son alemanes y franceses en faena! ... Unos traen el socialismo alemán; otros el anarquismo francés y otros la masonería inglesa... ¿Cómo que irse a Cuba? Las antillas son ya provincias de los maquiavelos...»

«¿A dónde irse y estar en paz?»

«Ahí en Mirabales, ¿quién le molesta?»

«Si mi hija no me tiene confianza...»

«Pero, ¿dejar todo por miedo a ese tajalán que fuñe en las trastiendas? ¡Betances! Esos agitadores como Pancho Méndez, Betances, Ruiz Belvis, esos agitadores sueñan con Jauja... mire, don Manuel, ese Betances terminará como aquellos que son como él. ¡Guillotinados! ... Durante la revolución en Francia, a los pleiteros como él se los llamó 'jacobinos'. Pedían el sufragio universal, confiscación de propiedades a la nobleza y la clase pudiente en general, justicia social. ¡Qué va! Eso al parecer es bueno... Mi padre me contó sobre Luis de Saint-Just, enemigo de Dantón. Había apoyado el ataque de Robespierre a Jacques-René Hébert... Las ideas hebertistas son como el moriviví. Renacen, se multiplican como moscas, pero, al final, quedan en nada. Crean una crisis, por cierto, y adivine usted, don Manuel, ¿quién se apunta como el nuevo beneficiado?»

«¿Quien?»

«El yankee. ¿Ha oído hablar de ellos?»

«Allá hay negocio, al menos».

«¿Quién será peor, James Polk, presidente del Partido Democrático, que amenaza anexar a Cuba y el sur de México, o Lincoln, el republicano, que anda en la captura de Jefferson Davis, esclavista ardiente? Davis, ex-Secretario de Guerra con Pierce, favoreció planes expansionistas para Cuba y Nicaragua. Ofreció comprar... De eso hará doce años, don Manuel. Eso no se olvidará en Cuba, usted sabe... ¿irse a Cuba? ¿A quién tiene allá que lo espere, o lo vaya a proteger de la Guerra, que es polvorín a punto de estallar? ... ¡Váyase a Barcelona, si lo quiere es irse y llévese a Lalita! Cásela allá. Muchas cartas y conceptos en cabecita de mujercita tan linda como es ocio malo, no tener varón ni quehaceres. No tener criaturas a las que amamantar u hombre con quien dormir... O váyase a New Orleáns... pero venda ésto bien... a los EE.UU., hay que ir con plata. Aquí su trabajo, su hacienda, todavía valen... Quédese, si es éste un consejo válido y de su gusto que yo le pueda dar».

«Si me hija no me tiene confianza...»

«Ella lo adora a usted. Lo que pasa es que no quiere que sufra al saber cómo está la pobreza en España, cómo sube por cada provincia, de Barcelona a Madrid, en medio del descontento popular y los agitadores que lo promueven más».

3-9-1994 / De El corazón del monstruo [Outskirts Press, Denver, Colorado, 2005] / Libro de CARLOS LOPEZ DZUR

JUSTICIA DE TERCERA CLASE / PARABOLA EN TORNO A LAS PANDILLAS

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Justicia de tercera clase


La unidad entre la libertad individual y la totalidad social ha sido aplastada por un todo social represivo y deshumanizante. Por tanto, la unidad entre lo subjetivo y lo objetivo solamente es una ilusión, un caparazón vacío: Ektor Humbert Henriquez


En la ciudad de los ángeles caídos, nació Evaristo. Edad: 20 años exactos aunque aparenta más. Pandillero, su oficio.

El vio la placa rival de Aholiba Gang pintarrajeada en su calle y se llenó de ira. En una pared, cerca de su casa, dibujaron las imágenes de caldeos, graffitis de color subido con figuras de varones ceñidos por sus lomos con talabartes y tiaras ostentosas en sus cabezas. Peor aún, alusiones de tales figurones tan matracos en exhibición presuntuosa de objetos itifálicos, seres de chorra peludona, ayuntándose con las madres de unos y de otros, mientras ellas, con ojos de gozo, otras veces de llanto, reaccionaban con mudraspandilleriles.

Entre estas tribus, la ira fue como el pan nuestro de cada día, aunque no se dio hoy ni aún en el breve mañana como chufa; pero, por los signos del enemigo, garranchas filosas de hoja ancha, ahora está grabada en los patios del Tabernáculo, oxidándose por ese motivo los hígados de Evaristo. En reacción, fue a la tierra bermeja de Neftalí a echar bronca y pidió cuenta de la blasfemia.

«Con mi madre no se metan, cabrones», dijo con pleno quórum de pichiruches y mandillones, en la briba.

Al poco rato salieron, en medio de una niebla meona, de sus mugreros y escondites, como una palomilla confraternalizada desde sus cimientos. Y nada había más parecido a la placade Aholiba que la de Adama.

Evaristo se puso como loco y echó tiros a diestra y siniestra en Adama y dos niños, gemelitos, murieron con sus balasos, proyectiles ciegamente perdidos en el espacio y reboteantes en las penumbras. Ninguno, en Adama, se atrevería a acusar a Evaristo directamente ni a sus asociados, porque sobre él se decía que era feroz para las venganzas y todo lo sagrado y lo mundano, cuando es menos malo, acaba por reducirlo a mierda; pero su madre, quien después de largas jornadas de trabajo, dormía temprano por costumbre y cansancio, descansaba el día del dolor y lo dejaba a menudo a sus anchas.

El dice que ella es santa, sólo porque no lo molesta, ni le pelea ni grita. El creó su símbolo reverencial: Tabernáculo tengo en Ella.

No que él filosofara eidéticamente o que estara dispuesto a poner la directa por la causa o su cabeza en el asador por las bondades de esa madre que me importa madre. Para efigiar alguna cosa importante, utilizó el término Tabernáculo, creyendo que se trataba de una palabra compuesta, Taberna y Culo, reducida ¿a poco, Pepe? ... lo que implique un beneficio, aprovechable y deseable, a tabernáculo.

Evaristo siempre está en búsqueda de ídolos al estilo de Acaz, el agarrado, el hijo de Jotán, el más abusivo; pero pomposado jerarca de todas las greyes habidas y por haber en esta zona del mundo bueyero. El éforo sin magistratura, esto es, Evaristo, alega para su palomilla que toda la raza de su barrio se forjó por causa de los caídos y burlados desde los tiempos del Sleepy Lagoon Trial cuando su madre llegó, abriéndose paso entre nopales y creyó ver a Los Angeles y la Vírgen de Guadalupe en cada chamaca morena.

Ahora lo que se lamenta son las dos vidas inocentes ultimadas a tiros.




2.

En rigor, nadie sabe si Evaristo fue quien los mató; pero es improbable que ese marrón él se lo coma. O que él lo sepa y se inculpe. Lanzó tiros al aire, lanzó balasos en lo oscuro, a lo que se moviera entonces aunque no se distinguiese. Tiros de rabieta a lo incierto, porque fue a las zonas prohibidas e impenetrables de Adama, como ladrón en la noche, con los compinches armados de su pandilla. Otros pueden haber sido los asesinos.

Al Tabernáculo en Ella regresó muy noche. Cenó sus cosillas de refín refrigeradas y se acostó como todos los días, sin la bendición de su madre. Rito que ya no extrañaba.

Mas Acaz, rey de la Placa de Judá, dijo: «Este asesinato de los mellizos de Adama no quedará impune». E instruyó a los vecinos con su discurso público-demagógico. Palabras que se supo al dedillo para cada vez que fuese necesaria la convocación de alcaldes, concejales, agentes del Sheriffato y capitanes de agencias burocrático-judiciales, oportunidad en que convergen con fuerzas especiales de acción antipandilleril.

Y lo que se entendió fue que habría que cercar con tanques y lanzallamas a Samaria, donde Ahola tenía su juventud organizada, alimentándola con la soledad de la pobreza y el ocio de las criminalidades. Y Acaz fue más lejos porque era un político de oficio, con muchos recursos, y aseguró que habría que asediar a los hijos del Tabernáculo en Ella,con ejércitos en ropas de civil, vigilar el MacDonald, infiltrar los chotas en WalMart, despedir a los indocumentados, echándoles los patrulleros migratorios, en complicidad con las policías estatales y citadinas, con ropas de civil, o más bien, vestidos de guangos pantalones, con cadenas, cachuchas y camisetas blancas, de los que hay muchos dispuestos, llegados de Pecod y Soa.

Y dijo más, «si hay que aludir al terrorismo, que se haga y se reclute para hacer simulacros a los bomberos de Egipto y de Siria, a las Guardias Nacionales y se declare el Annus Luctus en la región de Adama, tierra de ángeles caídos, en fin, que sean llevados los sospechosos al Valle de Siddim».

«¿Acaso no fueron los caldeos los que profanaron las placas e iniciaron la violencia?», dijo Evaristo al rememorar la invasión, por otras voces informantes, que vieron las imágenes de color, las tiaras en las cabezas, los talabartes ceñidos en los lomos de los aholibanenses.

«¡Fue una provocación imperdonable!», decía Evaristo a uno que otro que desafiaba lo que dijo su raza.

3.

¿Por qué tendrán los evaristos de la tierra que cargar con todas las culpas, si en fornicaciones y agresión, están todas las tribus de la tierra? También matan y roban, se drogan y ultrajan, los caldeos, los egipcios, y los occidentales, sólo que vestidos de ropas y armas excelentes?

Los tribunos de poder, autoridades de la Corcordia, llamaron a Ahola y Aholiba a citarse en reuniones públicas, unificarse masivamente en los congresos, ante los poderosos de la ortodoxia; pero, en las audiencias preliminares, les llamaron las Rameras por causa de la fama de Samaria, ciudad de pechos marchitos, chupados en demasía por «chulos de la pobreza» y buscones de dádivas estatales.

Desde aquel infructuoso congreso, para Evaristo sólo quedó como proyecto la noción de no tener nada que perder. Supo que fue parido, pero no sabe por quién; pero tuvo al Tabernáculo, a Ella que se metió, poco a poco, en su vida y él, casi adorándola estuvo sin conocerla. En realidad, su hogar ha sido la calle, en particular, ese shabatt que es su cita con otros jovenzuelos, sin otra célula identitiva que la placa, donde entre los batos más locos, él es el único que no es wannabe. El se la rifa. Da la cara. Dispara sin temblar su mano.

Claro que la mayor parte, ya son ladrones y raterillos consumados; pero él se aloca más con el crack y se habla de tú a tú con la muerte.

Tuvo una esperanza con Gloria, la Molinera, la gorda que se parece a su madre postiza. Vio cómo se robó la venia del Concilio de la Paz y la Reconciliación. Las leyes buenas tienen su origen en las malas costumbres, comenzó ella a decir:

«¿Quiénes hay en la zona del qualia que tenga unas buenas costumbres? ¡Nadie! Vean menos telenovelas, madres compugidas, vayan menos al fútbol, padres nalgones; digan YA BASTA a tanta basura publicitaria. Beban menos cervezas. Velen por sus hijos. ‘Niñas, abran menos las piernas. ¡Cuidad el virgo, que no se lo deflequen de volada! ¡Ay, las puras chamaquitas del barrio, teen-moms, embarazadas!»

Con esa defensa, mejor es que Gloria se callara. Su tesis fue tan predecible: Me opongo a legitimar las pobrezas morales de estas comunidades, aunque sea más fácil darse a las legalizaciones.

La Molinera se abrazó con dos funcionarios edilicios del Sur: Miguel que iba puliéndose la jaba para que nadie lo acusara de ser samaritano y John, que a costa de sacrificios, dijo siendo un indio nopalero que, por ser ispaño no hay que cambiar las leyes, sino cambiar a los hombres.

Y Estéban, cacarizo, volvió y dijo lo mismo; pero bajando de este Van del grito colectivo: Al asesino, vamos a aplicar el máximo del ponche; three straights & out y pa' dentro.

Acaz estaba, pues, muy feliz. Hubo consenso. 

Del libro El corazón del monstruo [Outskirt Press, Denver, Coloraado, 2005]

Monday, September 16, 2013

CONVERSACION ESPIRITUAL CON OSCAR LOPEZ RIVERA

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CONVERSACIÓN ESPIRITUAL 

CON OSCAR LOPEZ RIVERA


Un cierto día, muy pronto cuando estemos
en la tierra patria, imagino en Pepino,
dialogaremos, Oscar.

Será sobre el misterio de estas islas,
y mundos de mar y ríos, un día
será que hablemos en torno a regresos
y cautividades que jamás son queridas.

Desde ya insinuamos el diálogo posible.
Muchos lo esperan. Será el día de confirmar
esperanzas  y recontrucciones.

... y recompensar la ausencia de quien quedó
sufriendo, otros que aguardan la palabra
como si fuera aquel que salió de la isla jonia
y batalló en la Troya de los días trágicos,
de prueba, en islas del Egeo,

Pero, al final, uno entre pocos construyó
un ejemplo de virtud
y heroísmo con sus luchas.

Seguramente, mencionaremos a Odiseo
y a Penélope, su esposa, que esperó con su hijo
su llegada y fueron 20 años suyos
sin volver a Ítaca,
veinte sin ver / sin disfrutar /. todo lo amado
que la vida les diera y en soledad, otra vez
retenido en ruta peligrosa
por los monstruos de roca y mandíbulas
de oleajes procelosos, navegar
el estrecho entre Escila y Caribdis
y el sortilegio de conspiraciones
en Ogigia y la traición
de las brujas y los amores obsesos
como el que ofrenda Calipso.

Diría tal día, si pronto, cuando estemos
en la tierra patria, imagino en Pepino,
que es posible ver en ti el curso de procesos
que marcan la colonia y sus arquetipos:
el héroe necesario, dispuesto, su drama
de regreso, la espera larga,
como el advenimiento
pero al final, el destino cumplido...

Un cierto día, muy pronto, aunque has estado
en cautividad y retenido por más de 30 años,
te saludaré como si estara en presencia
del milenario Odiseo
que, desde lo íntimo del mito,
permite que reconozcamos la presencia
del que asoma, su ir hacia nosotros
en cercanía, compartir la enseñanza:
Oscar es quien educa,
ejemplifica, encarna
los valores imperecederos...

Un cierto día, ya inaplazable y pronto,
será tu advenimiento y estaremos
en la tierra patria,
imagino en Pepino.

II.

No vendrás, vestido de pordiosero, como Odiseo
al presentarse en Itaca
(el fue menos afortunado).

Amaba riesgos y no los conocía...
pero ese día cuando estemos en tierra patria,
toda la nación / en un instante / será una
con profunda magia.

La Patria se transformará en Penélope
y en rito de tu familia expectante,
será que todos esperemos...
Quien ha separado el grano de la paja,
cumplió con la tarea.

Ya trae la quintaesencia.
El comprende lo que adviene y fue soldado
y en rostros de campesinos vietnamitas
y niños aterrorizados aprendió a descubrirse
aún más humano, correctivo, creador
y rompería con adoctrinaciones.

De cierto de nueva catadura son todos sus actos...
hoy puede ver lo bueno y lo malo,
lo que brinda una isla como en la que ha nacido...

Tal vez, de pasada, mentaremos un sector asqueroso,
insuperado, que en la isla persiste... habrá visto,
en pueblo que no fue leyenda, mosquitos
que se vuelven aliados de la lucha, criaturas
que siendo mínimos insectos dan lecciones en combate...

En la Bahía de Guánica sucedió que el bohique
dijo a Cristóbal de Sotomayor:
«Si primero quieres destruir
una aldea, para construir la que será de invasores,
con indios en encomiendas de cautiverio,
muda tus planes, pelearás con mis plagas»;
y todavía aquí, como en Guánica y Aguada,
habita junto al invasor, el batallón de mosquitos
a unos que pican, molestan, ahuyentan
a gigantes y aún, siendo ínfimos,
zumban su escaramuza.

Hay hombres que comen carroña y vacas pudridas
y es por eso que mueren, ofendiendo de paso
a dioses terrenales y Odiseo lo vio
como también lo vería el bohique,
Los pequeños batallan con ejemplos
persistentes y loables.
Se agigantan en espíritu.

Oscar, ven a decirnos misterios de las islas,
porque aquí todavía prevalecen
las voces engañosas
y los confiados marineros que las creen
y oyen las sirenas que pueblan las costas
desde grandes mansiones.

III.

Un cierto día, muy pronto cuando estemos
en la tierra patria, imagino en Pepino,
dialogaremos, Oscar. Todo quedará
como ofrenda quemada, purificatoria...

En olvido el hecho de que te entrenara
en el uso de armas, tu enemigo;
él te llevó a Vietnam, dio el mandato
'matar, matar, matar', pero te acusó
nombrándote entre tropas de los 'Baby killers'
y te escupió el rostro con el grito
'go back to your country'.

En fin, que no agradecen que tengas sentimientos,
decencia y hagas las necesarias rectificaciones...
Del héroe con medallas forjan de ti
el hombre sedicioso, no del activista
de una causa noble. «Es peligroso,
mal ejemplo,  terrorista, imperdonable».

Pero, Oscar, cómo espero de tus labios
esa palabra consoladora de quienes develan
el proceso por entero, lo encarnan en sus vidas:
'No es maldición porque seamos isla
ni porque hayamos sido soldado
en servicio de imperios',
el mal es no querer las islas libres,
no utilizar sus recursos y talentos;
el mal es no ser solidario
o venderse por dádivas'.

'Mal es renunciar a corregir el rumbo
por no ser persistentes, pacientes
y asertivos cuando hay que serlo'.

Pero recuerda a don Antonio Valero,
militar distinguido por Bolívar,
antimonáquico, y quien amó a Tres Antillas
e hizo lo que Gerardo Forest,
desde el Pepino haría, cerrar un negocio
y dar batalla en la manigua, por Cuba
y por Puerto Rico, poner la patria
primero que las mezquindades del ego
y esto fue después
de la Conspiración de los Sargentos
y el fusilamiento de Salinas y Santillana...

'yo soy uno más, no más grande que Odiseo,
o Forest, o Betances, o Pancho Méndez,
no más grande que De Diego o  Albizu,
Juan Mari o Filiberto, los nacionalistas
de mediados de siglo, y si hay regreso bien,
en Pepino, nos veremos, si no hay vuelta
a la patria, paciencia, queda pueblo y tarea
y años que dar a la patria para ejemplo...

07-09-2012 / CARLOS LOPEZ DZUR






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